El léxico de la terminología. Algunas precisiones
Rodolfo Alpízar Castillo
Asociación cubana de traductores e intérpretes
Cuba
Puesto que se dedica al estudio de las nociones y los términos de otras especialidades, se supone en la terminología un grado elevado de precisión en el uso de su vocabulario particular. Pero este supuesto no siempre se cumple. Las notas que a continuación se exponen, fruto de algunas reflexiones acerca de este tema, tienen como objetivo contribuir a una sistematización del léxico terminológico, para hacerlo más preciso y conforme con los postulados que la propia terminología como disciplina científica sostiene, aunque no se pretende, con ello, haber dicho la última palabra.
Plurisemantismo del término "terminología". La terminografía
La voz terminología es un caso típico de término plurisemántico, esto es, en sí misma resulta un ejemplo de cómo no se desean los términos científicos y técnicos. Con ella se denominan diferentes nociones, a saber:
el estudio científico del sistema nocional de una ciencia o técnica, de su identificación y delimitación y de su representación mediante los términos,
el conjunto de voces propias de una disciplina científica, de un arte o un oficio, de una actividad humana cualquiera en específico,
con mayor generalización, el conjunto de todas las voces propias de las ramas especializadas dentro de una lengua,
la descripción de sistemas léxicos dentro de las ramas de la ciencia y la técnica, y el estudio de sus peculiaridades y problemas,
en general, cualquier inventario de términos, sea sistemático o alfabético.
También se conoce por terminología la creación de neologismos técnicos, la realización de trabajos de aseguramiento lingüístico especializado a la traducción científica y técnica, y el conjunto de tareas de ayuda a la normalización terminológica como parte de proyectos de normalización y codificación lingüísticas o como componente del quehacer lingüístico de instituciones de normalización de la ciencia, la técnica o la industria, o de los centros de información y documentación de las distintas ramas de actividad humana. En resumen, cuando se dice "terminología", sólo el contexto puede indicar a qué se hace referencia en específico, y aun así en ocasiones no se elimina la ambigüedad.
(Para comparar definiciones del vocablo "terminología", consúltese: Bessé: 73; Cabré: 29 y ss; Corbeil: 16; Dubuc: 13-16; Fedor de Diego [1981]: 5-6; Guitlitz: 54-55; Héroux: 134-135; Irazazábal: 43; Kocoureck: 76-78; Lagrenade: 140; Macrea: 715; Maniez: IV 39-40; Natanson: 7; "Rapport des ateliers": 181-183.)
La inconveniencia de esta situación de inexactitud llevó a que, en un intento de diferenciación de áreas conceptuales, al menos desde 1971 se haya comenzado a utilizar cada vez con mayor frecuencia la voz terminografía [Héroux: 135], la cual se define como la descripción de sistemas terminológicos, esto es, la elaboración de diccionarios, glosarios o cualquier tipo de inventario de voces técnicas y científicas [Héroux: 135, Lerat: 75, Felber: 7], esto es, aproximadamente el contenido de los significados cuarto y quinto enunciados. De este modo há quedado establecida una alternancia similar a la existente entre Lexicología y Lexicografía [Cabré: 245].
Con la generalización del tecnicismo terminografía se introduce un elemento de precisión en el lenguaje, al limitarse, al menos en una de las acepciones, el uso de la voz terminología, la cual entonces, a más de nombrar el conjunto léxico de la ciencia y la técnica en general, o de algunas de sus ramas en particular (concepto sobre el cual se vuelve más adelante), queda reservada para denominar el momento teórico de lo que hasta ahora há recibido tal denominación, esto es, la "ciencia terminológica" o disciplina científica que estudia el término, sus características y relaciones, con exclusión de la elaboración de trabajos de recopilación e inventario de términos, que es incumbencia de la terminografía. La terminografía es la aplicación práctica de los postulados de la terminología (si bien, desde luego, también hay una terminografía teórica, que estudia los "modos de hacer" diccionarios técnicos).
Una primera precisión, pues, implica que (obviando de momento las demás acepciones enumeradas, y sin mucho detenimiento en el concepto de terminología, sobre el que se profundiza en otro apartado):
1. terminología (=ciencia terminológica). Estudio de las características y las relaciones del subconjunto léxico de un tecnolecto.
2. terminografía (=elaboración de inventarios léxicos). Descripción del subconjunto léxico de un tecnolecto; dicho de otro modo: elaboración de obras terminográficas a partir de los postulados teóricos y metodológicos de la terminología.
Como dato curioso, anótese que, según el diccionario académico, en algunos casos terminología entra en relación de sinonimia con el vocablo tecnología:
tecnología: Conjunto de los conocimientos propios de un oficio mecánico o arte industrial. \\ Tratado de los términos técnicos.\\ Lenguaje propio, exclusivo, técnico, de una ciencia o arte [Academia: II 1291].
(Una definición similar ofrece el diccionario Vox, p 1520, aunque en lugar de "lenguaje" registra "terminología exclusiva de una ciencia o arte", donde terminología es igual a "conjunto de términos".)
