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Índice por autores

 

 

Terminología agrícola: nuevo enfoque, viejas perspectivas

J. J. Lanero*
M. M. Pérez Jorge**
*Universidad de León, España,
**Inst. Nac. de Ciencias Agrícolas
Cuba

 

1. Introducción

Los diccionarios y las enciclopedias representan ricas fuentes de conocimiento. El diccionario registra los distintos significados y usos de las palabras; la enciclopedia describe la variedad de conceptos y objetos del mundo real. Así pues, diccionarios y enciclopedias, en su conjunto, son depósitos de conocimiento que la humanidad ha ido llenando a lo largo de su historia. No obstante, el problema reside en hacer accesible este vasto corpus del saber; en idear el método apropiado para suministrarlo de tal forma, que estos ricos recursos puedan ser explotados al máximo. El acceso a la información de los diccionarios impresos sólo es posible a través de una relación alfabética de palabras dispuestas de tal modo que, por ejemplo, una persona que desee averiguar qué citas bíblicas existen en el texto de un diccionario concreto, no puede disponer de ese dato inmediatamente, dadas las restricciones del libro impreso; aunque es una tarea sencilla cuando el texto del diccionario está estructurado y es accesible de forma electrónica.

Puesto que, por lo general, las enciclopedias incluyen un índice, la información que ofrecen se obtiene mediante los términos del índice y de las listas alfabéticas de palabras. Con todo, el alcance de estos índices de términos está delimitado por la cantidad y por el número de ejemplos del texto que es posible recoger en el índice. Dado que no existe concatenación ideológica en diccionarios y enciclopedias, únicamente podemos obtener su información a través de los términos estandarizados en el índice. El usuario, por lo tanto, puede desechar un diccionario o una enciclopedia después de varios intentos fallidos de acceder a la información, por el mero hecho de que desconoce cuáles son las palabras estandarizadas. La frustración que experimenta un lector que está seguro de que la información que busca está en el texto, pero inaccesible, es comprensible y lamentable.

Resulta lógico que se quiera extraer información de un diccionario o enciclopedia mediante un sistema que se base en nuestras propias necesidades y no en criterios adoptados por el autor. Con este fin deberían establecerse los métodos que pudieran satisfacer las diferentes demandas. Está claro que las limitaciones del libro impreso crean problemas en la confección de esos métodos diversos, y que tales dificultades las resuelven los medios electrónicos. Dado que toda la información está en el ordenador, la tecnología para procesar el lenguaje natural puede facilitar el desarrollo de programas sofisticados y métodos potentes para acceder a información explícita e implícita recogida en el diccionario. Los métodos de acceso que necesita el usuario pueden ser más complejos que la alfabetización que habitualmente presenta un diccionario. Las enciclopedias y diccionarios electrónicos deben satisfacer muchos tipos de solicitud de información.

Teniendo en cuenta que el espacio es casi ilimitado en los diccionarios electrónicos, es posible incluir la información necesaria y suficiente que los lexicógrafos desean ofrecer para la explicación de cada entrada, lo que mejora, de modo sustancial, la calidad de las respuestas del diccionario en relación con la demanda del usuario.

La nueva tecnología electrónica también concede un método completamente innovador y alejado de la lexicografía tradicional. Un buen método para compilar permite una edición del diccionario más rápida y eficaz, al tiempo que las referencias cruzadas a entradas relacionadas minimizarán las imperfecciones que puedan darse.

Una de las características más interesantes del diccionario electrónico es su capacidad para ofrecer al usuario la oportunidad de reorganizar el material del diccionario conforme a sus propias necesidades. Por ejemplo: alguien interesado en cocina puede sacar de una enciclopedia electrónica todos los términos más relevantes y reunirlos en un diccionario de términos culinarios. De igual modo, un lingüista podría extraer un grupo específico de adjetivos de un diccionario, con el fin de estudiar sus características lingüísticas inherentes. Así, el usuario podría sacar cualquier clase de información de un diccionario y hacer uno nuevo. El contenido de los diccionarios en la era electrónica debe conceder los recursos suficientes para que este proceso valga la pena.

