| La terminología en la clasificación temática
para Videos educativos
Catalina Naumis Peña
Centro Universitario
de Investigaciones Bibliotecológicas
UNAM
México
Resumen
Se aborda el apoyo que brinda la terminología a la construcción de un sistema clasificatorio temático, como vehículo de transmisión de la información contenida en los videos y la validez de la creación de un tesauro para indizar los videos audiovisuales educativos que conforman una base de datos que será utilizada por maestros, alumnos, productores de videos y autoridades educativas en un proyecto de apoyo a la educación a distancia, como una opción para acceder a toda la geografía de un país con las características de México.
La organización del conocimiento y la terminología
El esfuerzo humano por desarrollar el conocimiento necesario para elevar el nivel de vida de la población se multiplica en forma exponencial y por lo tanto, surge cada vez con mayor fuerza la necesidad de organizar los conocimientos obtenidos que garanticen la disponibilidad social de los mismos.
Lo anterior contribuye a que uno de los grandes temas de la investigación en la ciencia bibliotecológica y de la información gire en torno a perfeccionar la organización del conocimiento registrado para su transmisión, organización y recuperación eficiente como información en diferentes soportes, con una utilidad final de apoyo a la ciencia, la tecnología e incluso a la vida común del hombre.
Los resultados obtenidos en la investigación sobre este tema coadyuvan a perfeccionar esta tarea de organizar la información documental generada que implica entre otras cosas agruparla de acuerdo a una clasificación, clasificar los conocimientos que genera el hombre es una tarea que Kedrov define como “la unificación de todos los conocimientos en un sistema único, en el cual se reflejan la lógica del objeto de estudio y las concepciones generales sobre el mundo y su conocimiento por el hombre” [1]
La clasificación de la información se realiza a través de sistemas ya sean numéricos, alfabéticos, alfanuméricos, facetados o temáticos que sirven para distribuir los documentos que conforman una colección, base de datos o sistema de información agrupándolos de acuerdo a esa clasificación escogida para ello, después de someterlos a un proceso de indización. A veces se construyen clasificaciones del conocimiento, otras nada más se aplican esquemas de clasificación ya estructurados anteriormente.
Para normalizar la organización de los documentos que luego serán recuperados para su uso, una de las clasificaciones más utilizadas en las bases de datos es la temática, la cual permite agrupar en estructuras temáticas, los documentos que se relacionan entre ellos. La clasificación temática se representa a través de términos normalizados, es decir términos como unidades transmisoras de conocimiento especializado, que se estructuran en un lenguaje de búsqueda y recuperación de información documental, por lo general de tipo descriptor que funcionan, dotando a esos términos de características propias, adecuadas a las necesidades del sistema de información del que forman parte, tal como se explicará más adelante.
Sin duda existe una función pragmática en la clasificación porque persigue la agrupación del conocimiento para su recuperación como información, pero está sometida a elementos teóricos y normativos que proceden de disciplinas del conocimiento que le brindan su apoyo. Aquí nos ocuparemos de la relación con la terminología, fundamentada en la teoría terminológica, asumiendo que los términos son unidades lingüísticas a la vez que unidades de conocimiento especializado y de comunicación especializado. Tal y como lo expresa Cabré [2] … “Las unidades terminológicas son en sí mismas lenguaje y conocimiento, y su finalidad primera es la de representar y transferir este conocimiento; constituyen por tanto la materia misma de los términos”.
La terminología nutre a través de éstos elementos teóricos, a la ciencia bibliotecológica y de la información, para construir los fundamentos esenciales que garanticen el diseño de los sistemas de organización y representación del conocimiento.
Contenidos temáticos
Las clasificaciones bibliográficas que surgieron en el siglo XIX están basadas en principios empíricos o prácticos que se aplican a la organización de los documentos en las bibliotecas, estableciendo límites de competencias temáticas, como un modo de contrastar los conocimientos compartidos con las comunidades que utilizarán los documentos. Al respecto expresa San Segundo [3] … “cabe afirmar con el estudioso de la clasificación Eric de Grolier, que la clasificación es un artefacto cultural que depende no sólo de los parámetros culturales, sino también de las formas políticas, económicas, de las condiciones sociales y otras”.
