|
Lexicografía y Terminología
Edilberto Cruz
Subdirector Instituto Caro y Cuervo
El Instituto Caro y Cuervo nació al cobijo de una empresa lexicográfica. La ley 5ª del 25 de agosto de 1942, señala que uno de los objetivos de la Institución será: "continuar el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana" que dejó inconcluso, al morir en 1911, don Rufino José Cuervo. Por fortuna la ley se ha cumplido para orgullo de nuestra Institución, de Colombia y del mundo hispánico. Desde 1994, fecha del sesquicentenario del nacimiento del autor, ocho monumentales tomos –los dos primeros realizados por don Rufino- recorren el mundo, dando testimonio del trabajo cumplido, a pesar de las dificultades, vicisitudes e interrupciones que encontró el diccionario en su largo trasegar durante 123 años.
Otra institución que se creó inicialmente para elaborar el más rico y el mejor diccionario de la lengua castellana que se pudiera realizar en su época, y que en efecto lo hizo con gran celeridad, fue la Real Academia Española. Sabemos que esta corporación nació en 1713, que 13 años más tarde publicó el primer tomo del denominado Diccionario de Autoridades y 13 años después terminó el sexto y último tomo de la obra. Total 26 años de esmerada y diligente labor conjunta. Luis Fernando Lara señala que este diccionario sentó "las bases de nuestra educación lexicográfica, pues no sólo nos enseñó a leer diccionarios –una enseñanza que penosa y equivocadamente sobrevive en nuestras escuelas-, a saber cómo buscar palabras en ellos, a saber cómo cotejar un uso con los usos ejemplificados en las citas, sino también nos dio una idea de nuestro léxico" (Lara, 2000, 21). Esta empresa no termina, pues aunque reducido a un solo tomo y sin ejemplos, el Diccionario de la Academia ha visto veintidós nuevas ediciones, la penúltima con versión electrónica.
La Real Academia Española basó su trabajo en dos antecedentes muy importantes de las Academias de Florencia y París respectivamente. En efecto, la Academia de la Crusca creada el año de 1582 con el ánimo de estudiar y defender la lengua toscana, se propuso como primera tarea la elaboración de un diccionario que recogiera principalmente las voces de Dante, Petrarca y Boccaccio. El Diccionario fue conocido con el nombre de Vocabulario de la Academia de la Crusca que vio la luz en Venecia, en el año de 1612, después de 30 años de eficaz trabajo institucional. Por su parte la Academia Francesa, creada el 2 de enero de 1635, también inició su vida institucional con un proyecto lexicográfico, el Diccionario de la lengua francesa que salió de las prensas en 1694, absorbiendo 60 años de trabajo.
Nos interesa destacar con estos ejemplos que la labor lexicográfica está constituida por proyectos de largo plazo, que deben ser dirigidos por entidades serias y prestigiosas, pues, siguiendo a don Rufino José Cuervo: "Basta indicar lo que debe ser el Diccionario de la lengua, para que se comprenda desde luego que el componerlo no es obra proporcionada a las fuerzas de un hombre solo. Con razón se han propuesto llevarlo a cabo las Academias literarias, que en enriquecerlo y apurarlo hasta la perfección pueden trabajar con paso lento y seguro al través de los siglos" (CUERVO, 1987, t. III, 58).
El Instituto Caro y Cuervo cuenta ya con 60 años de experiencias vividas y acumuladas en esta área de la Lingüística aplicada y precisamente durante este lapso la lexicografía ha experimentado un gran desarrollo del que no ha sido ajeno ni el Departamento ni el Instituto.
La lexicografía
Aunque la palabra lexicografía no es de alta frecuencia podemos acercarnos a ella con relativa facilidad empleando los recursos de la morfología y de la etimología que nos advierten que es un compuesto de Léxico y - grafía, y si sabemos que esta última forma significa 'descripción, tratado, escritura', el total sería 'descripción, tratado o escritura del léxico'.