La riqueza de posibilidades que ofrecen los diccionarios electrónicos tiene un buen exponente en la informatización de la segunda edición del Oxford English Dictionary. En este artículo explicamos algunos problemas relacionados con la compilación de un diccionario terminológico en un ámbito específico como las ciencias agrícolas, basado en nuestra experiencia de haber publicado el Diccionario de términos agrícolas inglés-español, español-inglés (León: Universidad, Secretariado de Publicaciones, 1998).

 

2. Diccionarios terminológicos

La lengua se ha desarrollado por un proceso natural que no ha implicado intento consciente de definición. Nadie conoce el significado exacto de las palabras corrientes o cómo pueden definirse. Por lo tanto, el significado de una palabra no puede definirse de modo explícito, sino que sólo puede inferirse de la suma de sus usos diversos en contextos distintos y por la denotación de la palabra en el mundo real. El usuario de la lengua extrae rasgos comunes de estos ejemplos y deduce el significado de la palabra. Está claro, pues, que las citas y ejemplos de frases en un diccionario son importantes para la transmisión de significado.

Además de las palabras de uso general, la lengua también posee palabras terminológicas. Nos obstante, una palabra terminológica está definida dentro de un ámbito específico y tiene una definición precisa. Un término es una etiqueta unida a un concepto dentro de un campo temático. El campo se compone de un conjunto de conceptos y relaciones unidas a esos conceptos; es decir, una especie de red conceptual, cuyos nódulos son conceptos y las conexiones, relaciones. De forma opuesta a la evolución del lenguaje natural, en la terminología la existencia de conceptos dentro de un campo temático es anterior a la existencia de los propios términos. Se crean nuevos conceptos a medida que se desarrolla el campo y se asignan nuevos nombres. Así, los conceptos nuevos con frecuencia tienen definiciones claras que surgen de la combinación de conceptos antiguos en el mismo campo y se construye una red conceptual.

La representación clara y concisa de un campo temático consta de dos partes: la primera, incorpora todos los conceptos del campo y la segunda describe las relaciones que conectan estos conceptos. Esta descripción relacional es un gráfico complejo que representa la estructura total de ese campo temático. Por consiguiente, un diccionario terminológico o una enciclopedia de un campo temático debe dar una representación apropiada de esta estructura; también se deben ofrecer los mecanismos que permitan al usuario encontrar los puntos de unión del campo con facilidad y comprender la estructura de términos próximos en los que puede estar interesado. Se da una definición del lenguaje natural para cada concepto, a fin de que el usuario lo entienda con facilidad, pero la parte esencial de la definición se fundamenta en esta estructura en red.

 

3. Clases de diccionarios

Es importante tener desde un principio una idea clara del diccionario que vamos a hacer, y que consta de los siguientes factores:

Campo

diccionario de palabras del lenguaje natural.

enciclopedia de términos generales de la sociedad.

diccionario de un campo temático específico; ejemplo: ciencias agrícolas.

Tipos

entradas de términos conceptuales amplios. Los conceptos más restringidos se explican dentro de la descripción de términos conceptuales más amplios. Las descripciones de las entradas, por lo general, son largas. Esta forma de organizar el diccionario con frecuencia se denomina método monográfico.

términos conceptuales restringidos. Las descripciones, por lo general, son breves. Esta forma de organizar el diccionario suele llamarse método del artículo corto.

estilo de manual. Muchos diccionarios de campos temáticos específicos adoptan este estilo. A menudo incorporan datos reales como parámetros de diseño y sus valores, restricciones físicas, etc. Este es, en esencia, un estilo de libro de texto.

Elementos de explicación

definición, significado.

ejemplos.

derivados.

gráficos.

Nivel de explicación

muy rigurosa, definición académica.

explicación para el usuario corriente.

explicación introductora para estudiantes, etc.

Método de acceso

ordenación de las referencias mutuas entre palabras relacionadas.

sistema de índice, grado de índice, disposición de la tabla de índice.

