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Índice por autores

 

 

Una nueva teoría de la terminología:
de la denominación a la comunicación

M. Teresa Cabré
Institut Universitari de Lingüística Aplicada
Universitat Pompeu Fabra
Barcelona
España

 

La terminología moderna, en tanto que materia sistemática y práctica organizada, surge en Viena en los años treinta gracias a los trabajos de E. Wüster. Los motivos que mueven a Wüster a adentrarse en el tema de la terminología son de tipo básicamente práctico: superar los obstáculos de la comunicación profesional causados por la imprecisión, diversificación y polisemia del lenguaje natural. Wüster considera la terminología como un instrumento de trabajo que debe servir de forma eficaz a la desambigüización de la comunicación científica y técnica. El interés y preocupación por la comunicación sin ambigüedad puede ser eco de las ideas filosóficas del círculo de Viena, centradas en la búsqueda de una lengua universal que permita la interacción humana sin limitaciones y supere las deficiencias del lenguaje ordinario.

Las preocupaciones de Wüster en esa época son básicamente metodológicas y normativas, y no teóricas. Su interés por la teoría comienza más tarde como fruto de la reflexión sobre su proceso de trabajo en la confección de su diccionario. Su doctorado (Internationale Sprachnormung in der Technik, besonders in der Elektrotechnik), presentado en la Universidad de Viena en 1931, trata de metodología. Expone los motivos que justifican la sistematización de los métodos de trabajo en terminología, establece los principios que deben presidir los trabajos sobre los términos y esboza las grandes líneas de una metodología de tratamiento de los datos terminológicos. En su obra póstuma de 1979 (Einführung in die Allgemeine Terminologielehre und Terminologische Lexikographie), se compendia su teoría, denominada Teoría General de la Terminología (TGT), parte de la cual ya había ido apareciendo en revistas especializadas.

Por sus trabajos, Wüster es conocido hoy como el creador de la TGT y fundador de la Terminología moderna. La escuela vienesa, iniciada y dirigida por Wüster, ha sido, de hecho, la única propuesta que desarrolla un corpus sistemático de principios cuya coherencia con los objetivos establecidos, por muy restringidos que sean, permiten hablar de ella como de una teoría, una teoría encaminada a la normalización de las unidades de comunicación.

La teoría de Wüster, que define la terminología como campo de encuentro de la lingüística, la ciencia cognitiva, la ciencia de la información, la comunicación y la informática, establece un objeto de análisis y unas funciones de trabajo muy restrictivos, por cuanto limita el objeto a las unidades unívocas normalizadas propias de los ámbitos científico-técnicos, reduce la actividad terminológica a la recopilación de conceptos y de términos para la normalización (fijación de nociones y denominaciones estandarizadas) de los términos, circunscribe los ámbitos especializados a la ciencia y la técnica y limita sus objetivos a asegurar la univocidad de la comunicación profesional, fundamentalmente en el plano internacional.

La concepción de Wüster no habría podido cuajar de hecho en una disciplina singular y diferenciarse de la lingüística, y dentro de ella de la lexicología, si no hubiera sido por la perspectiva de estudio y recopilación de las unidades que propugna. Ciertamente, para Wüster la terminología se centra en el estudio de los términos a partir del concepto que expresan y en el análisis de sus relaciones. El concepto es también el punto inicial del trabajo terminológico, en el que se parte de la identificación y establecimiento de los conceptos de una materia para establecer sus correspondientes denominaciones normalizadas. Para ello es necesario en el caso de los conceptos, establecer por consenso el conjunto de características más comunes que representarán un segmento de realidad dejando de lado los rasgos menos comunes aunque más representativos desde el punto de vista cultural. Para las denominaciones, la normalización supone eliminar la variedad denominativa en favor de una única forma de referencia. La metodología de trabajo de la terminología es pues onomasiológica, en contraste con la de la lexicografía, que es de carácter semasiológico y su perspectiva es prescriptiva, aunque parta en un principio de la descripción.

Esta delimitación tan estricta del objeto terminológico y de sus funciones han orientado durante bastantes décadas la terminología hacia la prescripción, posición explicable si tenemos en cuenta la importancia de las ideas del círculo de Viena en la época de Wüster y la gran influencia que ejercieron sobre su propuesta.

Pero hoy la propuesta de Wüster es objeto de revisión por parte de muchos especialistas en terminología, ya que, por su carácter reduccionista e idealista, la consideran insuficiente para dar cuenta de las unidades terminológicas dentro de un marco comunicativo plural. El reduccionismo e idealismo de esta teoría los confirman tanto la concepción global de la unidad terminológica y su limitación a su condición denominativa, con todas sus consecuencias que ello supone (olvido de los aspectos sintácticos, negación de la variación, ignorancia de los aspectos comunicativos de los términos), como la concentración del trabajo terminológico en la normalización para la comunicación profesional internacional. La TGT se basa en una pretendida homogeneidad y universalidad del conocimiento especializado y en el deseo de unificación de las formas de expresión, que no confirman los datos empíricos, con excepción de algunos pocos ámbitos.

En este texto nos proponemos analizar los puntos más críticos de la teoría de Wüster, explorar su posible solución en el marco de la misma propuesta, para finalmente plantear las bases de una teoría terminológica multidimensional y variacionista que pueda dar cuenta del complejo carácter comunicativo de los términos y de su aparición en el discurso especializado.