Aquí vale la pena señalar la importancia de la Terminología para precisar los conceptos. El profesor Julio Fernández Sevilla en su obra Problemas de lexicografía actual, publicada por el Instituto Caro y Cuervo, para precisar el concepto de lexicografía acudió al Diccionario oficial de la lengua española -producto él mismo de la actividad lexicográfica- y encontró en él la siguiente definición: "Arte de componer léxicos o diccionarios, o sea de coleccionar todas las palabras de un idioma y descubrir y fijar el sentido y empleo de cada una de ellas" (DRAE , 1970).
Como se puede observar la definición tiene dos partes, una sustancial "el arte de componer léxicos o diccionarios" y otra explicativa. Ésta es un tanto innecesaria: el "coleccionar todas las palabras de un idioma" es una tarea imposible si se toma al pie de la letra, por tal razón se suprimió sabiamente. Sin embargo, es de anotar que hace referencia al tema de la cuantificación léxica que es urgente seguir investigando. Por otra parte, la idea de coleccionar debe quedar grabada en la conciencia del lexicógrafo. En cuanto a la segunda parte de la explicación "descubrir y fijar el sentido y el empleo de cada una de ellas [de todas las palabras]" seguirá siendo el objeto del trabajo lexicográfico, pero ante tantos tipos de diccionarios, que no necesariamente deben realizar este trabajo, lo mejor era suprimirla también. Sin embargo, queremos dejar constancia que esta parte de la definición inicial, se cumple para el propósito del Diccionario de Cuervo que advirtió tan claramente la correspondencia entre lo semántico y lo sintáctico. En efecto las palabras sentido y empleo muestran la correlación entre diccionario y sintaxis, que es precisamente el objeto del Diccionario de construcción y régimen.
Definición vigente
La vigésima edición del Diccionario académico de 1984, replantea la definición que hemos citado, de tal manera que a partir de esta fecha y ahora en la vigésima segunda edición encontramos: "[1] Técnica de componer léxicos o diccionarios.// 2. Parte de la lingüística que se ocupa de los principios teóricos en que se basa la composición de diccionarios" (DRAE, 2001).
En la primera acepción la palabra arte se ha cambiado por técnica. En la segunda, se plantea como una actividad teórica adscrita a la lingüística. Sin conocer esta edición, Fernández Sevilla advirtió: "En nuestra época, la lexicografía es una técnica científica encaminada a estudiar los principios que deben seguirse en la preparación de repertorios léxicos de todo tipo, no sólo diccionarios sino también vocabularios, inventarios, etc. No es labor de aficionados sino profesión a la que se consagran hombres de ciencia de modo preferente o exclusivo, solos o en equipo" (FERNÁNDEZ, 1974, 15).
Todavía, muchos autores continúan haciendo énfasis en ver la lexicografía no como ciencia sino como técnica, como disciplina o como metodología, por ejemplo, el lexicógrafo Luis Fernando Lara, director del Diccionario del Español de México, nos dice: "En este libro sostengo que la lexicografía es una disciplina que tiene por objeto definir y enseñar los métodos y los procedimientos que se siguen para escribir diccionarios. Es decir, que la lexicografía no es una ciencia, sino una metodología" (LARA, 1997, 17).
Pero ciencia, arte, técnica, disciplina o metodología, lo que nos interesa es que la lexicografía deje de estar en manos de plagiarios, para que la consulta de un diccionario elaborado con todo el rigor científico, satisfaga plenamente las expectativas de todos los usuarios. Por esta razón el Instituto Caro y Cuervo promociona la profesionalización de la labor lexicográfica.
Lexicografía práctica, lexicografía teórica
Insistimos en la definición del DRAE, 1984. Hemos señalado que trae dos acepciones que corresponden a dos actividades diferentes: la técnica de confección, la actividad misma de la compilación de diccionarios, y, por otra parte, los criterios teóricos y metodológicos que debe manejar un equipo lexicográfico para elaborar bien su tarea.
