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Hambre y sed de información terminológica
Celia Molina
Centro de Información y Documentación
sobre Traducción y Terminología
en Lengua Española “Victoria Ocampo”.
Biblioteca Nacional
Argentina
Resumen:
Se presenta el concepto de información y de su valor para el ser humano: Se introduce el concepto de los documentos como soportes de información terminológica. Se describen los documentos terminográficos y las características de quienes los realizan. Se habla de la información terminológica y de sus usuarios.
Agradecimientos
Quiero agradecer muy especialmente a los organizadores de este VII Simposio Iberoamericano de Terminología, por su generosidad al invitarme a participar, a compartir con tantos amigos, este encuentro que se renueva cada dos años. En el Centro Victoria Ocampo, que represento, tenemos documentos emitidos por las sucesivas reuniones que fueron configurando lo que luego sería la RITerm, y al repasarlos venos nombres de personas y de instituciones que han ido aportando sus esfuerzos para que todos nosotros nos encontremos hoy, en este lugar. Comenzando por el Manifiesto de Madrid, en 1987, donde se comenzó la construcción, endeble pero decidida a avanzar y a crecer. La constitución de la red se concretó en la primera reunión realizada en Caracas, en 1988, de acuerdo con lo expresado en el Manifiesto; la segunda reunión fue en Brasilia en 1990; la tercera en San Millán de la Cogolla, España, en 1992; la cuarta en Buenos Aires, en 1994; la quinta en México en 1996; la sexta en La Habana en 1998. Cada una con sus frutos, cada una con sus avances.
Le toca a Portugal cerrar el siglo con esta séptima reunión. Pero, como sabemos los que trabajamos con terminología, los opuestos se tocan y, de hecho, en este caso, el VII Simposio Iberoamericano de Terminología cierra el siglo XX y abre, anuncia, el siglo XXI justamente en este país, cuna de grandes descubrimientos que ampliaron los horizontes del mundo conocido. Y es en este filo, en este borde en que todos estamos colocados, que esta reunión cierra un capítulo y abre un interrogante. Seguramente, este siglo que está por comenzar nos traerá avances teóricos en el campo de la terminología y, además, las innovaciones tecnológicas traerán aparejados cambios metodológicos y mayores facilidades para la recopilación, el acceso y el intercambio de información terminológica.
Introducción
¿Qué es información? Vamos a adoptar para esta charla una definición simple y breve que sirve muy bien a nuestros fines: Información es todo aquello que disminuye el nivel de incertidumbre.
El ser humano es una criatura que sufre de incertidumbre, y por eso suele estar hambriento de información, la que le es tan indispensable como el pan, el agua y el aire. Le resulta tan vital que podemos afirmar, a modo de diagnóstico, que la falta de información produce delirio.
¿Y dónde se encuentra la información, ese elemento vital para el ser humano? Pues, en toda entidad y en toda situación que pertenezcan al mundo real. El ser humano encuentra información en una hoja, en una piedra, en una mirada, en un gesto, en un color, en un olor, un sabor, una textura, un sonido. Dijimos en un sonido, entonces podemos decir: en los gritos, en la música, en la palabra. Reiteramos: la información se encuentra en elementos y situaciones del mundo real. Podemos afirmar, entonces, que la información se encuentra en distintos tipos de soporte: la luz, el sonido, la materia. Ahora bien, la información contenida en el soporte puede ser información efímera, por ejemplo la que se encuentra en una mirada, un gesto, una sombra, o información no efímera, o sea, información que queda registrada de alguna manera.
Dejemos eso, por el momento, y pasemos a una segunda afirmación: Para el ser humano, cualquier soporte de información es un documento. Y entonces, del mundo casi infinito de tipos de documentos elegiremos aquellos que contienen información registrada. Y de todos esos documentos ¿cuáles elegimos? Elegimos los documentos que contienen información escrita.
La información terminológica
Del gran conjunto de los documentos escritos, seleccionamos, a su vez, a los que contienen información terminológica. Pero ¿cuál es la información terminológica? Aquella que denota los conceptos de un campo del conocimiento y la situación de dicho campo en el espacio y en el tiempo, que se expresa en un cierto nivel de lengua y que se manifiesta en una determinada situación de comunicación. Es la que se manifiesta en un nivel de lengua culto, especializado y que se utiliza para la comunicación científica y técnica. Entonces, diremos que en todos los documentos escritos en un nivel de lengua especializado y dirigidos a la comunicación científica y técnica, en cualquier campo del conocimiento, encontramos información terminológica.
Ahora bien, ¿en qué tipo de documentos encontramos, con seguridad, información terminológica? En las obras teóricas, en los manuales, en los informes, en las ponencias presentadas a congresos, en los artículos de revistas especializadas, etc.
