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La normalización de la terminología en español
María Pozzi
El Colegio de México
México
Introducción
Una de las características más sobresalientes de los tiempos en que vivimos es la velocidad a la que ocurren los descubrimientos científicos y las innovaciones tecnológicas, al mismo tiempo que aumenta la interdependencia entre las naciones debido a la creciente globalización de los mercados. Como consecuencia, el número de documentos oficiales, científicos y técnicos que se producen es cada vez mayor.
Los textos técnicos contienen una gran concentración de terminología especializada que pertenece a campos específicos del conocimiento. Estos textos, al ser traducidos, presentan un doble problema para los traductores ya que, por un lado, tienen que encontrar los equivalentes exactos de los términos ya existentes y, por otro, se tienen que crear equivalentes apropiados para los neologismos.
Uno de los objetivos principales de los lenguajes especializados consiste en permitir la comunicación efectiva de información, logrando de esta manera una transferencia apropiada de conocimientos entre expertos. Esto solo puede ser posible cuando todos los participantes entienden lo mismo al referirse a un concepto específico. (Gaskill 1988)
La mayor parte de las dificultades que surgen en la comunicación provienen del hecho de que un término se usa para denotar más de un concepto y un concepto es designado por más de un término. Cabe mencionar también que a nivel internacional, algunas veces los sistemas de conceptos difieren de una lengua a otra y de una cultura a otra. Estas dificultades pueden superarse en gran medida al ponerse previamente de acuerdo en el significado de términos, conceptos y sistemas de conceptos.
Ya que en los lenguajes especiales los términos se usan para representar conceptos, es a través de la normalización de conceptos seguida por la normalización de la terminología correspondiente que puede asegurarse que los conceptos y los términos que los denotan tienen el mismo significado para los especialistas.
El primer trabajo que se llevó a cabo en este sentido, lo realizó Eugene Wüster. En 1931 publicó el libro Internationale Sprachnormung in der Technik, besonders in der Elektrotechnik (Wüster 1931). Poco tiempo después de la publicación de este trabajo, se estableció el Comité ISA 37 'Terminology', que después se convirtió en el Technical Committee 37 'Terminology' (Principles and Coordination) de la International Organization for Standardization (ISO) ISO/TC37, que se ocupa principalmente del vocabulario terminológico, métodos de trabajo para la preparación de vocabularios especializados, normalización internacional de conceptos y términos, presentación de vocabularios multilingües, códigos para representar lenguas, países y autoridades, símbolos lexicográficos y el establecimiento de un formato normalizado de intercambio de información terminológica y lexicográfica. (Felber 1980)
La definición del concepto de normalización terminológica propuesta por ISO/TC37 (ISO/TC37) es la siguiente:
"Process by which an official organisation selects one term rather than another one or to the exclusion of any other one after the study of thoroughly compiled terminological files".
Y de acuerdo con G. Rondeau (Rondeau 1981:93):
"La normalisation terminologique... fournit les dénominations univoques indispensables à la représentation des notions normalisées. Elle enferme, en quelque sorte, les notions dans des étiquettes ou des dénominations qui permettront à une variété d'interlocuteurs de percevoir un message identique; elle joue ainsi un rôle de gardienne de l'intégrité des notions qui ont fait l'objet d'une normalisation. La normalisation terminologique a également un rôle à jouer dans l'élimination des ambigüités -qui présentent un risque important de perte d'information- dans les communications scientifiques ou techniques, en s'attaquant au problème de la synonymie inutile".
De estas dos definiciones se puede deducir que el problema de la normalización está íntimamente relacionado con la sinonimia.
Quizá la característica más importante del lenguaje natural es la posibilidad de expresar una idea de tantas formas como la creatividad del individuo lo permite. Sin embargo, en lenguajes especializados, esto no sólo es inconveniente sino que es altamente indeseable, ya que el hecho de encontrar dos o más representaciones para un concepto puede crear, en la mayoría de los casos, una seria confusión en el lector.
El problema de la sinonimia en los lenguajes especializados se origina cuando se designa un proceso o se desarrolla un concepto por primera vez en dos o más lugares aproximadamente al mismo tiempo, lo que produce diferentes denominaciones. Cuando estos términos aparecen publicados y son traducidos a otras lenguas, la proliferación de términos se agudiza aún más.
El principal objetivo de la normalización terminológica tiene dos niveles: el primero consiste en seleccionar un término a partir de una lista de los términos existentes para designar un concepto, para eliminar de esta manera el uso de los demás, y el segundo consiste en promover el uso del término seleccionado para designar un concepto independientemente de la existencia de otros términos que denotan el mismo concepto.
