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Aportaciones terminológicas de la lengua árabe
al español medieval, moderno y contemporáneo
(notas para un análisis etnolingüístico
y reflexiones críticas) [1]
Dalila Fasla
Universidad de La Rioja
España
El lenguaje es la actualidad de la cultura.
HEGEL
En evidente vinculación con las relaciones entre lenguaje, sociedad y cultura, S. Fanjul sostiene que “las diferencias culturales, exacerbadas en la inferioridad tecnológica, han sido uno de los pretextos más útiles y cómodos para el dominio de otras sociedades, en todas las latitudes y momentos históricos” (1991: 265, el subrayado es nuestro). Dado el objeto de nuestro estudio, es preciso añadir que, como resultado de estas diferencias culturales, se genera con relativa frecuencia una situación social de dominio-inferioridad correlativa a la aculturación que, en el plano lingüístico, se traduce en nuevas necesidades de designación.
La necesidad de nombrar nuevas realidades de la vida material, en el dominio del Islam hispano, encuentra su repercusión más inmediata en el nivel más accesible del sistema (i. e., el nivel léxico), y en concreto, en la dirección adoptada por los préstamos (léxicos), que se incorporan de la lengua fuente (árabe) a la lengua receptora (español), produciéndose así, en sucesivas sincronías, un sustancial trasvase terminológico de la lengua de la sociedad dominante A a la lengua de la sociedad dominada B.
En este sentido, el préstamo es producto de una intersección social, lingüística y cultural, cuya tipología terminológica y dimensión cuantitativa pueden arrojar alguna luz sobre el grado de contacto existente entre los grupos sociales implicados; Bertil Malmberg señala, a este respecto, que “los préstamos lingüísticos –primer testimonio de un contacto cultural– son una fuente preciosa de conocimiento de las relaciones entabladas entre dos etnias. Préstamos aislados indican un contacto superficial y pasajero entre los grupos. Préstamos numerosos, y sobre todo si se encuentran en los niveles centrales de la vida social, indican contactos duraderos e íntimos así como una fuerte influencia de uno sobre otro. Si los préstamos abarcan también hechos de gramática (pronombres, desinencias, modo de composición, sintaxis, estilo [...]) [(vid. infra, § II.1 y II.2)] se puede concluir que ha habido una vida común entre dos etnias y un bilingüismo extendido” (1982: 144; el subrayado es nuestro).
La lengua española, como es bien sabido, atestigua en el análisis diacrónico de su sistema léxico un conjunto heterogéneo de áreas terminológicas constituidas por vocablos de origen árabe –que se han incorporado, desde el medievo, al caudal léxico de distintas ciencias– muchos de los cuales mantienen aún su vigencia en la sincronía actual [2], v. gr.:
0. Arquitectura: adaraja [3], adobe [4], ajaraca [5], ajimez [6], alfeizar [7], alboaire [8], alfiz [9], alminar [10], ataurique [11], azulejo [12], tabique [13].
1. Astronomía: acimut [14], aldebaran [15], cenit [16], nadir [17].
2. Botónica.– Árboles, arbustos, plantas aromáticas y flores: acebuche [18], ajedrea [19], ajenuz [20], alarguez [21], almez [22], arrayán [23], azahar [24].
3. Matemáticas: álgebra [25], algoritmo [26], cero [27], cifra [28].
4. Medicina: jaqueca [29], zaratán [30]. Farmacología: alcatenes [31], almorí [32], jarabe [33]. Química: álcali [34], alambique [35], alcohol [36].
5. Mineralogía: alcrebite, desus. [37], azabache [38].
6. Musicología.– Instrumentos musicales y danzas: adufe [39], ajabeba [40], albogue [41], añafil [42], atabal [43], guitarra [44], laúd [45], rabel [46], rebeb [47], tambor [48], zambra [49]. Lutherie: tecla [50].
7. Veterinaria: adivas [51], ajuagas [52], albarazo, desus. [53].
8. Zoología.– Aracnología: alacrán [54]. Ictiología: albur [55], atún [56]. Mamífero: adive [57], gacel [58], gacela [59], jabalí [60], jirafa [61]. Ornitología: alcaraván [62], alcatraz [63], alcotán [64], alfaneque [65], borni [66], zorzal [67].
Como dice Mª T. Cabré, a la letra, “la transferencia científica y tecnológica entre países con lenguas diferentes es la causa más frecuente de préstamos terminológicos tomados de la lengua en que se ha creado el producto o la idea original” (1993: 183; el subrayado es nuestro). En efecto, la adopción de este caudal terminológico, de origen árabe, no ha pasado inadvertida a los ojos de romanistas y arabistas, que incluyen enumeraciones similares –objeto de compilación de la lexicografía terminológica– sobre todo en trabajos de carácter etnográfico (vid. Casado Velarde, 1988: 39 y ss.; Maíllo, 1991 2: passim, esp. 193-198; 375-380 y 457-463).