 

1. Análisis de los planteamientos wüsterianos

Para muchos es conocida la propuesta de Wüster. Por ello nos limitaremos a exponer muy sintéticamente sus elementos básicos. Así, las características fundamentales que definen la TGT podrían resumirse en los siguientes puntos:

a) La terminología se concibe como una materia autónoma, y se defiende como un campo de intersección constituido por las “ciencias de las cosas”, y por otras disciplinas como la lingüística, la lógica, la ontología y la informática.

b) El objeto de estudio de esta teoría son los términos científico-técnicos, concebidos como unidades específicas de un ámbito de especialidad, de uso circunscrito a este ámbito.

c) Los términos se definen como unidades semióticas compuestas de concepto y denominación cuya identidad solo se justifica dentro de un campo de especialidad

d) Los términos se analizan a partir del concepto que representan y, por ello, se asume que el concepto precede a la denominación.

e) Los conceptos de un mismo ámbito especializado mantienen entre si relaciones de diferente tipo. El conjunto de estas relaciones entre los conceptos constituye la estructura conceptual de una materia.

f) El valor de un término se establece por el lugar que ocupa en la estructura conceptual de una materia.

g) El objetivo del estudio de los términos es la normalización conceptual y denominativa, monolingüe —en el caso de la comunicación profesional nacional— o plurilingüe, en el caso de la comunicación internacional.

h) La finalidad aplicada de la normalización terminológica es garantizar la precisión y univocidad de la comunicación profesionalestrictamente profesional— mediante el uso de los términos normalizados.

 

2. Insuficiencias de la propuesta

Las insuficiencias de la TGT se explican teniendo en cuenta los supuestos de los que parte el pensamiento de Wüster, que corresponden grosso modo a los siguientes puntos.

Para Wüster, la realidad solo puede ser conceptualizada científicamente por la ciencia, que, a través de la lógica, ordena el conocimiento científico. Los conceptos se estructuran lógica y ontológicamente de manera jerárquica.

El conocimiento científico, concebido como universalmente homogéneo, es el modelo a seguir para organizar los conceptos de todas las materias profesionales, sin considerar las diferencias que presentan las distintas materias, contextos socioculturales, áreas geográficas, realidades socioeconómicas, y lenguas, tanto por su tipología como por su estatus social. La uniformización del conocimiento se lleva a cabo a través del consenso en un proceso de normalización. Si los conceptos pueden unificarse, las denominaciones también pueden normalizarse, y es deseable que así sea. Las normas ISO son una muestra explícita de este supuesto. Con este proceso de uniformización se silencia la diversidad denominativa y conceptual de la realidad.

La función estricta de la terminología es la de etiquetar la denominación de los conceptos en la comunicación profesional y, por tanto, su valor comunicativo dentro del discurso profesional no es objeto de interés, y, según Wüster, constituye el objeto de otras disciplinas. Como consecuencia de esta posición, no se contempla la dimensión comunicativa de los términos, ni en lo que respecta a sus aspectos discursivos ni en su proyección gramatical. La unidad terminológica solo tiene interés en si misma y desde una única perspectiva: la que le ha conferido la normalización.

Tampoco es para la TGT un tema pertinente para la terminología el estudio de la evolución de los conceptos. La TGT parte del supuesto que los conceptos son estáticos, y si no lo fueren, la perspectiva estrictamente sincrónica que adopta los toma como tales.

Los términos no tienen para la TGT valores pragmáticos ni presentan variación semántica porque son considerados solo dentro de un registro, el formal profesional.

La comunicación profesional se mueve también en un solo, aunque se admite que puede variar el nivel de especialización. A pesar de ello se afirma que los términos normalizados pueden servir para todo tipo de circunstancias comunicativas.

Como puede verse, todos los supuestos de la teoría de Wüster se sustentan en dos principios o propósitos:

la idealización de la realidad, el conocimiento y la comunicación; y la limitación de la materia a la normalización.

 

3. La crítica a la Teoría General de la Terminología

Desde hace unos pocos años han empezado a surgir comentarios críticos a los principios de la TGT, centrados sobretodo en su falta de capacidad no solo para explicar globalmente la comunicación especializada y sus unidades más representativas —los términos—, sino también para describir las variedades terminológicas en toda su complejidad representativa y funcional. En este sentido es muy interesante el trabajo pionero de Rey 1980, y más recientemente las aportaciones de Sager 1990, Gambier 1991, Rey 1993, Slodzian 1994, Condamines 1994, Gaudin 1995, Temmerman 1998. Modestamente creemos que también han contribuido a esta corriente nuestros trabajos de 1992, 1994, 1998.

Las aportaciones críticas que se han hecho a la TGT proceden de varios sectores y hacen referencia a los tres aspectos de la terminología que constituyen los fundamentos de su carácter interdisciplinar: los aspectos cognitivos, lingüísticos y sociales.

Desde las ciencias que se ocupan del conocimiento, se ha puesto en crisis la concepción misma de conocimiento especializado defendido por la TGT, especialmente su pretendida uniformidad y su separación del conocimiento general sobre el mundo, defendiendo como alternativa una integración cognitiva diversificada funcionalmente en la actuación de los hablantes.