Terminología y tecnolecto. Tecnolectología
A ningún observador escapa que, aunque el subsistema léxico es el de mayor peso dentro del documento científico, y es el que más atención há recibido siempre, tanto por su dinamismo como por lo evidente que resulta, este tipo de texto no sólo se compone de un vocabulario especialmente marcado, sino que hay además otros recursos que permiten definir una obra en particular como perteneciente a esta categoría (sin olvidar, desde luego, que un gran número de recursos propios de la lengua general aparecen también en los documentos científico-técnicos). Al investigador interesan fenómenos tales como las características del texto y el estilo científico-técnico en sí mismos, con los rasgos que los individualizan y distinguen de cualquier otro objeto de interés lingüístico. De hecho existen, aunque escasos en español más abundantes en otras lenguas, estudios del texto científico-técnico en toda la complejidad de sus componentes: regularidades y formas de estructuración sintáctica, recursos más usados para mantener la coherencia, usos preferentes de modos, tiempos y personas del verbo, etc. Como una muestra más de la inexactitud de este vocablo, al estudio de tales peculiaridades se le conoce también como terminología.
Si se observa desde un punto de vista etimológico puro (terminología= tratado sobre los términos), sólo cabría hablar de terminología al tratar de términos (o conceptos denominados por ellos, que es, según la llamada "teoría general de la terminología", el verdadero objeto de estudio de esta disciplina, aunque este es un punto sobre el que se trata en otro momento de este trabajo), esto es, de unidades terminológicas, nunca de unidades más complejas del texto científico-técnico. Este abuso de terminología es similar al que se cometería si por lexicología se entendiera el estudio de textos o de los rasgos estilísticos de la lengua más general.
(Sobre el tema, con especial referencia al español, ver Picht: 155-166, Cabré: 144-145; además, los trabajos de Esquerra, Trujillo y Zierer.)
Precisamente por caracterizarse el lenguaje usado en los textos científicos y técnicos por la presencia, junto al conjunto de recursos comunes a todos los hablantes, de elementos que lo diferencian de otros tipos de texto y lo individualizan, algunos especialistas han propuesto, con mucho tino, hablar de tecnolecto para referirse a un conjunto mayor que, aunque muestra principalmente un componente léxico, contiene también muchos otros, esto es, a "la totalidad de medios de expresión que existen en una lengua para el tratamiento de un campo técnico o científico específico" [Fedor de Diego (1981): 5], del mismo modo que se habla de sociolecto, dialecto, idiolecto, etc. [Haensch: 389-91, 527; Fedor de Diego (1981: 20, (1984); (1984): 15]].
Según la concepción teórica que guía al autor de estas líneas, el tecnolecto es una parte integrante del sistema general de la lengua, no un ente separado, y los elementos que lo constituyen son tomados de ese sistema. Los recursos que conforman un tecnolecto significan una especialización, para la expresión científica y técnica, de los recursos generales que la lengua pone a disposición de todos los hablantes. Para la acertada concepción de toda la actividad terminológica y la comprensión de la terminología como disciplina lingüística, es importante no perder nunca de vista esta pertenencia del tecnolecto a la lengua general (aspecto al que se vuelve algo más adelante). Se tiene, pues, la siguiente definición:
3. tecnolecto. Conjunto de todos los recursos que la lengua pone a disposición del discurso científico o técnico.
Esclarecido que no es lo mismo "tecnolecto" que "terminología", por ser el primero un conjunto de recursos lingüísticos, y la segunda el estudio de una parcela de esos recursos, se impone nombrar de manera adecuada al estudio de todos los elementos característicos del texto científico, esto es, a la disciplina que se ocupa del tecnolecto, y que ya se há visto que no puede ser la terminología.
Por analogía con otras formaciones que denominan especialidades y disciplinas científicas dedicadas a un área determinada del conocimiento (dialectología, lexicología...), y tomando en cuenta las reglas de formación de palabras en español, el vocablo que denomine al estudio científico del tecnolecto há de ser, consecuentemente, tecnolectología:
4. tecnolectología. Estudio de los recursos que caracterizan al tecnolecto, de las formas de su uso y de su evolución.
En español hay que admitir que no solamente el término tecnolectología en sí mismo es poco conocido y por ende poco usado, sino también que es prácticamente inexistente la disciplina que nombra. En ruso, por ejemplo, hay noticias de muchos trabajos teóricos al respecto, basados en el análisis de obras científicas y técnicas concretas. Para el francés, es un ejemplo clásico el libro de Kocourek (ver bibliografía).
Terminología, tecnoconceptología, tecnolexicología
Es cosa aceptada que la terminología se caracteriza por la aplicación de un enfoque onomasiológico, esto es, que el terminólogo, en su trabajo, parte del concepto para llegar al término que lo denomina. La ocupación de los terminólogos es estudiar y describir los sistemas de conceptos de una rama de especialidad, clasificarlos y esclarecer las relaciones que, dentro de cada sistema, establecen los conceptos unos con otros. A partir de aquí se analizan las relaciones entre los conceptos y los términos que los denominan. Para esta labor la terminología cuenta con herramientas tomadas de la lógica, la semántica, la documentación y la información. Esta forma de trabajar coincide con los intereses de normalizadores y documentalistas, por lo cual tiene una aplicación concreta que no admite discusión.
