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Proyecto y realización de un glosario (aún no finalizado)
sobre la terminología de plásticos y elastómeros
Marcela M. de Bourguignon
Argentina
1. Cómo surgió la idea de comenzar a trabajar en esta terminología en la que aún no se ha trabajado en Español
La carrera de Técnico Superior en Plásticos y Elastómeros fue creada en 1993 en el Instituto Politécnico Superior "Gral. San Martín dependiente de la Universidad Nacional de Rosario con el auspicio de la GTZ (Deutsche Gesellschaff für Technische Zusammenarbelt) Agencia Alemana de Cooperación Técnica. Esta nueva carrera en la Argentina trajo consigo un estudio especializado en la materia donde todos los textos de referencia para el dictado de las asignaturas estaban editados en inglés. Como resultado de ello, se comenzó un trabajo de clasificación de términos y locuciones que no se encontraban en los diccionarios más conocidos y se fue realizando un pequeño glosario con su traducción para consulta de profesores y alumnos. Se trabaja en los dos campos: plástico y caucho. Cada especialidad cuenta con profesores (ingenieros) capacitados en cada una de estas ramas. El propósito de este trabajo fue el de instrumentar una base de datos específica que aún no ha sido concluida, para facilitar el trabajo de los profesores ayudándolos a brindarle a sus alumnos la acepción específica que necesitan al consultar libros sobre la materia.
Dentro del mismo Instituto se creó el Centro Tecnológico de Plásticos y Elastómeros a fines de 1995. Entre otros, el objetivo del centro es la transferencia de tecnología (consultas bibliográficas, búsqueda en bibliotecas internacionales especializadas). El CTPE forma parte de una Red Latinoamericana de Centros del Caucho que fue creada en Septiembre de este año entre Chile, Brazil, Venezuela, Colombia y Argentina. Esta Red tiene como propósito el intercambio técnico (normas, procesos, apuntes), bibliográfico (libros especializados) y terminológico (normalizar la terminología para que las traducciones sean comunes a todos los países).
No tenemos presupuesto para dedicarnos full-time a la tarea de investigación terminológica, pero sobran las iniciativas y la voluntad de quienes en esto estamos involucrados.
Nuestro objetivo es lograr un glosario o bando de datos lo más completo posible y con una mayor concentración de términos y locuciones. Nuestra dificultad es encontrar, en algunos casos, un equivalente exacto de los términos ya existentes y crear un equivalente apropiado para los neologismos. Es por ello, que se ha logrado un contacto con el Centro Colombo Alemán de Asistencia Técnica a la Industria Nacional en Cali, Colombia, para intercambiar y normalizar terminología y otro contacto con el Instituto de Capacitación e Investigación del Plástico y del Caucho en Medellín, Colombia, en donde se consultará la bibliografía con especial atención al trabajo sobre terminología que allí se ha logrado, para intercambiar y a la vez unificar los estudios sobre la materia.
2. Cómo se está llevando a cabo el trabajo:
Primero se realizaron estudios sobre semántica. La semántica es una rama de la lingüística que se ocupa de los signos lingüísticos, definidos como una combinación de significante y significado. El significante (o forma lingüística) es una secuencia de fonemas que forman los morfemas y las palabras. El significado es el concepto que se asocia con esa secuencia.
Pero, a diferencia de los sonidos, los significados no tienen manifestación fónica en las palabras ni en los enunciados; podemos decir, con H. Weinrich, que el material semántico es inaccesible a la observación.
En una semántica ideal se consideraría que los signos combinan expresiones y significados en una relación biunívoca. Pero en este sentido hay que destacar, entonces, que la polisemia es uno de los rasgos más característicos de las lenguas naturales y que, en general, se cuenta siempre con la participación del contexto para resolver las ambigüedades.
Hay que tener en cuenta entonces, que el lenguaje es un sistema de señalización ligado a la cultura, construido para ser utilizado en contextos y situaciones igualmente ligados a la cultura, que son indispensables para lograr interpretaciones últimas a partir de los significados de los signos necesariamente polisémicos utilizados.
En vista de que los conceptos y las palabras que usamos para referirnos a ellos están substancialmente ligados a la cultura, parece harto evidente el enunciado de Searle, que él llama principio de expresabilidad: "Todo lo que se quiere decir se puede decir". Por supuesto, podemos decir lo que queremos decir porque el sistema de señales lingüísticas está hecho especialmente para referirnos a cualquier cosa que podamos querer decir en nuestra cultura. Y si creamos un nuevo concepto, o pensamos en algo que nadie haya pensado antes, podemos armar una nueva oración para indicarlo, o acuñar una nueva palabra, si es necesario, que se adapte a las reglas de nuestra lengua.
