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La Terminología Cultural
Fundamento de una Verdadera Localización [*]
Marcel Diki-Kidiri
Abstract
El hombre es esencialmente un ser cultural, tanto individual como colectivamente. Por eso, sigue el mismo proceso de apropiación del conocimiento tanto en el ámbito individual como en el comunitario. Este proceso que va de la aprehensión de lo nuevo hasta su denominación es la base del crecimiento del hombre en el conocimiento y la construcción de su universo. El análisis de este proceso revela la importancia de la percepción cultural en la reconceptualización de la nueva realidad, desde su integración en un ambiente cultural, diferente de su origen. La denominación terminológica que reviste tales realidades, desde el principio, se sirve de esta reconceptualización condicionada por la cultura receptora. Y en esta condición, un término bien formado denominará una realidad bien integrada. Esta es la verdadera localización.
Personas, comunidad y cultura
Exponemos aquí los conceptos que consideramos como fundamentales en nuestro acercamiento cultural a la terminología. Las personas, como individuos, nacen, crecen, adquieren conocimientos, habilidades, generan una cultura individual por sus hábitos propios y desarrollan una identidad. Una comunidad se comporta exactamente de la misma forma, de modo que hay un paralelismo entre estas dos entidades, el individuo y la comunidad. El análisis de este paralelismo nos suministra las claves para entender el comportamiento humano que siempre busca un conocimiento más amplio para un mayor crecimiento.
Las personas
Historicidad
Al principio, el ser humano es el centro y el fin de esta reflexión teórica sobre la terminología cultural. Antes de nacer, desde la concepción, las personas hacen parte de un mundo cultural. Una mujer embarazada no realizará los mismos actos, los mismos gestos, no tendrá el mismo comportamiento social, bien sea que viva en Francia, India o África Central. Por razones estrictamente culturales, ni el nacimiento, ni las primeras abluciones del niño sucederán de manera idéntica. Por último, cada niño vive la educación que le dan sus padres, diferente de una familia a otra. Retomamos aquí el concepto de historicidad, ya que la historia de una vida nunca es idéntica a otra, aunque puedan tener múltiples semejanzas, incluso destinos colectivos. Aún en el caso de gemelos, cada uno tiene su propia historia, una vida propia que le corresponde vivir y conocer mejor su interior, su propia manera de formarse un carácter, una personalidad, en pocas palabras, su propia cultura individual.
Base de experiencias y conocimientos
El ser humano acumula durante su vida una cantidad incomensurable de experiencias que constituirán la base de sus conocimientos, sus archivos personales, su memoria. Estos archivos se guardan en lo profundo de su ser, su consciente, su subconsciente, su inconsciente, todas estas zonas que los psicólogos y los psiquiatras saben analizar bien. Algunos parecen olvidados hasta que una disfunción de la salud física, emocional o mental los hace remontarse a la superficie de la memoria.
Memoria
De todas las facultades superiores del espíritu, la memoria es la que permite al hombre progresar en la adquisición del conocimiento. La memoria permite explotar la base de experiencias y conocimientos acumulados con el fin de encender el juicio y por consiguiente el comportamiento. La memoria ofrece la posibilidad de evitar cometer repetidamente los mismos errores ya que, gracias ella, cada experiencia se vuelve instructiva y le permite al ser humano ser más aguerrido la siguiente vez. En otras palabras, cada experiencia aumenta su conocimiento de la vida y le permite enfrentar cada nueva situación con más seguridad, más o menos confianza, según el caso, a riesgo de aprender una nueva lección ventajosa o no.
Apropiación de lo nuevo
Las formas como el ser humano aprende y socializa su ambiente han sido objeto de numerosos estudios psicológicos, neurológicos, filosóficos, y hoy, las ciencias cognitivas se encargan de ello ampliamente. La cuestión central aquí es la clasificación de lo nuevo cualquiera que sea. Lo nuevo, es todo lo que no forma parte de la base de experiencias y conocimientos que administra la memoria. De su clasificación depende su rango en la base de conocimientos memorizados por el individuo. El espíritu humano parece funcionar aquí como un ordenador, capaz de realizar instantáneamente millones de comparaciones y selecciones necesarias para la identificación de lo nuevo y en consecuencia su clasificación. Hasta se podría considerar que esta actividad es permanente y se aplica a todo stimulus recogido por nuestros sentidos y que llega a nuestro espíritu. Así pues, las cosas familiares que nos rodean se reconocen inmediatamente porque se reconocen gracias a esta actividad permanente de análisis y clasificación de nuestro espíritu. En caso de disfunción (pérdida de memoria, lagunas mentales) el ser humano "se pierde" en sus pensamientos y, sin señales, se obstruye, se impacienta o incluso se angustia y hasta puede ceder al pánico ante lo desconocido. Por el contrario, en caso de clasificación exitosa, el hombre tiene el sentimiento de conocer y en consecuencia controlar lo que supo clasificar y ya no siente miedo, ya que sabe cómo adaptarse a vivir con eso.
Crecimiento de la cultura
Cualquiera que sea el resultado de esta experiencia reforzará o corregirá las certezas previas y permitirá un mejor conocimiento del ambiente o del mundo exterior. La base de experiencias y conocimientos necesariamente se enriquecerá por ese nuevo aporte. Más allá de eso, las personas podrían eventualmente decidir modificar sus convicciones al igual que su comportamiento. Puede, por ejemplo, decidirse finalmente a dejar de fumar después de un principio de cáncer de garganta, atendido oportunamente. Su cultura personal habrá evolucionado profundamente, ya que ahora tiene más cuidado con su salud. No tiene ya la misma percepción de las cosas de la vida, ni la misma jerarquía de valores. Ahora su salud está por encima del placer de fumar.