Desde la lingüística, se ha rechazado la limitación impuesta por la TGT de interesarse únicamente por los aspectos prescriptivos de los términos y su concepción como unidades diferenciadas de las unidades léxicas propias del lenguaje general. Con ello, la terminología se había convertido en una materia aplicada para la actuación en un solo ámbito y se había rehuido la necesidad de dar cuenta de cómo los términos forman parte o pasan a ser parte de la competencia de los hablantes a medida que van adquiriendo conocimientos especializados y se convierten en especialistas.

Desde la sociología y la comunicación, se ha rechazado la concepción idealista de los términos y el carácter plano atribuido a la comunicación especializada, de forma que los términos perdían parcialmente su condición de unidades del lenguaje natural y su transferencia se daba en un único registro negando la variación discursiva. Evidentemente, los datos empíricos, con excepción del ámbito de la comunicación estandarizada internacional o nacional al que se limita la TGT, coinciden más con las posiciones críticas que con los postulados defendidos por la TGT.

Debemos decir sin embargo, recogiendo lo que ya publicamos en un texto anterior (Cabré 1998), que las posiciones críticas ante la TGT no la invalidan como teoría, sino que simplemente subrayan su limitación conceptual y funcional y su falta de generalización, lo que la hacen devenir insuficiente para explicar las unidades terminológicas en toda su amplitud. Estas limitaciones son consecuencia lógica del hecho que la TGT fuera formulada a partir de una experiencia aplicada muy restringida: la recopilación de términos de ingeniería industrial en vistas a su normalización conceptual, lingüística e interlingüística, y con el objetivo de eliminar las ambigüedades que el lenguaje natural no controlado puede provocar en la comunicación profesional nacional e internacional.

La socioterminología, inspirada en la sociolingüística y la teoría del análisis del discurso político, abrió expectativas para una primera brecha de crítica a la teoría clásica, pero no ha desarrollado hasta el momento una propuesta que permita sustentar una teoría nueva de la terminología. En recientes trabajos de Cabré (1996, 1998) y de Temmerman (1998) se establecen algunos pilares para una nueva aproximación.

 

4. Puntos que reflejan el carácter reductivo e idealista de la teoría de Wüster

La mayoría de las críticas a la TGT aluden a las insuficiencias de la teoría por dos motivos esenciales:

la idealización de la realidad, el conocimiento y la comunicación; y

la limitación de la materia a la normalización

Para mostrarlo, presentaremos a continuación de manera breve los puntos teóricos que reflejan ambas características (reduccionismo y idealismo) de la teoría de Wüster.

 

4.1. Reduccionismo de la teoría

Los puntos más cuestionables de la TGT afectados por el carácter reductivo de los planteamientos afectan, en nuestra opinión, los siguientes temas:

el término (su concepto, valor y estructura)

los ámbitos de especialidad (su concepto, alcance y estructura)

los objetivos de la terminología como disciplina

las finalidades de la misma

la comunicación profesional (su concepto y características)

Wüster presenta los términos, objeto de la terminología, como unidades específicas de un ámbito de especialidad; considera que su valor se define solo por su inserción en este ámbito, y caracteriza el término como una unidad de carácter plano en su contenido, en sus funciones y en su uso. De acuerdo con esta idea, se supone que un término solo lo es de un campo especializado, y que cada especialidad tiene sus propios términos, que no comparte con otras especialidades, de forma que cualquier coincidencia de una unidad en ámbitos distintos se interpreta como si se tratara de unidades distintas. Evidentemente esta posición no permite explicar unitariamente las diferentes versiones significativas de una unidad que presenta rasgos específicos complementarios en diferentes campos especializados, pero que no deja de ser una unidad conceptual (como por ejemplo el concepto virus en medicina, bioquímica, informática, sociología, construcción, etc.); ni tampoco permite explicar el fenómeno de la transferencia de términos entre especialidades —que en este caso la TGT considera homónimas—, ni el movimiento de unidades de la lengua general a las especialidades (terminologización) o a la inversa (generalización o banalización).

Los ámbitos especializados se conciben en la TGT como campos del saber bien establecidos. Tomar esta idea al pie de la letra significa suponer que el saber se distribuye de manera natural y unidimensionalmente en segmentos de conocimiento bien delimitados, cada uno de los cuales constituye una disciplina. Nada más lejos de la realidad. Por una parte, una simple observación de las disciplinas más estabilizadas como tales (física, química, matemática, biología, medicina, etc.) permite constatar que el saber es un continuo y que su segmentación en materias es puramente funcional, de forma que un elemento reaparece en materias distintas y que un objeto científico puede ser analizado desde distintas materias. Por otra parte, si analizamos históricamente la segmentación de la ciencia, podremos observar que la clasificación del saber no solo ha cambiado a lo largo del tiempo sino que cambia permanentemente, de forma que día a día aparecen nuevos campos de conocimiento que "se construyen" por legitimación de espacios científicos no coincidentes con las disciplinas consolidadas, normalmente a través de tres vías de renovación del conocimiento científico: la profundización intensiva de una disciplina, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad.

Para la TGT los ámbitos privilegiados de trabajo son los campos técnicos. Ello parece ser una consecuencia del hecho que la normalización terminológica se aplica solo a ámbitos muy determinados de la técnica, la industria o las unidades de medida, por poner los ejemplos más prototípicos, ámbitos que constituyen el objeto de las normas industriales establecidas por organismos internaciones como CEI o ISO. Hay que tener en cuenta que la normalización de los términos en si misma no tiene ningún valor, ni tampoco surge de la nada, sino que es un apéndice, o mejor dicho, el prefacio de una norma industrial. La normalización de la terminología que concibe Wüster se inspira en la normalización de las ciencias naturales y médicas, que los científicos resolvieron mediante la creación de nomenclaturas al margen del lenguaje natural e independientemente de las unidades usadas realmente en la comunicación efectiva.