Desde fines del siglo pasado y hasta la aparición de las bases de datos el material de biblioteca además de su organización basada en clasificaciones numéricas que precisaban la ubicación topográfica para su acomodo en la estantería, era indizado con clasificaciones temáticas representadas por descriptores para su localización a través de los catálogos manuales. Con la aparición de la computadora se cuestionó el uso de los descriptores para indizar y recuperar información, ya que parecía muy fácil recuperar por cualquier término incluido en el título o el que asignara el indizador, sin someterlo a una normalización previa. Esta polémica, de por sí cuestionada en el medio documental, no se puede hacer extensiva al material audiovisual, que por sus propias características vuelve a reivindicar la función de las clasificaciones tématicas normalizadas que utilizan descriptores, en la recuperación de información.
Un descriptor es un término de indización normalizado, extraído a partir de un proceso intelectual. En las normas ISO 2788-1986 se define al descriptor como “/... / la representación de un concepto, preferentemente en forma de sustantivo o frase nominal”. El descriptor puede ser una palabra simple, compuesta o una frase, pero además cada uno de los términos normalizado como descriptor debe ser único, porque su función es pragmática y se lleva a la praxis mediante la agrupación de información bajo una sola denominación, que representa un contenido temático. El objetivo del descriptor es atenerse a lo nocional estabilizando el contenido para el sistema documental, por lo tanto, cada descriptor deberá tener asociados términos sinónimos llamados no descriptores, notas que expliquen el uso exacto de ese término para el sistema de información en el que se utiliza, las relaciones genéricas y relaciones partitivas que guíen tanto al indizador como al usuario que busca información al descriptor que represente un núcleo importante de información, en el marco de un lenguaje especializado.
En este sentido, tanto el descriptor como el término tienen en común una función clarificadora, del uso de los términos especializados en un área del conocimiento, pero el descriptor agrupa términos y los relaciona. El descriptor usa los instrumentos terminológicos para describir y normalizar el uso de los términos que serán base de los descriptores y no descriptores que alimentan el sistema de información. Ese uso de los instrumentos terminológicos asocia un único significado a cada descriptor a la hora de la indización.
Sin embargo cabe aclarar, que en el proceso de búsqueda y recuperación los descriptores se pueden asociar unos con otros y surgen otros significados asociados a descriptores conjuntados mediante la postcoordinación que se realiza en el diseño de una prescripción de búsqueda informativa. Es más, la tendencia es asociar los descriptores con el lenguaje libre transmitido a través de título o resumen de los documentos que integran el sistema de información. Esto en cierto modo responde a la inquietud planteada en el trabajo de Cabré [4] …”Cabe pues explorar nuevas vías de solución para que la descripción documental pueda ser sistemática, pero su recuperación sea mucho más flexible y adaptada al usuario”.
Los descriptores constituyen las unidades básicas que conforman los tesauros entendidos éstos como UN SISTEMA LINGÜÍSTICO DE CLASIFICACIÓN TEMÁTICA, cuya estructura básica está dada por una lista de autoridad o vocabulario controlado de la terminología de alguna área específica del conocimiento, consistente en una enumeración de términos de indización normalizados.
Medios audiovisuales
El escenario actual para las clasificaciones temáticas representadas por descriptores se ha diversificado. Los medios que transmiten el conocimiento son además de escritos en papel, escritos digitales con un período a veces más corto de uso Además de los escritos digitales, se encuentran también materiales sonoros, materiales con imágenes, videos, cintas, cuya información llega a los receptores viéndolos mediante el uso de aparatos electrónicos.
Uno de los nuevos exponentes de transmisión de conocimiento es la televisión que ha transformado la vida individual, familiar y social del hombre de nuestro siglo al formar parte de su entorno y significa un modo de aprensión de la realidad que lo rodea, “más allá del contenido específico de cada uno de los programas” [5]. La educación no puede desarrollarse de la misma manera después de la aparición de la televisión y por lo tanto incorpora la televisión como un importante medio educativo. La televisión educativa trabaja en lo fundamental con programas de video previamente producidos. La incorporación de la televisión y en consecuencia el video a la escuela aporta nuevas posibilidades al entorno escolar y ni que decir de lo imprescindible del mismo para la educación a distancia.