Comunidad humana
Definición
Los grupos de seres humanos que se reconocen en un rasgo común, reivindicado como definitorio de ese grupo, forman una comunidad que se caracteriza por ese rasgo. Pero los miembros de esta comunidad mantendrán entre ellos relaciones tanto frecuentes como múltiples y variadas, además tendrán una vida, una existencia real. La más pequeña de las comunidades humanas está formada por dos personas, cualquiera que sea la naturaleza del vínculo que los caracteriza (matrimonio, amistad, profesión, etc.) y la más grande sería la "comunidad internacional" ya que se supone agrupa todas las naciones contemporáneas de nuestro mundo terrestre. De tamaño muy variable, las comunidades humanas pueden contenerse unas a otras de todas las maneras posibles. Cada individuo pertenece a varias comunidades humanas, sin ninguna limitación. Una comunidad humana nunca es homogénea, sobre todo cuando es grande, ya que abarca un gran número de microcomunidades, estratos sociales, distintos niveles, enclaves, particularidades. La circulación de la información en una comunidad necesariamente será influenciada por esta multilateralidad intrínseca de la comunidad como ente social.
Historicidad
Como un sólo ser, cada comunidad humana se forma en un momento de la historia y conoce también una sola evolución, una historicidad, hecha de acontecimientos, felices o infelices, vividos colectivamente, de actividades compartidas, creaciones, corrientes de pensamientos, de innovaciones, entre otros. Todas estas cosas tejen la historia propia de un pueblo, de una región, de una familia, de una comunidad religiosa o profesional, en fin, de toda comunidad humana.
Base de experiencias y conocimientos
Todos los hechos que tejen la historicidad de la vida de una comunidad se acumulan en la memoria colectiva en una gigantesca base de experiencias y conocimientos accesibles a los miembros de la comunidad. Así pues, según la naturaleza de la comunidad se constituyen un arte de vivir, tradiciones artesanales, técnicas ancestrales, métodos de comunicación originales, etc. La variedad de las tecnologías y culturas que las comunidades humanas producen es tan rica como inconmensurable. Con el tiempo, las comunidades evolucionan y sus culturas también. Los intercambios entre comunidades y las transferencias de peritaje hacia las nuevas generaciones son factores importantes de reevaluación de los valores.
Memoria colectiva
Una comunidad existe sólo porque sus miembros tienen conciencia y la reivindican. La memoria colectiva mantiene esta conciencia mediante la enseñanza de la Historia, los monumentos, los obras de arte, la literatura y la perpetuación de las tradiciones de todo tipo (religiones, fiestas, tecnologías, artesanía, etc.). En la memoria colectiva, se encuentran ocultos todos los traumatismos sufridos por la comunidad (guerra, opresión, persecución) que hacen decir solemnemente: ¡"Eso, nunca más!"
La construcción de los símbolos y valores de referencia que son compartidos por el conjunto de la comunidad facilitan la comunicación entre los miembros de ésta. Cuando se hace alusión a cosas conocidas por todos, no es necesario explicarlo para que sea correctamente interpretado y comprendido. Logramos hacernos comprender a medias palabras. Eso es válido, tanto para una vieja pareja, cuyos miembros comparten desde hace tiempo la misma vida, como para un equipo de investigadores que trabajan juntos sobre el mismo tema. En ambos casos, los miembros de esta microcomunidad aprendieron a conocerse, acumularon las mismas experiencias de vida diaria, trabajo, dificultades, cansancio, alegría, entusiasmo, y a veces drama, que supieron superar. En los dos casos, tienen una memoria colectiva de lo que constituye su pasado común, su deontología, los valores que los ligan, la manera de expresarse, de comunicarse entre ellos. Pueden entenderse a medias palabras. Entienden inmediatamente el sentido de una broma y estallan a reír juntos, mientras que el recién llegado quedará perplejo preguntándose qué hay de divertido en lo que oyó. No tiene todas las referencias previas para entender. Para estar al nivel de sus nuevos compañeros deberá rápidamente ponerse al tanto, al menos tener una idea de "lo que pasó antes". Deberá "entrar" progresivamente en la cultura de esta microcomunidad para finalmente formar parte de ella.
De la misma manera, cuando un congreso internacional reúne doscientos astrofísicos, todos los conocimientos básicos de la física, todo lo que se descubrió antes, todo lo que constituye el conocimiento establecido en este ámbito, se supone, lo conocen los miembros de este congreso, al que llegan para discutir sobre asuntos aún dudosos, sobre las nuevas teorías, enfoques, etc. Es cierto que un especialista en las novelas de Honorato de Balzac se encontrará completamente perdido en tal congreso si nunca hubiera tenido una pizca de física en su preparación intelectual. Y aún, eso no sería suficiente para abrirle las puertas de la memoria colectiva de esa comunidad.
Apropiación de lo nuevo
Con relación al conjunto de la comunidad, lo nuevo puede provenir tanto del exterior como del interior. Lo nuevo puede ser un objeto, una tecnología, un descubrimiento, un método, un comportamiento, un concepto, en resumen, absolutamente todo lo que de momento no forma parte del conjunto de las experiencias y conocimientos ya conocidas por la comunidad en cuestión.