Los objetivos que la TGT atribuye a la terminología como materia teórica es el estudio de los términos como unidades semióticas, dotadas de contenido y de expresión, dentro de las especialidades técnico-científicas, con la finalidad de normalizarlos conceptualmente y denominativamente, reduciendo su significado a un conjunto de rasgos comunes consensuados (el concepto) y fijando una denominación única o preferente para cada lengua. Este es su objetivo como materia aplicada. Con esta propuesta, se instituyen artificialmente las características singulares que la TGT atribuye a la terminología: la uniformidad del conocimiento especializado, la universalidad de los conceptos, la ausencia de ambigüedad de los términos, su valor exclusivamente denotativo, su univocidad y la absoluta equivalencia interlingüística entre unidades terminológicas. Los términos pasan a convertirse en unidades denotativas únicas, cuyo valor es equivalente al del nombre propio. Las diferencias entre lenguas se reducen a las diferencias denominativas.

En la TGT, garantizar la precisión y univocidad de la comunicación estrictamente profesional. Esta limitación en la finalidad de la materia y en su ámbito de aplicación revela que la teoría de la terminología de Wüster tomada literalmente no contempla diversificación alguna en la comunicación profesional y, en consecuencia, no concibe la variación denominativa, con excepciones muy escasas (como la diferencia denominativa entre países con la misma lengua prevista en las normas ISO), y mucho menos la conceptual, ligada a las distintas percepciones del mismo fenómeno o a la diferencia de perspectivas desde las que puede abordarse un mismo concepto. La finalidad que la TGT atribuye a la materia se limita a asegurar que la comunicación profesional sea unívoca, lo que se contradice con la complejidad del planteamiento interdisciplinar intrínseco de la teoría misma, y también con el abanico de necesidades socioprofesionales distintas a las que debe adecuarse la respuesta terminológica.

Finalmente, la TGT no da cuenta de la inserción de las unidades terminológicas dentro de la comunicación, ya que, coherente con el principio que defiende que la función de los términos es estrictamente de denominar conceptos, se permite no abordar el uso de los términos en contexto, ni siquiera cuando constituyen por su frecuencia unidades semilexicalizadas o fraseología, siempre ligada a una especialidad.

 

4.2. Idealismo de la teoría

Al lado de los elementos de la TGT afectados por la reducción de sus planteamientos, otros de los puntos de la teoría solo pueden justificarse por la posición idealista que toma ante los fenómenos terminológicos ligados a la comunicación especializada. Esta idealización se fundamenta en la suposición que el conocimiento científico —en contraste con el conocimiento general— preexiste a cualquier expresión, y además es uniforme e independiente de las lenguas y las culturas. Los datos de la realidad sin embargo no coinciden con los planteamientos de la teoría, que, por el hecho de basarse en una suposición no demostrada, se convierte en una teoría no falsable.

Entre los fundamentos que muestran más claramente la idealización de la teoría, destacamos los siguientes:

la suposición de la preexistencia del concepto a la expresión

la suposición que el conocimiento científico y técnico es universalmente uniforme

la suposición que la estructuración de un ámbito especializado es única en todos los grupos y contextos

la suposición que todos los ámbitos especializados pueden estructurarse por consenso

la suposición que el conocimiento científico es neutro por cuanto no se le supone ningún sesgo cultural, social o ideológico

la suposición que mediante el consenso que conduce al uso de los términos normalizados la comunicación profesional queda libre de obstáculos

la suposición que el término normalizado representa las características pertinentes más significativas para todos los grupos y contextos.

En resumen podemos decir que las críticas a la TGT han puesto de relieve puntos débiles de distinta naturaleza, que convierten a dicha teoría en una propuesta insuficiente, insuficiencia causada por posiciones como las siguientes:

no considerar que los términos pertenecen plenamente —y no solo en sus aspectos denominativos— al lenguaje natural

negarse a reconocer que en tanto que es lenguaje general la terminología participa de las características del lenguaje con todas las consecuencias que esto implica

considerar los términos como unidades sin interés sintáctico y, como consecuencia, irrelevantes para el discurso

defender la univocidad y monosemia como parte de los términos, en contradicción con los datos extraídos de la realidad.

 

5. Hacia una teoría de base comunicativa

Para nosotros no hay duda alguna de que la TGT es una teoría sistemática, coherente y válida para dar respuesta a un tipo de comunicación, la comunicación estandarizada; pero a pesar de ello pensamos que mantiene una serie de principios poco satisfactorios desde la perspectiva de la comunicación real, que incluye tanto la comunicación estandarizada como la espontánea.

Un simple análisis de la comunicación especializada real en situaciones profesionales de distinto signo muestra una multiplicidad importante de registros, en los que, sin abandonar el carácter especializado del conocimiento y su transmisión, se ponen de manifiesto una serie de características que coinciden con las que muestran otras unidades utilizadas en otros tipos de situación comunicativa. Esta observación nos lleva a suponer que las unidades terminológicas comparten muchos elementos con otras unidades del lenguaje natural y de otros sistemas simbólicos no lingüísticos y, por lo tanto, abre la posibilidad de generalizar su descripción a través de una teoría de base menos restringida.