Finalidad principal del uso

profunda comprensión académica.

comprensión rápida, superficial.

aprendizaje de cómo utilizar las palabras.

revisión de pronunciación y ortografía.

Entradas

palabra simple.

palabra compuesta.

frase.

Aunque se han publicado muchas clases de diccionarios, todavía existe demanda de otros nuevos que se ocupen de los campos temáticos más diversos. La década actual se ha denominado, de modo apropiado, “la era de los diccionarios”, un fenómeno que surge de la siguiente razón: cuando la cultura humana madura y los niveles sofisticados de superación son posibles en todos los campos del saber, hay que conocer muchas cosas; y muchas están tan interrelacionadas que no cabe esperar que lleguemos a saber todo lo que necesitamos. Un conocimiento simultáneo de pequeños detalles y grandes rasgos es esencial, pues a menudo son parte integral los unos de los otros. En especial es importante una comprensión global de cualquier problema que nos preocupa. Los periódicos nos informan a diario de aspectos políticos, económicos, sociales, científicos, técnicos y médicos. Estos artículos pueden contener palabras terminológicas y de uso corriente. Los lectores se ven obligados a consultar diccionarios relativos a los campos temáticos específicos. Si el diccionario quiere satisfacer al usuario corriente y al especialista, debe ofrecer una comprensión clara de cada cosa así como el contexto más amplio en el que se da el término.

En un diccionario se buscan muchos tipos y niveles de información. El usuario que no es especialista, desconocerá el término exacto para un concepto, y el diccionario debería brindarle métodos flexibles de consulta. La inmensa mayoría de la gente dirá, por ejemplo, “sal”, pues no la conocen por su nombre formal de “sal común”, y mucho menos por su nombre científico, “cloruro de sodio”. Un diccionario de química, por su parte, dará entrada a “cloruro de sodio” y no a “sal”. “Sal” es un concepto demasiado amplio en química. Cuando no encontramos un término por una de las entradas del diccionario, puede hallarse consultando el índice. Sin embargo, si ambos intentos fracasan, no existe otro procedimiento. Si se dispone de una asociación de ideas que transforme el término buscado en expresiones distintas, sin alterar su significado, puede que el usuario llegue a la entrada que provea la información requerida. La provisión de semejante vínculo en un diccionario terminológico es importante porque un concepto puede expresarse en palabras distintas, que pueden tener varias formas ortográficas y que tan solo una de ellas figure como entrada en el diccionario.

Las dificultades surgen cuando alguien desea encontrar un nombre compuesto o una frase compuesta de dos o más palabras. Los elementos individuales de esos lexemas de varias palabras se denominan “palabras básicas”. El diccionario debe darnos una referencia cruzada desde cualquiera de las palabras básicas que componen el lexema múltiple.

 

4. Preparación para la compilación de un diccionario

Para elaborar un diccionario, partiendo de cero, debemos determinar la extensión del campo temático que se debe abarcar y el conjunto de conceptos y palabras relacionadas con ese campo. Esta es una tarea difícil que necesita un cierto sentido del equilibrio.

Debemos comenzar recogiendo las palabras o términos dentro del campo temático. Un proceso básico es meter en el ordenador un amplio corpus textual y analizarlo con el fin de seleccionar los términos más importantes. A este respecto, hemos de cuidar la selección de textos para el corpus. Debemos recoger una variedad equilibrada de material. Para un corpus lingüístico general, los textos deben seleccionarse de tal forma que sean representativos de varios géneros textuales, como novelas, publicaciones periódicas, poemas, obras teatrales, textos científicos, etc. Igualmente, deben tenerse en cuenta otros rasgos de un texto de carácter general: fecha, variedad regional, autoría, etc. Por lo que se refiere a un diccionario terminológico de un campo temático específico, deben tenerse presentes otros métodos, además del análisis del corpus. Esto es debido no solo a que la recogida de datos textuales por lo general resulta insuficiente, sino también porque la consideración más destacable no es la frecuencia del uso de palabras, sino la estructura conceptual del propio campo temático.

