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La creación de un modelo didáctico para la enseñanza
de la Terminología Científico-Técnica a traductores
sin especialización en materia alguna
Delia Vázquez Béjar
Grupo de Investigaciones “Estudios Terminológicos”
Facultad de Lenguas Extranjeras
Universidad de La Habana
Cuba
Al abordar la cuestión sobre un programa de formación en terminología nos hemos propuesto de inicio tres preguntas básicas: ¿qué es la terminología?, ¿ para qué sirve? y ¿quiénes son sus usuarios?.
Partiendo de estas definiciones sobre las cuales no pretendemos hacer un abordaje, al menos no profundo, sí nos gustaría sentar como premisa lo que nosotros, como formadores en terminología, entendemos necesario para dar respuesta a estas interrogantes que resultan útiles en el momento de hacer llegar a nuestros educandos los contenidos de esta materia en un programa de formación.
En aras de resumir criterios existentes diremos que, con independencia de la situación, la terminología responde a los fines de la comunicación y resulta imprescindible cuando se entra en el campo de los lenguajes de especialidad.
Muchas veces se ha planteado, por reconocidos especialistas en esta materia, que al hacer una aproximación a estas cuestiones, al menos, se deben tener en cuenta las distintas finalidades según el contexto en que se produce la actividad terminológica, esto en primer lugar. Y, en segundo lugar, el propio sujeto que produce esta terminología.
También hemos podido comprobar que como puntos de partida, en línea general, se toman en cuenta tres posiciones:
1. a partir de la lingüística, en que la vemos como parte especializada, atendiendo a criterios temáticos y pragmáticos, del código de una lengua;
2. enfocada desde una especialidad, donde la terminología es un reflejo formal de su organización conceptual, lo que inevitablemente la lleva a ser un medio de expresión;
3. desde la perspectiva del usuario, puesto que la terminología es un “conjunto de unidades de comunicación, útiles y prácticas, y cuya evaluación se mide en función de criterios de economía, precisión y adecuación de la expresión” (Cabré, 1991, 105).
A partir de estos enfoques es que empezamos a elaborar las bases de nuestros lineamientos en un programa de formación que tiene como usuarios a estudiantes, futuros traductores.
A los efectos de los objetivos de nuestro trabajo preferimos dar por sentado que vemos la terminología desde el punto de vista de los que necesitan de ella para disponer de los recursos lingüísticos adecuados para establecer las equivalencias de sentido que facilitan la intercomunicación fiel y precisa como base de su trabajo. Este es el caso específico de los traductores, intérpretes o redactores.
Es decir, que siguiendo nuestra línea argumentativa, vemos que tanto la dimensión lingüística, como la cognitiva y la comunicativa son los elementos primordiales que deben estar presentes en un programa de formación, sin olvidarnos que estos supuestos teóricos no son los únicos y teniendo en cuenta el amplio espectro que la terminología, como disciplina de la lingüística aplicada, es capaz de abarcar en sus basamentos teórico-metodológicos.
Pasemos a plantearnos los supuestos que responden a un programa que tenga estos elementos de base.
A nuestro entender, un programa de formación en cualquier materia debe apoyarse en una serie de elementos que, si bien están establecidos y asumidos de forma general, deben quedar bien definidos en un programa de formación en una materia específica y que aclaran cómo debe ser la formación en esta materia.
En el caso específico de la asignatura “Introducción a la Terminología Científico-Técnica” (con dos semestres de 32 hs cada uno) tuvimos en cuenta los siguientes aspectos:
1. Al formar en terminología no estamos formando terminólogos propiamente.
2. Una adecuada formación en terminología debe tener un balance correcto de los elementos tanto teóricos como metodológicos, técnicos y prácticos, en proporción a los objetivos generales del programa.
3. Este programa de formación deberá tener en cuenta no sólo el contexto social, político y económico en que el futuro egresado deberá desarrollar su actividad profesional, sino también las características de las disciplinas con que se articula este programa en el plan de estudio y la lengua o lenguas con que trabajará el futuro profesional.
4. Un programa de formación en terminología deberá comprender todos los recursos de información disponibles a mediano y largo plazo y deberá contar con las herramientas informáticas más actualizadas para llevar a cabo el trabajo terminológico.
5. Un programa de formación general en terminología, es decir sin entrar en especificidades de especialidades concretas, deberá tener presente qué tipo de contenidos, tanto teóricos como prácticos, facilitarán el conocimiento general del futuro egresado para el desempeño de su actividad profesional. En este caso, deberán proponerse objetivos bien diferenciados que cubran tanto la adquisición de conocimientos como habilidades y que se ajusten a los objetivos del programa.
6. Un programa, sea cual sea su materia, deberá explicitar objetivos, el período de tiempo que tendrá para lograrlos, los destinatarios a quienes va dirigido, su nivel de conocimientos previstos, etc.