Por otro lado, la comunicación especializada no mantiene un estatus completamente aparte del que mantiene la comunicación general; y el conocimiento especializado tampoco es uniforme ni está totalmente delimitado del general en todas las situaciones de comunicación.

En consecuencia lógica con ello, la terminología no puede ser explicada autónomamente, al margen de otros signos denominativos dotados de capacidad referencial, ni aisladamente de los signos del lenguaje natural compuestos de forma y significado, ni alejada de las teorías que se proponen explicar la comunicación y la cognición. Consideramos perfectamente legítimo, y adecuado científicamente, el proceso de aislar objetos que presenten concomitancias para profundizar en su conocimiento, pero no nos parece tan convincente justificar la validez de una teoría general sobre la base del análisis de datos parciales seleccionados por su homogeneidad; y menos todavía suponer que estos datos parciales reflejan la totalidad de las situaciones comunicativas especializadas.

Así, en contraste con las ideas de base de la TGT, nuestra propuesta parte del supuesto que los términos no son unidades aisladas que constituyen un sistema propio, sino unidades que se incorporan en el léxico de un hablante en cuanto adquiere el rol de especialista por el aprendizaje de conocimientos especializados.

Ello no significa que esta adquisición parta siempre de cero, sino que admite distintos grados de solapamiento con el conocimiento adquirido previamente por el hablante: unas veces se aprende desde cero un concepto y una denominación no conocidos anteriormente; otras se aprende un nuevo concepto que el hablante no poseía y se asocia a una unidad formal ya interiorizada con otro sentido y/o aparejada a condiciones pragmáticas distintas; en otros casos se redistribuye la información conceptual que el hablante ya tenía asociada a una unidad denominativa; esta redistribución puede producirse en forma de aumento, pérdida o cambio de rasgos de contenido, o simultáneamente en cualquiera de estas combinaciones; otras veces se asocian únicamente nuevas condiciones pragmáticas a unidades conocidas previamente.

Esta posición nos conduce a defender que la terminología puede formar parte de los signos del lenguaje natural e integrarse en el conocimiento del hablante, que es al mismo tiempo hablante de una lengua y profesional de una materia, sin necesidad de recurrir a la propuesta de una doble competencia explicada por sistemas autónomos, que no nos parece plausible a la vista de los datos de la realidad.

Sin embargo esta afirmación no supone que no reconozcamos la idiosincrasia del conocimiento especializado, ni la naturaleza diferencial del concepto en determinadas ciencias o técnicas o en parte de ellas, ni que pasemos por alto que el concepto especializado puede expresarse también a través de unidades que no pertenecen al lenguaje natural. Lo único que intentamos defender es que los términos no forman parte de un sistema independiente de las palabras, sino que conforman con ellas el léxico del hablante, pero al mismo tiempo, por el hecho de ser multidimensionales, pueden ser analizados desde otras perspectivas y comparten con otros signos de sistemas no lingüísticos el espacio de la comunicación especializada.

En consecuencia, nos parece que no sería plausible proponer una teoría terminológica autónoma que defienda una separación taxativa entre palabras y términos, aparte de que es la opción menos generalizable posible, no permite dar cuenta del carácter interdisciplinar de las unidades terminológicas, que por el hecho de ser interdisciplinares participan de muchas de las características y propiedades de las unidades del lenguaje natural, y pueden explicarse a partir de una teoría del lenguaje que reúna los fundamentos propios de la teoría gramatical, los principios pertinentes de la teoría de la comunicación y se sustente en los fundamentos de una teoría del conocimiento.

En otras palabras, desde una teoría del lenguaje que integre a la vez las tres dimensiones de la terminología: lingüística, cognitiva y comunicativa, se puede dar cuenta de la complejidad y poliedricidad de las unidades terminológicas sin necesidad de recurrir a teorías autónomas y presuntamente singulares. La terminología, vista desde una teoría lingüística no reductiva que incluya la competencia y la actuación de los hablantes contemplados en su heterogeneidad cognitiva y comunicativa, debe proponer una teoría que al mismo tiempo que da cuenta de los fenómenos del lenguaje general, describa las especificidades cognitivas, lingüísticas (gramaticales, pragmáticas, textuales y discursivas) y comunicativas de las unidades terminológicas, y explique cómo el hablante-especialista adquiere estas especificidades y utiliza estas unidades. En síntesis, queremos proponer una macroteoría lingüística constituida por tres teorías: una teoría de la gramática que incluya la variación dialectal y funcional; una teoría de la adquisición que explique en una sola propuesta cómo se adquiere el conocimiento y dé cuenta de las correlaciones, identidades y diferencias entre las características y el proceso de adquisición del conocimiento general y el especializado en toda su diversidad funcional; y una tercera teoría de la actuación que recoja en un solo modelo el uso general y el especializado en toda su variada amplitud (temática, perspectiva, nivel de especialización, propósito comunicativo, propósito funcional, tipo de texto, tipo de discurso, etc.).

En esta exposición nos limitaremos a comentar los elementos relativos a los fundamentos, y dejaremos para otros trabajos, algunos ya en curso de publicación, el análisis y presentación de los restantes aspectos de la teoría.

