Actas / Atas
1988-2002
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Índice por autores

 

 

Algunas experiencias en la elaboración conjunta
de sistemas de conceptos
entre el experto y el terminólogo

John Jairo Giraldo Ortiz
Grupo de Investigación en Terminología y Traducción
Universidad de Antioquia
Medellín
Colombia

 

“Colaboration with subject-field experts is crucial
to the success of any terminology project”
[MEYER: 1997, 107]

 

Uno de los objetivos del proyecto de investigación “PRECISIÓN Y COTEJO DE CONCEPTOS EN GRUPOS INTERDISCIPLINARIOS. A MODO DE EJEMPLO: CULTURA SOMÁTICA”, fue realizar una investigación de objeto sobre la precisión y cotejo de los conceptos y los términos para determinar la configuración del sistema conceptual en la temática de las normas y valores de los usos del cuerpo. Por ello, este proyecto se realiza con la inclusión de una especialista de Cultura Somática, lo cual hace que este trabajo se centre en la interrelación terminólogo-experto. Por tanto, la ejecución de las fases de rastreo de términos y configuración de sistemas de conceptos demandaron un estrecho trabajo entre ambos especialistas; actividad que en terminología se denomina como [1] interacción terminólogo-experto.

En cualquier consulta la fuente ideal es el especialista. Al igual que los traductores necesitan de los expertos para aclarar sus dudas con respecto a la equivalencia de un término en un texto dado, los terminólogos, en general, se apoyan en los especialistas para la selección de los términos, la comprensión de los conceptos y la jerarquización de la temática objeto del análisis. En efecto, Picht y Acuña consideran que la interacción terminológico-experto involucra la discusión entre un experto y un terminólogo en lo concerniente a la estructuración de un sistema de conceptos [Picht & Acuña:1997, 317]. Sin embargo, la interacción de estos dos expertos va más allá de la elaboración conjunta del árbol conceptual. En gran parte de los casos el especialista es una fuente actualizada que puede ampliar, explicar, comentar y refrendar con mayor facilidad la información que se esté analizando. Aunque se debe reconocer que el tiempo es uno de los principales obstáculos a vencer en el trabajo con los expertos, pues se trata de personas con múltiples ocupaciones, lo cual les impide dedicarle el verdadero tiempo al trabajo que demanda una investigación. A esto se debe agregar la pericia que debe tener el terminólogo para hacer que el tiempo de las reuniones con el experto sea utilizado racionalmente, ya que muchas veces el especialista tiene la tendencia a sobre explicar un tema dado y a salirse del verdadero tema objeto de análisis.

Meyer et al manifiestan que la colaboración con expertos de la disciplina objeto de estudio es crucial para el éxito de cualquier proyecto terminológico. La colaboración mejora, y en opinión de otros [Plested et al: Macroproyecto de investigación, 1996] sólo es posible, cuando los terminólogos realizan el trabajo conceptual antes de sus reuniones con el experto del área. Por ejemplo, mediante la creación de una representación preliminar del sistema de conceptos para generar las bases para una discusión o mediante la identificación de áreas difíciles de incluir en un sistema de conceptos. [Meyer: 1997, 107]. De esta manera la interacción terminólogo-experto se convierte en una oportunidad de retroalimentación donde cada uno incursiona y profundiza en la especialidad del otro.

Para que el terminólogo realice un buen trabajo, necesariamente tendrá que hacerlo de forma sistemática. En el caso de esta investigación -asesorados por la experta en Cultura Somática, quien daría las pautas para seleccionar y recopilar la documentación que se iba a utilizar en la investigación- se tomaron 69 textos escritos en español, inglés y alemán, con temáticas que iban desde la sociología, la antropología, la sicología hasta el deporte y de las cuales se ha nutrido conceptualmente la Cultura Somática. A cada uno de los textos se les practicó un rastreo para identificar los términos, los contextos, las definiciones así como los conceptos y luego se les clasificó por subcampos. Una vez finalizado este trabajo, se llegó a las siguientes conclusiones preliminares:

carencia de términos únicos

carencia de definiciones completas de algunos términos

insuficiente comunicación entre los teóricos de esta disciplina para normalizar la información que generan

ausencia de redactores técnicos profesionales como apoyo real a la tarea de comunicar con la terminología idónea la información producida.

