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La terminología en el desarrollo y la pervivencia
de las lenguas
Ester Franquesa
TERMCAT
España
La diversidad lingüística es una riqueza que debe ser preservada puesto que una lengua es más que un conjunto de sonidos, de caracteres, de palabras y de reglas gramaticales. Cada lengua ofrece una visión del mundo, una multiplicidad de percepciones de la realidad, refleja los valores y las particularidades de una sociedad; en definitiva, contiene la memoria colectiva de toda una comunidad.
Las lenguas evolucionan sin cesar. Su suerte se puede atribuir a factores distintos que abarcan todos los aspectos de la vida humana (física, social, mental y ambiental) y que guardan escasa relación con los factores puramente lingüísticos: procesos de colonización, lealtad lingüística de los hablantes, prestigio social, contacto con otras modalidades lingüísticas, relación con la religión, situación demográfica, actitud de las instituciones ante su expansión o desaparición, etc.
El marco de una política lingüística
En efecto, una lengua se expande o ve reducido su uso en una comunidad por razones económicas, políticas o sociales. Las lenguas minoritarias necesitan un entorno jurídico que favorezca su presencia en todos los ámbitos de la vida cultural, económica y social para asegurarles una posición en la era actual de la información, y para poder compartir un espacio con las lenguas de mayor poder económico, político y demográfico. Generalmente sin un estado que las apoye [1] y usadas por un número reducido de hablantes, viven en una situación lingüística, histórica y social que limita sus funciones de uso. Merecen especial atención las lenguas que no son mayoritarias en ningún otro estado [2].
En el caso de la lengua catalana [3], el Estatuto de Autonomía de Cataluña (1983) y la Ley 1/1998, de 7 de enero de política lingüística, reconociendo al catalán como lengua propia de Cataluña, permiten su uso normal en la Administración, en el sistema educativo y en los medios de comunicación, y garantizan su presencia en el terreno socioeconómico y cultural.
Una política lingüística se hace explícita mediante regulaciones de naturaleza lingüística, que no son suficientes si no se acompañan de actuaciones concretas que impulsen el desarrollo de la lengua y la extensión de su uso en todos los ámbitos públicos, apoyándose en una de las razones principales causantes del cambio en una lengua: la búsqueda de eficacia en la comunicación.
Las actuaciones de política lingüística deben incidir en todas las variedades que adoptan las lenguas para las funciones múltiples y específicas que pueden desempeñar. Las variedades que difieren por su uso se definen por el tema (general o especializado) de que tratan, por su grado de formalidad (familiar, vulgar, culto), por su voluntad de objetividad o por el canal de comunicación que utilizan. Y entre dichas variedades se hallan los lenguajes de especialidad que, con su carácter supradialectal e instrumental, nos sirven para expresar los contenidos propios de la ciencia y la tecnología, y para acceder, así, al conocimiento especializado.
Nuestro interés se centra hoy en las situaciones comunicativas que implican la transmisión de información de un ámbito de especialidad, tratando de ahondar en el papel que puede tener la terminología como factor de desarrollo y continuidad de una lengua.
Sabemos que los lenguajes de especialidad prefieren aquellos recursos de la lengua común que permiten alcanzar cotas más altas de exactitud, concisión y precisión, y que el recurso que mejor los caracteriza es, ciertamente, el conjunto de sus unidades léxicas, los términos. La terminología constituye el componente central del discurso científico y técnico. Incluso hay quien considera que no se puede hablar con propiedad de lenguajes de especialidad sino más bien de léxico distinto perteneciente a especialidades distintas.
Dada la estrecha conexión entre la ciencia y la tecnología y los lenguajes que las expresan, ¿se puede usar una lengua en todos los campos de actividad sin disponer del sistema más importante para la transferencia del conocimiento especializado? ¿Qué papel juega el componente terminológico en la supervivencia de una lengua de ámbito reducido?