 

6. Bases para una teoría comunicativa de la terminología (TCT)

En líneas generales, la teoría que proponemos pretende dar cuenta de los términos como unidades singulares y a la vez similares a otras unidades de comunicación, dentro de un esquema global de representación de la realidad, admitiendo la variación conceptual y denominativa, y teniendo en cuenta la dimensión textual y discursiva de los términos. Para cubrir sus propósitos esta teoría se fundamenta en un conjunto de principios y se describe por una serie de fundamentos coherentes con los supuestos. En los dos apartados que vienen a continuación damos cuenta de los principios y los fundamentos que describen la TCT.

 

6.1. Principios de la TCT

Los principios o supuestos en los que se fundamenta nuestra propuesta se resumen en los siguientes:

La TCT no concibe la terminología como una materia autónoma, sino que, manteniendo su carácter intrínsecamente interdisciplinar, y abogando por la generalización, intenta explicarla dentro de una teoría del lenguaje que, a su vez, se inserte en una teoría de la comunicación y del conocimiento. A su vez, esta teoría del lenguaje incluye aspectos propiamente lingüísticos, cognitivos y sociales.

Ha de explicar las concomitancias y diferencias entre el conocimiento general y el especializado sin disociarlos en la competencia del hablante-especialista, pero conservando la idiosincrasia de cada uno. Por tanto tiene que asumir que existen rasgos diferenciadores del conocimiento especializado, pero que este conocimiento no está interiorizado de forma independiente en la mente del hablante.

Debe explicar la interdisciplinariedad de las unidades terminológicas y dar cuenta de la diversidad de visiones que tienen de ellas los diferentes especialistas implicados. Para ello concibe las unidades terminológicas como unidades poliédricas integradas por las tres caras disciplinares que las describen. Los términos pueden definirse así desde cada una de las tres caras, lo que explicaría la diversificación de acepciones del término según el tipo de especialista o especialidad que lo define. Pero la poliedricidad del término no termina aquí, sino que cada cara del poliedro se proyecta a su vez poliédricamente en virtud de criterios de perspectiva o función distintos. Esta pluralidad compleja es una consecuencia del carácter multifuncional de la terminología como materia y del carácter poliédrico y multidimensional del término como unidad.

Debe dar cuenta de cómo un concepto puede formar parte de la estructura conceptual de distintas disciplinas conservando, cambiando o matizando sus características explicando si se trata o no del mismo concepto y de cómo se produce esta circulación conceptual. Esta teoría parte pues del supuesto que los términos no pertenecen de manera natural a ningún ámbito, sino que son usados en un ámbito, sin que esto signifique que queremos ignorar el fenómeno de la aparición genuina de un término en una especialidad, ni que dejemos de reconocer la transferencia terminológica que se produce entre ámbitos especializados o entre el registro general y el especializado. Simplemente la prelación en el tiempo de aparición no nos parece pertinente para la teoría, aunque pueda ser útil para representar estructuradamente los rasgos semánticos que describen cada unidad.

Tiene que dar criterios para describir las unidades denominativas monosémicas o polivalentes y definir los límites de esta variación. Esta propuesta asume por tanto el carácter polisémico de las unidades léxicas y, en ellas, la posible diversidad de módulos de rasgos especializados para una misma unidad, sin que ello suponga que no puedan darse unidades que solo aparecen en la comunicación general y por el momento nunca hayan adquirido carácter de términos, otras que solo se usen como especializadas en un ámbito, y otras aun que puedan aparecer en diferentes ámbitos y además en la comunicación general. Este supuesto deja la puerta abierta para dar cuenta de la banalización de unidades especializadas en un momento dado, de la terminologización continua de unidades generales, o de la entrada constante de unidades especializadas de un ámbito en otro ámbito (pluriterminologización) adquiriendo rasgos asociados a este nuevo ámbito.

Tiene que admitir la sinonimia como un fenómeno real dentro de la comunicación especializada natural y aportar criterios para establecer el distinto valor de las unidades, si es este el caso. La TCT parte de la base que la sinonimia en la comunicación especializada es un hecho real, cuantitativamente dependiente del nivel de especialización de un discurso. Cuanto más especializado es el texto mayor es su sistematicidad y menor su grado de variación denominativa. La TCT supone también que las unidades en relación de sinonimia pueden tener un valor similar o muy distinto, de acuerdo con los tipos de rasgos pragmáticos asociados a cada variante.

Ha de tener en cuenta que las unidades terminológicas se dan de manera natural en el discurso y, en consecuencia, tienen una proyección sintáctica más allá de sus límites denominativos y varían en función del discurso. Las descripción de los términos no puede limitarse a su categoría, ámbito temático, definición y equivalentes en la misma o distinta lengua, sino que debe ampliarse a las condiciones de combinación en el discurso, condiciones que incluyen desde su estructura argumental si poseen carácter predicativo o su participación como argumentos en una estructura predicativa, hasta sus combinaciones semifijadas en fraseologismos.

Tiene que contemplar la variación misma del discurso y establecer las variables pertinentes que describan esta variación dentro de la comunicación en general y de la especializada en particular. De acuerdo con esta idea, la TCT asume necesariamente la diversificación discursiva en función de la temática, la perspectiva desde la que se trata un tema, el tipo de emisor, los destinatarios, el nivel de especialización, el grado de formalidad, el tipo de situación, el propósito, el tipo de discurso, etc.).