Hay que hacer notar que cuando existen dos o más términos que designan el mismo concepto quiere decir que tienen el mismo significado, aunque es importante distinguir entre los diferentes grados de "tener el mismo significado", ya que existen sinónimos verdaderos, quasi-sinónimos y sinónimos falsos.
En el caso de los sinónimos verdaderos, estos tienen exactamente el mismo significado y son utilizados indistintamente por los especialistas. Cuando esto sucede, la normalización es necesaria, en particular cuando el concepto en cuestión es usado por especialistas y por el público en general.
El caso de los quasi-sinónimos es diferente, ya que algunos términos que pueden tener el mismo significado en un determinado contexto, pueden diferir en otros campos del conocimiento. La normalización es necesaria cuando los quasi-sinónimos se usan como sinónimos verdaderos por un grupo más amplio de usuarios.
En el caso de los sinónimos falsos existen dos o más términos para designar un concepto. Estos términos, sin embargo, tienen diferente significado aunque están relacionados ya sea en su forma lingüística o por su contenido semántico. En la mayor parte de los casos, esta situación crea serias confusiones, por lo que la normalización es necesaria no solo del término sino también del concepto en cuestión. (Nakos 1983, Natanson 1986)
Basándose en el modelo propuesto por Weaver y Shannon para evaluar la efectividad de la comunicación, Johnson y Sager (Johnson y Sager 1980) sugieren un método para evaluar la efectividad de la comunicación mediante el uso de términos y normas terminológicas. Este método consta de tres criterios:
1. Economía, que se logra al condensar el texto del mensaje. Se asume un conocimiento previo de los conceptos correspondientes.
2. Precisión, que se logra al transmitir el mensaje por medio de definiciones comprensibles. Ya que existe una relación biunívoca entre los conceptos expresados por medio de definiciones y las normas terminológicas que se utilizan para representarlos, se evitan las interpretaciones personales.
3. Propiedad, que se logra al establecer el balance adecuado entre la economía y la precisión deseadas, dependiendo de la situación particular.
Preparación de normas teminológicas
Para producir normas terminológicas, terminólogos y especialistas en la materia deben trabajar conjuntamente. Ya que al especialista se le considera la autoridad en la materia, él proporcionará el nombre y la definición del concepto por normalizar, tal y como él lo entiende. Como los conceptos se organizan en redes conceptuales que corresponden a cada materia, el especialista también deberá delimitar el concepto dentro del campo al que pertenece.
El especialista también debe verificar, cuando sea posible, la biunivocidad de la relación entre el término y el concepto que representa, esto es, que el término tenga un solo significado y que el concepto sea designado por un solo término dentro de ese campo o subcampo específico del conocimiento. Finalmente, el especialista debe confirmar la equivalencia de conceptos en las diferentes lenguas. (Rondeau 1981)
Por otro lado, el trabajo de los terminólogos consiste en lo siguiente:
1. Identificación del problema terminológico
2. Compilación y estudio de la documentación correspondiente al término que se va a normalizar.
3. Proposición de la norma correspondiente al término en cuestión, y
4. Recomendación del término acordado, publicación y promoción de la norma terminológica.
El papel que juega el terminólogo como experto en lengua y terminología es importante, ya que influye de manera decisiva en el nombre de la norma y la definición del concepto. (Galinski 1982, Duquet-Picard 1983)
Para producir normas terminológicas apropiadas, es necesario asegurar la creación de terminologías unificadas tanto a nivel nacional como internacional. Esto puede lograrse aplicando los principios de la teoría de la terminología y capacitando a los especialistas en la materia en la aplicación de estos métodos y prácticas.
Estos principios y métodos terminológicos constituyen los lineamientos generales seguidos por el Comité ISO/TC37 y las organizaciones nacionales e internacionales que trabajan en la preparación de terminologías en su propio campo de actividad. (Galinski y Nedobity 1988)
Una norma terminológica consiste en el término y su definición, y a falta de una definición apropiada, una explicación, el término preferido y los sinónimos permitidos, además de las abreviaturas correspondientes. Se pueden agregar gráficas, notas explicativas y marcas geográficas o regionales. En algunos casos puede incluirse una nota adicional sobre el uso del término, así como la información gramatical pertinente. Cuando la norma es bilingüe o multilingüe se deben proporcionar los mismos elementos de información en cada lengua.