7. Los contenidos de un programa de este tipo deberá tener en cuenta para qué tipo de actividad se está formando al futuro egresado, pues sólo así será que responderá a las demandas de un mercado global de trabajo.
Al plantearnos la concepción misma de este programa partimos de las directrices del programa general de formación de un egresado de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana. Este Modelo del Profesional de la Carrera de Licenciado en Lengua Extranjera (Inglés, Francés, Ruso-Italiano, Alemán) (con una segunda lengua extranjera, en todos los casos) corresponde al perfeccionamiento del Plan de Estudio ¨C¨, aprobado originalmente por el MES y que se comenzó a aplicar en el curso 1989-1990 siendo sustancialmente transformado por dos dictámenes ministeriales en 1992 y 1993 y “responde a los requerimientos de orden político-ideológico y profesional-técnico que plantea la sociedad cubana actual al traductor e intérprete, en vísperas de un nuevo milenio, en el contexto de las transformaciones que ha tenido la economía nacional en los años del periodo especial, desde 1991” (Modelo del Profesional, Plan “C” (perfeccionado), 1998).
Este Programa prevé como objeto de trabajo de la profesión, en este caso traductor e intérprete, el uso profesional de las lenguas: española, inglesa, francesa, rusa e italiana y alemana y, además, una segunda lengua extranjera que tendrá también salida a la traducción como:
medio de comunicación lingüística e interlingüística;
medio de transmisión de conocimientos y desarrollo cultural;
mediación intercultural (traducción e interpretación).
Entre los posibles campos de acción que se relacionan en el Programa Rector (Modelo del Profesional) y que nuestros egresados deberán desempeñar están:
Traductor
Intérprete simultáneo
Revisor de traducciones
Editor de revistas
Redactor
Especialista en Terminología Científico-Técnica (terminólogo)
Oficial de sala en conferencias internacionales
Especialista en el país (países)
Especialista en relaciones públicas e internacionales
Agregado de protocolo
Locutor
Investigador
Observando este amplio espectro de campos de actuación podríamos preguntar qué tipo de programa es el propio o más adecuado a un futuro traductor que requerirá de la terminología como herramienta para el desempeño de su futura actividad profesional. Podría responderse que sólo estableciendo previamente unos temas y unas habilidades comunes a todo profesional de la terminología y otros conocimientos y capacidades determinadas por el macro y microcontexto sociolingüístico en que dicho futuro egresado ejercerá su profesión.
Al respecto hemos comprobado que en la práctica se ha llegado a acuerdos bastante compartidos sobre aspectos, contenidos y estrategias de un programa de formación de traductores que utilizan los recursos teóricos y metodológicos de la terminología. Estos contenidos, que proceden de campos del saber distintos y que con ayuda de los conocimientos que adquieren en terminología, por su carácter interdisciplinario y multifacético, se complementan en su formación. Todos estos conocimientos implican una teoría y una práctica, y ambos aspectos son de gran importancia en la formación necesaria de este tipo de profesional.
Sobre el balance entre la teoría y la práctica muchos especialistas plantean una formación dirigida más a la práctica que a la teoría, argumentando que el traductor, que utiliza la terminología como herramienta en vías de solucionar problemas puntuales, sólo debe conocer cómo elaborar un trabajo terminológico, de forma general, con lo cual desvalorizan el aspecto teórico que da una mayor y más amplia preparación al futuro egresado.
Al respecto sustentamos el criterio de que una poca o insuficiente formación teórica en terminología sólo dará resultados de un terminógrafo empírico y nunca encontrará, como usuario de la terminología especializada, la autonomía suficiente para resolver problemas puntuales o sistemáticos que plantea el propio trabajo o razonar sobre aspectos que lleven a la solución de problemas más allá de buscar salidas para el mejoramiento de su trabajo profesional, no podrá, en modo alguno, difundir una metodología de calidad. Sobre este aspecto María Teresa Cabré señala la opinión de un conocido especialista, R. Kromp, director de los servicios lingüísticos quebequenses, al señalar que “hay que adquirir una formación sólida en teoría y lenguas (y atribuye esta misión a la Universidad) porque cada centro concreto de trabajo tiene su temática, sus materiales y su proceso propios; y allí será donde cada profesional se adiestrará en las especificidades de este centro. Pretender que en la Universidad se formen profesionales ya aptos para un medio de trabajo es lógicamente improcedente”(Cabré, 1999, 352).
Entendemos por tanto, que en función del contexto laboral en que se desarrolle el futuro egresado y condicionado por las funciones que deberá ejercer en cada caso, tendremos diferentes perfiles de formación. De este modo la formación que recibirán nuestros egresados, especialistas en traducción e interpretación, deberá responder a requerimientos generales de su formación académica, formación que reciben en un centro universitario y acorde a los principios que ya hemos señalado con anterioridad en un programa de formación en terminología.
