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Las actitudes lingüísticas de los economistas
y su influencia
en el uso de anglicismos
en la terminología económica castellana
Rafael Alejo González
Universidad de Extremadura
España
Introducción
Hablar de la importancia de los anglicismos en las lenguas especializadas en general y en el lenguaje económico en particular es un lugar común. Como han puesto de manifiesto en multitud de trabajos, una gran mayoría de lenguas, y por supuesto el castellano entre ellas, es tributarias de la lengua inglesa a la hora de conformar su terminología económica.
En lengua castellana, la mejor prueba de lo que decimos es la gran cantidad de ‘anglicismos económicos’ o ‘anglicismos de la terminología económica’ que se han atestiguado fundamentalmente a través de dos tipos de trabajo:
a) Los trabajos y artículos de investigación que tratan directamente el asunto (Chiareno, 1972, Martínez, 1976; Alzugaray, 1979; Meunier-Crespo (1987); Haensch (1981), Herrera (1988); López et al (1991), Gómez de Enterría (1992) y Alejo (2001).
y b) Las obras sobre los anglicismo en general que lo abordan también el tema en alguno de sus capítulos (Rubio Sáez, 1978; Pratt, 1980; Lorenzo, 1996; Rodríguez, 1997).
No es el momento de entrar aquí en una reseña detallada de cada una de esta obras, ya que son diversas en su naturaleza y en su desarrollo. No obstante, puede llegar a afirmarse que, sobre todo en lo que se refiere al primer grupo, dentro del cual habría no obstante que singularizar alguna excepción, la tendencia general suele ser la orientación lexicográfica y el carácter anecdótico, característica que Van Hout y Muysken(1994:39) ponen de manifiesto como elemento típico de los trabajos sobre préstamos lingüísticos:
“Borrowing of lexical items is a subject that has given rise to many offhand remarks, but to little systematic study.”
En la presente ponencia pretendemos, por el contrario, bosquejar el papel de un aspecto de índole general, a saber, la actitud de los economistas españoles desempeña en la importación de términos de origen inglés, como forma de abarcar uno de los elementos que determinan el fenómeno de los ‘anglicismos económicos’ en su globalidad.
De esta forma, aplicaremos a otro ámbito, el de la terminología, los conceptos y la metodología de carácter eminentemente sociolingüísticos que una parte de la investigación sobre la lenguas en contacto suele utilizar. Aunque se están produciendo cambios, hasta época muy reciente no era habitual su utilización o por lo menos no lo es en el sentido que aquí proponemos.
La principal utilidad que esta aproximación puede tener es la de explicar las razones por las que la influencia del inglés se ha dejado sentir de manera diferente en las distintas capas que constituyen el vocabulario económico español. Así a las razones de tipo etimológico y estructural, que se deducen de las aportaciones de Alcaraz y Hughes (1996) y Alcaraz (2000), pueden ser completadas con una explicación complementaria que ponga de manifiesto que también en el terreno de las lenguas especializadas la perspectiva sociolingüística es igualmente válida.
Los anglicismos dentro del lenguaje económico
Como ya hemos dicho, el papel de los anglicismos dentro del lenguaje económico es susceptible de un estudio de conjunto, más global, que abandonaría la metodología del análisis de cada caso, que tendría interés para la curiosidad filológica y para el estudio de la historia de la lengua.
Desde esta perspectiva más amplia, nos encontramos con un dato, el del número de anglicismos, que según nuestros cálculos (Alejo, 2001) podría rondar el millar (tenemos atestiguados exactamente 840), si bien tampoco arrojaría mucha luz sobre el fenómeno dado que, por un lado, carecemos de un inventario de referencia con respecto al cual medirlo (por poner un ejemplo, el diccionario de Tamames (1988) cuenta con 3.000 términos mientras que el de Alcaraz y Hughes cuenta con 25.000) y, por otro, el anglicismo es un fenómeno cambiante que incorpora cada día nuevos miembros a sus filas, al tiempo que hay otros que desaparecen.