Nace así una dicotomía entre lexicografía práctica y lexicografía teórica. Esta última, relativamente reciente, se quiere denominar metalexicografía. Queremos recordar que la teoría lexicográfica empieza a constituirse en doctrina organizada a partir de publicaciones como Introducción a la lexicografía moderna del maestro Julio Casares, en 1950, sin olvidar que desde sus inicios el Instituto Caro y Cuervo promovió el desarrollo de la lexicografía teórica. Un ejemplo patente es el extenso artículo de Fernando Antonio Martínez, titulado: "Contribución a una teoría de la lexicografía española" publicado en 1947.
Durante los últimos cincuenta años los lexicógrafos han efectuado una seria reflexión sobre los diccionarios, que permite organizar coherentemente la teoría y la metodología de los nuevos proyectos lexicográficos. Expondremos brevemente algunos de estos puntos, no sin antes mencionar que la oposición teoría/práctica en terminología se cumple con la terminografía.
No podemos dejar de citar a la doctora María Teresa Cabré quien nos señala que "el proceso de trabajo tanto de la lexicografía como de la terminografía se materializa en recopilaciones de unidades léxicas o terminológicas: los diccionarios. Desde este punto de vista, pues, sus objetivos se confunden" (Cabré, 1993, 90).
La lexicografía y la terminología coinciden en algunos casos, pero siguiendo a nuestra misma autora "Lexicografía y terminología se diferencian por otros aspectos, que provocan que un diccionario de la lengua común sea un producto diferente de una terminología especializada" (Cabré, 1993, 90). En efecto el proceso de trabajo del lexicógrafo va de la palabra al significado siguiendo una vía semasiológica, en cambio el terminólogo va del concepto a la denominación siguiendo una vía onomasiológica. "La terminología y la lexicografía son dos disciplinas muy alejadas en teoría, pero en la práctica se encaminan a un acercamiento metodológico" (Cabré, 1993, 363)
Macro y microestructura
La elaboración de cualquier trabajo lexicográfico supone un proyecto definido, planeado y estructurado de manera que debe tener un marco teórico. Éste debe estar sostenido por principios científicos apoyados por la lingüística, a pesar del distanciamiento que ocurre en la práctica, según nos avisa también el profesor Haensch.
La Real Academia Española publicó la Nueva Planta del Diccionario. En ella nos recuerda que el término Planta adoptado de la Arquitectura se define como "Diseño o idea que se hace para la fábrica o formación de alguna cosa", de tal manera que aplicado a la lexicografía sería "el sistema de normas que permiten disponer y presentar plausiblemente los materiales léxicos" (RAE, 1997, prel.). La presentación de estas pautas invita a los redactores trabajar mancomunadamente con unas mismas directrices y ofrece al usuario un texto más ordenado, coherente y sencillo.
La labor lexicográfica requiere una cimentada preparación teórico-científica y una paciente iniciación práctica. Un diccionario tan monumental como el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana de Rufino José Cuervo no se gesta de manera espontánea o improvisada. Su autor ya había hecho carrera en el campo de la Filología en general y de la Lexicografía en particular, y sus continuadores hemos querido emular su tesonera labor.
Para la nueva manera de trabajar en lexicografía con reflexión teórica, es necesario, antes de comenzar la elaboración de la obra tener suficiente claridad y determinación sobre su macro y microestructura. "La macroestructura es la ordenación del conjunto de los materiales que forman el cuerpo de un diccionario" (HAENSCH, 1997, 39). Allí se considerará qué tipos de palabras conformarán su nomenclatura, cómo van a aparecer en ella, qué tipo de informaciones se van a ofrecer, qué orden y qué relaciones mantendrán entre sí. "La microestructura de un diccionario es la ordenación de todos los elementos que componen un artículo" (HAENSCH, 1997, 41).
El equipo
Los nuevos diccionarios no son, el resultado del trabajo solitario de una persona, sino del trabajo en equipo y un ejemplo palpable ha sido precisamente la finalización del Diccionario de Cuervo continuado y editado por el Instituto Caro y Cuervo, que contó en su última etapa con un equipo de más de una veintena de redactores, gracias a la tesonera gestión del actual director, doctor Ignacio Chaves Cuevas.