El aspecto semántico atraviesa todos los niveles lingüísticos. Cada vez que se produce un cambio de nivel, esto produce necesariamente algún cambio semántico. Los participantes de un cambio semántico han de poseer distintos tipos de conocimientos: conocimiento de las reglas fonológicas y gramaticales de su lengua, y también conocimiento del sentido y la denotación de los lexemas, para poder producir y comprender enunciados contextualmente adecuados. El producto de ese sentido más la denotación de los lexemas es lo que podríamos considerar el significado de las palabras y enunciados de una lengua. En el estudio de la semántica obtenemos que las palabras pueden tener diferentes tipos de significados.
Pero como no estamos refiriendo a la terminología no se puede dejar de lado el concepto de lexicografía. La LEXICOGRAFÍA es la técnica que se utiliza para la preparación y confección de diccionarios. Hace referencia al habla. Su finalidad es organizar las palabras en un repertorio cómodo, y seguir un orden establecido, aportando la mayor información posible sobre sus usos. Se trata de confeccionar listas de unidades léxicas de una sola lengua o de varias. Esta técnica nace en el siglo XVIII porque se trataba de ofrecer a los traductores un instrumento apropiado, listas de palabras, repertorios más o menos técnicos, que eran necesarios debido a la extensión del comercio, las relaciones internacionales y la difusión de la cultura. La lexicografía considera al léxico como un conglomerado de palabras no organizadas en sistema, esto es: cada palabra es un problema particular.
En el campo de los estudios lingüísticos, se ha intentado representar el léxico de una lengua en forma de sistema, que está desarrollado en la teoría de los campos semánticos y conceptuales. Si bien hay diferentes concepciones de los campos semánticos, podemos sintetizar los siguientes principios:
1. El léxico no constituye una acumulación caótica de unidades de significación, sino que se estructura en un cierto número de campos que unen las palabras sobre la base de cierta comunidad semántica.
2. Cada campo semántico descompone el trozo de realidad que representa por un medio determinado que es propio de cada lengua. Es decir que las diferentes lenguas descomponen y sistematizan de modo diferente la misma realidad.
3. El contenido semántico de la palabra no es algo suficiente en sí mismo, sino que está condicionado por las relaciones que se establecen en el marco de las oposiciones de cada palabra a las demás del mismo campo. Esto, según Saussure, es que las palabras no poseen una significación sino un valor.
Sabemos que el vocabulario es inestable, que cambia constantemente, que algunas palabras caen en desuso y otras nuevas se forman de acuerdo a las distintas necesidades o a la aparición de nuevas ciencias. Es decir que el léxico se define generalmente en oposición a la gramática, esto es: que las palabras aplicadas al léxico no tienen el mismo alcance que cuando se aplican a la gramática. O sea, las unidades léxicas se pueden estructurar en campos.
Pero, ¿qué es un campo léxico?
Es un grupo de palabras que tienen un significado parecido, y las diferencias o semejanzas entre ellas se ponen de manifiesto en los rasgos semánticos que comparten o no. Las ideas decisivas para la constitución de un campo léxico serán:
a. el principio de las oposiciones funcionales
b. el análisis del contenido en rasgos distintivos (el análisis componencial para determinar el conjunto de rasgos de un lexema)
Pero debe agregarse que no sólo hay que reconocer a la perfección las dos lenguas con las que se trabaja sino que también hay que realizar una especialización de la terminología dentro del campo con el que se trabaja, aún contando con la participación de especialistas en la materia. Se concluye que la terminología se compone de teoría y práctica, pues las reflexiones teóricas y las prácticas se nutren recíprocamente. Se deben tener conocimientos sobre los recursos documentales que se posee y sobre los recursos tecnológicos e informáticos para agilizar el trabajo. Hay que ser capaz de:
a. organizar y realizar un trabajo sistemático dentro de un dominio especializado, en este caso bilingüe ( es decir: abrir un archivo con el tema que nos compete, buscar el significado de la palabra según el contexto y asentarlo)
b. resolver los trabajos de terminología puntual (en el caso de neologismos tratar de encontrar una palabra que se adapte a la del otro idioma, como por ejemplo indexing: indexación aunque en realidad se refiera a la creación de índices. Lo que en su caso se realiza, es una aclaración como así también en el caso de infoware en donde se puede mantener la palabra en inglés pero vale la explicación información electrónica para la venta)
c. supervisar las conclusiones (lo que significa interactuar con un especialista para corroborar si el término que uno ha elegido según el contexto es el correcto o bien si es el que más se adapta según el sentido general del texto)
Ante todo, hay que saber planificar la tarea en relación a la traducción y la documentación especializada. Esto parece sencillo puesto en palabras pero surgen problemas en la práctica.
encontrar la correcta correspondencia de una palabra en el otro idioma.
asentar todas las variantes, buscar cómo encajan en cada uno de los casos en los que aparece dicho vocablo.
elaborar un sistema de conceptos.
identificar los neologismos y buscar si existe una palabra cuyo concepto se asemeje a la nueva terminología y si no llega a un resultado positivo tomar la raíz de la palabra y darle forma para solucionar el vacio teminológico.
armar según la especialización un sistema de conceptos, controlarlos y hacerlos corregir por los especialistas.
tener una computadora que agilice nuestra investigación
Cómo y cuándo se queda un término incluido (aunque esto no significa que después surjan otras variantes y hay que agregarlas).