Además, por muy alto que sea el número de anglicismos, nunca será lo suficientemente alto como para representar adecuadamente las intuiciones de algunos eminentes historiadores del pensamiento económico, que describen el proceso de creación del léxico de la economía así:
“Poco a poco…, el léxico diariamente empleado en la vida mercantil se desliza hacia el lenguaje en que se expresa el centro económico del mundo. Este, tras la vacilación holandesa, se orienta hacia la city de Londres. En ocasiones, a causa del singular marco jurídico anglosajón, algo de esto se traduce o se articula en París. Como resultado, grandísima parte de las expresiones económicas pasa, desde el siglo XIX, a efectuarse en inglés. Una fracción reducida en francés. En el resto de los idiomas, prácticamente nada, y menos aún en español” (Velarde Fuertes, 1989: 114).
Es decir, si hemos de creer a Velarde, el estudio de los anglicismos económicos estaría todavía por estudiar en toda su profundidad.
Más valor tendría, para el estudio global que proponemos, el hacer una aproximación al fenómeno de los anglicismos económicos a través de las distintas capas, estratos o grupos que se han establecido dentro del lenguaje económico.
Como se sabe, estos subgrupos se han establecido por encima de las propias subespecializaciones o clasificaciones temáticas de la materia económica y vendrían a constituir entre dos o tres grandes subcategorías, cuyo nombre varía según los autores.
Así Gallais-Hamonno (1980) distingue entre ‘vocabulario económico’ y ‘terminología económica’. Por su parte, G. Haensch (1981) hace lo propio entre ‘palabras y giros usuales en la práctica diaria de la actividad’, ‘términos teóricos de las ciencias económicas’ y ‘términos de política económica y del vocabulario administrativo’. Y, por último, Alcaraz (2000:73 y ss.) distingue entre el vocabulario de la economía (“el de los economistas puros que han adquirido una formación teórica en las universidades”), el vocabulario del comercio (“que comprende el lenguaje de la correspondencia comercial, el del transporte y los seguros, el de la compraventa de productos, tanto en los grandes mercados de primeras materias como el marketing en los puntos de venta”) y vocabulario de las finanzas (“mercados financieros”).
Si partimos de esta última clasificación de Alcaraz, nos encontramos con que el vocabulario del comercio sería el que más anglicismos tendría, seguido del de las finanzas y finalmente el de la economía.
Las razones serían obvias. Los anglicismos pertenecientes a estos campos son más numerosos porque, como reconoce el propio Alcaraz, el vocabulario semitécnico y el general, dentro del cual se encontraría fundamentalmente el vocabulario comercial, son también “los más abundantes en el mundo de los negocios” (Alcaraz, 2000: 73) y por lo tanto es lógico que a mayor número de término, mayor posibilidad haya de que encontremos anglicismos entre ellos. Menos claro sería, desde este punto de vista, la preponderancia que en el vocabulario de las finanzas tienen un tipo de especial de anglicismos, los denominados ‘anglicismos patentes’.
Sólo contamos para su explicación con la siguiente cita del Diccionario de términos económicos, financieros y comerciales:
“estos términos anglosajones debido a su brevedad y su originalidad, están entrando también en la jerga de los financieros españoles quienes, por comodidad y también por precisión y expresividad, hablan de swaps en vez de ‘permutas financieras’” (Alcaraz y Hughes, 1996: xi)
Sin pretenderlo, quizás, estos autores están marcando un programa de investigación, ya que, por lado, se refieren a características formales de las palabras (precisión y expresividad) y, por otro, aluden a la actitud de los que las usan, en este caso la comodidad de los financieros españoles. Es especialmente sobre esta segunda línea es sobre la que pretendemos profundizar.
Las actitudes lingüísticas dentro de una lengua de especialidad
A diferencia de otras ciencias que tradicionalmente han considerado el lenguaje como un instrumento más neutro, en economía hay toda una corriente metodológica que sitúa al lenguaje en un lugar preferente, en donde cabe mencionar la figura de McCloskey (1985, 1993).