Cuando se trata de un diccionario terminológico de ciencias agrícolas, el campo está suficientemente bien desarrollado y hay muchos libros de texto clásicos que se ocupan de alguna de las partes del campo. En el caso de nuestro Diccionario de términos agrícolas, dividimos el campo temático en secciones: fitotecnia, plantas cultivadas, edafología, biología agrícola, ingeniería agraria, industria y transformación de productos agrícolas, economía agraria, zootecnia, agroecología, sociología agraria, y otras ciencias vinculadas a las agrícolas, como química, biología y biotecnología. Para cada uno de estos subcampos elegimos varios libros de texto y algunos artículos de la investigación más vanguardista, con el fin de disponer de palabras terminológicas recientemente creadas.

El siguiente paso es observar el índice de esos libros de texto y comprender la estructura básica de cada subcampo. Por lo general, el índice de un libro de texto nos ofrece la jerarquía conceptual del campo que se trate, con lo que podemos confeccionar una especie de árbol conceptual del campo, que está estructurado desde un concepto amplio hasta llegar al más específico. Si comparamos los índices de varios libros de texto que se ocupen del mismo campo, fácilmente podemos formular un árbol conceptual con dos o tres niveles. Podemos seleccionar un término correcto para cada concepto como término estándar partiendo de la información que nos suministre la parte más relevante de los libros. Si el campo del que nos ocupamos está bien sedimentado, la terminología será estable, pero si un campo es nuevo y en expansión, la terminología será bastante inestable, por lo que surgen problemas cuando hay que decidir qué expresiones deben considerarse términos estándar. Una vez que hayamos tomado lo decisión, podemos disponerlos en un árbol en consonancia con la jerarquía conceptual del campo y que denominamos árbol terminológico. Un árbol terminológico representa la estructura de un campo temático.

Los conceptos que podemos encontrar en un índice son muy limitados y, consecuentemente, un árbol terminológico es muy simple. Es necesario incluir otros conceptos que no aparecen en los índices, pero sí en los textos, dentro de cada una de las secciones que especifica el índice. Los conceptos menores hallados en el texto se incorporan a los conceptos más relevantes de cada una de las partes del árbol terminológico. Esos términos, a su vez, se ordenan en un árbol terminológico reducido, con una estructura similar de conceptos jerarquizados.

Los términos se conectan por arcos en forma de árbol. Estos arcos tienen diferentes significados. Por lo general indican la relación entre conceptos amplios y específicos.

La construcción de un árbol terminológico en realidad es un proceso de ensayo y error. Los autores de los libros de texto no siempre comparten el mismo enfoque, incluso cuando se trata de un campo temático muy sedimentado. Los capítulos y apartados de un libro no siguen necesariamente las subdivisiones de sus conceptos superiores. Como resultado de estas variaciones es imprescindible comparar varios libros de texto con el fin de obtener un subárbol apropiado. Así mismo, es muy difícil determinar la relación que se debe asignar a los arcos de un árbol terminológico.

Como consecuencia, el árbol terminológico se convierte en una especie de árbol de ideas interrelacionadas, que también refleja la organización de los clásicos textos educativos. Es un compromiso entre la jerarquía de ideas interrelacionadas y una jerarquía conceptual del tipo de los libros de texto. Esta característica es beneficiosa para alguien que desea una reorganización de los contenidos del diccionario a modo de libro de texto, o de instrucciones, en el que la materia se dispone según el tema.

El siguiente paso es comprobar si hay términos importantes que no estén incluidos en el conjunto de términos recogidos para un campo temático específico. Cuando existen otros diccionarios en el mismo campo temático, podemos comparar los términos seleccionados con los de esos diccionarios.

Al llegar a este punto nos encontramos con el problema de las palabras compuestas. En cualquier campo, muchos de los términos son palabras compuestas que expresan conceptos nuevos que emergen constantemente, a medida que se desarrolla el campo. Muchos de estos nuevos conceptos son complejos y están relacionados con otros ya existentes, siendo imposible crear nombres totalmente nuevos. Por consiguiente, los nombres compuestos se derivan, con frecuencia, de términos básicos. La palabra compuesta es fácil de comprender y recordar, pues su sentido se puede deducir de sus componentes familiarizados con las palabras básicas. Hay que destacar que este nuevo concepto no es una mera combinación de varias ideas básicas, sino un todo indivisible con identidad propia.

