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Caracterización del funcionamiento de los semitérminos
en el vocabulario especializado
Natalia Blaisten
Laura Kornfeld
Violeta Mazer
María Elena Simoni
Tradicionalmente, la terminología (como disciplina) se ha ocupado de estudiar los vocabularios especializados exclusivamente a partir de los términos. La presencia recurrente de ciertas unidades léxicas (no terminológicas) en los textos especializados o bien no ha sido considerada un elemento relevante para esa caracterización o bien se ha tratado como un rasgo propio del estilo de esos textos. Sin embargo, al estudiar la adquisición de vocabulario especializado en el primer ciclo universitario, hemos observado un tipo de unidades léxicas, a las que llamamos semitérminos, que son constitutivas de los lenguajes de especialidad y que no están vinculadas con el registro.
Se trata de formas que, si bien provienen del léxico común, tienen una alta frecuencia en los textos especializados. Estas formas se refieren a nociones muy generales, como ‘entidades’, ‘relaciones’, ‘propiedades’, con un alto grado de abstracción: sistema, estructura, factor, función, rasgo...
En el primer ciclo universitario, no se presenta a los semitérminos como objeto de aprendizaje. Sin embargo, como veremos en este trabajo, constituyen un serio obstáculo en la adquisición del vocabulario especializado.
En este trabajo, luego de caracterizar los semitérminos, estudiaremos los problemas más importantes que causan estas unidades en la adquisición del vocabulario especializado en la materia Semiología del primer ciclo universitario. Finalmente, propondremos algunas consecuencias teóricas que pueden extraerse de este estudio.
Caracterización de los semitérminos
Desde el punto de vista semántico, los semitérminos se refieren a nociones abstractas y poco específicas: elementos, conjuntos, características, clasificaciones, relaciones, etc. A causa de esa vaguedad semántica, son generalmente muy polisémicos; la cantidad de acepciones de objeto, elemento o relación en un diccionario de lengua, por ejemplo, supera la decena.
Por otra parte, el carácter abstracto y general de los semitérminos lleva a que sean utilizados como hiperónimos no específicos en las definiciones terminológicas; al mismo tiempo, son imprescindibles en las descripciones científicas de objetos y fenómenos. Paradójicamente, para definir un semitérmino es necesario recurrir a otros semitérminos, lo cual tiene diversas consecuencias en el aprendizaje de estas formas.
En cuanto a su relación con el léxico común y el léxico especializado, los semitérminos son unidades con un estatuto particular, a mitad de camino entre las palabras y los términos. Aunque también se utilizan en el léxico común, las acepciones más abstractas quedan restringidas a los textos de especialidad. Por otra parte, si bien en general son percibidos intuitivamente por los hablantes como parte del vocabulario científico, se diferencian pragmáticamente de los términos porque no se definen en ninguna disciplina [1].
Desde el punto de vista de la neología, los semitérminos son muy productivos para la creación de nuevos términos. Por una parte, a partir de semitérminos se crean por derivación morfológica términos (estructura --> estructural --> estructuralismo). Por otra parte, ciertos semitérminos se resemantizan y devienen términos en una disciplina (como conjunto o elemento en matemática). Por último, los semitérminos constituyen a menudo la base en la creación de sintagmas terminológicos. En algunos casos, se forma primero un sintagma, que luego se reduce al semitérmino conservando el significado del sintagma pleno (por ejemplo: objeto de estudio se reduce muchas veces a objeto).
En los textos especializados la aparición de semitérminos presenta ciertas regularidades. En el eje horizontal, cuanto más abstracta sea una disciplina, más semitérminos utilizará (cfr. filosofía y matemática con las técnicas). Además, de acuerdo con la perspectiva desde la cual encare su objeto de estudio, cada disciplina elegirá determinado repertorio de semitérminos (en muchos casos, terminologizados). En el eje vertical, la densidad de semitérminos en un texto está en relación directa con su nivel de especialización: cuanto más especializado sea un texto, presentará mayor número de semitérminos.