 

6.2. Fundamentos de la TCT

Para dar cuenta de los principios esbozados, la TCT debe definirse en una serie de fundamentos, como los siguientes, que son los que perfilan la teoría:

a) La terminología se concibe como un campo interdisciplinar construido a partir de la aportación de tres teorías, que, de más remota a más próxima serían las siguientes:

una teoría del conocimiento que explique cómo se conceptualiza la realidad, los tipos de conceptualización que pueden darse y la relación de los conceptos entre si y con sus posibles denominaciones

una teoría de la comunicación que describa a partir de criterios explícitos los tipos de situaciones que pueden producirse, que permita dar cuenta de la correlación entre tipo de situación y tipo de comunicación en toda su amplitud y diversidad, y que explique las características, posibilidades y límites de los diferentes sistemas de expresión de un concepto y de sus unidades

una teoría del lenguaje que dé cuenta de las unidades terminológicas propiamente dichas dentro del lenguaje natural teniendo en cuenta que participan de todas sus características, pero singularizando su carácter terminológico y explicando cómo se activa este carácter en la comunicación.

b) El objeto de estudio de esta teoría son las unidades terminológicas propiamente dichas, unidades que forman parte del lenguaje natural y de la gramática que describe cada lengua. Dentro de esta gramática, los términos no son unidades autónomas que formen un léxico especializado diferenciado, sino que pueden describirse como módulos de rasgos asociados a las unidades léxicas, que se describen como unidades denominativo-conceptuales, dotadas de capacidad de referencia, que pueden ejercer funciones distintas (referencial, expresiva, conativa, etc.) y que, integradas en el discurso, constituyen ya sea núcleos predicativos ya sea argumentos de los predicados. Estas unidades, que no son inicialmente ni palabras ni términos sino solo potencialmente términos o no términos, pueden pertenecer a ámbitos distintos. El carácter de término lo activan en función de su uso en un contexto y situación adecuados. Esta activación consiste en una selección de los módulos de rasgos apropiados, que incluyen los rasgos morfosintácticos generales de la unidad y una serie de rasgos semánticos y pragmáticos específicos que describen su carácter de término dentro de un determinado ámbito.

c) Los términos son unidades léxicas, activadas singularmente por sus condiciones pragmáticas de adecuación a un tipo de comunicación. Se componen de forma o denominación y significado o contenido. La forma es constante; pero el contenido se singulariza en forma de selección de rasgos adecuados a cada tipo de situación y determinados por el ámbito, el tema, la perspectiva de abordaje del tema, el tipo de texto, el emisor, el destinatario y la situación.

d) Los términos son unidades de forma y contenido en las que el contenido es simultáneo a la forma. Un contenido puede ser expresado con mayor o menor rigor por otras denominaciones del sistema lingüístico —y constituye una nueva unidad lingüística de contenido especializado relacionada semánticamente con la primera— o de otros sistemas simbólicos —y conforma una unidad no lingüística de contenido especializado. El contenido de un término nunca es absoluto, sino relativo, según cada ámbito y situación de uso.

e) Los conceptos de un mismo ámbito especializado mantienen entre si relaciones de diferente tipo. El conjunto de estas relaciones entre los conceptos constituye la estructura conceptual de una materia.

f) El valor de un término se establece por el lugar que ocupa en la estructuración conceptual de una materia de acuerdo con los criterios establecidos en un trabajo. Cada ámbito puede ser estructurado desde diferentes perspectivas y en diferentes concepciones, así como cada objeto temático puede ser abordado desde ámbitos y perspectivas distintos. Un concepto puede participar en más de una estructura con el mismo o diferente valor. Los términos no pertenecen a un ámbito sino que son usados en un ámbito con un valor singularmente específico.

g) El objetivo de la terminología teórica es el de describir formal, semántica y funcionalmente las unidades que pueden adquirir valor terminológico, dar cuenta de cómo lo activan y explicar sus relaciones con otros tipos de signos del mismo o distinto sistema, para hacer progresar el conocimiento sobre la comunicación especializada y las unidades que se usan en ella. El objetivo de la terminología aplicada es el de recopilar las unidades de valor terminológico en un tema y situación determinados y establecer sus características de acuerdo con esta situación. Dentro de sus características puede figurar su condición de unidad normalizada.

h) La finalidad aplicada de la recopilación y análisis de las unidades de valor terminológico usadas en un ámbito es muy diversa y permite muchas aplicaciones. En todas ellas se activa la doble función de los términos: la representación del conocimiento especializado y su transferencia, aunque en grados y modos distintos, y en situaciones también diversas. Los términos son usados en la comunicación especializada, comunicación caracterizada por factores de tipo lingüístico (semánticos, léxicos y textuales) y pragmáticos (emisor —directo o mediador—, mediador lingüístico o cognitivo, destinatarios, situaciones). La comunicación especializada admite niveles de especialización diferentes, grados de opacidad cognitiva variados, índices diversos de densidad cognitiva y terminológica y propósitos distintos.