La terminología se encuentra articulada dentro de estos textos. Pero, dentro del texto, dentro de la secuencia de caracteres alfabéticos o numéricos separados por blancos ¿cómo distinguimos lo que es terminología?. En la secuencia del texto distinguimos aquellas unidades que, cualquiera sea su forma (palabras, frases, siglas, fórmulas), denotan algún concepto perteneciente a un campo determinado del conocimiento. Para nuestros fines decimos que son unidades de información especializadas y las llamaremos términos.
Las obras terminográficas y sus hacedores
Los términos, producto de la comunicación científica y técnica, interesan a todos los especialistas, estudiantes, docentes e investigadores que trabajan dentro de cada uno de los campos del conocimiento. Pero, existen otros motivos de interés para los especialistas del lenguaje, entre los que se encuentran los traductores; y para los que trabajan en el campo de la información, entre los que se encuentran los especialistas en información documental.
Los especialistas de los distintos campos del conocimiento, los traductores y los especialistas en información documental, en distintas situaciones y por diversas razones, necesitan destacar esas unidades de información especializadas, esos términos que se encuentran en los textos científicos y técnicos. Debido a ello, separan los términos del texto especializado con el fin de agruparlos, organizarlos y, a veces, definirlos. De esta forma construyen obras terminográficas que tratan de reunir la terminología de un campo específico del conocimiento. Esas obras terminográficas son: los diccionarios especializados, los glosarios, los tesauros y los bancos de datos terminológicos. Cada uno de ellas tiene una estructura y un tratamiento de la información terminológica diferente.
¿Y por qué elegimos ese conjunto de documentos escritos tan especializados?. ¿Qué tipo de información encontramos en ese conjunto de documentos que hemos seleccionado del conjunto mayor de todos los documentos escritos? Encontramos información terminológica que sirve para disminuir el nivel de incertidumbre en el proceso permanente de transferencia del conocimiento.
Volviendo a esos tres tipos de creadores o constructores de obras terminográficas, vamos a tratar de establecer las caractísticas. Podemos establecer una semejanza al decir que, en el caso de la construcción de obras terminográficas, todos actúan como intermediarios lingüísticos.
a) Diccionarios especializados
Se afirma que no hay ciencia sin terminología (Dubois, 1973) y que una ciencia se define porque posee un objeto de estudio, un método de abordaje del mismo y porque construye un corpus conceptual que le permite operar con su objeto de estudio. Este corpus conceptual se expresa y se transfiere de un ser humano a otro mediante la terminología propia de ese campo del conocimiento.
En general, los especialistas de los distintos campos del conocimiento que se abocan a la construcción de una obra terminográfica lo hacen en función de necesidades científicas, con el objetivo de facilitar una correcta transmisión del conocimiento y para “fijar” la terminología de su campo, ya sea porque es un campo nuevo, porque debe dar cuenta de la aparición de nuevos conceptos, porque es necesario volver a definir algunos de ellos, etc. En general, el especialista de un campo determinado del conocimiento trata de definir cada concepto. Las obras terminográficas más apreciadas por los especialistas son aquellas que delimitan muy bien su campo y definen con profundidad cada uno de los conceptos. Un modelo todavía vigente es el Diccionario de Psicoanálisis realizado por dos investigadores de fama internacional, Laplanche y Pontalis. Al especialista le interesa saber cuáles son los conceptos originales de los distintos teóricos, cuáles son sus aportes y la evolución del concepto. Le interesa la univocidad en la comunicación científica en sus distintos aspectos: enseñanza, discusión, elaboración de teorías o productos. En general, este tipo de obras se realiza en colaboración y con el aval de organismos de investigación o de solvencia equivalente. En una línea cercana se encuentran los diccionarios técnicos producidos por asociaciones internacionales o federaciones de cámaras industriales, que se basan en trabajos terminográficos realizados por organizaciones internacionales. En estos casos los productos terminográficos están orientados al uso por parte de especialistas, empresas, proveedores, etc., con el fin de estimular principalmente el desarrollo del área en la producción y el comercio. Son muy útiles para la comprensión de textos, normas, manuales, folletos, etc. No siempre han contado con la colaboración de asesores lingüísticos o con especialistas en información documental.
b) Glosarios
Los traductores e intérpretes, en cambio, trabajan día a día con la terminología y continuamente construyen, como los castores, pequeños “embalses” terminológicos. Tratan permanentemente de acopiar terminologías, de establecer equivalencias. Les interesa sobremanera el funcionamiento de cada término en la frase. Para ellos es muy importante el “contexto” en que se articula un término. Traductores e intérpretes construyen permanentemente, entonces, glosarios y listados fraseológicos que traen, en general, sus equivalencias en otra lengua. Ese trabajo permanente que realizan traductores e intérpretes queda en papeles o en archivos de computadora, pero esas recopilaciones rara vez se suman a un banco de datos terminológico o se publican de alguna manera. En general, estos profesionales tratan de consultar con especialistas de los distintos temas que van abordando.
