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RITerm. Proyecto de nodos nacionales y regionales
Daniel Prado
Unión Latina
Introducción
Dijo el Secretario General adjunto de la Unión Latina en la sesión inaugural de este simposio: "la traducción es un elemento fundamental como herramienta de trabajo común al científico, al técnico, al profesor universitario y a sus estudiantes, al administrador de empresas y al financiero, al industrial, al exportador, al periodista económico e incluso a las administraciones nacionales o internacionales". Al mismo tiempo, es un instrumento de nuestro desarrollo olvidado y hasta ignorado.
Si estamos de acuerdo en que se necesita una política moderna de traducción, que dicha política comprende en buena medida la colecta, el enriquecimiento y la difusión de la terminología;
y si también aceptamos que dicha política no puede ser desarrollada por un solo Estado latinoamericano o ibérico, no sólo por motivos de costos sino por la necesidad de coordinar las actividades en materia lingüística, de compartir los recursos terminológicos, de compartir mercados, etc.,
la verdadera solución es encarar la puesta en red de los recursos terminológicos existentes en la región iberoamericana e incrementar los medios de colecta y difusión de la terminología en esta área.
El mercado de la traducción -que como lo recordase el Embajador Cueva en su discurso de apertura, está estimado en 12 millones de dólares anuales- concierne a quienes se dedican a la terminología y, aunque de ese monto el porcentaje correspondiente a las traducciones en castellano y portugués sea extremadamente bajo, las cifras siguen siendo elevadísimas. Recordemos, además, que la terminología está relacionada también con la redacción y la lectura de documentos técnicos, la búsqueda de información, la normalización, la enseñanza y muy particularmente con la mayoría de las tecnologías de impresionante crecimiento emparentadas con las industrias de la lengua, también llamadas ingeniería del lenguaje.
Existen varios bancos de datos terminológicos en América Latina y la Península Ibérica. En la primera de esas regiones encontramos, en total, algunas decenas de miles de términos. Sin embargo, ¿a cuántos de esos bancos se puede acceder?, ¿cuánta gente sabe cuál es el contenido DE cada uno de ellos?, ¿satisfacen una necesidad global de la comunidad o están ideados sólo para satisfacer una necesidad interna a la institución?
No hablaremos de los problemas de compatibilidad de datos entre los distintos bancos ni de la calidad de algunos de ellos. Sin embargo, todos sabemos que nadamos en la incógnita total, puesto que conocemos su existencia, pero pocos son los privilegiados que han podido consultarlos y han obtenido respuestas a sus consultas. Sólo existe en España la posibilidad de consultar algunos bancos como, por ejemplo, los de TermCat y Euskalterm, ambos lejos del alcance, por lo menos financiero, y para la mayoría también técnico? de los casi 400 millones de latinoamericanos.
En la era de las "autopistas de la información", como la denominan los estadounidenses, o de la "sociedad de información", según la denominación de los europeos, en la era de Internet, de las conferencias electrónicas, del CD-Rom, de los diccionarios electrónicos, Iberoamérica crea decenas de "banquitos terminológicos", que muchas veces son redundantes, y lo hace, no sólo sin compartir recursos -lo cual no es una originalidad iberoamericana- sino también con objetivos exclusivamente internos y, sobre todo, sin ninguna política de difusión. El paso de la era de las fichas de cartón en cajas de zapatos a la era de la computadora no cambió prácticamente en nada la disponibilidad de los datos terminológicos.
Antecedentes del proyecto
En 1990, se hizo, dentro del marco de Riterm, una primera propuesta de instalación de una red de bancos de datos terminológicos para Iberoamérica, formulada por la Unión Latina, el ICFES y el IBICT. En 1992, con algunos cambios y luego de consultar a los diferentes miembros de RITerm, se propuso una nueva versión, que fue presentada a diferentes organismos nacionales o internacionales, en los cuales se despertó un cierto interés (PNUD, BID, CRDI, UE, Secrétariat d'Etat du Canada, etc.). Ninguna de tales tentativas arrojó resultados alentadores hasta este año.
Ahora bien, la Unión Europea, en particular la DG1, consideró hace pocos meses que dicho proyecto es una acción de cooperación en la cual están dispuestos a colaborar activamente, en su primera etapa (estudio de factibilidad y operación piloto, que explicaré a continuación). La DGXIII, por su parte, dentro del marco de la definición de una política multilingüe para Europa y, en particular, de coordinación con grupos exteriores al continente, ve este proyecto con mucho interés. Es importante agregar que el Gobierno de Canadá por medio de su ex-Secretaría de Estado, hoy llamada Servicios Gubernamentales, por un lado, y por medio del CRDI o IDRC, por el otro, proponen soluciones alternativas de conexión en línea a un servicio centralizado, ante la ausencia de fondos disponibles para el proyecto de red de bancos por el momento.
Resumen del proyecto
El proyecto presentado actualmente, para el cual se solicita un primer financiamiento, consiste en la realización de un estudio de factibilidad para la creación de una red de bancos terminológicos para Iberoamérica y, en forma paralela, en la puesta en práctica de una operación piloto realizada en cuatro países de la región.
Cabe hacer hincapié en que este proyecto parte de la premisa que, contrariamente a lo que muchas veces se oye en coloquios o conversaciones de especialistas, el aspecto técnico en una red de este tipo y en la constitución de bancos de datos, es más sencillo de lo que parece, y es uno de los aspectos de menor importancia, si tomamos en cuenta el conjunto de los pasos a seguir.