Cuando lo nuevo viene del exterior, procede generalmente de otra comunidad donde ya está conceptualizado y bien integrado. La comunidad receptora se comporta frente a este nuevo objeto como una persona individual. Percibe el nuevo objeto, lo compara con lo que ya sabe, con el fin de categorizarlo en la medida de lo posible y denominarlo finalmente para integrarlo en su base de experiencias y conocimientos como "lo conocido". Es necesario destacar que en éste "lo conocido", hay siempre un lugar para lo que se puede llamar "lo desconocido circunscrito", es decir, algo sobre lo que no se sabe mucho, sino que puede circunscribirse y guardarse en la casilla de cosas (potencialmente peligrosas), aún por estudiar. Es necesario destacar también, que mientras más distancia cultural hay entre la comunidad de origen de lo nuevo y la comunidad receptora, mayor es la onda de choque cultural que acompaña la apropiación de lo nuevo. Lo que llamamos onda de choque cultural , es el conjunto de transformaciones necesarias para que lo nuevo se integre a la cultura de la comunidad receptora. Estas transformaciones se refieren tanto a la reconceptualización de lo nuevo, a la reformulación de su expresión, como a la revisión de los prejuicios que, en la comunidad receptora, pueden obstruir o incluso impedir su apropiación.
Cuando lo nuevo procede del interior de la propia comunidad, se origina en una parte muy pequeña de la misma, o sea, una única persona (una figura popular que impone una moda, un inventor, etc.) o una microcomunidad (una empresa, un equipo de investigadores, una orquesta, etc.) y toda la problemática consiste en ver cómo se extenderá en el seno de la comunidad y se convertirá en un elemento de la base de experiencias y conocimientos comunes a todos. Se observa por ejemplo que un producto farmacéutico lleva al menos tres nombres: un nombre de código en el momento de su concepción, nombre que conserva durante todo el período secreto de su elaboración, un nombre técnico (motivado por sus componentes químicos esenciales) gracias al cual se definirá y categorizará correctamente por el conjunto de los farmacéuticos, y finalmente un nombre comercial para su presentación a la opinión pública. ¡El nombre comercial, que puede variar, según las regiones del mundo donde el producto se venderá, tiene como único interés hacer aceptar el producto por el público, sin que eso cambie de ningún modo su composición química!.
Del mismo modo se observa con frecuencia el uso de la metasemia (metonimia y metáfora) como método esencial de denominación en disciplinas vanguardistas o de alta especialización. Ahora bien, el mecanismo de la metasemia es precisamente el que consiste en comparar lo desconocido con algo ya conocido con el fin de comprenderlo mejor, explicarlo, conocerlo. Es exactamente el mismo planteamiento que se efectúa cuando se apropia una nueva realidad venida del exterior, sólo que aquí la onda de choque cultural que acompaña siempre la apropiación de lo nuevo se reduce debido a que esta nueva realidad tiene origen en una parte de la misma gran comunidad cultural. En efecto, aquí se pasa de una cultura individual o de especialistas a una cultura común en la cual la primera ya está sumergida. La onda de choque cultural existe siempre, pero su amplitud es tan baja que puede ser desdeñable en este caso.
Crecimiento de la cultura
Acabamos de ver cómo el hombre integra a su cultura el conocimiento de una nueva realidad, tanto a escala individual como comunitaria, incluso en el caso de que este conocimiento sea casi nulo. La nueva realidad se guardará a pesar de todo en el "casillero" de las curiosidades exteriores a la coherencia interna de la cultura. En todos los casos, la cultura conservará el rastro de este encuentro en su memoria colectiva o individual y se encontrará pues inevitablemente modificada, aunque conserva en apariencia toda su integridad.
Hay pues, un movimiento respiratorio del microcosmos cultural cuyo primer aspecto es el análisis y la identificación de una nueva realidad cualquiera que sea, a partir de los conocimientos archivados en la cultura, y el segundo aspecto, la apropiación exitosa o no de lo nuevo en la cultura, que se encuentra necesariamente modificada, cualquiera que sea el grado de esta modificación. Una vez integrada a la cultura la nueva realidad pierde progresivamente su novedad para convertirse a su vez en un arquetipo explotable para nuevas apropiaciones.
Cultura
Definición
Puesto que la cultura es la base de nuestro enfoque, nos sentimos en el deber de precisar una definición, que nos permitirá lograr nuestros objetivos terminológicos. Consideramos la cultura como el conjunto de las experiencias vividas, producciones realizadas, y conocimientos generados por una comunidad humana que vive en un mismo espacio, a un mismo tiempo. Es decir que hay, por una parte, una diversidad de las culturas tanto en el espacio como en el tiempo, y por otra un grosor de la cultura que permite a las distintas experiencias y conocimientos sedimentarse en los archivos de la memoria colectiva de una comunidad y en la memoria individual de una persona.
Estos archivos constituyen referencias simbólicas comunes gracias a las cuales los miembros de una misma comunidad cultural pueden comprenderse cuando se comunican entre ellos. En efecto, palabras, gestos, comportamientos, situaciones, todo se interpreta y se comprende más adecuada y fácilmente cuando se comparten las mismas referencias simbólicas. En el caso contrario, es necesario hacer explicación para disipar los malos entendidos y las incomprensiones. Desde un punto de vista diacrónico, la cultura es una historicidad, en el sentido ya visto de una "historia particular propia" a un individuo o una comunidad y que contribuye a forjar la personalidad del individuo o de la comunidad en cuestión, particularmente, en sus prácticas o sus hábitos y sus relaciones con otros. Este aspecto de la cultura reviste una determinada importancia como uno de los fundamentos de la diversidad de los métodos de expresión y comunicación.