Un árbol terminológico para todo un campo temático específico se realiza de ese modo. Pero surge la pregunta de cómo incluir muchos de estos términos en un diccionario. Un diccionario es, esencialmente, un producto comercial, y su tamaño y precio son factores importantes para su venta. La selección de términos que han de incluirse debe tener presentes las necesidades de los usuarios. Si éstos son investigadores, estudiantes universitarios y profesionales de la industria, todos ellos especialistas en un campo temático específico, podemos compilar de forma sistemática un diccionario tomando aquellos términos localizados en un nivel específico de la parte superior de la raíz de un árbol terminológico. Se incluirán los términos importantes y básicos cuyo significado incluya un nivel determinado de detalle. Si no utilizamos un árbol terminológico como modelo en la selección de palabras, se producirá un desequilibrio. En ese caso, puede suceder que seleccionemos términos muy especializados de un subcampo específico y unos pocos, de carácter general, de otro.

En un diccionario general la relación de palabras se obtiene por el sistema tradicional. La adición y eliminación de palabras se decide de acuerdo con un estudio detallado de los diccionarios ya publicados. Otro enfoque consistiría en determinar la frecuencia con la que aparecen las palabras en varios corpus textuales y adoptar un proceso de selección basado en esa frecuencia estadística. Esta metodología resulta ser una buena medida de la importancia relativa de las palabras de uso común, aunque el corpus textual básico debería seleccionarse con mucho cuidado para asegurar un equilibrio entre los campos temáticos de los textos.

Desconocemos si este enfoque estadístico es aplicable a campos especializados de las ciencias naturales. No disponemos de estadísticas fiables de la frecuencia de palabras en un corpus textual amplio de un campo temático específico como las ciencias agrícolas.

No existe una estructura jerárquica sistemática que una las palabras del lenguaje natural como en el caso de los términos interconectados en un campo temático específico. Por lo tanto, el método para seleccionar las entradas de palabras debe fundamentarse, necesariamente, en el método tradicional o en los datos estadísticos. Para los diccionarios de un campo temático específico en el que existe una jerarquía conceptual clara, el enfoque de árbol terminológico que sugerimos es fiable y científicamente documentado. La construcción de un árbol terminológico requiere un conocimiento considerable del campo temático que se trate. Este método de selección de términos deben desarrollarlo personas, pues la automatización del proceso es muy problemática.

 

5. El proceso de compilación de un diccionario

Los términos de un campo temático específico son los nombres que se dan a los conceptos de ese campo. Cada campo está representado por la estructura total de la red jerárquica de conceptos dentro de ese campo. Por lo tanto, la explicación de cada término incorporado debe aclarar esta estructura jerárquica en relación con los otros términos conceptuales. El usuario puede ir al lugar exacto del árbol terminológico en el que se incluye la palabra–entrada y localizar los otros términos que se encuentran en esa parte del árbol. De este modo, el usuario puede aprender no sólo los significados de esa entrada concreta, sino también en relación con otros términos.

La descripción del término–entrada se hace de forma manual, sin la ayuda del ordenador. Se dispone del término conceptual superior, de términos relacionados y de términos conceptuales más específicos. Mediante el consejo de especialistas e investigadores se incorporan términos adicionales, lo que nos hace reparar en la importancia de cada una de las entradas. Con esta información podemos determinar el grado apropiado de detalles que hay que incluir, con el fin de mantener la uniformidad del diccionario. Exactitud y economía son cualidades esenciales que debe poseer todo diccionario.

Aunque los términos en el diccionario se organizan de forma alfabética, también se tienen en cuenta las pequeñas ramas del árbol terminológico, lo que facilita la comparación de términos relacionados.