Es por esto por lo que no extraña que los economistas también adopten posturas comprometidas sobre el tema de los anglicismos. Un ejemplos de la actitudes que los economistas tienen sobre los anglicismos, y en general sobre otros préstamos, puede hallarse en la siguiente cita de un insigne catedrático de Economía de la Complutense de Madrid, D. Juan Velarde Fuertes, al hacer la presentación de los criterios con los que había editado (compilado) un libro:
“También, por lo mismo hice un esfuerzo para que el idioma de este libro fuese el español y no el francospanglish que se desliza tantas veces en los libros de economía. No hay stocks sino almacenamientos; no hay linkages sino ligazones; no hay input sino insumo; no se emplea la atroz expresión de en base a; incluso se eliminan lamentables galicismos, escribiendo industrias de suelo y no industrias del parquet.” (Velarde, 1982:XXIX)
Por tanto, un tipo de reacción, el más espontáneo, quizá, es de claro rechazo. No obstante, esta actitud beligerante en contra de los préstamos tiene, incluso para el profesor Velarde, unos límites:
“Cuando no ha quedado otro remedio –como línter de algodón– se españolizó en lo posible; sólo se acató la palabra extraña cuando la carga es tan fuerte que ha pasado a distinguir lo que los economistas llamamos una mercancía. Tal sucede, a mi juicio, por ejemplo, con el papel kraft o el fuel-oil, que a todo más admite un fuel-óleo.” (Velarde, 1982: XXIX)
Por ello mismo, no es de extrañar que encontremos otros autores que ya desde un principio adopten una actitud mucho más comprensiva:
“Existe otra razón que nos obliga a aceptar voces extranjeras como ‘cartel’, ‘dumping’, ‘drawback’, ‘hinterland’, ‘lockout’, ‘trust’ y otras muchas. Si queremos sustituir la dicción extranjera por un sola palabra española que tuviese aproximación de significado cometeríamos un doble error morfológico y de equivalencia, si pretendiéramos dar una interpretación justa en cada caso, nos veríamos obligados a una definición por extenso, que el único procedimiento que existe para dejar registradas las palabras es admitirlas en nuestro léxico con su propia y genuina morfología” (Arniches, 1950: xx)
Como se desprende de estas citas, e independientemente de que los razonamientos carezcan de un rigor lingüístico absoluto, los economistas, como el resto de hablantes de una lengua, pueden dividirse entre aquellos que adoptan una actitud más purista frente a aquellos otros que adoptan una actitud menos radical.
Esta diferente postura, claro está, dependerá de una multitud de factores que pueden situarse en lo biográfico, Velarde es un catedrático de universidad y es miembro de la academia de Ciencias Morales mientras que Arniches es el autor de uno de los primeros diccionarios económicos, hasta pasar por lo histórico. Son autores de distintas épocas y, como sabemos, las lenguas de especialidad tienden en sus comienzos ser mucho más permisivas en la aceptación de nuevos términos, pues necesitan delimitar su propio terreno y diferenciarse del resto. Pasado el tiempo, se comienza a hacer una selección más minuciosa y sosegada.
Sin embargo, consideramos que las actitudes de los economistas ante los ‘anglicismos económicos’ no sólo deben tener una explicación puntual o personal, sino que, al igual que sucede en otros ámbitos de la lengua, dichas reacciones pueden tener una explicación social. En nuestra opinión la indisoluble relación entre lengua y sociedad llega incluso a los ámbitos especializados más aparentemente dependientes de la realidad y el conocimiento y, por tanto, menos permeables a la mediatización social.
El estudio de la actitudes de los economistas madrileños
A partir de este planteamiento realizamos un estudio en el que analizábamos la actitud de una muestra aleatoria de la población de economistas españoles sobre el fenómeno de los ‘anglicismos económicos’ en general.