c) Bancos de datos terminológicos
Los bancos de datos terminológicos también son productos terminográficos, pero: ¿quiénes los realizan, y, sobre todo, qué características distintivas tienen?. En primer lugar, son obras que se proponen como de gran envergadura y muchas veces multilingües. Por lo tanto, no son productos realizados por una sola persona sino tareas de equipos integrados por lingüistas, especialistas en información documental, especialistas de distintos campos del conocimiento y especialistas en informática. Debido a los altos costos, los bancos de datos terminológicos son mayormente realizados dentro de alguna institución o son patrocinados por un conjunto de instituciones. Y, ¿en qué se diferencian de los productos terminográficos señalados anteriormente? Ya hablamos de la envergadura, pero también podemos decir que los bancos de datos terminológicos crecen con la aparición de las PC en la década del ´80, de las computadoras pequeñas, con gran capacidad de almacenamiento y manejo de información, económicas, al alcance de instituciones de todo tipo y de particulares. Junto con el uso masivo y accesible de la computación aparecieron programas creados para el manejo de grandes volúmenes de información que se comercializaron a precios también accesibles. Debido a ello se divulgó el uso de las bases de datos lo que permitió algo más que el almacenamiento de datos, hizo posible administrarlos, es decir, discriminarlos, organizarlos y, sobre todo, permitió la búsqueda y recuperación de cada uno de esos datos cargados. Permitió que cada usuario determinara y definiera la estructura del registro maestro de su base de datos. Ya no se necesitaba ser especialista en informática para administrar la información, y cada uno podía decidir qué datos interesaba registrar y recuperar cuando hiciera búsquedas en su base de datos. Países o comunidades con recursos económicos suficientes y con necesidad de establecer políticas lingüísticas fuertes desarrollaron bancos de datos terminológicos poniendo el énfasis en el registro de las equivalencias, aunque se cargaran, además, otros datos.. Tal es el caso de Termium, en Canadá o del TermCat en España. También es el caso de organismos internacionales que operan en varias lenguas oficiales y, en especial, el caso de la Comunidad Europea que ha creado el EURODICAUTOM. Todos estos bancos han sido establecidos, en principio, para facilitar las tareas de los traductores de esas organizaciones.
Con las posibilidades que brinda la computación, se vio que se podía acrecentar el contenido de cada entrada, que se podía, por ejemplo, agregar más datos a cada uno de los términos. Entonces comenzó una etapa de mayor elaboración del asiento terminológico y los investigadores en terminología, a su vez, comenzaron a concebir a la terminología como un objeto de conocimiento en sí mismo y, por lo tanto, como la matriz de un nuevo campo del conocimiento que habría que desbrozar y delimitar, para el cual habría que establecer una metodología de trabajo y fijar las denominaciones de sus conceptos, es decir, su terminología específica.
Pero volviendo a nuestro tema, las bases de datos terminológicos que crean los traductores, los especialistas en información documental, los profesionales de los distintos campos del conocimiento, ¿no contienen bancos de datos terminológicos? En realidad sí, pero, en general, no tienen la trascendencia, la convocatoria, el reconocimiento y, sobre todo, las posibilidades de acceso y consulta que pueden brindar los grandes bancos de datos terminológicos. Entonces, ¿se pierden esos esfuerzos? ¿Esos productos realizados en la región, y donde figuran nuestras lenguas, envejecen sin ser aprovechados? Hace ya varios años que la Unión Latina está proponiendo a la región iberoamericana la creación de un banco de datos terminológicos cooperativo integrado, justamente, por la suma de todos esos esfuerzos.
d) Tesauros
El especialista en información documental también es un intermediario lingüístico entre el lector y el acervo bibliográfico almacenado en una biblioteca. Debe interpretar todos los niveles de lengua, los esquemas conceptuales y los niveles de formación de sus usuarios para poder comprender la pregunta del lector y traer desde los distintos niveles de lengua, los distintos enfoques, los distintos niveles de profundización y los distitos esquemas conceptuales que encierran las obras guardadas en un acervo bibliográfico. Para poder hacer esa tarea, recoge la terminología que nombra los conceptos más destacados del campo del conocimiento con el que esté trabajando y comienza a construir un esquema de dicho campo donde distingue el núcleo conceptual, el dominio, las disciplinas principales que sustentan ese núcleo y las disciplinas de apoyo que permiten el desarrollo del campo. Este esquema sirve para orientar la selección y organización de los términos y los campos conexos, y sirve, además, para establecer las relaciones jerárquicas, asociativas y de sinonimia dentro de la obra. El esquema se va llenando con los términos que surgen de los temas que trata cada uno de los documentos que posee una biblioteca. Es terminología en uso y la obra, por lo general, responde al perfil de la colección de publicaciones que existen en una biblioteca determinada. Este tipo de obra se denomina tesoro y está destinada a la identificación de los temas tratados por las obras existentes en una colección, a la búsqueda y a la recuperación de esa información.