 

6. La utilización de diccionarios electrónicos

En el mundo frenético actual se persigue disponer de la información mínima esencial con el menor esfuerzo posible. El diccionario más eficaz para este fin es el de entradas breves, dispuestas por orden alfabético. El diccionario monográfico es el preferido por los estudiosos y los que buscan una información sistemática y amplia sobre un tema. Para satisfacer las diferentes demandas al mismo tiempo, es útil la combinación de un árbol terminológico con un diccionario elaborado con entradas breves y concisas. Esto es así porque la reorganización del contenido de un diccionario, según una secuencia del árbol terminológico, ofrece una secuencia de formato de libro de textos ilustrativo para los lectores. Si lo que se requiere es el formato de un manual, se podrían añadir datos numéricos y otra información detallada. Esta reorganización es una tarea sencilla con el diccionario electrónico que tenemos en proceso de preparación. El árbol terminológico tiene un papel esencial en esta reorganización. Si un programa informático nos permite la oportunidad de cambiar el árbol terminológico conforme a las necesidades del usuario, la redistribución puede hacerse de forma más flexible.

Otra función importante que el programa informático debe desarrollar, si se va a utilizar el diccionario electrónico, es responder a consultas vagas de información. Con frecuencia el usuario no tendrá una entrada concreta para su búsqueda. En su lugar, sólo dispondrá de ideas vagas, que en ocasiones son difíciles de expresar en palabras del lenguaje natural. Incluso cuando el usuario sabe qué palabra consultar en el diccionario, a menudo es incapaz de encontrar una entrada para esa palabra, porque no es una palabra de entrada estándar para el tema preciso, por lo que hay que recurrir a la interrelación de ideas si queremos resolver el problema.

Cuando una idea imprecisa no se traduce en una palabra concreta, hay que rastrear la parte apropiada del árbol terminológico. El nombre del campo específico al que pertenece el término es fácilmente identificable. Ese nombre denota un concepto más amplio que la palabra que se busca, por lo que es fácil identificar el término exacto cuando examinamos la parte del árbol terminológico relacionada con ese concepto más amplio.

Se puede facilitar otro mecanismo en respuesta a una consulta indefinida. Cuando un usuario desea consultar un concepto en el diccionario, puede que no disponga del término exacto para ese concepto. No obstante, se puede recordar parte del término; por ejemplo: el caso de palabras compuestas. Muchos términos de las ciencias agrícolas son palabras compuestas formadas por varias palabras básicas o raíces. Resulta útil disponer las palabras básicas como palabras clave.

Si el usuario no tiene una idea precisa de estas palabras básicas y necesita información, es recomendable que consulte la parte adecuada del árbol terminológico. Puede comenzar desde un punto de partida de términos conceptuales más amplio que el que busca, pues son más sencillos de recordar. De esta forma se puede llegar a conceptos útiles.

Hay otras muchas formas para manejar el diccionario electrónico. Por ejemplo, si extraemos párrafos de un texto que incluya fechas y las disponemos por orden, obtendremos una especie de tabla cronológica de un campo temático. Si tomamos párrafos que tengan nombres de personas, obtendremos una lista de las principales personalidades de ese campo. Los sinónimos y términos más amplios nos pueden dar una interrelación de ideas sustancialmente distinta del árbol terminológico que nos ofrece el Diccionario de términos agrícolas. Puede que estas operaciones no sean totalmente automáticas. Aunque cierta cantidad de la revisión de los datos que se obtienen por extracción informática debe hacerla el usuario, es posible hacer explícito algún tipo de información implícita recogida en el diccionario electrónico. Por consiguiente, los ordenadores pueden darnos los medios para la obtención óptima de datos recogidos en el diccionario, tanto para los que podemos obtener directamente como para los que precisan de un método más sofisticado de extracción. A pesar de todo, quizá Samuel Johnson no exageró cuando dijo: “Dictionaries are like watches; the worst is better than none, and the best cannot be expected to go quite true” (citado en Hester Lynch Piozzi, Anecdotes of Samuel Johnson, 1786).

 

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