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Índice por autores

 

 

Banalización de términos
con formantes de origen grecolatino

Andreína Adelstein
UNGS
Universidad de Buenos Aires

 

Este trabajo se enmarca en la problemática de la relación terminología-léxico común, en el estudio de los procesos de banalización por los cuales términos propios de dominios especializados pasan al léxico común de la lengua.

Podría plantearse, de manera general, que existen grados de banalización de acuerdo con el tipo de vinculación que en un momento dado se establece entre el dominio de origen y la vida cotidiana. Esto es, la banalización de un término está condicionada por la divulgación que el concepto designado pueda adquirir en la sociedad. Ciertos términos presentan un grado tan alto de especificidad que tienen escasas posibilidades de banalizarse, por ejemplo, cronolecto.

Otros, si bien son muy especializados, son incorporados al léxico común por razones culturales y de circulación de conocimiento, pero con restricciones de uso en cuanto al universo discursivo. Por ejemplo, paquete accionario, título público, plaza bursátil son utilizados en la prensa escrita pero únicamente en artículos y suplementos económicos.

Si el dominio especializado constituye un sector esencial de la cultura o de la vida de la sociedad, las términos tienen todas las posibilidades de penetrar al léxico común sin restricciones. Por ejemplo, lente de contacto.

Partimos aquí del supuesto de que la banalización de todo término entraña necesariamente la creación de un neologismo en el léxico común, dado que es una palabra nueva que se incorpora.

Nuestro objetivo es analizar la banalización de términos constituidos por formantes grecolatinos, los procesos de banalización que permiten dicho pasaje y, por otra parte, la productividad neológica que generan en el léxico común. Para ello, analizaremos los casos de formaciones con eco- y narco-.

Nuestra hipótesis es que, con respecto a este tipo de términos, también se da una banalización de los procedimientos de formación.

El interés particular que suscita el estudio de estas banalizaciones se debe, en primer lugar, a que entre los diversos métodos de creación léxica, la composción culta, junto con los sintagmas terminológicos, es uno de los tipos de creación privativo, o al menos casi exclusivo, y más productivo en terminología.

En segundo lugar, a que los términos formados a partir de elementos cultos, en particular los compuestos, cumplen de manera ejemplar con la eficacia funcional de los términos: son económicos en la medida en que las reglas de combinación permiten representar relaciones complejas en una sola unidad; son precisos en tanto los formantes tiene un valor semántico preciso, y son altamente apropiados ya que la articulación entre la precisión y la economía da lugar a un mensaje efectivo en lo que hace a su intención.

Este último aspecto, su carácter "apropiado", es tanto más manifiesto si se tiene en cuenta que los términos formados con elementos cultos adquieren el carácter de lo que en el mundo occidental se denomina internacionalismo. Piénsese, por ejemplo, en Radiographie, radiography, radiographie, radiografía o en narcolepsia, narcolepsie, narcolepsy. En efecto, facilitan la comunicación especializada internacional ya que, por un lado, son familiares y de uso extendido en la comunidad científica y, por otro, al tratarse de lenguas muertas tienen, según Sager (1990: 93), "la gran ventaja de la estabilidad".

Como consecuencia de ello, diversos organismos de estandarización y planificación recomienden la formación culta. En lo que hace a las lenguas románicas, por motivos de normalización y armonización se vuelve a privilegiar la creación de términos mediante formantes cultos ya que, entre otras cosas, permite evitar la incorporación por préstamo.

Ahora bien por formante culto entenderemos todo formante de origen griego o latino: ya sea un afijo o una forma afijada.

Entre los distintos tipos de términos en los que intervienen formantes cultos se pueden distinguir los siguientes compuestos: los préstamos cultos (como filología); los compuestos cultos, que son aquellos términos formados a partir de formantes cultos según el orden determinante+determinado propio de sus lenguas de origen (por ejemplo, termómetro); y los compuestos híbridos, que se forman mediante un formante culto y una palabra de la lengua actual pero que siguen el orden determinante+determinado de las lenguas griega o latina (por ejemplo, teleconferencia).