La cultura es como un microcosmos que puede parecer ajeno al exterior, pero es "totalitariamente" coherente al interior, "ya que la cultura da forma al espíritu" (BRUNER J. 1991), regula, de manera absoluta, la totalidad de la relación del hombre con lo existente y en consecuencia, su visión del mundo. Ahora bien, precisamente es esta visión del mundo la que condiciona la percepción de las cosas, y por lo tanto, su conceptualización y su denominación.
Conceptualización, denominación y percepción cultural
El signo lingüístico es arbitrario. Sin pretender expresamente poner en entredicho la célebre afirmación de Saussure que se refiere esencialmente a la relación entre el significante y el significado, nos interesamos en la diferencia que establecemos entre este último y lo que es un concepto.
Al apoyarnos en datos extraídos de varias lenguas y culturas, tanto africanas como europeas, pondremos de manifiesto que, aunque los conceptos de "concepto" y "significado" puedan mencionar los mismos productos culturales del espíritu humano, el concepto parece remitir a más objetividad y en consecuencia a más universalidad en la representación de las cosas, mientras que el significado parece depender más estrechamente de las percepciones particulares a cada cultura.
Ahora bien, como todo puede cambiar de una cultura a otra, el significado puede cambiar en el tiempo y en el espacio dentro de una misma cultura. Se puede decir que, para un mismo objeto dado, el concepto es la idea esencial, el principio, o también el arquetipo, mientras que el significado es el punto de vista, un punto que implica por definición la posibilidad de que otros puntos de vista sean susceptibles de ser elegidos. Por esta razón lo llamamos percepto por analogía a concepto.
La selección de un punto de vista, es decir, de una percepción o más concretamente de un percepto, es tributaria de prácticas, analogías, estrategias de aprehensión que están ampliamente condicionadas por la conciencia de la experiencia previa, cuyos rastros se pueden encontrar en la memoria de las palabras. Se seguirá que la relación entre el concepto y el percepto implica siempre una parte de motivación que suscita y orienta las elecciones de denominación. El signo lingüístico así producido no puede ser completamente arbitrario desde este punto de vista. Incluso cuando el concepto es nuevo, la elección de su denominación está motivada y condiciona indirectamente la formación del significante.
El contexto africano Al trabajar sobre la instrumentación terminológica de las lenguas africanas, para la expresión de realidades modernas que no existían o no eran preeminentes en el mundo de las culturas tradicionales africanas, nos enfrentamos diariamente a la complejidad de la unidad terminológica, es decir, el término. Una serie de dificultades se imponían inmediatamente a nosotros que pretendíamos denominar las nuevas realidades en nuestras lenguas:
a) Estamos aquí en un caso hipotético donde las nuevas realidades que deben denominarse existen independientes de nuestra cultura, dado que por lo general se crearon en Occidente. De un lado nos preguntamos por la naturaleza de estas nuevas realidades y del otro, sobre cómo se han denominado en las culturas occidentales donde se crearon. ¿Son estas denominaciones - muy conocidas, precisas y científicas, cuando se trata de productos tecnológicos o ámbitos de especialidad- porque designan de forma precisa la esencia de las cosas tal como nos son reveladas por la ciencia como conocimiento objetivo? (RUSSEL B. 1969). Si tal no era el caso, ¿qué hacía que estas denominaciones "funcionaran"? Mediante este planteamiento esperamos comprender mejor la forma en que podemos denominar, de la mejor manera posible, las nuevas realidades en nuestras respectivas lenguas;
b) Un segundo caso hipotético es el de realidades antiguas en África, pero que hasta ahora no habían sido objeto de estudios avanzados en las culturas africanas tradicionales. Al contacto con Occidente, el conocimiento de algunas de estas realidades se volvió importante para el desarrollo económico, por ejemplo, las plagas devastadoras del algodón. En este punto hacemos tres tipos de observaciones: la naturaleza intrínseca de estas realidades, las denominaciones occidentales, y las denominaciones tradicionales africanas. Por estas observaciones, pretendemos saber en qué medida las denominaciones occidentales son motivadas en sí por la realidad o no, y en consecuencia en qué medida las denominaciones africanas existentes son aún operativas, y por lo tanto, recuperables. La evaluación de éstas permite orientar la actividad de modernización terminológica (HALAOUI N. 1993 ;Diki-Kidiri M., MBODJ C., EDEMA A. B. 1997; EDEMA A. B. 1998, 2000). Más allá de estos casos de aplicación, la pregunta fundamental consiste, pues, en saber ¿qué quiere decir denominar, y qué es una "buena" denominación? Los estudios sobre tal pregunta no faltan (KLEBER G. 1985; CABRÉ M.-T. 1993; BOISSON C. & THOIRON P. 1997). Esperamos que, conociendo la respuesta, sepamos mejor cómo aprovechar una "buena" terminología.
c) En todos los casos hipotéticos, los términos producidos, bien sean neologismos o no, son unidades lingüísticas que se supone forman parte integrante de una lengua natural, y están destinadas a servir tanto a la comunicación en el marco de actividades profesionales (ej. cultivo del algodón) como en el de la transferencia de los conocimientos (ej. escolarización, alfabetización, formación). El término es pues un signo lingüístico que permite, en una lengua natural, la expresión y la comunicación de un conocimiento especializado.