En este caso un programa de formación de este tipo de especialista deberá prever el mismo contenido, teniendo en cuenta el uso, las funciones y el trabajo que posteriormente deberá ejercer. Es decir, que para un traductor o un intérprete el propósito de formarse en terminología será:
resolver sus problemas de traducción, y, por tanto, de ubicación de las equivalencias terminológicas adecuadas
participar en trabajos de elaboración de terminología plurilingüe.
A continuación proponemos las características de un programa de formación en lineamientos generales.
En cuanto a un núcleo central de contenidos teóricos y metodológicos comunes que debe tomarse como base referencial:
La Terminología Científico-Técnica
El concepto y los sistemas de conceptos
El término y sus relaciones con los sistemas conceptuales
La fraseología
La neologización
La normalización
La Terminografía
Los Bancos de Datos Terminológicos
Por otra parte, a estos contenidos, que denominaríamos básicos, se añaden las necesarias interfaces con otras disciplinas o campos de conocimiento y actividad que tienen actualmente diferentes grados de desarrollo como son:
La ingeniería del conocimiento
La traducción asistida por computadora y la automática
Los lenguajes documentales
La informática
En cuanto a los objetivos del programa:
a) tipo de profesional
b) nivel de formación
c) capacidades que deberá poseer después de la formación
d) lugar donde podrá ejercerlas
En cuanto a los contenidos del programa:
a) temas teóricos
b) temas metodológicos
c) temas prácticos
d) temas instrumentales
e) ejercicios
f) trabajos prácticos
En cuanto a las estrategias docentes:
a) proporción entre teoría y práctica
b) evaluación metodológica de la docencia
c) formación en centros de trabajo
Un aspecto al cual nos referiremos rápidamente es al momento en que se deben comenzar la introducción de los contenidos de terminología, terminografía y terminótica.
En el actual plan de estudios de las carreras en lengua francesa y alemana de la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana (no incluimos ahora las carreras en lenguas inglesa y rusa e italiana, por cuanto ambas comenzarán la aplicación de este programa a partir del curso 2000-2001, en iguales semestres) se introducen dos semestres de “Introducción a la Terminología” e “Introducción a la terminografía” respectivamente, en los semestres 6 y 7 después que el estudiante tiene desarrollada determinada competencia lingüística en las lenguas que estudia como especialidad, así como después de cursar los semestres I y II de Traducción. El estudiante está en condiciones de recibir estos contenidos desde la perspectiva de la utilidad e importancia que los mismos tienen y concientizan esta necesidad a partir de que el estudio de estos contenidos aumenta su nivel de conocimientos.
Sobre este aspecto tenemos ya experiencias de siete cursos en que se vienen impartiendo estos contenidos y hemos venido perfeccionando nuestro programa de las asignaturas mencionadas.
En encuestas realizadas a estudiantes de estos cursos, los mismos plantean la utilidad que les reporta el estudio de la terminología científico-técnica, pues contribuye notablemente a la adquisición de conocimientos y conocer aspectos más específicos del trabajo del traductor o intérprete. Gracias a esta utilidad práctica que los estudiantes ven en el estudio de los contenidos en terminología, terminografía y terminótica hemos logrado vincular a nuestros estudiantes a la labor investigativa que realiza nuestro Grupo de Investigaciones “Estudios Terminológicos” en la búsqueda y ubicación de las equivalencias en las diferentes lenguas para los diccionarios que actualmente están en preparación por nuestro grupo. Además, nuestros estudiantes han sido capaces de escribir trabajos de curso sobre temas de terminología vinculados a la traducción y a las investigaciones que realizamos, obteniendo resultados muy alentadores que nos han permitido comprobar en la práctica pedagógica la veracidad de los contenidos escogidos y los objetivos propuestos para esta investigación.
Conclusiones
A manera de conclusión nos parece importante destacar la importancia que ha adquirido la enseñanza-aprendizaje de la terminología científico-técnica en un programa de formación de traductores o intérpretes. Las experiencias nos han demostrado lo acertado de este empeño y actualmente estamos trabajando por lograr resultados aún más alentadores. Pensamos que el diseño pedagógico de un programa para la enseñanza-aprendizaje de dicha materia permitirá establecer una didáctica para la enseñanza de la terminología a determinados contingentes de estudiantes. En nuestro caso, como formadores en terminología, pensamos en los basamentos teóricos-metodológicos para elaborar un programa que cumpla determinados requisitos y objetivos en la formación de traductores e intérpretes sin una especialidad específica, programa que se justificará con los resultados que alcancen los estudiantes en su futura labor profesional.
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