En la siguiente etapa se intensificaron las reuniones con la experta, pues se trataba de la última instancia para decidir si un término pertenecía o no a la disciplina. En efecto, esta parte de la investigación arrojó como resultado la exclusión de todos los términos alusivos a deportes, a los diversos tipos de juego etc., porque se salían del ámbito conceptual de la Cultura Somática. Una vez filtrado el rastreo, se procedió a revisar y precisar las definiciones de los términos para constatar los conceptos; por ello, se leían los contextos donde aparecían cada término y definición. Finalizado el paso anterior y según la metodología de esta investigación, se chequeó por subcampos con la experta cada uno de los términos y sus respectivos conceptos con el fin de detectar posibles inconsistencias como falsas sinonimias, opacidades y desfases de tipo conceptual, pues el especialista es la persona indicada para efectuar la tarea de la univocidad terminológica. Todos los pasos anteriores permitieron llegar a la precisión de la equivalencia de los términos, lo cual se convierte en la antesala para la configuración del sistema de conceptos.

El especialista, a diferencia de las otras fuentes, debería poseer en forma jerarquizada y autónoma el conocimiento de su disciplina, por ello, juega un papel importante en la confección final del sistema de conceptos. Sin embargo, este trabajo sólo será exitoso en la medida en que los actores de la interacción terminológica tengan clara la relación entre objeto, concepto y símbolo de la cual habla Felber [IITF Series: 1994, 209]. Grosso modo, entendiendo al objeto como aquella cosa estudiada, al concepto como la idea o representación mental del objeto y al símbolo como la expresión gráfica de la representación mental. Cumplido este paso, los participantes en la interacción terminológica estarán en capacidad de plasmar en un sistema conceptual el resultado de su extracción terminológica, bien sea bajo nomenclatura o bajo un sistema arbóreo. La conclusión del sistema reflejará de forma clara y puntual cuáles son los conceptos superordinados, coordinados y subordinados de la disciplina. Este factor convierte a los sistemas arbóreos en un instrumento muy útil para lograr visualizar la estructura de la temática analizada así como para examinar la forma en que el conocimiento especializado es transmitido a los no expertos.

La Cultura Somática, área de la Sociología del Deporte que a su vez constituye un campo de las Ciencias del Deporte, es una temática relativamente joven que adaptó conceptos como cuerpo, sociedad y cultura de disciplinas como la antropología y la sociología. En otras palabras, su inclusión dentro de las Ciencias Sociales y Humanas, caracterizadas por el solapamiento conceptual, como reflejo de la interdisciplinariedad y de la ambigüedad [Budin: 1993], ha hecho que no haya escapado a desfases conceptuales. En consecuencia, se pudo refrendar que la experta presentaba inconsistencias al definir los conceptos, al jerarquizar su árbol de conceptos, mas no al precisar los términos propios. Es aquí donde el terminólogo debe hacer uso de un criterio serio e imparcial para evitar la contaminación que el experto tenga en un aspecto puntual dentro del árbol conceptual de su especialidad. Los expertos del área, como todo ser humano, están dominados por la subjetividad, reflejada en la toma de decisiones como la inclusión o no de un término en el glosario, la selección o no de un texto a rastrear, el hecho de que pertenezca a una de las corrientes teóricas de la disciplina e incluso las dificultades en aceptar que no sabe definir y su no aceptación de los parámetros para la precisión aunque los entienda. Actitudes que pueden ser amañadas y afectar en algún grado el resultado final de una investigación terminológica. Tales factores llevarán al terminólogo a reconfirmar con otras fuentes el sistema de conceptos hecho hasta el momento.