Si el término es un "signo lingüístico" según Saussure, hay que reconocer que la única relación binaria significante/significado es insuficiente para describir el término en toda su complejidad. En una reciente comunicación, Cabré (2000, página 10-15), sugiere una descripción tridimensional del término: una lingüística, una social y una de utilidad. Pensamos que permaneciendo sobre la dimensión lingüística, se pueden distinguir tres ejes de descripción que se articulan en torno al significante, al percepto y al concepto.
Sobre el eje del significado, trataremos todos los asuntos relativos a la forma (o a las distintas formas) del término, a saber, la formación de las palabras, lo que las forma, los radicales, la homonimia, la sinonimia, la variación denominativa, etc. Obviamente cuando se tiene que crear el neologismo terminológico no se deben descuidar estas preguntas de forma, si se quieren producir términos "bien formados" que tengan todas las oportunidades de establecerse fácilmente. A menudo, una buena formación de significando no basta para facilitar la implementación del neologismo si no se optimizan los otros aspectos (sintácticos y semánticos, en particular).
Es en el nivel del percepto que se sitúa la problemática de la construcción del sentido, lo que implica, muy a menudo, una "reconceptualización" del objeto que debe denominarse en función de las percepciones culturales. Es también a este nivel del percepto que se ubica lo mejor posible la cuestión de la polisemia en relación con la construcción del sentido. Sucede en efecto, generalmente, que los métodos de la construcción del sentido (en particular la metáfora y el metonimia) implican una polisemia de la que es necesario rendir cuentas.
Por último, en el nivel del concepto se plantea la parte fundamental de los aspectos relativos a la cognición y a la naturaleza del conocimiento, su objetividad y su universalidad verdadera o probable. Numerosas investigaciones cognitivistas (WEISSENHOFER P. 1995; CABRÉ 1993; DUBOIS D. 1991; LAKOFF G. 1987; RUSSEL B. 1969) demuestran ampliamente el carácter siempre construido de los conceptos, incluyendo los que nos parecen más objetivos, es decir, los más "independientes de toda subjetividad". Explorando con los especialistas en ciencias del conocimiento, la naturaleza de las relaciones entre un concepto y distintos objetos concretos o abstractos, se supone representa lo que podemos establecer como el alcance de la denominación. Y para terminar, cuando tenemos que hacer una distinción entre las palabras comunes de la lengua hablada en general y los términos propios de una especialidad, un ámbito avanzado del conocimiento, puede tomarse conjuntamente esta triple articulación del término en torno al significante, al percepto y al concepto.
Concepto y clase de objetos
Si consideramos un objeto fabricado, por ejemplo una casa, un computador, una bicicleta, un frasco, etc., diremos que este objeto se concibió antes de realizarse. Esta concepción puede traducirse a una serie de reflexiones, estudios, cálculos, etc. consiguiendo una representación mental ideal de lo que se supone ser el objeto desde el punto de vista de su inventor. Esta representación mental la llamaremos aquí el "concepto" del objeto, porque expresa la idea esencial, el principio, el arquetipo [1]. Tal concepto está protegido por la ley en nombre de la propiedad intelectual cuando un inventor registra una patente. Este concepto puede reducirse a una forma escrita que llamamos "plan de realización". Cada objeto realizado gracias a este plan es una instancia concreta del concepto. Además de que todos estos objetos comparten los atributos esenciales del concepto, cada uno ellos puede tener atributos propios "personalizados" o "localizados", que pueden justificar una estructuración fractal en clases de objetos. Esta variación comienza a menudo a partir del nivel de la conceptualización generando una familia de conceptos. Piense en la producción de una gama de coches que prevé a partir de la concepción, varios modelos en la misma gama y varias alternativas en el mismo modelo.

Porque este tipo de concepto es la base de la creación (producción, construcción, existencia), los objetos así concebidos, intentamos considerarlos como la expresión de eso que les es intrínseco, independientemente de todas las contingencias. Es seguramente más prudente y probablemente más exacto considerar los conceptos que dan lugar a invenciones tecnológicas como representantes de los arquetipos de estas invenciones. El arquetipo ocupa esta posición privilegiada de ser el "primer concepto" que contiene la idea esencial de un objeto imaginado y fabricado por el hombre. El arquetipo expresa, hasta cierto punto, la visión del inventor, una visión que sólo se concreta por la fabricación de los objetos así concebidos. En consecuencia de esta exposición, utilizaremos la expresión concepto arquetípico para hablar de este tipo de concepto que corresponde a una representación mental que estructura las clases de objetos traducibles en imágenes simbólicas (esquemas o planes). Cuando por múltiples razones (uso, evolución, distancia cultural, etc.) los productos tecnológicos se perciben o se presentan diferentes a la visión de su inventor (su concepto arquetípico), diremos que sufrieron una reconceptualización en función de las nuevas percepciones, ya que, en algunos casos, éstas pueden implicar una verdadera recategorización de las clases de objetos. Cuando se trata de caracterizar objetos naturales no creados por el hombre: animales, vegetales, minerales, espíritus, astros, "fuerzas de la naturaleza" etc., la cuestión central es la clasificación, como bien lo muestran todas las investigaciones sobre la cognición, el prototipo (KLEIBER G. 1990; LAKOFF G. 1987) etc. Típicamente, cuando encontramos un animal poco común, el grado de conocimiento enciclopédico que se puede reunir sobre él nos permite categorizarlo con tanta precisión, que ese grado es elevado. Así pues, se había clasificado en primer lugar a la ballena como un pescado antes de incorporarse a la categoría de los mamíferos. Del mismo modo, se clasificó a los anfisbenas con las serpientes, luego con los gusanos de tierra, antes de asignarse a una categoría específica para ellos solos (véase Jared et alii 1997). La biología que, al igual que todas las ciencias, es recorrida por varias corrientes de pensamientos, no nos aporta la garantía absoluta de que existen, en la naturaleza, clases de objetos naturales estrictamente objetivos, y en consecuencia independientes de toda percepción humana. Puesto que el hombre no creó las ballenas, el concepto que tendrá de ellas sólo puede construirse, de manera deductiva, a la altura de la suma de conocimientos que puede acumular sobre ella quien las observa. Se crea así una imagen mental diagramática de la ballena, comparable a la que se crea el inventor de un producto. Se supone que esta imagen mental integra suficientemente, las características típicas de la ballena para que la reconozcamos cuando encontremos una. El concepto de "ballena" en que se basa esta reconstrucción simbólica, que es la imagen mental de la ballena, no es de ningún modo diferente de un concepto arquetípico, a pesar de la inversión del proceso (objetos hacia concepto aquí, concepto hacia objetos en el caso de los artefactos). Así avancemos del concepto hacia los objetos (artefactos) o de los objetos (especies naturales) hacia el concepto, tenemos siempre los tres componentes:
concepto arquetípico (arquetipo, grupo de características distintivas, estructuras);
representaciones simbólicas (planes de realización, esquemas, imágenes mentales);
clases de objetos (clasificación con fines de definición y conocimiento).