Sobre los dos sistemas de conceptos (uno en inglés y otro en castellano) se consignan los datos término por término, se los analiza en sus dos aspectos tanto técnico como lingüístico, se elige el que sea más adecuado y se lo vuelca en el archivo, ficha y hoja donde se está trabajando. Hay veces en que cuesta encontrar el término equivalente correcto en el otro idioma y a veces eliminar el mal uso de la palabra inglesa. Escuchar que alguien diga reajustar, puesta a cero, restaurar, en lugar de resetear (por reset), es algo que no se encuentra comúnmente.
Muchas veces un término o vocablo comparte varios significados según su aplicación (lo que se llama polisemia), creándose así confusión conceptual. El problema de la polisemia es inherente a varias disciplinas.
Cuando nos especializamos en un tema tenemos el recurso de confeccionar un tesauro para solucionar los problemas que acabo de mencionar. Recordemos primero qué es un tesauro. Un tesauro es un lenguaje documental, controlado y dinámico que abarca a un campo específico de conocimiento y que contiene términos semántica y jerárquicamente relacionados. Los tesauros son, fundamentalmente, herramientas prácticas para la indización y recuperación de la información que se procesa en computadora. Sin embargo, sus aportes a las respectivas terminologías surgen de los problemas que deben afrontar en la construcción del vocabulario. Aunque resueltos mayoritariamente en forma pragmática y respondiendo al uso, enriquecen las terminologías y contribuyen a establecerlas cuando aún no están aceptadas.
Infinidad de libros de consulta traen consigo la terminología específica. En cada lectura nos encontramos con palabras o frases a las que nos cuesta darle la traducción correcta, entonces consultamos con los especialistas cuál es el equivalente que se le da en castellano a esa palabra y la asentamos en nuestro archivo. Por ejemplo, en un libro teórico sobre plásticos reforzados apareció la locución hard sport a la que no le encontrábamos un equivalente adecuado, pero con la consulta a la persona especializada en Plásticos logramos obtener punto de impregnación como traducción o equivalente de esa locución.
Metodología de registro de términos
objetivos:
i) incorporación de términos sólo con su acepción en lo referente a la materia
En un principio se estipuló que sólo se incluirían las acepciones de la palabra que estuvieran relacionadas con la especialidad en plásticos y elastómeros. Pero con el correr del tiempo y los objetivos de la carrera, se encontró que la bibliografía también incluía muchos términos de la química general y que los alumnos debían consultar otro diccionario aparte de éste; entonces surgió la idea de incorporar términos más generales pero a la vez específicos de la química.
Tal el caso de accelerator que ya sabemos que es acelerante pero en esta especialidad cuando se emplea un acelerante es sólo para darle velocidad al curado o al endurecimiento. Entonces esto se aclara al incorporar el término. También podemos citar bead, que cualquier diccionario nos dirá que es una cuenta, burbuja, moldura, reborde como sustantivo y adornar o ensartar cuentas como verbo, pero se agregó espuma como sustantivo y proveer molduras convexas como verbo.
ii) incorporación de equivalentes en español a los neologismos
Cuando aparecía un término al que no se le encontraba un equivalente en español, se optó por buscarle una palabra parecida en este idioma. Por ejemplo, syndiotactic, a la que castellanizamos sindiotáctico. Pero en algunos casos no se pudo solucionar tan fácilmente, entonces se sorteó esa falta de vocabulario con el uso de definiciones, a saber: bite: habilidad de un adhesivo para disolver las porciones superiores de los adherentes. Apple sauce: soplado de películas (y no salsa de manzanas) aunque valió la pena hacer la aclaración ya que a veces se lo usa en sentido figurado.
iii) hacer conocer el trabajo a la Red.
Este tipo de trabajo es bastante lento ya que no hay otra terminología como punto de referencia para agrandar o buscar términos a menos que nos refiramos a los glosarios incorporados en los manuales para ensayos sobre cada material. Pero como estos, en general, están escritos en inglés, sólo queda buscarle el término adecuado en español. Es por ello que se cree necesario hacer conocer el trabajo emprendido a la Red y ver qué posibilidad existe de incorporar esta terminología para consulta de todos los usuarios.
iv) Logros alcanzados y la computadora como soporte del trabajo
El hecho de contar con una computadora como soporte para este trabajo, agiliza la incorporación de términos y facilita la búsqueda en el caso de que se necesite saber si ya se ha incorporado un término que aparece en la bibliografía y no se está seguro de si ya se lo incluyó.
Los alumnos tienen acceso a la terminología en forma impresa (que se va actualizando cada tanto para que cuenten con material más completo). Esto les facilita el estudio de las materias específicas ya que en ellas se trabaja con textos en inglés, como ya ha sido expresado.
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