Las normas terminológicas pueden ordenarse ya sea alfabéticamente o bien sistemáticamente de acuerdo con los conceptos y sus definiciones. En el segundo caso, se requiere también un índice alfabético. Los términos complejos deben listarse en el índice bajo la forma original completa y bajo cada uno de los constituyentes que pueda ser requerido por los usuarios. (Felber 1983)
Los términos pueden ser simples, compuestos o frases. Un término debe ser tan económico como sea posible, pero no tan económico que haga imposible su comprensión. Las palabras constituyentes de los términos compuestos y de las frases deben corresponder a cada concepto que se usa como base para dicho término.
Las definiciones son descripciones de conceptos por medio de conceptos ya conocidos. La definición de un concepto lo sitúa en su posición apropiada dentro de la red conceptual que corresponde al campo del conocimiento al que pertenece el concepto.
Finalmente, los términos deben presentarse en un contexto, ya que de esta forma se proporciona la información necesaria sobre el entorno lingüístico, así como algunas características de su significado.
Las terminologías normalizadas deben estar disponibles para los especialistas del campo y los profesionales de la lengua, incluyendo terminólogos, traductores, intérpretes, escritores técnicos, etc., y su uso debe promoverse para lograr su objetivo.
Se puede concluir que el éxito de la normalización depende principalmente de su aplicación, que a su vez depende de la calidad del trabajo desarrollado, como lo sugieren las dos citas siguientes:
1. "La publication d'une norme a peu de valeur en elle-même, c'est sa mise en application qui est importante. Cette mise en application obligera certains à faire des sacrifices, mais ce sera pour le plus grand bien de tous". (Sanders 1972, en Rondeau 1981:92)
2. "Le succès de la normalisation, qu'elle soit exécutoire ou de conseil, dépend dans une large mesure du crédit que les usagers accordent à l'organisme normalisateur.
...Il faut... que l'organisme se montre à la hauteur de la confiance qu'on lui fait par le sérieux de ses méthodes de travail et l'efficacité de ses mécanismes de consultation...
...Les organismes normalisateurs ne peuvent espérer voir leurs décisions entérinées par l'usage s'ils ne disposent pas de moyens de pression puissants sur les usagers-clés... ou s'ils ne possèdent pas eux-mêmes des moyens de diffusion à la mesure de l'influence qu'ils veulent exercer". (Dubuc 1979:74-75)
Métodos de normalización de la terminología
Los conceptos representan elementos del pensamiento, concretos o abstractos. Son representaciones mentales de objetos individuales, relaciones, ideas, etc. Los términos, por otro lado, se crean a partir de las innovaciones en ciencia y tecnología, y su uso se establece cuando los conceptos que representan se difunden en la comunidad de especialistas en el campo.
Ya que hay muchos más conceptos que denotar que palabras en una lengua, los términos deben crearse con compuestos de elementos de palabras. Para crear términos apropiados, Felber (Felber 1983) sugiere las siguientes reglas generales:
1. Las ambigüedades se deben evitar a toda costa, en particular en términos que pertenecen al mismo sistema conceptual o a un campo del conocimiento relacionado.
2. La sinonimia, de ser posible, debe ser evitada.
3. Cuando el uso de un término es generalizado, éste no debe cambiarse, a menos de que sea estrictamente indispensable.
4. Las palabras que constituyen un término compuesto deben reflejar la combinación de los conceptos involucrados.
5. La mejor manera de crear términos es usar palabras que permiten derivación.
6. El orden de las palabras constituyentes de un término determina las restricciones aplicadas al concepto genérico, determinando así su significado.
La normalización aplica los mismos métodos para la creación de términos: redefinición de palabras, préstamo, calco, derivación, composición y abreviación.
Problemas relacionados con la normalización
Desde el punto de vista práctico, probablemente la distribución de las normas es lo que representa el mayor problema para su aplicación. Mientras que para los especialistas es relativamente fácil tener acceso a documentos que contengan dichas normas, para los que no están en contacto directo con la especialidad, como los profesionales de la lengua, es extremadamente difícil obtenerlos.
Las normas terminológicas pueden incluir sinónimos permitidos, formas preferenciales en un país particular, etc. Debe hacerse notar que hay una seria inconsistencia respecto a un número de términos que ya han sido normalizados pero que no están incluidos en diccionarios especializados y otros, de uso generalizado, que no han sido normalizados. En otros casos, los términos normalizados aparecen en diccionarios especializados pero no se identifican como tal. Esto implica una mala distribución y promoción de las normas terminológicas y que por lo tanto, no sean dadas a conocer a quien las necesita.
Otro problema consiste en el uso de términos que han sido eliminados durante el proceso de la normalización. Cabe preguntarse si también deben rechazarse las formas derivadas. (Duquet-Picard 1983)
Finalmente, debe mencionarse que para fines prácticos existe otro problema para la aplicación de las normas terminológicas, ya que éstas interfieren con la creatividad de la lengua general y algunas personas no aceptan la restricción que imponen.