Para realizar dicho estudio, encontramos pocos antecedentes dado que la sociolingüística, que es la ciencia que estudia la variación en sus diferentes manifestaciones, se ha ocupado mucho más de analizar las variaciones diastráticas y diatópicas , y mucho menos de analizar las diferencias diatópicas y particularmente las diferencias que tienen que ver con los registros y las lenguas especiales.
Del lado de los préstamos, nos encontramos con un literatura mucho más abundante, sobre todo dentro de lo que Gómez Capuz (1998) denomina la escuela americana, cuyos conceptos y métodos son muy ricos y diversos, y en especial nos encontramos con un antecedente muy directo de nuestro trabajo. Nos referimos al denominado por Hasselmo (1970) ‘test de aceptabilidad’, que establece que “el grado de aceptabilidad de una unidad léxica está determinado por el juicio de los hablantes bilingües en la siguiente escala: casi siempre- a veces- nunca (pero otros sí lo usan)- nunca (y otros tampoco)” (cf. Gómez Capuz, 1998: 182).
Teniendo en cuenta estos precedentes, confeccioné un cuestionario (ver apéndice) para pasar un grupo de economistas madrileños escogidos al azar (n=259), en el cual se pretendía obtener datos sobre distintas variables que pensaban podían influir en su percepción del fenómeno. Hay que decir que la muestra se realizó únicamente sobre economistas madrileños ya que consideramos que, desde el punto de vista metodológico, era mucho más complicado realizar una muestra sobre el conjunto de la población de economistas y, desde el punto de vista teórico, suponía estudiar un lugar privilegiado para la innovación lingüística.
El conjunto de variables sobre las que inquiría el cuestionario son las siguientes:
a) variable sociológicas (edad o sexo)
b) variables profesionales (universidad, título, tipo de trabajo)
c) variables teóricas (especialización, escuela económica)
d) variables relacionadas con el aprendizaje del inglés (años de estudio, nivel subjetivo)
e) variables relacionadas con la actitud lingüística ante el fenómeno del anglicismo económico
Las variables que más nos interesa para el presente trabajo son las últimas puesto que a través de ellas recogíamos la actitud de los economistas madrileños sobre un conjunto de anglicismos económicos escogidos al azar de entre las distintas clases de anglicismos.
De esta forma elaboré un índice de ‘aceptabilidad’ o ‘permisividad’ que sería igual al porcentaje de palabras que sobre el total de nuestra encuesta un informante considera como aceptables. Así, por ejemplo, si el encuestado considera aceptables 25 de las 50 palabras de la lista, el índice de aceptabilidad sería del 50%.
Resultados
Del estudio que hemos realizado, utilizando dos pruebas estadísticas como son la t de student y la anova de una vía, se destaca que hay un grupo de variables significativas al 90% de significación estadística. Estas son:
1. La variable sexo, en la que se detecta un nivel superior de aceptabilidad o permisividad por parte de la mujer. Este resultado podría explicarse, a diferencia del tradicional papel conservador de la lengua en la mujer, en función de la necesidad de acomodación a pautas masculinas aún predominantes en el mundo del trabajo, que es donde la encuesta tiene su aplicación.

Gráfico 1: Porcentaje (sobre el total de encuestados)
de permisividad en la variable sexo.
2. La variable título, en la que se detecta que hay una mayor aceptación de los anglicismos por parte de los titulados de grado medio sobre el resto de titulados.

Gráfico 2: Porcentaje (sobre el total de encuestados)
de permisividad en la variable titulación.
3. Las variables relacionadas con el conocimiento de inglés (lectura de bibliografía en inglés, utilización del inglés dentro de la profesión y conocimientos de inglés valorados subjetivamente) en las que se puede observar cómo la opción en la que no se aprecian conocimientos de inglés tiene una mayor aceptación de los anglicismos.