En una breve contribución al origen etimológico de ciertos préstamos, y en relación con las áreas terminológicas en que se distribuye a posteriori el caudal de voces importadas, Palmer (1975: 483) señala que, “los elementos arábigos en España se refieren a la agricultura e irrigación, a la astronomía y las matemáticas, a la química y a la medicina, mientras que prácticamente la totalidad de Europa posee términos de banca y contabilidad procedentes de Florencia y Lombardía”. En este sentido, en el plano sociocultural, la distribución cuantitativa de dichos términos constituye un dato fidedigno en relación con las áreas científico-técnicas (cf. Cabré, 1993: 142) que, desde el medievo, gozaron de mayor influencia árabe en la Península Ibérica; si bien, se trata de una distribución léxica motivada, ya que “en lo que una comunidad idiomática acepta o rechaza se guía por las coordenadas de necesidades y valores vigentes dentro de ella en cada momento de la historia” (Casado Velarde, 1988: 47); de donde se sigue que los cambios en las lenguas, y muy especialmente, los que se registran en el nivel léxico son consecuentes a los cambios en la sociedad: como dice Zgusta, “society changes constantly and so do linguistic categories correlated to society” (1992-93: 132).
Conviene además destacar que muchos de los términos anteriormente citados son susceptibles de un uso terminológico propiamente dicho y de un uso común, v. gr., alféizar, azulejo, tabique. En palabras del propio Coseriu (1981 2: 99), “un término técnico puede convertirse en palabra usual [bien por extensión semántica, bien porque dicho término se habilite como tal] y entrar en oposiciones semánticas de la lengua (y a la inversa)”, i. e., un término de uso general en la lengua común puede especializar su significado (restricción semántica), aumentando así el número de semas que intervienen en su configuración matricial.
No obstante, la influencia de la lengua árabe no sólo ha dejado una huella de identidad etnolingüística en la terminología científico-técnica sino también en ciertas terminologías populares (vid. infra, § I. Términos autosemánticos.– I. 1. Sustantivos) de uso general en la lengua común, v. gr.:
1. Términos autosemánticos
1. 1. Sustantivos
A. Gastronomía: albóndiga [68], alfajor [69], alfitete [70], almíbar [71], almojábana [72], boronía [73], escabeche [74], [bollo] maimón [75].
B. Indumentaria, vestimenta, calzado y ropa de hogar: aceituní, ant. [76], ajuar [77], alborga (Albac.) [78], albornoz [79], alcandora, ant. [80], alfombra [81], aljuba [ant.] [82], almohada [83], alpargata [84], alquicel [ant.] [85], babucha [86], mandil [87], zapato [88].
C. Instituciones: Organización administrativa y social: aduana [89], albalá, desus. [90], albarán [91], aldea [92], alquiler [93], arrabal [94], ataúd [95], barrio [96], mazmorra [97].
D. Juegos y diversiones: ajedrez [98], alferza, ant. [99], alfil [100], azar [101], jaque mate [102], máscara [103].
E. Mobiliario y partes de la casa: alacena [104], alcoba [105], aldaba [106], azotea [107], anaquel [108], ataifor, ant. [109], zaguán [110].
F. Nombres de colores: aceituní, desus. [111], añil [112], escarlata [113].
G. Nombres de profesión, ocupación, cargo: alarife [114], alatar, ant. [115], albañil [116], albéitar (sal.) [117], alcahueta [118], alfajeme, desus. [119], alfarero [120], alfayate, ant. [121], alguacil [ant.] [122], almojarife, ant. [123], almotalefe, ant. [124], almuédano [125], azafata [126], rabadán [127], trujamán, desus. [128].
H. Recipientes y utensilios domésticos: ahorre (Gran.) [129], alcancía (And.) [130], alcándara, ant. [131], alcuza [132], aljofifa (And.) [133], almanaque [134], almirez [135], anafe [136], ataifor, ant. [137], candil [138], garrafa [139], jarra [140], jofaina [141], taza [142], zaque [143], zurrón [144].
I. Topografía y accidentes del terreno: ajarafe [145], albufera [146], alcor [147], alfar [148], arrecife [149].
J. Vegetales (agricultura, horticultura) e ingredientes culinarios: aceite [150], acelga [151], adárgama, ant. [152], ajonjolí [153], alcachofa [154], alcaravea [155], alcohela, ant. [156], alubia [157], arroz [158], azafrán [159], azúcar [160], berenjena [161], café [162], espinaca [163], orozuz [164], sandía [165], zanahoria [166].
J. 1. Árboles y frutos: aceituna [167], albacora (Murc.) [168], albaricoque [169], alfóncigo (Murc.) [170], alloza (And.) [171], bellota [172], lima [173], limón [174], naranja [175], tamarindo [176], toronja (And.) [177].
J. 2. Arbustos, plantas aromáticas, plantas textiles y flores: adelfa [178], albahaca [179], algodón [180], alhucema [181], almoraduj [182], azucena [183], jazmín [184], nenúfar [185], retama [186].
1.2. Adjetivos
Azul [187], baladí [188], carmesí [189], ceutí [190], gandul [191], granadí, ant. [192], mezquino [193], tunecí [194].
2. Términos sinsemánticos
2. 1. Preposiciones:
Hasta [195].
2. 2. Interjecciones
Ojalá [196].
Un determinado porcentaje de estos términos posee una vigencia relativa (aljuba, alquicel, v. gr.), o lo que es lo mismo, no muestran vitalidad de uso, pues designan una realidad histórica perteneciente a la España islamizada; así pues, este tipo de voces que no tienen hoy día referentes actuales (en la cultura receptora), y sin embargo, no figuran bajo las marcas ant., antic., desus., en la práctica de la lexicografía diacrónica terminológica monolingüe, apoyan la teoría –tantas veces reiterada– de que una lengua tarda más en desprenderse de los términos que no de los correspondientes objetos designados.