Adquisición del vocabulario especializado
Una vez caracterizados los semitérminos, pasaremos ahora a explicar las dificultades que presentan para la adquisición del vocabulario especializado. Si bien los semitérminos aparecen en todos los campos de especialidad, nuestro trabajo se centra en la observación de los problemas de adquisición que se revelan en Semiología, una materia del primer ciclo universitario de la Universidad de Buenos Aires en la que se exponen textos de lingüística y análisis del discurso.
Cabe recordar que en esas disciplinas, como en otras ciencias sociales y humanas, coexisten distintos paradigmas teóricos que explican el mismo objeto de estudio utilizando sistemas terminológicos diferentes (Budin, 1991). Cada paradigma adopta sus propios términos, en general creados mediante un préstamo del léxico común (por ejemplo, el par lengua/ habla), y resignifica los términos de otros paradigmas (cfr. las distintas definiciones de lenguaje) (Riggs, 1993). En la adquisición de los vocabularios especializados en el primer ciclo universitario, estas características de las terminologías de las ciencias sociales y humanas producen, por un lado, una continua interferencia (formal y semántica) del léxico común en la decodificación y uso de los términos, y, por el otro, provocan dificultades para distinguir la definición de los términos que propone cada paradigma (Blaisten, Kornfeld, Mazer y Simoni, 1997a).
Fenómenos similares se dan en el plano de los semitérminos. En primer lugar, como los semitérminos son polisémicos y se utilizan también en el léxico común, los estudiantes los interpretan de acuerdo con sus acepciones no específicas y, a la vez, menos abstractas. Hemos observado, por ejemplo, que el semitérmino problema, que significa tanto ‘dificultad’ como ‘objeto teórico’, es comprendido la mayoría de las veces en la primera acepción, propia del discurso cotidiano.
En segundo lugar, en función de la perspectiva teórica adoptada para abordar el objeto de estudio, cada paradigma privilegia determinados semitérminos (por ejemplo, nivel, estructura o sistema en el estructuralismo). Además, para describir fenómenos similares, o inclusive el mismo concepto, distintos autores prefieren utilizar semitérminos diferentes (por ejemplo, unidad (lingüística)/ elemento (lingüístico)). Por último, algunos semitérminos se terminologizan en determinados paradigmas y no en otros (por ejemplo, rasgos para el minimalismo chomskyano). Estas características del vocabulario especializado de las ciencias sociales constituyen un obstáculo para los alumnos que se enfrentan por primera vez con textos de distintos paradigmas teóricos. A la dificultad de diferenciar con qué acepción se utiliza determinado término, se agrega la de reconocer la importancia de cierto semitérmino en una teoría, así como la de saber si está o no terminologizado.
En cuanto a la combinación con otras unidades léxicas, los semitérminos presentan ciertas particularidades en su funcionamiento según los distintos niveles de especialización. Por un lado, en los textos teóricos originales aparecen ciertas definiciones de términos que, al ser muy recurrentes, quedan cristalizadas en la disciplina: sistema de signos, sujeto de la enunciación. En estos casos, si el semitérmino es reemplazado por otro que tenga un significado similar, la construcción resulta anómala para los especialistas: ?estructura de signos, ?persona de la enunciación. Por otro lado, en los textos didácticos se utilizan ciertas combinaciones frecuentes que retoman elementos de la definición para enfatizar o reforzar el concepto que se quiere explicar. Es el caso del uso de proceso de enunciación en lugar de enunciación o de sistema de la lengua por lengua, en los que el semitérmino es redundante —en sentido teórico— respecto del término.
Los estudiantes no tienen la experiencia suficiente para distinguir la colocación propia de la disciplina (que en principio no es parafraseable) de aquella introducida con un fin didáctico (que sí es susceptible de reformulación). Como consecuencia de esta confusión, construyen expresiones como las ya citadas estructura de signos o persona de la enunciación, que resultan anómalas.