La pregunta crucial que se plantea aquí consiste en saber si las categorías que establecemos en nuestro espíritu, que siguen a nuestras observaciones experimentales o por la actividad propia de nuestro espíritu (rasgo de genialidad del inventor) nos dan realmente acceso al conocimiento de las cosas tal como están en el mundo exterior a nuestro espíritu. Pretendemos finalmente saber más sobre el funcionamiento del espíritu humano, en particular, cómo se hace "para conocer". Numerosas teorías del conocimiento han sido elaboradas por especialistas en ciencias del conocimiento, por los semánticos, los filósofos y neurólogos, cada uno aportando su grano de arena a la ciencia del conocimiento. Si este estudio interesa al terminólogo, es en tanto que le permite describir por ejemplo, en una definición en terminografía, los componentes esenciales (o prototípicos) de un objeto de conocimiento especializado, ya sea un artefacto o una especie natural. Se trata aquí de una problemática de caracterización y clasificación. Pero el asunto de la denominación propiamente dicha se tratará más adelante, es decir, en la interacción entre el significando y el (los) percepto(s), organizado(s) por las percepciones culturales.
Denominación y percepciones culturales
Diversidad en la observación de lo real
Sin cuestionar la existencia en sí de una realidad objetiva independiente de la visión que el hombre tiene, numerosos trabajos apoyaron ampliamente la hipótesis, según la cual el hombre sólo tiene acceso a ese mundo real mediante representaciones mentales culturalmente condicionadas. El establecimiento de la realidad se efectúa a menudo de manera diferente de una cultura a otra dando conceptos específicos para cada cultura (LAKOFF 1987; LARA L. F. 1999). Sabemos, por ejemplo, que en varias lenguas africanas que comparten la misma superficie cultural, los colores se clasifican generalmente en tres categorías que podríamos designar en francés por "oscuro", "claro" y "caliente". Mientras que en las culturas europeas los mismos colores se clasifican como una sucesión de colores individuales como lo muestra el cuadro de Mendeliev o también la distribución de los colores en el arco iris. Es una diferencia en la conceptualización de los colores y no en su percepción sicofisiológica (DUBOIS D. 1991). De la misma forma, pudimos constatar durante nuestras investigaciones en terminología, que un mismo producto tecnológico concebido en una cultura dada e importado a otra cultura, sólo integra este último mediante un proceso de reconceptualización inherente al fenómeno de apropiación de lo nuevo, descrito anteriormente.
Para dar un ejemplo (y tenemos cientos) la elección de la pareja logiciel y matériel, para traducir al francés software y hardware, requirió un largo trabajo de reconceptualización durante el cual se eliminaron otros trece pares de posibles traducciones. La concepción anglosajona distribuye los componentes de los recursos informáticos en "panoplia suave" y "panoplia dura". La oposición soft/hard ya es, en sí misma, una clasificación cultural. Ni la cinta magnética, ni el disquete flexible, utilizados hace algunos años para salvaguardar los programas y los datos hacían parte de la "panoplia suave", mientras que eran opuestos al "disco duro" ( hard disk ). Los francófonos debieron reconceptualizar las cosas en función de su manera de pensar cuya referencia simbólica cartesiana, en memoria colectiva, se muestra oportunamente a continuación. El software se categoriza entonces como todo lo que genera y regula el desarrollo lógico de las operaciones realizadas por la máquina informática. Ésta se categoriza fácilmente como material, la creación del neologismo logiciel a partir de la palabra logique y el sufijo - iel de matériel se transfiere de la fuente, ya que el término así creado era perfectamente coherente con el funcionamiento de la lengua francesa.
Polisemia y organización prototípica del sentido
La palabra souris (ratón), en francés, designa prioritariamente (o prototípicamente) [2] un "cuadrúpedo de la familia de los roedores, perteneciente al género rata" (LITTRE 1994). Pero se leen en el mismo artículo varios sentidos figurados, derivados, metafóricos (etc.) como:
un hombre que tiene miedo o que prueba un gran desconcierto;
un color gris- plateado;
un músculo que finaliza en el hueso del muslo;
el espacio de la mano entre el pulgar y el índice.