La documentación histórica efectiva de este acervo léxico refleja, en buena medida, la realidad socio– y etnolingüística del Islam hispano, y por otra parte, como dice Mondéjar (1991: 21), a la letra, “la existencia lingüística del número de términos que se integran en el conjunto total del léxico de una lengua depende de que el hablante conozca la realidad material que el término nombra; de lo contrario, carecerá de él”. El conocido eslogan palabras y cosas cobra, por tanto –en la acotación de nuestro estudio– un particular relieve, ya que en la realización o actualización del sistema no sólo interviene la competencia lingüística de cada uno de los miembros integrantes de una comunidad idiomática sino también su competencia extralingüística, conceptos que corren paralelos a los de historia de la lengua y de la cultura.
La importancia del préstamo en la creación del léxico especializado del español ha sido subrayada, entre otros especialistas, por Mª T. Cabré (1993: 181-185 y 191; vid. asimismo, Clavería y Torruella, 1993: 336-338), fenómeno lingüístico que en el caso que nos ocupa se deriva del contacto de lenguas, y más concretamente del contacto de sistemas, y en el que la historia cultural de la voz prestada coincide con su historia formal, es decir, se trata de términos de origen árabe que poseen además un contenido cultural de procedencia árabo-semítica. En el sentido señalado, conviene precisar además que el origen etimológico del término adoptado, lejos de ser un mero componente de análisis lingüístico, es susceptible de comportar la transmisión de una cultura y la filiación de un modo de vida que se enmarcan en la continuidad cambiante de una perspectiva diacrónica; en otras palabras, el mecanismo de prestación/ adopción estuvo motivado, en la mayor parte de los casos, por la asimilación sociocultural previa del referente correspondiente. De este modo, el contacto duradero entre las dos etnias, posibilitó además la adopción de términos designativos de conceptos abstractos, que constituyen un grupo minoritario (v. gr., aleve, desus. ‘alevosía’; enjeco, ant. ‘duda’), pero son prueba efectiva de un grado considerable de simbiosis cultural.
El préstamo léxico, como elemento que configura la identidad etnolingüística de una terminología importada, cobra aún mayor relieve sociocultural a la luz del conocido aserto de Humboldt: la lengua es el espejo de la cultura de un pueblo; en este sentido, Alain Rey, cuya afirmación compartimos, sostiene que “la terminologie est active en tant que procédure à la fois cognitive, linguistique et sociale, depuis que la nomination, le langage et l’activité conceptualisable existent” (1988: 31; c’est nous qui soulignons); en síntesis, parafraseando a Humboldt y considerando además la implicación recíproca de los conceptos de sociedad y cultura, parece oportuno recordar que el grado de desarrollo lingüístico en el nivel léxico, y en el caso que nos ocupa, en el nivel del léxico especializado, i. e., terminológico, es indicador del grado de desarrollo cultural de un determinado grupo social; asimismo, según la concepción sapiriana –cuya formulación básica reside en el hecho de que el vocabulario suministra en cualquier momento el conjunto de símbolos que remite al fondo cultural del grupo– el volumen léxico está en proporción cuantitativa del grado de complejidad cultural.
Por lo que se refiere a la incidencia del mecanismo de prestación en los niveles fonológico y semántico de la lengua receptora, la adopción de arabismos –con su consiguiente adaptación a nuestro sistema morfonológico– dio lugar con frecuencia a la creación de dobletes semánticos entre la voz de origen árabe y el correspondiente sinónimo patrimonial (v. gr., alacena-despensa; alcoba-dormitorio; anaquel-estante). En este sentido, un elevado porcentaje de dobletes árabo-romances debe su vitalidad y vigencia a la variedad diatópica del idioma, i. e., el uso de cada uno de los miembros que conforman el doblete se muestra, de este modo, favorecido por la geografía lingüística manteniéndose así la relación semántica. Asimismo, la existencia de dobletes fónicos entre los términos importados, por otra parte, obedece en no pocos casos a la delimitación geográfica del vocablo (v. gr. albahaca-albejaca; almaraduz-almoraduj; ataúd-ataúl), que en el plano de la realización del sistema, remiten a la pertenencia diatópica del hablante. Encontramos este mismo factor de vigencia, conjugado a su vez con la variedad diastrática, al comprobar la covigencia de dobletes fónicos cuyo elemento distintivo es la alternancia en la aglutinación del artículo árabe al-, v. gr., arrabal-rabal; alacena-hacena (no en DRAE) (Cf. Fasla, en prensa).