Analizaremos, ahora, los procesos de banalización en los que intervienen los formantes eco- y narco- que en la actualidad resultan muy productivos.

En el léxico actual encontramos palabras -algunas ya lexicalizadas e ingresadas en diccionarios de lengua, algunas más recientes que otras- como narcotráfico, narcolavado, narcodólar, narcodictadura, narcoterrorismo, narcopolicía, ecodesarrollo, ecoindustria, ecomarketing que parecen provenir de los términos ecología y narcótico, respectivamente

Los problemas que se plantean desde la perspectiva de la banalización son, por un lado, el tipo de proceso de formación y el modo como se vinculan con dichos términos. Es decir, cabe preguntarse si se trata realmente de compuestos híbridos, si el significado de los formantes es el mismo en todos los ejemplos -por ejemplo, narco- en narcotráfico y en narcodólar- , y si se trata de formantes cultos en todos los casos. Por otro lado, a qué se debe la productividad que estos formantes tienen en el léxico común.

Estos formantes han sido utilizados para la creación neonímica de compuestos cultos o compuestos híbridos para designar conceptos vinculados con los dominios de la química, la medicina y la biología.

El formante eco- (del griego oikos, "casa", "medio" o "ámbito vital") se ha empleado para formar términos como ecología, ecotipo o ecotóxico.

El formante narco- (del gr. narke, sopor), por su parte, se ha utilizado en patología (narcohipnia, narcolepsia), terapeútica (narcoestimulante, narcosis) y química (narcotina, narcotínico).

Otros formantes como tele- y auto-, por ejemplo, han dado lugar a la formación de compuestos cultos hace tiempo banalizados como televisión o automóvil. Ahora bien, si consideramos teleteatro, telespectador, autopista, autoescuela vemos que estos formantes parecen no comportarse de la misma manera en cuanto a su significado, y en cuanto a su funcionamiento en la formación. En efecto, en los ejemplos teleteatro y telespectador el significado de tele- es "televisión" -y por lo tanto el significado de los compuestos es "teatro que se emite por televisión", "espectador de televisión", respectivamente- mientras que el significado de tele- de televisión es "a distancia" -y el de televisión, "comunicación visual a distancia".

En este sentido, podemos afirmar que una vez banalizado, el término tiende a reducirse a su primer constituyente, adquiriendo autonomía léxica y dando lugar, posteriormente, a la creación de nuevas palabras a la manera culta. No se trata, entonces de los mismos formantes cultos; en efecto, el significado de tele- y de auto- en estos casos es "televisión" y "automóvil", respectivamente, producto de un proceso de troncación. Por esto, en cuanto al tipo de composición en el que intervienen, no se trataría estrictamente del de la composicón híbrida puesto que el formante no es culto. Sin embargo, esta formación mantiene el orden determinante + determinado propio de las composiciones culta e híbrida.

Este proceso neológico de troncación que sigue a la banalización de compuestos cultos o híbridos es tanto más frecuente cuanto más "testigo" es el término banalizado. En efecto, la lexicalización como sustantivos de los términos televisión y automóvil se manifiesta en que el DRAE (1992) incorpora el formante culto y la troncación como entradas homónimas:

tele (Del gr. telé) elem. compos. que significa "a distancia"

tele. f. fam. televisión

auto- (Del gr. auto) elem. compos. que significa "propio" o "por uno mismo".

auto m. abrev. de automóvil, coche destinado al transporte de personas. A veces se usa como primer elemento de compuestos: AUTOcamión.

Ahora bien, para el formante eco- existen datos que justificarían no tratarlo del mismo modo. Al considerar el significado de estos neologismos,

ecodesarrollo (desarrollo que respeta el medio ambiente)

ecoindustria (que tiene en cuenta los factores ecológicos)

o de otros como ecomensajero, ecopacifista, ecotasa (que si bien no parecen de uso difundido en nuestro país es altamente plausible que más adelante lo sean),

ecomensajero (persona que efectúa los servicios de reparto de mensajería en medios no contaminantes)

ecopacifista (partidario y defensor de la ecología y el pacifismo)

ecotasa (impuesto para gravar las energías más contaminantes)

se observa que el significado de eco- no es el mismo que el del término, compuesto culto, ecología ("estudio de los medios en donde viven los seres vivos y de las relaciones de estos seres entre sí y con el medio"). Al banalizarse, la palabra ecología adquiere el significado de "que evita contaminar el medio ambiente" o "que tiende a un mejor equilibrio entre el hombre y su entorno natural así como a la protección del mismo", y es éste el significado que tiene en el léxico común la troncación eco-.