Justamente con el fin principal de coordinar las actividades terminológicas relativas a la lengua catalana, se constituyó en 1985 el Centro de Terminología TERMCAT [4], como instrumento de la política lingüística del gobierno de Cataluña, que se vinculaba directamente a la autoridad normativa, el Institut d’Estudis Catalans.
El léxico, como elemento de información técnica y científica, ha adquirido actualmente mucho valor. En nuestra sociedad contemporánea, toda lengua recibe influencia de sus lenguas vecinas, pero también todas ellas están sometidas a la influencia del inglés, que hoy día constituye una lengua de intercambio con el exterior, la lengua de relación y comunicación internacional.
El continuo avance de la lengua inglesa se nutre del poder político, económico y tecnológico de los Estados Unidos. Su extensión no comporta por ahora su introducción en la vida oficial ni mucho menos en la vida diaria de las comunidades que usan lenguas de ámbito reducido. Pero sí aumentan sin cesar sus interferencias en el ámbito técnico y científico, especialmente en lo que al léxico se refiere. En el caso del catalán resulta extremadamente fácil además tomar prestado vocabulario del español puesto que se trata de dos lenguas en contacto muy parecidas entre si.
El reto consiste en encontrar un equilibrio entre la creatividad léxica en la lengua propia y la incorporación de elementos tomados de las lenguas de influencia, para que su introducción no sea masiva y no afecte a la estructura de la lengua que los toma prestados. Para intervenir del modo más adecuado en el proceso de asentamiento o de rechazo de un cambio léxico, es esencial conocer cómo y por qué motivos se introducen y arraigan las nuevas unidades léxicas: a veces, repentinamente, a veces de manera gradual; a menudo con vacilaciones entre palabras nuevas que desbancan a las antiguas.
Ateniéndonos a lo que acabamos de decir, vemos que una de las actuaciones principales en el ámbito terminológico debe consistir en establecer las condiciones favorables para que las innovaciones tecnológicas y científicas reciban denominaciones genuinas, incorporando únicamente la terminología foránea que nos sea útil e imprescindible para la comunicación. Hay que tener en cuenta que no basta con ajustarse a razones lingüísticas, sino también a razones de orden psicolingüístico y sociolingüístico.
En esta línea, TERMCAT organiza la normalización de los términos catalanes mediante un órgano colegiado, el Consejo Supervisor, que se ocupa primordialmente de los aspectos relacionados con su forma lingüística y de procurar su adecuación a la normativa general de la lengua. Por otro lado, los Comités Técnicos, órganos de carácter sectorial formados por representantes de instituciones de cada sector de actividad, se ocupan de los aspectos conceptuales de los neologismos.
(Conoceremos con detalle los procesos de normalización de la terminología catalana en la ponencia que presentará Rosa Colomer, y veremos el proceso que requiere el tratamiento de neologismos en un ámbito de especialidad concreto en la ponencia de Gloria Fontova y Dolors Montes).
Las nuevas tecnologías de la información
A medida que nos acercamos al final del siglo XX, la expansión y el desarrollo de las tecnologías y los servicios de información y de comunicación telemática mediante textos, sonidos e imagen, interconectados mundialmente, conlleva cambios cada vez más profundos en las comunicaciones humanas, y no sólo por la velocidad de acceso a la información.
Las leyes del mercado y la búsqueda de rentabilidad económica extreman la tendencia al uso de un número limitado de lenguas en que se ofrecen servicios y productos (películas, vídeos, libros, software, etc.) de manera rápida y que benefician a un gran número de usuarios. La información se considera un bien económico, y, a ello, hay que añadir que el gran público se ha convertido en un consumidor creciente de información.
La evolución de las nuevas tecnologías genera constantes demandas en los tres ámbitos de la industria de la información: contenido, tratamiento y difusión. La cantidad de información a la que se puede acceder y que se puede tratar es muy elevada. Tomemos algunos ejemplos: los sistemas automáticos de reservas en el transporte aéreo, las transferencias de fondos por vía telemática que han revolucionado el comercio y los sistemas bancarios, la gestión automatizada de existencias en las fábricas, la obligada información sobre la composición de los productos alimenticios o farmacéuticos, las bases de datos con información jurídica a que los juristas tienen acceso o los sistemas computerizados de gestión de historias clínicas.