Dado que la documentación de dichos dobletes no obedece en absoluto a la realidad de casos aislados, no conviene olvidar que la labor terminográfica debe tener en cuenta en ambos casos (fónico y semántico) su tipología, considerando para ello el supuesto de la variabilidad interna del idioma (reflejada en la variedad diatópica, diastrática y diafásica) que, a su vez, debe abordarse bajo una perspectiva socioterminológica (cf. Zgusta, 1992-93: 132; Maurais, 1993: 121; Cabré, 1993: 190, nota 45), pues como ya hemos indicado el préstamo de origen árabe es fruto de una intersección sociolingüística que se produce en el contexto histórico de un contacto intercultural. En relación con la variabilidad interna aludida, la lexicografía terminológica debe consignar además las distintas acepciones vigentes al otro lado del Atlántico, en el español de América; en este sentido, las marcas diatópicas del Diccionario académico (1992) muestran determinados casos en los que el arabismo ha mantenido su vigencia de uso, si bien, con un significado a menudo distinto al del español peninsular, hecho que por lo general obedece a fenómenos de extensión o restricción semántica de la voz importada, v. gr.:
Alarife. 3. com. Argent y urug. Persona astuta y pícara.
Alcancía. 4. Amér. Cepillo para limosnas o donativos.
Arrecife. 4. Sto. Dom. Costa peñascosa, acantilado, farallón.
Zorzal. 3. Chile. Papanatas, hombre simple a quien se engaña fácilmente.
El mecanismo de prestación de la lengua fuente conoce su momento de mayor productividad morfosemántica durante el periodo histórico bajomedieval marcado por el auge de la civilización islámica, por lo que un elevado porcentaje de voces de origen árabe hace su entrada en el idioma en esta época, y por el contrario, con posterioridad a la caída del reino de Granada (1492), disminuye sensiblemente el número de nuevos arabismos adoptados, pues ya en los albores del Humanismo deben competir no solamente con el latinismo y con los préstamos inter-románicos sino también con el extranjerismo europeo procedente, con un elevado índice de frecuencia, de la Romania occidental.
En cuanto a la herencia léxica transmitida por el pueblo invasor, a través del contacto lingüístico inter-étnico, dicho legado se traduce, en su mayor parte, sobre todo en el caso de las terminologías populares, en un sistema de hiperónimos e hipónimos, caracterizados por su respectiva generalidad y especificidad. En este sentido, y desde el punto de vista del dominio conceptual correspondiente a la nominación, la realidad onomasiológica de la cultura receptora se vio favorecida por la falta de identidad entre los sistemas en contacto, que a su vez, fue uno de los factores desencadenantes de la situación de dominio-inferioridad cultural, anterior a la llegada del re-nacer y de las corrientes humanísticas que anuncian un nuevo periodo histórico.
La evolución histórico-lingüística de los préstamos que conforman las distintas áreas terminológicas referidas así como la correspondiente documentación de fenómenos de desuso, vigencia y vitalidad, muestran en buena medida, el reflejo de una actividad socioprofesional, de un modo de vida que interrumpe su tradición románica enriqueciéndose bajo nuevos patrones culturales, y que se enmarca en la continuidad de los cambios sociales, científicos y tecnológicos acontecidos en el suelo hispánico peninsular desde el medievo.
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[1] Este trabajo ha sido realizado dentro de los proyectos nº PB 96-0520 y nº API-98/ B23, financiados por la DGES y por el Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de La Rioja.
 [2] La relación de términos consignados (§ 0-8 y I-II) constituye una muestra representativa que no pretende la exhaustividad. Indicamos entre paréntesis postpuesto las marcas diatópicas, en su caso, y la información relativa a la vigencia de uso del término.
En cuanto a la cronología, seguimos a Corominas (1980-1991: s. v.) para la fecha de primera documentación (omitimos para ello las variantes fonéticas correspondientes a cada data), a menos que se indiquen expresamente otra u otras fuentes.
 [3] 1633.
 [4] 1157.
 [5] 1585.
 [6] 1487.
 [7] 1726 (Aut.).
 [8] 1527.
 [9] El DCECH no lo registra. Cf. Eguílaz, P. Guadix (1886: s. v.).
 [10] 1ª mitad del s. XIX.
 [11] Princ. s. XV.
 [12] APal.
 [13] Princ. s. XV.
 [14] Fin. s. XIII.
 [15] El DCECH no lo consigna. Cf. Dozy, Libro de Astronomía, Alfonso X (18692: s. v.).
 [16] 1256-1276.
 [17] 1515.
 [18] 1490.
 [19] 2ª mitad s. XIII.
 [20] 1330-1343. Cf. Maíllo (19912: 71-72).
 [21] 1350 (Maíllo, ibíd: 74-75).
 [22] 1475.
 [23] 1272-1284.
 [24] Princ. s. XV.
 [25] Covarr. Cf. Palmer (1975: 484, nota 12).
 [26] 1256-1276.
 [27] H. 1600.
 [28] Nebr.; cf. Lapesa (19819: 137, nota 10).
 [29] 1438.
 [30] 1475.
 [31] H. 1340.
 [32] Ant. a 1350 (Maíllo, ibíd: 115).
 [33] H. 1270.
 [34] 1555.
 [35] 1444.
 [36] 1726.
 [37] H. 1400.
 [38] 1362.
 [39] Fin. s. XIII.