Es decir, se trataría en este caso, además de un proceso de troncación, de un proceso de resemantización.

Para los casos de las palabras narcotráfico, narcotraficante, narcolavado, narcodólar, narcodictadura, narcoterrorismo, narcopolicía, narcoguerrilla, etc. cabe distinguir distintos procesos de formación.

En primer lugar, es preciso señalar que los términos narcohipnia, narcolepsia, y, por otro lado, narcoanálisis, narcoterapia son compuestos cultos y compuestos híbridos, respectivamente, construidos con el formante narco- (del griego narke, sopor, letargo, sueño), mientras que narcótico y narcosis son préstamos cultos.

En segundo lugar, el único término banalizado es narcótico ("medicamento depresor de la actividad de los centros nerviosos que provoca somnoliencia, sopor, relajación muscular"), que se resemantiza con el significado de "droga". El formante narco- de las palabras narcotráfico ("tráfico ilegal de drogas") y narcotraficante ("traficante de drogas") es, entonces, la forma afijada o troncación del narcótico ya resemantizado.

El neologismo narcotráfíco comenzó a usarse en los ‘70 con la aparición del tráfico de drogas a escala internacional, y se difunde ampliamente en 1989. De hecho, figura como entrada, junto con narcotraficante, en DRAE (1992) y el Diccionario Esencial Santillana de la lengua española (1992). El carácter testigo de la palabra hace que esta formación aparezca en otras lenguas (por ejemplo, en francés narcotrafic). Pero es, precisamente, el tipo de formación a la manera culta lo que permite tal expansión.

Ahora bien, los neologismos narcodólar, narcodictadura, narcoterrorismo, narcoguerrilla no son compuestos formados con el formante culto narco- ni con la troncación narco- de narcótico, como consideran ciertos autores, dado que su significado no es, por ejemplo para narcodólar, "dolar que produce sopor" ni "dólar que produce la droga" sino, por el contrario, "dólar obtenido mediante el nacotráfico". Narco- en estos casos es la forma reducida de narcotráfico, producto de un nuevo proceso de troncación.

Podríamos hacer, pues, la siguiente distinción: hay un primer formante, narco- 1 ("sopor") que es culto y es el empleado en los compuestos terrminológicos; el formante narco- 2 es la forma afijada, troncada, de narcótico y el empleado en la formación de narcotráfico y narcotraficante; y narco- 3 , es la troncación de narcotráfico/narcotraficante y el formante con el que se construye la mayoría de los neologismos actuales. Narco- 2 y narco- 3 son ambos formantes de la lengua general, pero sólo este último se ha lexicalizado con el significado de "narcotraficante". Obviamente, la autonomía que ha adquirido se debe al carácter testigo de la palabra.

Podemos entonces concluir, por un lado, que el proceso neológico de troncación es recursivo. Justamente, la productividad de la forma narco- en el léxico común se manifiesta en esta recursividad. Por otro lado, que la formación de compuestos a la manera culta sigue siendo productiva en el léxico común aún cuando el formante no esté directamente vinculado con el culto o con un término de construcción culta. Esto es, no sólo se banalizan términos sino también los recursos de creación de términos.

Ejemplos de esta productividad son los neologismos más recientes en la Argentina, algunos de autor y de carácter tal vez efímero. En la prensa escrita, programas de radio y televisión, ámbitos privilegiados para la banalización, hemos relevado los siguientes: narcodinero (Clarín, 21/10/96); narcogate (Desayuno Continental, Radio Continenteal, 28/9/96); narcoguerrillera (La Red, 11/9/96); narcolavado (Clarín, 21/10/96); narcolavadores (La Nación, 2/11/94); narcopolicías (Síntesis, Canal 13, 15/10/96); y "narco-VIP" (La Red, 11/10/96).