Entonces, decíamos que el especialista en información documental crea una trama interpretativa que le permite orientarse desde los distintos pedidos de las personas que necesitan información y documentación, para decodificarlos y adaptarlos y llegar a los documentos que dan respuesta a la pregunta. El “tesoro” es, entonces, una herramienta que permite interpretar y orientar desde las muchas voces de los lectores hacia las muchas voces de los autores.
Quisiera detenerme un momento para referirme al Tesauro sobre Traducción y Terminología que se presenta durante el presente VII Simposio Iberoamericano de Terminología. Esta obra ha sido construida con los criterios enunciados anteriormente pues se utiliza para atender los requerimientos de los usuarios y para la indización de la colección de obras que posee el ‘Centro de Información y Documentación sobre Traducción y Terminología en Lengua Española “Victoria Ocampo”’ (Centro Victoria Ocampo) de la Biblioteca Nacional de Argentina. Al ser adoptado por la Red Iberoamericana de Terminología (RITerm), se constituye en el primer paso para la construcción del Tesauro de RITerm ya que varias instituciones van a comenzar a utilizarlo y, por ende, a ponerlo a prueba, a modificarlo, a hacerlo crecer en forma cooperativa. El resultado de ese trabajo interactivo podrá apreciarse en los próximos simposios.
Los usuarios de información terminológica
Todos los seres humanos somos consumidores de información terminológica, pero es en toda situación de transferencia de conocimiento científico o técnico -que puede darse durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, de traducción de textos científicos o técnicos, de búsqueda de documentación científica o técnica- cuando se hace uso obligado de terminología. Y cuando hay dificultad en cualquiera de los procesos mencionados es cuando aparece, consciente y voluntaria, la necesidad de acceder a información terminológica. ¿Quiénes son los usuarios de esa información terminológica? Pues, son los actores de los procesos mencionados anteriormente. ¿Cómo se satisface la necesidad de información terminológica? Una de las formas es consultando a especialistas, otra es consultando bibliografía disponible, otra es cunsultando productos terminográficos. La primera se resuelve mediante la consulta directa; las dos restantes pueden resolverse acudiendo a obras que se tienen a mano, pero cuando estas instancias se revelan insuficientes, aparece la necesidad de acceder a otras fuentes que resuelvan las dudas. Tradicionalmente, se recurre a las bibliotecas especializadas en las que existen especialistas en información documental que ayudan a encontrar lo que se busca. Pero además, en la actualidad y gracias al desarrollo informático, pueden realizarse consultas a distancia, por correo electrónico o por Internet. Y aquí aparece un nuevo tipo de usuario de información terminológica: el usuario invisible y remoto de las fuentes de información terminológica. Existe un agitado intercambio de direcciones de Internet donde se encuentran diccionarios, se accede a bancos de datos terminológicos, se resuelven dudas, se hacen consultas a pares, etc. Y es en ese ámbito donde aparecen nuevos servicios como, por ejemplo, el SIIT virtual, administrado por la Unión Latina. El SIIT (Servicio Iberoamericano de Información para la Traducción y la Terminología), que existe en el cyber espacio, es como un receptor–emisor de información de interés para esos campos del conocimiento. Es una visita cotidiana en la pantalla de nuestra computadora y un extraordinario recurso para la búsqueda de información terminológica, porque la pregunta que se lanza a ese cyber espacio es recibida por miles de especialistas, por lo que puede obtener la respuesta a altísima velocidad casi sin costo ni esfuerzo. Y, una vez más, en el SIIT virtual están trabajando especialistas de los distintos campos de conocimiento, especialistas en información documental, especialistas en informática. Es una red de información para toda la región y, esencialmente, una actividad interdisciplinaria que está comenzando pero que se perfila como uno de los grandes recursos que se abren al siglo XXI.
Bibliografía
CURRAS, Emilia (1996). «Caos y orden en la organización del conocimiento». In: Ciencias de la información, v. 27, nº 4, p. 243
DUBOIS, Jean et alii (1973). Diccionario de lingüística. Madrid: Alianza, 1979.
LAPLANCHE, Jean & Jean B. PONTALIS (1996). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Paidós,
LÓPEZ MORALES, Carmen Y. (1995). «Infraestructura y servicios de información en la biblioteca virtual». In: Ciencias de la información, v26, nº 3, p. 115-123.
MOLINA, Celia M. (1990). «Formato Común para registro de terminología científica y técnica en lengua española y/o portuguesa». In: Actas. Congreso y Conferencia de la Federación Internacional de Información y Documentación, 45. La Habana.
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