Gráfico 3: Porcentaje (sobre el total de encuestados)
de permisividad en la variable conocimientos de inglés
4. La variable pesimismo/optimismo sobre el estado del español/castellano en la que se aprecia una vinculación ciertamente alta (95%) entre el pesimismo lingüístico y el menor nivel de aceptación de los anglicismos económicos como fenómeno.
Gráfico 4: Porcentaje (sobre el total de encuestados)
de permisividad entre los que opinan que el castellano evoluciona a ‘peor’, se mantiene ‘igual’ o ‘mejora’
Estos resultados habría que completarlos con los obtenidos para el grupo de los anglicismos patentes, entendidos aquí este tipo de anglicismos al modo en que lo hace Pratt (1980). En este segundo grupo, algunas variables de las mencionadas dejan de ser significativas estadísticamente (por ejemplo, sexo o título), otras se mantienen (las variables relacionadas con el conocimiento del inglés y la del pesimismo sobre la lengua española) y finalmente aparecen otras, el área o tema de especialización.
Según los datos obtenidos, los economistas especializados tanto en Finanzas como en Comercio Exterior tienen un nivel de aceptación de los anglicismos económicos patentes superior al resto de las especializaciones. Parece claro que esto no colisiona con lo anterior sobre todo porque se puede considerar que los expertos en finanzas son un grupo muy significativo de los titulados en la rama empresarial.
Gráficos 5 y 6: Porcentaje (sobre el total de encuestados) de permisividad de anglicismos patentes de los especialistas en Finanzas y en Comercio Exterior en comparación con el resto de especialistas.
La explicación de los resultados
De los resultados obtenidos cabe deducir, por tanto, que hay un más que probable protagonismo de los Diplomados en Empresariales en la aceptación del fenómeno de los ‘anglicismos económicos’ y sobre todo de los especialistas en finanzas y comercio exterior en la de los ‘anglicismos económicos patentes’.
Ahora bien, las razones de ese protagonismo están por explicar. Aquí apuntaré algunas, pero no agotaré un tema sobre el que debe profundizarse en el futuro.
Desde mi punto de vista, tanto los Diplomados en Empresa como los especialistas en finanzas y comercio exterior encarnan y lideran el cambio radical que se produce en la década de los 80 en la profesión de economista de España. Recuérdese que los economistas pasan de ser un grupo minoritario (no llegan a los 4.000 colegiados en 1971) y no especialmente prestigiado a constituir un grupo cada vez más numeroso ( en torno a los 25.000 en 1987) y con un prestigio creciente.
Cabe decir además que este cambio no producto de la casualidad, sino que hay procesos históricos que subyacen. Nos referimos en concreto a dos situaciones que tienen una influencia directa en la aparición de este tipo de profesionales, a saber, la progresiva liberalización de la economía y su pareja integración internacional.
Como consecuencia de todo ello, tendríamos la aparición de un grupo humano que se caracterizaría por:
su juventud (más del 60% son menores de 35 años)
trabajar mayoritariamente en empresas
tener unos conocimientos de inglés medios o medios altos (+ del 60% con 3 ó más años de inglés)
poseer una cierta conciencia de clase emergente y con cierto prestigio, que queda perfectamente expresada en la siguiente cita:
“Un aspecto relacionado es la fiebre financiera y el fenómeno de los yuppies o jóvenes profesionales urbanos, cuya mística se irradia desde el corazón financiero internacional de Nueva York y se recoge en libros y filmes tales como Nueve semanas y media o Wall Street. Se trata de un sector de profesionales exitosos y privilegiados procedente de la generación del baby-boom.” (M. Guillén, 1989: 160).