Gran parte de los retos de competitividad, productividad y creatividad que el mercado global demanda puede ser superados gracias a herramientas informáticas, cada vez más potentes y eficaces, y capaces de ofrecer información óptima para la toma de decisiones, de ayudar de forma determinante en la modernización de las empresas y de apoyar los procesos de investigación y desarrollo.
El cambio en la naturaleza de las comunicaciones y los ciclos de la información, que ofrece retos apasionantes, tiene también grandes repercusiones en las lenguas. Para poder continuar ejerciendo como vehículo de expresión, las lenguas deben estar presentes en las llamadas tecnologías de la información y la comunicación. La penetración constante de dichas tecnologías, sin duda alguna, sitúa a las lenguas minoritarias frente a serias dificultades para sobrevivir y acelera el proceso de reducción de la diversidad lingüística y cultural, tan característica de la sociedad europea. Por otra parte, sin embargo, la adopción de dichas tecnologías permite ampliar las posibilidades de difusión de los recursos lingüísticos con más facilidad y a menor coste, aumentando la divulgación de contenidos en la lengua propia.
La carencia de terminología, un obstáculo a la información
La aplicación de las nuevas tecnologías en los sistemas de información requiere productos lingüísticos de naturaleza distinta: interfaces en lenguaje natural para la recuperación de información, la generación de textos, traductores automáticos, diccionarios electrónicos, sistemas de control y extracción de terminología, correctores ortográficos, gramaticales o de estilo, software para el aprendizaje, etc.
Así pues, los productos y recursos lingüísticos que se desarrollan en el ámbito de las tecnologías de la información son un requisito indispensable para la pervivencia de toda lengua. Y, más aún, para las lenguas minoritarias porque se convierten en puentes lingüísticos con las lenguas de comunicación internacional y ayudan a preservar su uso en el ámbito lingüístico que le es propio.
Muchos de los productos que hemos citado tienen un alto componente terminológico que actúa como elemento de estructuración y representación de los contenidos especializados. De este modo, hoy en día el auge del desarrollo de productos terminológicos responde a las necesidades que generan la redacción, traducción y edición del gran volumen de textos técnicos y científicos que se manejan en los centros de investigación, los medios de comunicación, las editoriales, las empresas de software o los servicios de acceso a la información.
Sin lugar a dudas, es esencial que los recursos terminológicos disponibles se adapten a los perfiles de los usuarios, a los sistemas concretos en que van a divulgarse, al ámbito temático que deban tratar y que recojan la tipología y el volumen de datos específicos que permita que se integren en su contexto real de uso. [5]
Aunque pueda parecer obvia (y a la vez, sorprendente) mi afirmación, y siempre sin negar su utilidad, creo que los diccionarios terminológicos de naturaleza prescriptiva que dictaminan sobre el buen uso o la corrección de unas formas léxicas concretas no son suficientes, sino que deben complementarse con otro tipo de recursos terminológicos variados, flexibles y adaptados al entorno concreto en que deberán ser utilizados: diccionarios electrónicos destinados a programas de corrección automática, de traducción asistida o automática, diccionarios en hipertexto en obras especializadas, terminologías estructuradas integradas en navegadores o buscadores de información por Internet o en sistemas expertos. [6]
(Podemos citar, entre otros, los vocabularios electrónicos preparados por TERMCAT: Odontolex (14.000 términos en catalán, español, francés e inglés), Construlex (5.500 términos catalán/español), dirigidos a los profesionales relacionados con estos dos sectores de actividad, que constituyen herramientas de corrección asistida por ordenador para ser usados en los entornos de trabajo, o el Diccionario de seguros, en formato Multiterm, con un más de 1.600 términos y formas fraseológicas, definiciones y equivalentes en español e inglés. También disponemos en catalán de sistemas de traducción automática, especialmente eficaces para grandes volúmenes de documentación técnica (inglés/catalán; español/catalán.).