Los bancos de terminología y la normalización
Los bancos de terminología son por naturaleza descriptivos más que prescriptivos. Más aún, ejercen una influencia importante sobre el uso de varios términos, en especial cuando dichos bancos son utilizados como la principal fuente de información por un número de usuarios cada vez mayor. De hecho, para fines prácticos, producen normas no oficiales, en particular en países en donde no existen agencias oficiales de normalización.
Cuando se establece un banco de terminología, se diseña para satisfacer determinadas necesidades, y en la mayor parte de los casos la información contenida proviene del trabajo desarrollado por los miembros del equipo de trabajo del propio banco. Aunque todos los bancos de terminología son diferentes en muchos aspectos, todos comparten las mismas unidades básicas de información. Esto condujo a la idea de que se podría ahorrar tiempo y esfuerzo si la información contenida en un banco pudiese ser adquirida por otro.
Este intercambio de información sólo puede realizarse si existe compatibilidad lingüística, informática y de equipo computacional. (Pozzi 1992)
En 1975, el Instituto Alemán de Normalización (DIN) sugirió la creación de una norma para la recopilación, almacenamiento e intercambio de información terminológica cuyo resultado original se publicó en el documento ISO/DIN 6156 MATER (Magnetic Tape Exchange Format for Terminological/lexicographical Records). (ISO/DIN 6156).
La situación de los países de habla hispana en relación con la normalización de la terminología
La normalización de la terminología se realiza a través de las organizaciones oficiales de normalización que dependen del gobierno de cada país, las que a su vez pueden o no estar afiliadas a la ISO, en particular al Comité ISO/TC37. Dicho comité está formado por tres subcomités: SC1 (Principles of Terminology) que se ocupa principalmente de las cuestiones metodológicas relacionadas con la práctica de la terminología; SC2 (Layout of Vocabularies) cuyo objetivo es la creación de la metodología para la preparación y desarrollo de vocabularios. Este subcomité está preparando una norma que dará a conocer las reglas para desarrollar normas terminológicas; SC3 (Computational Aids in Terminology) que se ocupa de los problemas metodológicos que se asocian con la automatización en el campo de la terminología. Uno de sus principales logros es MATER que está siendo actualizado para producir MICRO MATER.
Un país cualquiera puede pertenecer al Comité ISO/TC37 y/o a cada uno de los subcomités ya sea como miembro participante o como miembro observador de acuerdo con su grado de participación. Los miembros participantes se comprometen a elaborar normas terminológicas y a asistir a las reuniones de trabajo correspondientes, mientras que los miembros observadores pueden o no asistir a las sesiones de trabajo y pueden hacer comentarios sobre los asuntos que se tratan en dichas sesiones.
Aunque parezca increíble, el hecho es que no existe país de habla hispana en donde se realice algún trabajo formal de normalización de la terminología. Según el reporte anual de ISO/TC37 de 1992, sólo Chile, Colombia, Cuba, México, España y Venezuela forman parte, como miembros observadores, del Comité ISO/TC37 y únicamente España funge como miembro observador en los subcomités SC1 y SC2.
Al analizar esta deplorable situación, se pueden hacer varias hipótesis al respecto:
1. Ya que en general en España y en los países iberoamericanos no se producen tantos desarrollos e innovaciones en el campo de la ciencia y la tecnología como en los países de habla inglesa, alemana y francesa, entonces tampoco se produce mucha terminología original en español. Esto trae como consecuencia que al importar nuevas tecnologías, también se importe la terminología correspondiente, la cual puede conservarse en su lengua original como es el caso de "software" y "hardware", puede calcarse, españolizando el término, como "to format = formatear", "logiciel = logical", o puede traducirse literalmente al español, por ejemplo "cash flow = flujo de efectivo". Usualmente tanto el término como el concepto se importan juntos logrando así un alto grado de precisión. Esta situación, si bien es la más cómoda y la que requiere menor esfuerzo por parte del público, ciertamente no es la mejor desde el punto de vista lingüístico. Además revela una falta de interés en la lengua por parte de los especialistas en las áreas científicas y técnicas. Esta falta de interés puede entenderse en cierta medida, aunque no aceptarse, ya que muchos especialistas estudian en libros editados en otro país, o son educados en el extranjero y aprenden el lenguaje especializado en una lengua diferente del español. Al regresar a su país forman nuevos especialistas empleando la misma terminología que aprendieron sin molestarse en traducirla apropiadamente al español, simplemente porque no la conocen o no existe, y al mismo tiempo no sienten la necesidad de hacerlo porque no les presenta un problema serio de comunicación.