Cabe señalar, ahora, que como consecuencia del hecho de que los neologismos trabajados hayan sido creados mediante reglas típicamente neonímicas, estos neologismos guardan ciertas características de los términos compuestos cultos:

En primer lugar, mantienen la eficacia funcional propia de los compuestos cultos. En efecto, permiten transmitir en una solo lexema un concepto complejo de manera clara, piénsese, por ejemplo, en narcotráfico frente a sintagmas del tipo tráfico de drogas, comercio de narcóticos, tráfico de estupefacientes. Si bien en prensa se los utiliza para evitar la reiteración, ninguno de estos sintagmas se ha cristalizado.

En segundo lugar, son motivados dado que surgen ante la necesidad de designar nuevas realidades socioculturales.

En tercer lugar, muchos de ellos han adquirido, como hemos visto, el carácter de internacionalismo. En efecto, el Petit Robert (1993) ingresa como entradas:

NARCODOLLARS [...] n.n. pl. -1985, mot angl.; de narco- et dollar ¨ Profits, réalisés généralment en dollars, tirés du traffic de la drogue (4º). "ce compte anondin avait tout bonnement servi à blanchir des narcodollars" (Express, 1988).

NARCOTRAFIC [...] 1990; de narco- et trafic ¨ Trafic de la drogue (4º).

NARCOTRAFIQUANT [...] 1989; de narco- et trafiquant ¨ Gros trafiquant de drogue. -abrev. fam. NARCO. "un seul des grands "narcos" a étè extradé" (Le Fig., 1989).

Finalmente, con respecto a la banalización de los procedimientos neonímicos quedarían aún algunas preguntas por responder: ¿la formación con narco- se da a partir de una regla de formación específica de algún dominio?, es decir, ¿porqué no ha resultado productiva en el español la formación con droga o estupefaciente, por ejemplo? Una respuesta posible es de orden semántico: droga aparece en formaciones con significados realativos a la adicción y al consumo, por ejemplo drogadicción, drogadicto, drogodependiente. Otra respuesta es de orden morfológico: droga no es un formante culto. Según Coromines i Vigneaux (1994):

droga, fin s. XV. Palabra internacional de historia oscura, que en castellano parece procedente del IV, probablemente de Francia. El origen último es incierto; quizá sea primitiva la acepción ‘cosa de mala calidad’, s. XV, y proceda de la palabra céltica que significa ‘malo’ (bret. droug, galés drug, irl. droch), que se habría aplicado a las sustancias químicas y a las mercancías ultramarinas, por el mal gusto de aquéllas y por la desconfianza con que el pueblo mira toda clase de drogas.

Deriv. droguero, 1607; droguería. Droguista, 1616.

 

Conclusiones

1) La banalización no es simplemente el proceso por el cual un término se difunde, pasa, al léxico común. Es un proceso que da lugar a la creación neológica (en tanto se incorporan nuevas unidades al léxico general) y que conlleva modificaciones formales y semánticas respecto dicho término.

2) La banalización de términos creados por reglas neonímicas (esto es, los sintagmas terminológicos y los compuestos cultos) da lugar, posteriormente, a la creación de otros neologismos a partir de un mismo procedimiento: la troncación que, en algunos casos, es precedida por una resemantización.

3) A su vez, en lo que se refiere a los elementos cultos, este procedimiento de troncación, es recursivo.

4) La semejanza formal de estas troncaciones (eco-2, narco-2 y narco-3) con los formantes cultos (eco1-, narco- 1) hace que, en la conciencia del hablante, se comporten de la misma manera en la formación de palabras: permiten la creación de compuestos híbridos. Es por ello que podemos afirmar que también se banaliza el proceso formación neonímica. Quizá habría que hablar aquí de "pseudoneonimia".

5) Por lo tanto, en la actualidad, la terminología es fuente de neologicidad en varios sentidos.

 

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