Como ya hemos mencionado, en los textos especializados los semitérminos se utilizan en las definiciones del género/ especie —como hiperónimos— y en la descripción de los conceptos que se pretenden explicar. En la producción de textos, los alumnos cometen recurrentemente errores en ambos tipos de usos. En enunciados como La polisemia es cuando una palabra tiene varios significados o El texto desarrolla la lógica, el hecho de no utilizar semitérminos para definir o describir no está ligado a la falta de manejo del estilo académico sino a la dificultad que tienen los estudiantes para abstraer las circunstancias particulares y llegar a las propiedades generales de un fenómeno o un objeto.
Desde el punto de vista de la neología, los semitérminos son unidades altamente productivas: a partir de ellos se crean otros semitérminos, términos y sintagmas terminológicos. En cuanto a la derivación morfológica, en los casos en que el semitérmino derivado pertenece a la misma clase de palabra de la base, los estudiantes suelen confundir los significados de ambas formas. Es lo que sucede con problema/ problemática, tema/ temática, tipo/ tipología.
Además, como se ha señalado anteriormente, los semitérminos funcionan con frecuencia como base de sintagmas terminológicos, tanto de forma Nombre + Adjetivo (modo verbal, campo semántico, función sintáctica) como de forma Nombre +Preposición+Nombre (nivel de análisis, funciones del lenguaje, estructura de frase). La relación semántica que se establece entre el adjetivo y el nombre, en un caso, o entre el segundo nombre y el primero, en el otro, no puede en general expresarse como ‘tipo de’ (un campo semántico no es un ‘tipo de campo’). Podríamos decir que el segundo miembro del sintagma restringe el dominio o ámbito en que se aplica el primero, por lo que puede parafrasearse con ‘en cuanto’, ‘respecto de’, ‘en el dominio de’, ‘aplicado a’: ‘campo en el dominio de lo semántico’ o ‘función aplicada a la sintaxis’ (Kornfeld y Resnik, 1997). Dado que no existe una relación transparente entre los dos elementos del sintagma y que es el segundo elemento el que aporta el componente terminológico, se produce una asistematicidad en la terminología que dificulta la aprehensión del árbol conceptual correspondiente. Por esta causa, para los estudiantes resulta más difícil reconocer como unidad los sintagmas cuya base es un semitérmino que aquellos que tienen como base un término. A lo anterior, se agrega la dificultad para distinguir en qué casos la secuencia de unidades léxicas es un sintagma fijo que se refiere a un concepto único, en qué casos debe interpretarse elemento por elemento y en qué casos se trata de una colocación didáctica resultado de una paráfrasis.
Por otra parte, los sintagmas terminológicos suelen reducirse a uno solo de sus elementos (generalmente, la base). La reducción puede ser anafórica (es decir, un procedimiento discursivo) o léxica (que da lugar a otra unidad terminológica, variante formal del sintagma pleno) (Adelstein y Kuguel, 1997). Como casos frecuentes de reducción anafórica de sintagmas terminológicos con base semitérmino en los textos de lingüística, se pueden mencionar acto (por acto de habla), rasgo (por rasgo semántico) o cadena (por cadena isotópica). Como ejemplos de reducciones léxicas, aparecen función (sintáctica), género (discursivo) o categoría (gramatical), especialmente en los casos en que aparece un segundo adjetivo: por ejemplo, género (discursivo) narrativo. La alternancia de los sintagmas plenos y las reducciones, así como la posibilidad de que una misma forma aparezca en un texto como reducción y como semitérmino, constituyen para los estudiantes un obstáculo más en la comprensión y la producción de textos especializados.
Conclusiones
A partir de la descripción de las características de los semitérminos y de las dificultades que suponen para los estudiantes, se puede, por un lado, reflexionar acerca de la adquisición de lenguajes de especialidad y, por el otro, reconsiderar ciertos aspectos de la teoría terminológica.