En efecto, tanto la tecnología en materia de redes y de software o programas terminológicos como en materia de formatos, material, etc., son aspectos que dependen exclusivamente de la cantidad de dinero con que se cuenta. Basta con elegir entre las decenas de programas y entre los múltiples formatos existentes, probar, reflexionar y aceptar uno de ellos, basta con elegir la red o tipo de red con la cual uno puede conectarse. Lo demás es asunto de disponibilidad financiera, y, de todas formas, todos esos aspectos pueden ser resueltos sin grandes dificultades incluso a último momento.
Lo que realmente es costoso, complicado y muy probablemente fuente de conflictos es el aspecto organizativo: quién dirige, quién financia y quién asegura el seguimiento de las actividades; cuáles son las prioridades, cuál es la forma de administración de la red, cuál es la calidad de la información que se pretende obtener; a quién se difunde la información, cuáles son las primeras terminologías por tratar, cómo se respetan los derechos de autor y de difusión, cómo se trata la confidencialidad de los datos, etc.
Como dice un amigo, es fácil dejar de fumar, yo lo he hecho cientos de veces. Yo diría: es fácil hacer un proyecto de banco de datos terminológicos, ya se han hecho varias decenas en la región. Lo difícil es financiarlos y organizarlos y luego hacerlos durar y que cumplan con el objetivo real: la difusión de la terminología que contenga.
Por ello, con el riesgo de repetirme, quisiera insistir sobre dos aspectos.
Cuando se escucha hablar de creación de bancos de datos terminológicos, se tiende a confundir el soporte con el objetivo. Se comienza por pensar en el formato, se piensa en los equipos y el soporte lógico, y se hacen prototipos.
¿No es mucho más coherente pensar que, en la mayoría de los casos, el objetivo es la difusión de la información terminológica?
Como dije anteriormente, el objetivo al cual se debe llegar al final del proyecto global es garantizar la colecta, el enriquecimiento y la difusión de las terminologías científico-técnico-profesionales en el ámbito iberoamericano.
No voy a entrar en detalles sobre el proyecto, puesto que los miembros de RITerm lo conocen y fue presentado varias veces, pero enunciaré sus rasgos principales.
Objetivos del estudio de factibilidad:
Definir, hasta en sus más mínimos detalles, el buen funcionamiento administrativo y científico de la red.
Definir un calendario de acción.
Definir los costos y detectar quienes puedan financiarlos.
Definir una política global de edición de los resultados, que complemente la consulta en línea, a saber, glosarios, CD-Rom, disquetes, etc.
Definir el público al cual se destina.
Definir los campos prioritarios por los cuales se debe comenzar la colecta y difusión.
Definir las líneas de acción en materia de cooperación con otros bancos internacionales, editores de diccionarios, etc.
Definir los derechos de cada usuario o productor en cuanto a la terminología que se colecte y difunda.
Prever un calendario de formación y reuniones de coordinación entre bancos nacionales y nodos internacionales.
Definir las condiciones contractuales de los miembros y de los usuarios.
Y por supuesto:
Establecer un esqueleto de red de conexión entre bancos.
Definir la estructura y condiciones de creación de nuevos bancos de datos, armonizados.
Enunciar los requisitos técnicos (formatos, programas, equipos, etc.) de los bancos interconectados, así como los requisitos administrativos, de disponibilidad, etc.
Definir interfaces transparentes y conviviales con los usuarios.
Se dará prioridad, a menos que del estudio surja una orientación contraria, a dos tipos de gestión: una nacional (los bancos de datos de un país, organizados por un nodo nacional) y una internacional (los nodos nacionales ligados entre sí, que brindan la información al usuario final). Dicha estructura permite un real control de calidad y una especificación racional de prioridades, al tiempo que garantiza una explotación de datos controlada.
Objetivos de la operación piloto (en 4 países)
Constatar la validez o no de los resultados del estudio de factibilidad y completar la definición de formatos, redes utilizadas, programas, etc.
Constatar la relación del usuario con el sistema.
Constituir un corpus de referencia.
Prefigurar la administración futura.
Quienes participen en el estudio de factibilidad serán un grupo de tres especialistas con la asistencia e información de los miembros de RITerm.
Quienes pueden participar en la operación piloto son una institución, con un banco de datos ya creado o en vías de creación, por país (4 países), que se comprometa a garantizar la continuidad del proyecto, que cuente con recursos humanos propios, capacitados y dispuestos a participar en dicha tarea, locales, conexiones y, por supuesto, recursos financieros complementarios a los que se encuentren. Otra condición fundamental es tener la suficiente autonomía como para responsabilizarse plenamente de la actividad requerida y cumplir con las exigencias contractuales por definir.
El aval del Gobierno nacional del país en cuestión podría representar un requisito -no excluyente- para la participación en el proyecto.
Como solía decir hace un cierto tiempo, se tienen que cumplir tres condiciones:
la disposición,
la voluntad política,
el financiamiento.
La primera siempre existió; la segunda, por lo menos en el marco del Mercosur, se evidencia hoy día; la tercera se está logrando al fin y al cabo.
Evidentemente, queda una cuarta condición: la capacidad para llevarlo a cabo. Los socios, en la etapa inicial, la operación piloto, tendrán una responsabilidad muy grande al servir de "conejillos de indias" y aceptar que el proyecto pueda cambiar a medida que el estudio de factibilidad avance, o sea, que se exigirá de ellos una flexibilidad muy grande en pro del éxito de la operación.
Por supuesto, se aceptan sugerencias, propuestas y candidaturas para participar en el proyecto, que deberán ser analizadas antes de la aprobación financiera. Espero que en esta mesa podamos encontrar quizás algunas sugerencias complementarias, manifestaciones de participación o más recursos para la feliz prosecución del proyecto.
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