La conformación del equipo lexicográfico es, pues, un tema que requiere definirse y organizarse en este nuevo modelo teórico metodológico. La preparación y el funcionamiento del grupo de redactores que finalizó el Diccionario de Cuervo fue una de nuestras mayores preocupaciones, siguiendo la proclama de nuestro Boletín que en su primera página del primer tomo dice: "La labor científica no puede ser ya obra individual, como fue la de Cuervo, quien sin apoyo de ninguna clase consumió su existencia en investigaciones solitarias, sino que ha de ser obra de organismos sociales, sostenidos por instituciones poderosas" (RESTREPO, 1945, 1). Estas palabras nos recuerdan la premisa de Cuervo leída anteriormente.
La conformación, la preparación, la coordinación del trabajo del grupo, es el primer requisito de una empresa lexicográfica. Sobre este aspecto no se ha insistido suficientemente. El profesor José Álvaro Porto Dapena señala dos aspectos fundamentales en la conformación del equipo lexicográfico: la selección y la formación de éste y su organización: "La selección del personal idóneo y, sobre todo, la formación del mismo es labor que exige mucho tiempo y dedicación. Pero, además, no basta con esto: no consiste en un mero conjunto de individuos a los que se les encarga una tarea que hayan de realizar cada uno por su lado; por el contrario, todo equipo supone solidaridad entre sus miembros, una organización según la cual el papel desempeñado por cada componente está en función del desempeñado por otro u otros y, a su vez, condiciona la actuación del conjunto, de modo que, si en algún momento falla alguno de esos miembros, el equipo deja automáticamente de funcionar" (PORTO, 1980, 140).
En la última etapa de la continuación del Diccionario de Cuervo, la constitución del equipo siguió de alguna manera la propuesta de Murray para el Diccionario de Oxford: se organizó un primer equipo de redacción, pero urgiendo la finalización de la tarea fue necesaria la constitución de un segundo grupo, al que le siguió un tercero y podríamos decir que también un cuarto grupo al que se le llamó comité revisor, encargado de evaluar los trabajos de los tres primeros grupos. El coordinador tuvo que evaluar el trabajo de los más de veinte redactores, de tal manera que, como Murray, en jornadas de 12 o 15 horas, sin vacaciones, logró imprimir el impulso que requería tan monumental obra (Cfr. SECO, 1980, 29-30)
Para constatar que en Termonología también es fundamental el equipo, citamos a doña Alicia Fedor, quien proclama "Atrás quedaron los tiempos del trabajo de hormigas solitarias, rodeadas de montones y más montones de fichas, hojas, anotaciones sin contexto y torres de libros, diccionarios y enciclopedias" (Fedor, 1995, 78).
El profesor Rodolfo Alpízar, también señala que "El primer paso en la ejecución de una tarea dentro del campo de la terminografía es la creación del equipo que se encargará de llevar a cabo todas las labores de búsqueda de la información léxica y de organizar y supervisar el trabajo" (Alpízar, 1997, 17).
Insiste en que el equipo debe organizarse como "todo un colectivo que actúe como una sola persona" ya que "el funcionamiento en equipo se ha mostrado imprescindible para la obtención de resultados útiles" (Alpízar, 1997, 17).
El corpus
Todo buen diccionario es fruto de un buen fichero. El fichero de la Real Academia Española contaba con más de diez millones de cédulas. El fichero para el Diccionario de Cuervo, más selectivo, cuenta con más de seiscientas mil cédulas tomadas de todas las épocas de nuestra lengua y está constituido por tres tipos de fichas que se diferencian, en la edición del Diccionario.
En el afán de perfeccionamiento de los nuevos diccionarios con reflexiones teóricas se ha cambiado la manera de concebir las fuentes de información. Ya no es suficiente tener una gran cantidad de textos, puesto que la cantidad sola no es prenda de garantía, hoy se requiere un corpus bien definido y organizado, suficientemente equilibrado para que sea en verdad una representación real de la lengua, de tal manera que la refleje en toda su extensión y variedades, tal como es.