Es indudable el creciente uso de software científico, técnico y estadístico ante la efectividad, precisión y ahorro de tiempo que supone la adopción de dichas aplicaciones específicas: programas de diseño, simulación y validación de sistemas de control, herramientas de ingeniería para empresas químicas, farmacéuticas, relacionadas con la bioquímica y la biología molecular, simulación de procesos industriales, etc. Las empresas y equipos de investigación que los desarrollan son cada vez más conscientes de que la efectividad de este tipo de aplicaciones aumenta cuando los recursos terminológicos específicos que los vertebran son de calidad.
La Ley 1/1998, de 7 de enero de política lingüística, en su artículo 29, insta al gobierno catalán a favorecer y estimular la investigación, la producción y la comercialización de productos en catalán relacionados con las industrias de la lengua, y la presencia de productos y contenidos en catalán en las redes telemáticas de información. Consciente del gran desarrollo que conocen las tecnologías de la información en nuestra sociedad, el gobierno catalán creó recientemente un organismo [7] con la misión específica de definir e impulsar un conjunto de acciones que debe emprender Cataluña para su incorporación en la llamada sociedad de la información. Entre sus diez principales líneas de actuación, se propone garantizar la presencia de contenidos catalanes en Internet, y la presencia del catalán en las nuevas tecnologías lingüísticas, de manera que sean accesibles y estén presentes en el mercado a precios competitivos.
Sabiendo las dificultades con que se enfrenta una lengua para ser utilizada en los ámbitos técnico y científico, parece probable que, así como sólo las que antaño se beneficiaron de la imprenta pudieron convertirse en lenguas de comunicación y pensamiento, hoy sólo aquellas que sean aptas para todas las situaciones de comunicación y estén equipadas tecnológicamente podrán prepararse para tener un lugar en el futuro.
La situación en la que vivimos supone una amenaza para la viabilidad de las lenguas que no sean capaces de cumplir las funciones actuales de lengua culta. Debemos defender una infraestructura permanente y estable para el desarrollo, la actualización y distribución de recursos lingüísticos, entre ellos, los terminológicos, para que sirva de fundamento a la ciencia y la tecnología en el progreso, y asegurar, así, nuestro patrimonio lingüístico, base de nuestras culturas.
[1] El catalán es la lengua europea considerada minoritaria con un mayor número de funciones de uso y de hablantes, por ello, a menudo, es tomada como punto de referencia.
 [2] A diferencia, por ejemplo del caso del alemán en Bélgica o Italia, o del caso del francés en Italia.
 [3] La lengua catalana pertenece al grupo de lenguas neolatinas occidentales. Se habla en una extensa área (68.000 km2) del este del Estado español (Cataluña, Islas Baleares, Valencia, la Franja de Poniente y algunos municipios fronterizos con Valencia), Andorra, el sur de Francia y en la ciudad sarda del Alguer. La lengua catalana en sus variantes se habla en territorios que suman diez millones de habitantes.
 [4] En 1994 (Decreto 47/1994 de 22 de febrero) TERMCAT se constituyó en un consorcio integrado por la Generalitat de Catalunya, el Institut d’Estudis Catalans y el Consorcio por la Normalización Lingüística. Actualmente, se rige por el Decreto 217/1997 de 30 de julio. Las páginas web de TERMCAT (www.termcat.es) ofrecen, información general sobre el centro, sobre recursos terminológicos en catalán, terminología normalizada, etc.
 [5] De ahí justamente, el auge del concepto reutilización en terminografia.
 [6] Existe la versión en catalán del navegador Netscape , y a finales de 1998, también estará disponible el Internet Explorer 4.0.
 [7] El Comisionado para la Sociedad de la Información.
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