La adquisición de lenguajes de especialidad ha sido comparada con la adquisición de segundas lenguas en varios aspectos. Entre ellos se encuentra el hecho de que enseñar un lenguaje de especialidad no equivale a enseñar una mera lista de términos. Además, el conocimiento especializado no se vehicula de forma automática, es decir, no se transmite de manera directa al aprendiz. Por último, si bien hay operaciones cognitivas universales, las actuaciones particulares de los individuos suelen ser divergentes (Morel, 1996). Estas observaciones acerca de la adquisición de lenguajes de especialidad, centradas sobre todo en la adquisición de términos, pueden aplicarse también a los semitérminos. En efecto, los semitérminos pueden adquirirse sólo si existe tiempo de exposición a los textos especializados, dado que la capacidad de abstracción que requieren no se consigue instantáneamente. No obstante, esa capacidad es una condición necesaria para dominar completamente cualquier lenguaje de especialidad.
Por otra parte, al igual que en la adquisición de segundas lenguas, la adquisición de los lenguajes de especialidad parte necesariamente de los conocimientos lingüísticos previos de los aprendices, es decir, del léxico común, equivalente en este caso a la L1 de la adquisición de segundas lenguas. Sin embargo, como hemos notado en un trabajo anterior para el caso de los términos de las ciencias sociales originados por préstamo del léxico común (Blaisten, Kornfeld, Mazer y Simoni, 1997b), los conocimientos previos de los estudiantes ocasionan dificultades en la adquisición del lenguaje de especialidad. También en el caso de los semitérminos, los conocimientos previos de los estudiantes interfieren en su adquisición. De este modo, ante los distintos significados de un semitérmino, los alumnos en general seleccionan para su interpretación y uso la acepción provieniente del léxico común que supone un grado menor de abstracción (como sucede en el ejemplo ya mencionado de problema-dificultad).
Desde el punto de vista de la teoría de la terminología, es evidente que los semitérminos no forman parte de la terminología (de ninguna disciplina) entendida como “conjunto de términos que representa el sistema de conceptos de un campo especializado individual” (Felber, 1984, citado por Fedor de Diego, 1995): no son términos, no representan conceptos especializados, no pertenecen a un campo específico. Sin embargo, dado que son necesarios para definir todos los términos y para dominar los conceptos de un campo de conocimiento, no se puede concebir un vocabulario de especialidad sin ellos. Los vocabularios especializados, entonces, no se compondrían únicamente de términos, como parece desprenderse de los textos más clásicos de la teoría terminológica.
Por otra parte, si se considera que la especificidad de los lenguajes de especialidad en el plano léxico está dada exclusivamente por las terminologías, los semitérminos (como otros recursos léxicos, fraseológicos y sintácticos recurrentes en los textos especializados) quedarían relegados al “estilo científico-técnico”, propio del plano textual (Rondeau, 1983, citado por Cabré, 1992). Pero, como ya hemos señalado, en cualquier campo especializado es necesario establecer nociones muy básicas, como entidades, características, relaciones, etc. que se expresan en general por medio de semitérminos. En consecuencia, si bien los semitérminos se utilizan en el ámbito científico y, por ende, en situaciones de comunicación formales, su caracterización no puede limitarse a estos aspectos funcionales.
Desde una perspectiva muy distinta a la de la teoría terminológica más tradicional, las nuevas aproximaciones proponen estudiar los vocabularios especializados con herramientas de la lingüística para dar cuenta de fenómenos similares en el lenguaje de especialidad y en el lenguaje común: connotación, metáforas, factores sociolingüísticos, variación formal y conceptual, etc. Si bien esto abre perspectivas interesantes de estudio, la total asimilación entre el lenguaje de especialidad y el lenguaje común conlleva ciertos riesgos. Uno es afirmar que todo conocimiento científico puede ser expresado con palabras del léxico común sin consecuencias importantes en el nivel conceptual. Como esperamos haber demostrado en este trabajo, al menos en el caso de los semitérminos, esta reformulación no puede llevarse a cabo sin una pérdida considerable de precisión conceptual.