La profesora Irma Caraballo Martínez nos advierte: "La aplicación de la informática y de las nuevas tecnologías en el trabajo lexicográfico explica el cambio que ha experimentado la elaboración de diccionarios: basta fijarse en las posibilidades para el almacenamiento de datos y para su manipulación, algo impensable hace unos años. De ahí que la confección de corpus sea uno de los objetivos principales con los que cuentan actualmente los proyectos de investigación científica en el ámbito del léxico" (CARABALLO, 1999, 24).
El primer proyecto de diccionario en el mundo hispánico, apoyado en un moderno corpus, fue el Diccionario del Español de México, proyecto del que hemos tenido noticias y hemos seguido muy de cerca desde 1975.
La Real Academia Española siempre al día, nos muestra la necesidad de contar con los nuevos recursos científicos y técnicos, ha configurado el Corpus de Referencia del Español Actual, CREA, para el Diccionario General y el Corpus Diacrónico del Español, CORDE, para el proyecto del Diccionario histórico.
El Instituto Caro y Cuervo advirtiendo la necesidad de tener programas eficientes para el manejo de datos electrónicos de sus próximos proyectos ha contado con la colaboración y asesoría del profesor Jorge Enrique Mejía de la Universidad de Antioquia, estudioso de la lingüística computacional y creador del programa CRATILO.
Las nuevas tecnologías influyen necesariamente en la metodología de las distintas disciplinas. "Hoy día no podemos negar que muchas materias han ensanchado sus horizontes y han mejorado sus posibilidades de rendimiento gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías" (Cabré, 1993, 356).
"La terminótica es la materia que se ocupa, en general, de las relaciones entre la informática y la terminología; y, en particular, que tratade la aplicación de la informática al trabajo terminológico" (Cabré, 1993, 359)
Los ejemplos
Nadie discute la conveniencia de citas o ejemplos como modelo de empleo para el usuario de la obra. Cuervo en las Observaciones Generales al Diccionario de la Academia dijo: "Convendría que en las nuevas ediciones del Diccionario se restableciese aquel sistema de apoyar las definiciones con ejemplos, que se siguió en la primera edición, y es el mismo que han seguido después los mejores lexicógrafos" (CUERVO, 1987, III, 60).
Nuevamente debemos citar a Fernández Sevilla, quien refiriéndose a los ejemplos, señala: "Los ejemplos constituyen el contrapunto exacto de la definición, a la cual ilustran y en cierta manera complementan. Tienen por una parte, carácter de testigos y, por otra, constituyen la mejor prueba de la validez y adecuación de la definición" (FERNÁNDEZ, 1974, 78).
El Diccionario de Cuervo, dada la magnífica ejemplificación que presenta, es un Diccionario de autoridades. La ejemplificación no es un elemento ilustrativo, sino el fundamento de todas las informaciones que le da al diccionario la mayor objetividad posible. Con toda razón Gabriel García Márquez, en su carta de postulación del Instituto Caro y Cuervo al premio Príncipe de Asturias, señaló con referencia al Diccionario de Cuervo que "Sus solas citas serían suficientes para justificarlo como un panorama colosal de la literatura en español aplicada a la vida, sin precedentes en ninguna otra lengua" (García, 2000, 10).
Luis Fernando Lara nos dice "La cita de textos literarios en el Diccionario de Autoridades tenía una doble finalidad: ante todo, autorizar las voces incluidas en el diccionario; es decir, asegurar a los lectores que esos vocablos tenían valor literario y correspondían a los más elevados intereses de la calidad de la lengua, pero después –y más para los siglos posteriores- documentar fidedignamente el vocabulario español, lo que vino a constituir una preciosa fuente de información para todos los interesados en la historia de la lengua y las culturas hispánicas" (Lara, 2000, 21).
En el Diccionario de Cuervo no se definen pues las palabras a capricho del redactor, sino que al enunciar la hipótesis de trabajo debe sostenerse en cada uno de los ejemplos aducidos. Pero para ser más precisos, no se definen las palabras para comprobar la definición en cada uno de los testimonios, sino que la lectura y el análisis de cada uno de los ejemplos (aún los que no se editan) son los que señalan y determinan las definiciones propuestas por el redactor.