[40] 1294.

[41] Fasla (1998: s. v.), Alex.

[42] Med. s. XIII.

[43] Fasla (ibíd.: s. v.), h. 1300.

[44] Cf. Fasla (ibíd.: s. v.), 1330-1343.

[45] Cf. Fasla (ibíd.: s.v.), 1330-1343.

[46] Fasla (ibíd.: s. v.), 1330-1343.

[47] Cf. Fasla (1997: passim).

[48] Fasla (1998: s. v.), Cid.

[49] Ant. a 1551 (Fasla, ibíd.: s. v.). Corominas no registra la primera doc. del término hasta 1586, Góngora.

[50] Ent. fin. s. XV-1512 (Fasla, ibíd.: s. v.). Corominas ofrece la 1ª doc. en 1529.

[51] S. XIII.

[52] S. XIII.

[53] 1251.

[54] 1251.

[55] 1330-1343.

[56] Cf. Maíllo (ibíd.: 125), 1330-1343.

[57] H. 1330.

[58] H. 1570.

[59] 1570.

[60] 1326 (cf. Maíllo, ibíd.: 154-155).

[61] 1283.

[62] 1251.

[63] 1386.

[64] Fin. s. XIII.

[65] H. 1325-1326.

[66] 1252.

[67] H. 1326.