Bibliografía citada
Adelstein, Andreína e Inés Kuguel (1997). “La reducción de sintagmas terminológicos”. Ponencia presentada en el I Seminario Terminología y Mercosur. Recursos léxicos para la terminología, Universidad Nacional de General Sarmiento.
Blaisten, Natalia, Laura Kornfeld, Violeta Mazer y M. Elena Simoni (1997a) “Adquisición de terminología en ciencias sociales en el primer ciclo universitario”. Ponencia presentada en las II Jornadas de Traducción y Terminología del NOA, Universidad de Tucumán.
Blaisten, Natalia, Laura Kornfeld, Violeta Mazer y M. Elena Simoni (1997b). “Delimitación de los problemas terminológicos en el aprendizaje de ciencias sociales en el primer ciclo universitario”. I Congreso de Políticas Lingüísticas, Universidad de Buenos Aires.
Budin, G. (1991). “The Application of Terminology-based Knowledge Data Bases in the Humanities and the Social Sciences and its Impact on Research Methods”. In: Best, H., E. Mochmann y M. Thaller. Computers in the Humanities and the Social Sciences. Munich/ Londres/ Nueva York/ París: Saur.
Cabré, María Teresa (1993). La terminología. Teoría, metodología, aplicaciones. Barcelona: Editorial Antártida.
Fedor de Diego, Alicia (1995). Terminología. Teoría y práctica. Caracas: Equinoccio.
Felber, Helmut (1984). Terminology Manual. París: Unesco- Infoterm.
Kornfeld, Laura y Gabriela Resnik (1997). “Algunos aspectos de los sintagmas nominales con preposición en la terminología de medio ambiente”. Ponencia presentada en el Seminario Terminología y Mercosur. Recursos léxicos para la terminología, Universidad Nacional de General Sarmiento.
Morel, J. (1996). “L’adquisició de la terminologia”. In: Artículos de Didàctica de la Llengua i de la Literatura, no. 9, julio 1996.
Riggs, Fred W. (1981). “Informe Interconcept. Un nuevo paradigma para resolver los problemas de terminología en ciencias sociales”. Informes y documentos de ciencias sociales no. 47, París.
Riggs, F. (1993). “Social Science Terminology: Basic Problems and Proposed Solutions”. In: Terminology, Applications in interdisciplinary communication. Amsterdam: John Benjamins B.V.
Anexo I
Listado (no exhaustivo) de semitérminos:
elemento
unidad
objeto
individuo
fenómeno
actor
sujeto
agente
ente
entidad |
constituyente
participante
integrante
componente |
par
complejo
secuencia
sistema
estructura
conjunto
grupo
serie
cadena |
tipo
clase
especie |
capacidad
calidad
aptitud
facultad
característica
cualidad
función
categoría
rasgo
naturaleza
propiedad
estatus/estatuto |
enlace
relación
unión
vinculación |
condición
principio
factor
variable
circunstancia |
modo
manera
medio
recurso
instrumento
método |
causa
motivo
razón
consecuencia
producto
efecto
resultado
fin
objetivo
objeto |
dominio
ámbito
nivel
grado
aspecto
criterio
orden
instancia |
ubicación
volumen
espacio
posición
disposición
configuración
composición
forma
figura
fondo
lugar
región
zona |
área
campo
plano
sector
parte
límite
base
contexto
marco
eje
línea
punto
centro |
acción
acto
actividad
proceso
suceso
hecho
acontecimiento
estado
situación
conducta |
problema
dificultad
solución
tema |
[1] Otras unidades léxicas comparten algunas características con los semitérminos. Entre ellas, se encuentran aquellas unidades léxicas “metacientíficas”, es decir que se utilizan para describir las propias disciplinas (perspectiva, criterio, hipótesis, teoría, método, planteo). Suponen un alto grado de abstracción y generalidad, son muy frecuentes en los textos especializados y tampoco se definen dentro de las disciplinas (excepto en la epistemología, en la que forman parte del repertorio terminológico).

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