Al lado de los ejemplos, la técnica lexicográfica, especialmente en los diccionarios escolares, ha concedido importante papel a la ilustración. Fotos, dibujos, cuadros, esquemas y gráficos no forman parte del ornato del diccionario sino que deben verse como elementos de alto valor pedagógico.
En terminología el valor de las imágenes es fundamental. La doctora maría Teresa Cabré nos indica "Las imágenes son para algunos tipos de conceptos (los objetos, sobre todo) las representaciones más adecuadas de los conceptos terminológicos, tanto por la facilidad de comprensión que permiten como por la posibilidad que ofrecen –cuando no se conocen otras características del término en cuestión- de acceder a la información a partir del concepto global" (Cabré, 1993, 365)
Tres áreas adicionales
Según el artículo de Herbert Ernst Wiegand, citado por Hernández, la teoría lexicográfica debe complementarse con tres áreas más de investigación: la historia de la lexicografía, el uso del diccionario y la crítica de los diccionarios, que enunciaremos brevemente.
Historia de la lexicografía.
Ya Fernando Antonio Martínez en su "Contribución a una teoría de la lexicografía española" nos mostró una semblanza de los principales lexicógrafos que ha tenido nuestra lengua. Sin embargo Fernández Sevilla inicia el capítulo V de su obra con el siguiente aserto: "La historia de la lexicografía hispánica está por hacer. Este es un importante capítulo de nuestra historia cultural y científica que reclama atención" (FERNÁNDEZ, 1974, 157).
María Teresa Cabré al hablar de los orígenes de la Terminología nos señala que "La práctica terminológica es muy antigua. Baste recordar los trabajos que en el siglo XVIII realizan Lavoisier y Berthold en química, o Linneo en botánica y zoología, para fijar el interés que la fijación de las denominaciones de los conceptos científicos ha tenido siempre para sus verdaderos protagonistas: los especialistas" (Cabré, 1993, 21).
Queremos llevar la visión histórica de los orígenes de la terminología, así sea como simple precedente hasta la queja de Lucrecio -poeta latino del siglo I a.C.- ante la falta de vocabulario propicio en el latín de la época para trasladar los conceptos filosóficos helénicos a esta lengua.
Así, abrimos un espacio para recordar a Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua castellana, del primer diccionario latino-español, español-latino, de la primera ortografía, que se dedicara a la recopilación y difusión de términos técnicos de medicina y de ciencias jurídicas entre otros.
Y con Fernández Sevilla a mencionar los primeros diccionarios especializados que se publicaron en España especialmente sobre marinería, medicina y artes: Alonso de Chaves, Espeio de navegantes, 1520-1538; Juan de Moya, Arte de marear, 1564; Diego García Palacios, Vocabulario de los nombres que usa la gente de mar en todo lo que pertenece a su arte, 1587; Eugenio de Salazar, Vocabulario de náutica, 1600; Tomé de Cano, Declaración de los vocablos que usan en la Fábrica de baxeles, 1611; Juan de Avello, Diccionario marítimo o Prontuario náutico, 1673; Andrés Laguna, Pedacio Discorides Anarzabeo, 1570 (vocabulario breve de tecnicismos médicos); Juan Alonso, Diez privilegios para mujeres preñadas, 1606 (diccionario médico); Antonio Palomino de Castro, Índice de los términos privativos del arte de la pintura, y sus definiciones según el orden alphabetico, 1715. Hoy la navegación (sueño constante de la humanidad) nos invita a surcar no solamente los mares, como este espléndido Caribe, sino el ciberespacio.