En definitiva la radiografía de estos nuevos economistas coincide en gran medida con el perfil que tenemos dibujado del hablante innovador en lengua, esto es, de aquél que es más proclive al cambio lingüístico:
“Se trata de un hablante urbano, joven, de clase trabajadora alta o media baja, un trabajador cualificado, técnico, profesor o comerciante, desde el punto de vista profesional, con alto prestigio social y deseos de ascenso social, perteneciente a una comunidad ‘difusa’ (es decir, una comunidad en la que los vínculos de unos miembros con otros no son especialmente fuertes) y con frecuencia mujer.” (Tejada, 1999: 16)
Conclusión
Como conclusión se puede apuntar que la perspectiva sociolingüística nos proporciona una aproximación novedosa al fenómeno de los anglicismos económicos. La frecuencia de éstos últimos y, más concretamente su proliferación en determinados campos tiene mucho que ver con la dinámica de un profesión en pleno crecimiento, que busca en los préstamos un reconocimiento de su nuevo status.
Esta perspectiva por supuesto no es ni mucho menos incompatible, sino más bien complementaria, con otra que, centrándose exclusivamente en los datos lingüísticos, apelara a la especial caracterización del léxico inglés de la economía y más especialmente de las finanzas, que, como ha puesto de manifiesto Alcaraz, tiene un gran componente anglosajón y un conjunto de usos coloquiales que harían mucho más difícil su adaptación al español.
De esta forma, la aceptación de los ‘anglicismos económicos’ entraría en consonancia con los patrones descritos para explicar el cambio lingüístico en general y el cambio léxico en particular. De acuerdo con Hughes (1989) la innovación léxica ha venido marcada por los grupos de presión.
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Apéndice: cuestionario
1. Edad: - de 35 ¤ 36/50 ¤ + de 50 ¤
2. Sexo: varón ¤ mujer ¤
3. Universidad por la que obtuvo la licenciatura:
4.Titulo:
Licenciado en Económicas(General) ¤ Diplomado en Empresariales ¤
Licenciado en Económicas(Empresa) ¤ Profesor Mercantil ¤
5. Area preferente de estudio y especialización
(elegir opciones entre esta y la pregunta 6):
Teoría económica ¤ Hacienda Pública ¤ Contabilidad ¤Finanzas ¤
6. Area preferente de estudio y especialización:
Economía de la Empresa ¤ Comercio Exterior ¤ Otras ¤
7. Tipo de trabajo (el realizado durante más tiempo):
(a)Economista empresario ¤ (c)Trabaja en la Administración ¤
(b)Trabaja en empresa ¤ (d)Actividades de Enseñanza y Ejerc. libre ¤
8. Años que ha cursado inglés:
No tiene ¤ 3/5 años ¤
0 / 3 años ¤ + de 5 años¤
9.¿ Lee normalmente bibliografía en inglés? Sí ¤ No¤
10.¿ Utiliza el inglés para alguna actividad de su profesión? Sí ¤ No ¤
11.En su propia opinión su conocimiento del INGLÉS es:
no tiene ¤ poco ¤ bastante ¤
12.Considera que la importancia dada al inglés en su profesión es:
escasa ¤ suficiente¤ mucha ¤excesiva ¤
13. Considera que el castellano:
•se está deteriorando ¤
•ha evolucionado positivamente como lengua ¤
• Se mantiene igual ¤
14.Considera que:
•Tendría que haber una Academia de la Lengua Española más fuerte.¤
•No es necesaria una Academia de la Lengua ¤
• La situación está bien en la actualidad. ¤
15.¿Qué Escuela Económica le parece más interesante?
Neoclásica ¤ Estructuralista ¤
Keynesiana ¤ Ninguna ¤
Síntesis Neoclásica Keynesiana ¤
•¿ES ESTA PALABRA ACEPTABLE EN EL VOCABULARIO ECONÓMICO CASTELLANO?
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SI |
NO |
| Consorcios industriales |
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| Exportaciones invisibles |
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| Expansión monetaria |
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| Inflación galopante |
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| Brechas tecnológicas |
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| Equipo capital |
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| Paridad oro |
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| Income tax |
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| Régimen “clearing” |
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| Cash-flow |
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Instrucciones: Si no conoce una palabra (algunas son de campos especializados) deje la casilla en blanco.
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