[68] 1406-1412.
 [69] Nebr.
 [70] 1617.
 [71] Nebr.
 [72] Nebr.
 [73] Cervantes.
 [74] Ant. a 1493, F. del Pulgar.
 [75] Ant. a 1514 (Maíllo, ibíd.: 169-170).
 [76] 1302 (Maíllo, ibíd.: 63-64).
 [77] Cid.
 [78] S. XIV.
 [79] 1348 (Maíllo, ibíd.: 79-82).
 [80] 1330-1343.
 [81] Último tercio del s. XIV. Cf. Maíllo (ibíd.: 249-250).
 [82] Fin. s. XIII.
 [83] 1273 (Cf. Maíllo, ibíd.: 111-112); Corominas registra la 1ª doc. h. 1400.
 [84] Ant. a 1493, F. del Pulgar.
 [85] 1431-1450.
 [86] 2ª mitad s. XIX.
 [87] S. XI.
 [88] Cid.
 [89] 1261.
 [90] 1039.
 [91] 1202.
 [92] 1030.
 [93] 1202.
 [94] 1146.
 [95] Princ. s. XIII.
 [96] 949.
 [97] Nebr.
 [98] H. 1250.
 [99] 1283.
 [100] 1283.
 [101] Alex.
 [102] Ant. a 1555.
 [103] Nebr.
 [104] 1534.
 [105] 1272-1284.
 [106] 1330-1343.
 [107] Cf. Maíllo (ibíd.: 294 y 473), 1406-1412.
 [108] 1633.
 [109] 1431-1450.
 [110] 1535.
 [111] Post. a 1500 (cf. Maíllo, ibíd.: 65).
 [112] S. XIII.
 [113] Berceo.
 [114] Nebr.
 [115] S. XIII.
 [116] 1268.
 [117] Partidas.
 [118] 1251.
 [119] 1234.
 [120] Lope.
 [121] 1234.
 [122] 1075.
 [123] 1081.
 [124] 1116. Cf. DRAE, variante almotalafe.
 [125] H. 1300.
 [126] 1582.
 [127] Alex.
 [128] H. 1280.
 [129] Cf. Garulo (1983: 127), [post. al s. XVI].
 [130] Princ. del s. XV.
 [131] Cid.
 [132] 1253.
 [133] Aut.
 [134] Primer cuarto del s. XV.
 [135] 1475.
 [136] 1475.
 [137] 1431-1450.
 [138] 1386 (cf. Maíllo, ibíd.: 314-315), h. 1400 (DCECH).
 [139] 1570.
 [140] 1251.
 [141] 1615-1617.
 [142] 1272.
 [143] Cf. Maíllo (ibíd.: 452), 1475.
 [144] S. XIII.
 [145] Ant. a 1247. Cf. las hipótesis sostenidas por Corominas.
 [146] Partidas.
 [147] 911.
 [148] 1629.
 [149] H. 1280.
 [150] 1251.
 [151] 1272-1279.
 [152] 1253.
 [153] Nebr.
 [154] Ent. 1381-1418 (cf. Maíllo, ibíd.: 218-219), 1423 (DCECH).
 [155] Cf. Maíllo (ibíd.: 228), h. 1400 (DCECH).
 [156] 1419.
 [157] 1644.
 [158] S. XIII.
 [159] 1256-1276.
 [160] Berceo.
 [161] Ent. 1381-1418 (Maíllo, ibíd.: 301); Canc. de Baena (DCECH).
 [162] Aut.
 [163] 1330-1343.
 [164] 1475.
 [165] Nebr.
 [166] 1330-1343.
 [167] 1256-1263.
 [168] Aut.
 [169] Cf. Maíllo (ibíd.: 78-79), h. 1330 (DCECH).
 [170] 1326 (Maíllo, ibíd.: 101-102).
 [171] 1611.
 [172] 1348.
 [173] Ent. 1381-1418 (cf. Maíllo, ibíd.: 339-340).
 [174] 1326 (cf. Maíllo, ibíd.: 166-169).
 [175] Maíllo (ibíd.: 174-176), fin. s. XIV (DCECH).
 [176] 1555.
 [177] Princ. s. XIV (Maíllo, ibíd.: 184-185).
 [178] Med. s. XIII.
 [179] 1381-1418 (Maíllo, ibíd.: 213-214).
 [180] Tercer cuarto del s. XIII.
 [181] 1475.
 [182] Nebr.
 [183] Ant. a 1419 (Maíllo, ibíd.: 295-296), h. 1475 (DCECH).
 [184] Ant. a 1348.
 [185] 1251.
 [186] Med. s. XIV. Cf. Maíllo (ibíd.: 182-183).
 [187] 944.

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