En estos momentos el video pugna por hallar su identidad específica como medio expresivo portador de información-conocimiento; integrado en el proceso educativo como otra valiosa fuente de información. Las posibilidades educativas del video se potencian gracias a la versatilidad del medio, se puede detener la imagen, se puede buscar la imagen más cercana a la información prioritaria que se quiere transmitir, se aminora o acelera el paso de las imágenes. El video es una tecnología audio-visual-cinética, es decir, transmite informaciones visuales que incorporan además el movimiento y el sonido.
El video como elemento didáctico es importante por ejemplo “cuando el fenómeno que hay que estudiar incluye el movimiento, como es el caso del estudio del corazón como bomba impulsora de la sangre. O cuando no basta la exposición verbal para su perfecta comprensión, mejorando al ser visualizado, como es el caso de la observación celular al microscopio electrónico. O cuando por su especial aridez encuentre en el medio audiovisual un elemento motivador. O cuando la integración de la imagen y el sonido favorezca la comprensión y memorización de los contenidos.” [6]
El maestro debe contar con medios que le permitan seleccionar los programas de video ya elaborados para cumplir con los objetivos de las enseñanzas que ha planeado. Esta nueva necesidad es también un reto para los organizadores de información porque los videos a diferencia de materiales didácticos como los libros no pueden ser revisados con gran facilidad e incluso se deterioran con el uso frecuente.
La experiencia bibliotecológica es amplia en el procesamiento de documentos textuales, no así en los materiales audiovisuales, porque la comunicación audiovisual y su transmisión a través de un lenguaje documental implican un dominio del lenguaje audiovisual para transmitirlo.
Rodríguez Bravo [7] define el lenguaje audiovisual como “los modos artificiales de organización de la imagen y el sonido que utilizamos para transmitir ideas o sensaciones, ajustándonos a la capacidad del hombre para percibirlas y comprenderlas”
Se estudia el lenguaje audiovisual como un subconjunto del lenguaje natural, para transmitir información muy similar a la información natural, pero que no es la misma, es decir el lenguaje audiovisual se utiliza para transmitir información simulada de forma artificial acerca del entorno natural del hombre. El lenguaje audiovisual usa distintas técnicas de imitación, de manera muy fidedigna o no, sobre la misma realidad, rehaciéndola para presentarla en forma clara y adecuada a un usuario predeterminado. Rodríguez Bravo [8] destaca la capacidad del lenguaje audiovisual de vehicular narraciones mediante mensajes dirigidos simultáneamente a varios sentidos, de modo que se perciban de forma muy similar a cómo son percibidos los fenómenos naturales.
Es necesario partir de la base de las características intrínsecas de este lenguaje, que pretende transmitir la realidad, intransmisible porque no hay una vivencia directa de la realidad referencial, sino una representación de esa realidad, con recursos propios de las formas audiovisuales que se utilizan para representarlos
La representación del lenguaje audiovisual que se realiza en la indización, parte de los contenidos audiovisuales para relacionarlos con las interpretaciones que un usuario pueda hacer del mismo, debido al hecho que la comunicación audiovisual modifica la percepción original del ser humano por otras creadas y desarrolladas en forma artificial.
La dificultad del problema es evidente desde el momento que el audiovisual trata de reproducir la realidad. El trabajo de análisis y síntesis de contenido de un audiovisual debe partir de alguna teoría que justifique un desarrollo en forma particular, para instrumentar la recuperación de la información audiovisual, que interesa al usuario. El mismo Aumont [9] cita a Bordwell, quien predica, lo que llama el “neoformalismo”, teoría que sustenta una metodología de interpretación de los textos artísticos basada en la definición minuciosa de su contexto formal y estilístico exacto.