Y así, en contraste con la TGT que se afanó en subrayar las diferencias entre los términos y las palabras en soporte de la autonomía de la terminología como materia científica, la TCT prioriza el análisis de sus coincidencias en un intento de generalización teórica que conduce a la presunción que la competencia general y especializada del sujeto hablante, que se encuentran integradas, incluye unidades léxicas que no son fuera de contexto comunicativo ni palabras ni términos, sino solo unidades porque sean genéricas dotadas de referencia, a las que hemos denominado unidades léxicas, cada una asociada estructuradamente a una gran diversidad de información de tipo gramatical, pragmático y enciclopédico. En esta concepción, el carácter de término no se da per se, sino en función del uso de una unidad léxica en un contexto expresivo y situacional determinado. En las situaciones marcadas por la especialización, el hablante activa los rasgos adecuados a ella, y prescinde de los que no son pertinentes ni adecuados, ya sea porque se trata de situaciones no especializadas, o porque sean especializadas de otras características (tema, nivel de especialización, tipo de discurso).

 

7. Conclusión

No hay duda alguna que la teoría General de la Terminología elaborada inicialmente por Wüster y desarrollada posteriormente por miembros de la denominada escuela de Viena (Picht, Budin, Oeser, Schmitz) ha sido hasta ahora la única propuesta teórica sistemática de los términos. Ha sido sin lugar a duda la propuesta que ha inspirado mayor número de trabajos de terminología.

Como hemos visto, la característica más relevante de la TGT es que centra la atención de la disciplina en los conceptos, y orienta los trabajos terminológicos hacia la normalización de términos y nociones, ya que Wüster estableció para la terminología un objeto de análisis y unas funciones de trabajo muy precisos. Así, y de acuerdo con sus palabras, la actividad terminológica se centra en la recopilación de conceptos y de términos para la normalización (fijación de nociones y denominaciones estandarizadas) de los términos de especialidad (es decir, de las unidades integradas por la asociación de un concepto y una denominación, de carácter simbólico, propias de la ciencia y de la técnica) con la finalidad de asegurar la univocidad de la comunicación profesional, fundamentalmente en el plano internacional. En sintonía con las ideas del Círculo de Viena, la TGT es internamente coherente, porque se basa en el logicismo, en la búsqueda de la lengua universal y en la uniformidad de la comunicación.

Pero con el paso del tiempo han surgido necesidades informativas y comunicativas nuevas, se han diversificado las aplicaciones terminológicas y se ha generalizado el conocimiento y la tecnología. Y para dar cuenta de todo ese complejo panorama, los postulados de la TGT han empezado a mostrar algunas insuficiencias que se han subrayado desde disciplinas diversas.

Así, se ha subrayado el carácter comunicativo de la terminología, más allá de la comunicación entre profesionales, y se han resaltado la viabilidad e importancia de la implantación social de los términos más allá de su normalización. Se ha subrayado además la diversidad nocional del término normalización. Y la condición de lenguaje natural aplicada a los términos ha puesto sobre el tapete su participación de muchas de las características del lenguaje general, con todas las consecuencias que esto implica.

Al lado de estos elementos, el interés por el uso desvelado por la pragmática ha forzado a distinguir entre lengua real y lengua ideal, ha hecho acrecentar los estudios sobre la comunicación especializada y sus unidades terminológicas, proyectadas en el discurso en toda su amplia variedad, y ha puesto en relieve la contradicción que suponía defender la univocidad y la monosemia de los términos sin distinción de situaciones de comunicación.

Los avances de las ciencias cognitivas han hecho traspasar el umbral de la idealización del concepto, para contemplarlo en toda su complejidad cultural y social, poniendo en relieve la dinámica del conocimiento y la circularidad del saber.

Debemos precisar una vez más que esta renovación no supone para nosotros el cuestionamiento global a la teoría wüsteriana, sino únicamente su adecuación a unos ámbitos determinados de aplicación. En contextos prescriptivos, fuertemente estructurados y con la voluntad prioritaria de garantizar una univocidad comunicativa (estandarización nacional e internacional, documentación, inteligencia artificial), la TGT es incuestionable. En situaciones de comunicación natural, de base social, con pretensiones identitarias, la TGT resulta insuficiente.

Como hemos dicho, los caminos para superar esta situación pueden ser diversos: para unos, se trataría de ampliar la teoría de Wüster (así se manifiesta en Picht, 1996); para otros, se trata de buscar nuevos fundamentos que den luz a una nueva teoría sobre los términos basada en los fundamentos del lenguaje y en su carácter sociocultural.

Nuestra propuesta se sitúa en esta segunda opción y por ello intenta poner las bases de una teoría amplia de la terminología de base comunicativa, concebida desde la perspectiva de las ciencias del lenguaje, pero que integra elementos de la teoría del conocimiento y de la comunicación. Esta teoría, que hemos denominado Teoría Comunicativa de la Terminología, requiere que, tanto desde el punto de vista teórico como desde el metodológico, se contemple la variación lingüística en toda su dimensionalidad, se asuma la condición de adecuación de los términos y se integren los aspectos psicolingüísticos implicados (compartidos con la perspectiva cognitiva) y los elementos sociolingüísticos relacionados (compartidos con la perspectiva social). Al lado de estas condiciones, la propuesta debe asumir además que tanto el conocimiento especializado como los textos especializados, como las unidades terminológicas pueden darse a diferentes niveles de especialización y describirse en distintos niveles de representación. Solo así, los términos pueden explicarse en toda su realidad comunicativa y representacional. Solo así, la terminología del deseo pasa a ser efectivamente la terminología de la realidad.

 

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