Hay que tener en cuenta que estos dos últimos ejemplos están incluidos en el mismo ámbito, la anatomía. En informática, como es sabido, la palabra designa un dispositivo electromecánico o electroóptico de control e introducción. Tenemos entonces, seis sentidos diferentes para la misma palabra ratón . Este es pues un caso de polisemia. La polisemia, como fenómeno lingüístico, está suficientemente estudiada. Nos limitaremos pues a destacar algunos puntos pertinentes para su denominación.
Considerando que el significante "souris" (que simbolizamos por S) tiene seis significados, uno principal (S0 = "roedor sp.") y cinco secundarios (S1 = "hombre temeroso sp.", S2 ="color gris sp.", S3 = "músculo sp.", S4 = "espacio sp.", S5 = "apuntador sp."), debemos precisar inmediatamente que los subíndices, de 0 a 5, que asignamos simbólicamente a estos seis sentidos, sólo tienen como objetivo distinguirlos convenientemente y no implican ninguna estructura jerárquica. Podríamos organizar estos seis sentidos en función de su fecha histórica o de su deducción lógica, si tiene una, pero eso no aportaría mucho en nuestro caso. Es fácil, en efecto, explicar estos distintos sentidos de la palabra "ratón", en particular, por la analogía, la metonimia, la metáfora, etc. (véase GUERN M. 1973; LAKOFF & JOHNSON 1985; MORENO J. A. & FERNÁNDEZ GARCÍA J. 1994; ASSAL A. 1995; DIKI-KIDIRI M. 1996;) lo que nos importa aquí, es mostrar que el tema de la denominación es pertinente y distinto al de la clasificación.
Desde el punto de vista de la clasificación, solamente el pequeño animal designado por la palabra "ratón" puede ser clasificado como un "roedor". Los otros perceptos no se pueden clasificar así, remiten a categorías conceptuales diferentes a las de "roedor". Un hombre, incluso asustado, no es un roedor, como tampoco lo es un músculo móvil, etc. Por el contrario, el hombre asustado o desconcertado tiene un comportamiento que, en la cultura francesa, (o francófona) se percibe como similar al comportamiento del roedor. El espacio reducido entre el pulgar y el índice se percibió siempre, en la misma cultura, como evocador de la entrada a una ratonera y se le llamó así. El color gris plateado es predominante en los ratones, se incluye la sinécdoque. Tanto para el músculo como para el dispositivo electrónico, la semejanza de forma fue suficiente para permitir la aproximación. Todos los perceptos derivados no tienen ninguna característica común entre ellos, sino que comparten, cada uno, al menos una característica común más o menos simbólica, con el percepto principal (prototípico) que remite al concepto arquetípico de "cuadrúpedo roedor del género rata" designado por el significante ratón . La propagación de las características a partir del percepto principal hacia otros perceptos es de tipo radial.

La posición principal (prototípica) del percepto S0, reflejo del concepto arquetípico C0 "cuadrúpedo roedor…", que designa el significante S ratón, puede variar con el tiempo. Para una generación de niños que viven en una gran ciudad occidental como París y que crecieron con los juegos vídeo, la palabra ratón evoca prioritariamente (básicamente prototípicamente) el accesorio informático. Y esta acepción (percepto S5) suplanta y relega al segundo plano la primera acepción de animal "cuadrúpedo roedor". Es decir, que incluso en una polisemia, el carácter principal (o prototípico) de una acepción, de un percepto, es directamente dependiente del medio social al cual pertenecen la mayoría de las personas interrogadas. Y si consideramos la evolución del sentido de una palabra en el tiempo (DARMESTETER A. 1979; KARCIK J. 1997; WALTER H. 1997), no es raro constatar que una nueva acepción suplantó a otra más antigua completamente olvidada, excepto, quizá, en las enciclopedias. Así el sentido principal de la palabra clavier (teclado) no es hoy el de "llavero" y clavicule ya no significa "pequeña llave". Lo que era una metáfora, y en consecuencia un percepto secundario, pasó a ser con el tiempo el sentido principal, o incluso el único sentido. Las acepciones olvidadas sólo están eclipsadas, como arrinconadas. Basta con poner de nuevo un relato en un contexto histórico suficientemente antiguo para que estas acepciones reaparezcan para evitar el anacronismo. Las acepciones olvidadas pueden siempre reactivarse deliberadamente, incluso sin necesitar un contexto arcaico. Es lo que se hace cada vez que se prueba la necesidad de precisar que se emplea una palabra determinada en su sentido etimológico. Así pues, en una misma lengua, los perceptos que están vinculados de manera polisémica a un mismo significante pueden organizarse de manera prototípica, tanto en el espacio como en el tiempo, y en función de medios sociales relativamente homogéneos. Por lo tanto, una acepción secundaria en un medio, tiempo y lugar dados, puede ocupar una posición principal en otro medio, tiempo o lugar.
Conceptos y perceptos
La distinción entre concepto, entendido como estructura cognitiva de clasificación y percepto considerado como el lugar de las percepciones culturales, se impone aún más claramente cuando comparamos la denominación de un mismo artefacto en varias lenguas. La bicicleta se llama:
gbâzâbängâ "ruedas de caucho" en sängö (África Central),
nàgàsó [3] "caballo de hierro" en bambara (Malí),
magu-mákwanganya [4] "cuatro pies" en lilikó (Rep Dem del Congo).