Uso del diccionario
El profesor Luis Fernando Lara nos muestra cómo el diccionario es tan común y familiar que ya se considera un objeto más de la casa. El diccionario es para nuestro autor "una construcción histórica, fruto de la reflexión sobre la lengua y orientada a la conservación de la memoria de experiencias de sentido valiosas para la comunidad lingüística entera" Por esta razón "El diccionario materializa una parte muy importante de la memoria social de la lengua; es decir, deja ver cómo, cuando una comunidad lingüística comienza a reconocerse a sí misma en su historia y en su pluralidad, procede a construir una memoria de sus experiencias significativas, que ciertamente se guarda en textos y en relatos de la más diversa índole, pero que tiene como una de sus bases más importantes la propiedad, que tiene toda lengua, de construir unidades léxicas, de fácil recuerdo, que se asocian en la actividad significativa a la experiencia del mundo, la que segmentan, ordenan y clasifican. En segundo lugar, que esa memoria se convierte en uno de los medios principales para que haya condiciones de entendimiento entre todos los miembros de la comunidad lingüística, lo que da cohesión a las sociedades y proyección a su cultura. En tercer lugar, que en virtud del hecho de que el diccionario es un depósito de memoria social manifiesta en palabras, es un texto en cuya veracidad cree la comunidad lingüística; una poderosa creencia, de la que derivan, no solamente condiciones de validez de muchos actos verbales, sino también un sentimiento social de identidad, una creatividad semiótica socialmente controlada, y desgraciadamente también una posibilidad de autoritarismo y de represión social de la libertad de pensamiento y de expresión" (LARA, 1996, 18).
Los estudios lexicográficos están empezando a dirigirse a problemas sobre la didáctica de la lengua, por tanto, es necesario participar en aquellas actividades en que la didáctica de la lexicografía se convierte en las directrices que el maestro debe aplicar en su clase para que el diccionario sea un verdadero instrumento de conocimiento de la lengua materna. Por esto Olarte y Garrido nos indican: "La utilización del diccionario, no como auxiliar para buscar significados de textos literarios, sino como eje integrador del trabajo concreto, exigirá una renovación profunda de los planteamientos y métodos pedagógicos, una nueva forma de plantearse la enseñanza de la lengua" (OLARTE, 1984, 22).
José Calero Heras ha publicado un interesante libro titulado Entre palabras, para aprender a manejar el diccionario, con el cual pretende: "Poner en manos del estudiante y del profesor un medio práctico, eficaz y ameno, a través del cual meterse dentro del diccionario de lengua para conocer sus secretos, descubrir sus múltiples usos, y acabar amándolo o, al menos, mirándolo con buenos ojos" (CALERO, 1992, 7).
Interés y tiempo ha dedicado José Calero, con la esperanza de hallar un camino de acercamiento al diccionario que convierta, ese mal llamado osario de palabras vacías, en un bullicioso enjambre de vidas y de ideas, que debe ser el diccionario para todas las personas, pero en especial, para los estudiantes.
Para Josefina Prado Aragonés, el diccionario es uno de los recursos más valiosos y útiles para el aprendizaje y dominio de la lengua. Sus páginas ofrecen abundante información que nos permite a los profesores múltiples posibilidades didácticas. Sin embargo, no siempre se le ha sacado el suficiente provecho.
Propone la señora Prado una nueva metodología lúdica y creativa "basada en estrategias y actividades que despierten interés, motiven a aprender, fomenten la creatividad y además diviertan". Esta nueva metodología será muy beneficiosa para enseñar a los alumnos a utilizar el diccionario y acostumbrarlos a que se familiaricen con él y lo vean como un eficaz instrumento que les puede ayudar, no solo a resolver dudas esporádicas, significados extraños, etc., sino a mejorar su competencia lingüística, y a facilitar la comprensión del mundo y de las disciplinas de su formación escolar. (Cfr. PRADO , 1996, 38-45).
Crítica de los diccionarios
Desde su fundación la Academia Colombiana se ha preocupado por colaborar con la Real Academia Española en la actualización del Diccionario , por esta razón don Rufino José Cuervo tuvo como tarea hacer observaciones al diccionario. En éstas se muestra don Rufino como un excelente crítico lexicográfico.
En tiempos modernos don Gregorio Salvador nos señala las primeras puntadas en este importante complemento de la lexicografía: "La lexicografía(…) no puede nunca perder de vista los diccionarios ya hechos y viene obligada a establecer unos criterios muy claros para valorarlos con justicia, para ser duramente crítica con sus desvaríos y, en una palabra, para guiar con seguridad a los consultores obligados e incluso a los aficionados a su lectura, que son muchos más de lo que se piensa, en ese mundo apasionante, pero no siempre libre de escollos, que los diccionarios nos ofrecen" (SALVADOR, 1985, 135).