2. Uno de los principales problemas terminológicos que enfrenta el conjunto de los países de habla hispana como tal es la frecuente diferencia regional que existe entre la terminología de cada país. Esto se debe, en gran parte, a la situación geográfica de cada país y a la fuente de donde se recibe la información terminológica. Por ejemplo, México recibe casi toda su información de Estados Unidos mientras que España la recibe de Francia, lo que da por resultado diferencias del tipo "computer = computadora" en México y "ordinateur = ordenador" en España. También influye la afinidad cultural de cada país de la región con los diferentes países europeos y norteamericanos. Una posible solución a este problema implicaría la estrecha colaboración entre los diferentes países de la región para establecer normas regionales de terminología en español.
3. Desde el punto de vista lingüístico, ni España ni los países iberoamericanos sienten que el español esté amenazado o en peligro de perder el estado de lengua dominante propio de su región como es el caso, por ejemplo, de Quebec o Cataluña. Esto tiene, por un lado, muchas ventajas obvias, pero por otro, esta situación há traído varias consecuencias negativas. En primer lugar, no existe conciencia de la necesidad de establecer una política lingüística a nivel gubernamental, lo que da como resultado la falta de control tanto lingüístico como terminológico. En segundo lugar y como consecuencia del punto anterior, no se destina presupuesto federal para promover las actividades normativas de la lengua tanto general como especializada. Por último, el trabajo terminológico há sido relegado básicamente a instituciones académicas y a un número muy limitado de agencias de traducción, las cuales, una vez más, se ven afectadas por la falta de presupuesto y apoyo a este tipo de proyectos que requieren tiempo y un equipo numeroso de personal para lograr un producto de alta calidad que contenga un número elevado de términos disponibles. Por todas estas razones no há podido establecerse un banco de terminología nacional que pueda competir con cualquiera de los grandes bancos terminológicos y que pueda dar servicio a toda la región. Cabe agregar que si las actividades terminológicas que se realizan en la región no cuentan con el apoyo suficiente, es evidente en este contexto que la normalización de la terminología es un concepto prácticamente desconocido, que urge dar a conocer dándole la importancia que merece.
Conclusión
Para terminar, quisiera hacer las siguientes propuestas a este grupo de profesionales de la lengua, interesados en el problema de la terminología y su normalización:
1. Establecimiento de comités nacionales de normalización de la terminología, que dependan de los organismos gubernamentales de normalización. El primer paso para lograr esto consiste en crear conciencia en las autoridades de la necesidad de optimizar el proceso de la comunicación y de los beneficios que con esto se obtendrían.
2. La afiliación de dichos comités a ISO/TC37 y a los subcomités relevantes.
3. Establecimiento de un comité regional de normalización con el objeto de coordinar las actividades de cada comité nacional e internacionalizar, en la medida de lo posible, las normas terminológicas producidas por dichos comités. Esta propuesta creo que es muy importante, ya que de nada sirve que haya una norma diferente correspondiente a un sólo concepto para cada país.
4. Establecimiento de un formato común de intercambio de información entre los diferentes bancos de terminología de la región. En este sentido, se puede tomar como base el trabajo desarrollado por C. Molina et al. (Molina 1991) en 1991 que es muy prometedor.
Referencias
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FELBER, H. (1980), "International Standardization of Terminology: Theoretical and Methodological Aspects", en International Journal of the Sociology of Language editado por J. C. SAGER, N° 23, Mouton Publishers, The Hague, pp. 65-79.
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JOHNSON, R. L. y SAGER, J. C. (1980), "Standardization of Terminology in a Model of Communication", en International Journal of the Sociology of Language, editado por J. C. SAGER, N° 23, pp. 81-104.
NAKOS, D. (1983), "Is Standardization Always Necessary?", en C. G. INTERRANTE y F.J. HEYMANN (Eds.), Standardization of Technical Terminology: Principles and Practices, ASTM, pp. 40-45.
NATANSON, E. (1986), "Quelques questions fondamentales liées au travail terminologique normalisateur", en Networking in Terminology. International Cooperation in Terminology Work. Proceedings of the second INFOTERM Symposium, Viena 14-17 abril, 1985. Infoterm Series 8, K. G. Saur Verlag KG, Munchen, pp. 612-618.
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RONDEAU, G. (1981), Introduction à la terminologie. Montréal: Centre Educatif et Culturel.
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WÜSTER, E. (1931), Internationale Sprachnormung in der Technik. Besonders in der Elektrotechnik. Berlín: VDI-Verlag. (Tercera edición actualizada. Bonn, Bouvier & Co., 1970)
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