Estos distintos nombres muestran a la vez de la diversidad en la percepción del objeto bicicleta por comunidades de lenguas y culturas diferentes, que tienen pasados diferentes. Los centroafricanos conocían la rueda y además habían sido sometidos a trabajos forzados de recolección de caucho vegetal desde los primeros años de la colonización de su país (hacia 1910). Las ruedas de caucho (neumático) de la bicicleta atrajeron especialmente su atención y motivaron su elección en la denominación de este vehículo. Por su parte, los bambara, que conocían el caballo, percibieron una semejanza funcional entre este animal y la bicicleta: los dos se montan a horcajadas y permiten al hombre desplazarse más rápido que a pie. Por el contrario, sólo esta última característica (desplazamiento más rápido que a pie) atrajo la atención de los bolikó de la República Democrática del Congo. Su nombre "cuatro pies" se entiende como "el vehículo que duplica sus pies" y que les permite ir dos veces más rápido. En todos los casos, estos nombres no pretenden dar cuenta de la estructura esquemática (concepto arquetípico) de la bicicleta. Los diferentes perceptos vinculados a diferentes significantes de estas denominaciones corresponden a opiniones diferentes sobre el objeto, opiniones motivadas por y dependientes del pasado cultural propio de cada comunidad. El percepto no es pues el equivalente del concepto, sino solamente un indicador hacia el concepto, un punto de referencia que permite entender globalmente el concepto, sin tener que reconstituir todos los elementos estructurales (véase siguiente figura).
En la dicotomía Saussure significado/significante, el término "significado" designa globalmente todo el contenido semántico vinculado a la forma del signo lingüístico. Se utiliza generalmente como sinónimo de concepto, o incluso de noción. Esta amplia interpretación abarca bien nuestro percepto y nuestro concepto . Pero también se puede argumentar que el signo lingüístico, que es una unidad mínima de significado y el significado que lo compone, debe comprenderse como un valor significativo mínimo, esto permite utilizar un signo lingüístico completo (con su significante y su significado) para expresar de manera motivadora una significación elaborada, un concepto que puede no tener nada que ver con el valor mínimo del significado. Esta interpretación limitada del término "significado" nos permite decir que esencialmente el percepto es un significado en el marco de la unidad terminológica que es el término [5]. 
El concepto, cualquiera que sea la definición que se le haya dado (arquetipo, grupo de características pertinentes, idea esencial, conjuntos de juicios coherentes, etc.) resulta de una actividad mental de organización de la experiencia humana, en sentido amplio, de clasificación de objetos con fines de definición. El concepto permite al hombre elaborar su conocimiento. Pero el conjunto de las características pertinentes de un concepto no se encuentra inevitablemente en la palabra o expresión verbal que le sirve para designarlo. La denominación más adecuada, mejor aceptada, es a menudo la que se integra mejor a la lengua y a la cultura de la comunidad de los oradores. La denominación aparece así estrechamente vinculada a una percepción cultural inscrita esencialmente en la relación significante/significado y más concretamente en la relación significante/percepto cuando se trata de terminología. En resumen, la cara "significado" del término considerado como signo lingüístico, se divide a su vez en dos facetas, el percepto orientado hacia el significante y el concepto arquetípico orientado hacia el referente. En este sentido podemos resumir la estructura lingüística del término por la fórmula: significante/percepto/concepto/referente. Para localizar bien una nueva realidad, es necesario en primer lugar reconceptualizar, tomando como base de experiencias y conocimientos de la cultura receptora, las representaciones simbólicas necesarias para la construcción de una nueva percepción de esta realidad, un nuevo percepto que facilitará a la vez su integración en la cultura y su denominación por un término seleccionado o construido adecuadamente, respetando las normas de formación de palabras de la lengua receptora (GUILBERT L. 1975). Palabras clave : "terminología cultural", localización, conceptualización, percepción, denominación.
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[*] Traducción: Beatriz E. Hoyos M.; Jenny Wolff P.; María Cecilia Plested A., miembros Grupo de Investigación en Terminología y Traducción–GITT. Escuela de Idiomas de la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia

[1] En el Diccionario de Lingüística y Ciencias del Lenguaje (DLCL) publicado por Larousse por Jean DUBOIS et alii, podemos leer en la entrada concepto: "se da el nombre de concepto a toda representación simbólica, de carácter verbal, teniendo un significado general que conviene a toda una serie de objetos concretos que poseen propiedades comunes". Está claro que esta definición esta resumida y formulada lo más didácticamente posible. Encontramos un debate más avanzado de una serie de definiciones de la palabra concepto en Alain Rey [1979] (véase bibliografía). Obviamente no pretendemos, ni tenemos la intención, de exponer aquí todas las definiciones formuladas por las distintas corrientes teóricas con respecto al concepto. Nos basta mostrar cómo este eje del concepto se distingue y se articula con el eje del significado (él mismo distinto del eje del significante)

[2] Cuando decimos "prioritariamente" entendemos que el sentido dado es el primero en el tiempo desde la aparición de la palabra souris en la lengua francesa; y cuando decimos "prototípicamente" hacemos alusión al hecho de que es el sentido que viene al espíritu de la mayoría de la gente cuando se les pregunta qué quiere decir souris. Encontramos que desde las dos opiniones obtenemos el mismo sentido que consideramos como sentido principal en comparación con los otros sentidos que serán secundarios.

[3] Información confirmada por Gérard GALTIER.

[4] Información suministrada por EDEMA Atibakwa.

[5] Ver la definición de Término dada en el parágrafo c) de la sección del Contexto Africano
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