Hernández, citado anteriormente, dedica el capítulo central de su obra al estudio crítico de los diccionarios escolares. Después de hacer constar algunos datos y características de cada diccionario, como el número de entradas, el número aproximado de acepciones, la relación entre acepción y entrada y otros datos propone el siguiente orden para la crítica:
a. Las definiciones
b. Las acepciones
c. El corpus
d. El tratamiento de la homonimia
e. Particularidades diatópicas, diatráticas y diafásicas
f. La información gramatical
g. Los ejemplos
h. Cuadros, apéndices, ilustraciones y otros aspectos
i. Errores
j. Valoración
Afortunadamente el usuario de diccionarios es cada día más crítico y exigente. Reclama los derechos del consumidor y pide más calidad en los productos. Por otra parte la rivalidad entre las distintas editoriales lleva a ofrecer en el mercado un artículo más competente, de mayor calidad y más actualizado y, por qué no, hasta más económico.
Referencias
Alpízar Castillo, Rodolfo, ¿Cómo hacer un diccionario científico técnico?, Buenos Aires, Memphis, 1997.
Cabré, María Teresa, La terminología. Teoría, metodología, aplicaciones, Barcelona, Antértida/Empúries, 1993.
Calero Heras, José, Entre palabras, para aprender a manejar el diccionario, Barcelona, Exaedro, 1992.
Caraballo Martínez, Irma, "Notas sobre la participación de la lingüística en el quehacer lexicográfico" en Litterae, No. 8, Santafé de Bogotá, 1999, págs. 13-29.
Casares, Julio, Introducción a la lexicografía moderna, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1950.
Cuervo, Rufino José, Obras, 4 tomos, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1987.
Cuervo, Rufino José. Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, continuado y editado por el Instituto Caro y Cuervo, 8 tomos, 1994.
Fedor de Diego, Alicia, Terminología. Teoría y práctica, Caracas, Equinoccio, Unión Latina, 1995.
Fernández Sevilla, Julio, Problemas de lexicología actual, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1974.
Haensch Günter, Los diccionarios del español en el umbral del siglo XXI, Salamanca, Universidad, 1997.
Hernández, Humberto, Los diccionarios de orientación escolar, Contribución al estudio de la lexicografía monolingüe española, Tübingen, Max Niemeyer, Lexicographica, serie maior, núm. 28, 1989.
Lara, Luis Fernando, Teoría del diccionario monolingüe, México, El Colegio de México, 1997.
Lara, Luis Fernando, "Sobre la necesidad de los varios diccionarios" en Boletín Editorial de El Colegio de México, Núm. 86, México, julio – agosto de 2000, págs. 20-23
Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 19ª ed. 1970, 22ª ed. 2001.
Martínez, Fernando Antonio, "Contribución a una teoría de la lexicografía española", en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, t.III, Bogotá, 1947, págs. 60-116.
Olarte Stampa, Laura y Antonio M. Garrido Moraga, "Diccionario y enseñanza (Aproximación a los diccionarios más usados en los niveles educativos)", en Español Actual, 41, Madrid, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1984, págs. 21- 28.
Prado Aragonés, Josefina, "Usos creativos del diccionario en el aula" en Cuadernos Cervantes de la Lengua Española, No. 11, Madrid, 1996. págs. 38-45.
Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Madrid, Espasa Calpe, 19ª ed. 1970, 22ª ed. 2001
Real Academia Española, Nueva Planta del Diccionario de la Real Academia Española, Madrid, Valero, 1997.
Restrepo, Félix, "Para la historia" en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, t. I, Bogotá, 1945, págs. 1-10.
Salvador, Gregorio, Semántica y lexicología del español, Madrid, Paraninfo,1985.
Sánchez, Aquilino, et al. Cumbre, Corpus lingüístico del español contemporáneo, Fundamentos, metodología y aplicaciones, Madrid: SGEL, 1995.
Seco, Manuel, Las palabras en el tiempo: Los diccionarios históricos, Madrid, Real Academia Española, 1980.
|