Considerando todo lo dicho, se puede afirmar que el terminólogo y el experto de la temática deberán, al momento de iniciar su trabajo conjunto, garantizar una competencia metodológica [Sandrini: 1998]. El terminólogo necesita combinar tanto la teoría como la práctica; es decir, debe poseer una fundamentación teórica que le permita saber, por ejemplo, qué es un término, un concepto, cómo se elabora un sistema de conceptos, pero al mismo tiempo debe tener un conocimiento y dominio de herramientas como los programas de computación para terminología. Por su parte, el experto debe tener un dominio del lenguaje profesional -reflejado en la comprensión y conocimiento de la terminología de su campo- para comunicarse efectivamente con el terminólogo, asegurando de esta forma que los criterios de trabajo estén unificados. Igualmente, la competencia ética, con la cual ambos expertos se declaran idóneos para la ejecución del trabajo terminológico y garantizan que los resultados o diagnósticos de la temática auscultada, sean o no favorables, se publiquen.

Por todo lo anterior y de acuerdo con [Plested et al: 1996b] resta decir que un grupo de investigación en terminología no debe estar conformado únicamente por terminólogos o por expertos del área. Por el contrario, lo que se necesita es una fusión entre estos dos tipos de especialistas. El trabajo del terminólogo certifica la validez conceptual de la información específica mientras que el conocimiento del experto garantiza que la comunicación especializada vaya en la misma dirección conceptual de la realidad de la temática objeto de estudio.

 

Bibliografía

Alpízar, Rodolfo. (1997). ¿Cómo hacer un diccionario científico técnico? Buenos Aires: Editorial Memphis, p. 11.

Barreiro, Manuel A. (1997). “La competencia terminológica en la formación de traductores especializados”. Taller de Lingüística Aplicada. Universidad de La Habana, diciembre de 1997.

Dubuc, Robert & Andy LAURISTON (1997). “Terms and Contexts”. In: The Handobook of Terminology Management. Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, Vol. 1, pp. 80-87.

Felber, Helmut (1994). The Correspondence of Object, Concept and Symbol. In: IITF Series; Viena, 1994. p. 209-216

Giraldo, John Jairo (1998). Precisión y cotejo de conceptos en grupos interdisciplinarios. A modo de ejemplo: Cultura Somática. Diario de campo. Universidad de Antioquia, Medellín.

Meyer, Ingrid et al. (1997). “Systematic Concept Analysis within a Knowledge-Based Approach to Terminology”. In: The Handbook of Terminology Management. Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, Vol. 1, p. 100-118.

Plested, María Cecilia et al (1998). Precisión y cotejo de conceptos en grupos interdisciplinarios. A modo de ejemplo: Cultura Somática. Informe final de investigación. Universidad de Antioquia, Medellín. 1998. 43p.

Plested, María Cecilia et al (1996). Pasos mínimos que configuran el rastreo, el análisis y la precisión de conceptos y términos. Macro proyecto de investigación Red de Terminología Universidad de Antioquia. Universidad de Antioquia, Medellín.

Picht, Heribert y Carmen ACUÑA (1997). “Aspects of Terminology Training”. In: The Handbook of Terminology Management. Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, Vol. 1, pp. 305-321.

Riggs, Fred, Matti Malkia & Gerhard Budin (1997). “Descriptive Terminology in the Social Sciences”. In: The Handbook of Terminology Management. Philadelphia: John Benjamins Publishing Company, Vol. 1, pp.185-196.

Sandrini, Peter (1998). “La Terminología en el centro de producción del conocimiento”. In: El martes del Paraninfo. Universidad de Antioquia. Medellín, octubre 27 de 1998.

 

[1] Interacción terminólogo-experto [Giraldo: 1998] Equivalente para terminological role-playing [Picht-Acuña: 1997, 317].

 

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