El espectador de una imagen, así como el lector de un texto tiene un conocimiento propio además del conocimiento que le transmite el audiovisual y un saber que se reflejan en la interpretación que hace de ese audiovisual. Pero además, el espectador es un sujeto con emociones que también influyen en su percepción de la imagen.
Para transmitir el contenido de un audiovisual habrá que optar en la gama de saberes, conocimientos, percepciones, sensaciones y emociones que puede provocar en el espectador. Cuando se trata de organizar la información que contiene un audiovisual para fines educativos, la opción parece un poco más clara que tratándose de audiovisuales de entretenimiento. Sin pretender ahondar en las diferencias de los tipos de audiovisuales, cabe aclarar que en el audiovisual educativo las imágenes deben ser muy precisas. Optar por el “neoformalismo” que propone Bordwell parece la mejor opción.
La opción del contexto formal y estilístico exacto es complementada además con el análisis y síntesis del discurso semántico que acompaña el audiovisual. En cualquier narración audiovisual el instrumento expresivo fundamental y que ubica la imagen es el contenido semántico expresado a través de la lengua sea escrita o hablada. Las estructuras lingüísticas no sólo ubican la imagen, sino que contextualizan la significación del documento audiovisual en su conjunto. Rodríguez Bravo [10] al respecto dice “el contenido lingüístico es el que proporciona al receptor la referencia de cómo ha de ser percibido todo aquello que estamos viendo y oyendo, con objeto de que la descodificación no vaya a la deriva.”
La utilización didáctica del audiovisual se realiza a partir de contenidos educativos previamente definidos, por esa razón es necesario concluir que un lenguaje documental utilizado con términos normalizados del lenguaje formal de la disciplina que se persigue enseñar puede ser suficiente, para representar el contenido ilustrado desde el punto de vista de los programas educativos, con lenguaje audiovisual.
Los documentos audiovisuales educativos contienen voces que expresan en lenguaje hablado el contenido semántico que transmiten y que puede ser traducido a un lenguaje documental. Dice Rodríguez Bravo [11] “El texto oral es capaz de estructurar tanto la visión como la audición, y sus contenidos suelen ser los que determinan, en última instancia, cuál es el tipo de descodificación que van a hacer nuestros sentidos”.
Por lo tanto, para la representación del contenido de los videos es válido utilizar un tesauro integrado por los conceptos contenidos en los mismos, para fijar la relación entre el objeto de la realidad, el concepto y la imagen que lo representa utilizando los elementos que le brinda la terminología para ello.
Bibliografía
AUMONT, Jacques. (1992). La imagen / traducción de Antonio López Ruiz. Barcelona: Paidós, 1992.
BORDWELL, David (1995). Narration in the fiction film. Madison, Wisconsin: Univ. of Wisconsin.
BURKE, Mary A (1999). Organization of multimedia resources: principles and practice of information retrieval. – Aldershot: Gower, 1999.
CABRÉ, M. Teresa (1999). “Terminología y documentación”. In La terminología: representación y comunicación: elementos para una teoría de base comunicativa y otros artículos. Barcelona: Institut Universitari de Lingüística Aplicada Universitat Pompeu Fabra.
FERRÉS, Joan (1997). Vídeo y educación. Barcelona: Paidós.
KEDROV, B. N. (1974). Clasificación de las Ciencias. Moscú: Ediciones Progreso.
LERAT, Pierre (1997). Las lenguas especializadas / Traducción de Albert Ribas. Barcelona: Ed. Ariel,
RODRÍGUEZ BRAVO, Ángel (1998). La dimensión sonora del lenguaje audiovisual. Barcelona: Paidós
SAN SEGUNDO MANUEL, Rosa (1996). Sistemas de organización del conocimiento: la organización del conocimiento en las bibliotecas españolas. Madrid: Universidad Carlos III en Madrid.
VALDIVIA DOUNCE, Lourdes (1998). Palabras y cosas: una semántica cognitiva de los términos singulares. México DF: UNAM. Coordinación de Humanidades. Centro de Neurobiología,
VIZCAYA ALONSO, Dolores (1997). Información: procesamiento de contenido. Rosario: Parhadigma
[1] B. M. Kedrov (1974). Clasificación de las ciencias. Vol. 1, p. 7.

[2] M. Teresa Cabré (1999). “ Terminología y documentación”. p. 233.

[3] Rosa San Segundo Manuel (1996). Sistemas de organización del conocimiento: la organización del conocimiento en las bibliotecas españolas. p. 32.

[4] Teresa Cabré (1999). “Terminología y documentación”. p. 246.

[5] Joan Ferrés (1997). Vídeo y educación. p. 49.

[6] Idem, p. 92.

[7] Ángel Rodríguez Bravo (1998). La dimensión sonora del lenguaje audiovisual. p. 25.

[8] op. cit., p. 28.

[9] op. cit., p. 119.

[10] op. cit., p. 263.

[11] op. cit., p. 264.

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