Sin embargo, esta no es toda la práctica, ni siquiera la mayor parte de ella. La experiencia diaria demuestra que una porción considerable del quehacer terminológico mundial está volcada hacia la solución de problemas donde lo que se necesita es la respuesta a la pregunta "¿a qué se llama así?" Dicho de otro modo, un volumen importante de lo que se hace bajo el nombre de "terminología" parte de un enfoque semasiológico, esto es, comienza en el término para establecer el concepto. Esta manera de proceder se observa con frecuencia entre traductores y especialistas diversos (editores, empresarios, profesores, informáticos...) que, en razón de su actividad, se relacionan directamente con determinados tecnolectos que no obligatoriamente dominan, pero también entre expertos de las ramas en cuestión, que en ocasiones pueden no conocer el significado de un término dado, sobre todo si es un neologismo, o un término de una materia afín a la suya, pero en la que no son expertos. Para resolver las necesidades lingüísticas de este heterogéneo sector se elaboran obras que responden a características muy similares a las de la lexicografía general, y en cuya confección se aplican en gran medida procedimientos lexicográficos.
En resumen, en la actividad terminológica cotidiana hay un constante entrecruzamiento de los enfoques semasiológicos y onomasiológicos, fenómeno que ocurre como respuesta a exigencias de la práctica, y ello pone en entredicho la veracidad del principal postulado de la terminología.
Esta situación de hecho lleva a pensar que la concepción de la terminología, tal como se há venido afirmando hasta ahora, es una concepción mutilada. La terminología en su más amplio sentido debe entenderse como una disciplina bimembre, formada por dos grandes ramas que atienden de manera especial, respectivamente: a) el concepto, b) el término. Ambos miembros tienen autonomía relativa, pero se presuponen y en cierto momento se encuentran. Para un enfoque metodológico adecuado es conveniente destacar estos dos componentes de la terminología. Aplicando un criterio sistemático para la denominación, estas vertientes en que se despliega la terminología han de ser nombradas, respectivamente:
5. tecnoconceptología. Estudio de los conceptos de una o varias ramas de actividad científica o técnica, de las relaciones entre ellos y de sus formas de denominación en un sistema lingüístico.
6. tecnolexicología. Estudio de los términos de una o varias ramas de actividad científica o técnica, de sus relaciones como miembros del subsistema léxico de una lengua, y de sus relaciones con los conceptos que denominan.
A la luz de estas precisiones, una definición más abarcadora de la terminología debería entenderse de la manera siguiente:
7. terminología. Rama de las ciencias del lenguaje que tiene como objeto de estudio el sistema conceptual de una o varias esferas de actividad especializada, las relaciones entre los elementos que lo componen y las formas en que se denominan, junto a las propias formas de denominación y las relaciones que se establecen entre ellas como elementos de un sistema lingüístico y entre ellas y el sistema de conceptos que denominan.
Como se observa, hay un punto en que confluyen tecnoconceptología y tecnolexicología, y es precisamente el de la relación entre concepto y término.
Tecnolecto, lengua especial, lengua(je) para fines (propósitos) específicos
La preocupación teórica y metodológica por los problemas del componente léxico de los tecnolectos no partió, como es sabido, de los lingüistas, sino de otros especialistas. Wüster y otros destacados teóricos no fueron lingüistas. Esta falta de atención de los estudiosos de la lengua a la terminología, que duró mucho tiempo (todavía hoy en día no son pocos los que mantienen este alejamiento), sumado al excesivo practicismo de quienes mayoritariamente se dedican a la realización de actividades terminológicas, há sido una de las principales causas de ambigüedades que se han impuesto dentro de la práctica terminológica mundial. Una confusión, que repercute en innumerables discusiones teóricas, está relacionada con el uso del término lengua.
Como consecuencia de la tardía aparición del término tecnolecto, y de la falta de generalización de su uso, se suele utilizar en su lugar expresiones diversas, tales como "lengua(je) científico y técnico", "lengua especial", "lengua(je) para fines (propósitos) especiales" ("específicos" (esto último como propuesta de traducción de la fórmula del inglés language for special --especifics-- purposes).
Todas estas denominaciones, si se las analiza con detenimiento, son inadecuadas, cuando no decididamente inexactas, por más que a ellas se puedan haber habituado algunos especialistas. Por esta razón, se impone una llamada de atención acerca de su uso.
Es evidente que, en el uso técnico, como parte del léxico especializado de la lingüística, el vocablo lengua es un término con elevado grado de puntualización en cuanto a su definición. De Saussure acá, amén de discrepancias más o menos relativas, marcadas por la pertenencia de quien lo aplica a esta o aquella corriente del pensamiento linguofilosófico, entre los especialistas hay consenso en cuanto a que lengua es un sistema de signos organizados de cierta manera, con un conjunto dado de reglas de composición, de ordenamiento y de interrelación entre ellos, es decir, una sintaxis, una morfología, un inventario léxico más o menos amplio. Por tanto, si se es riguroso en el empleo de los términos lingüísticos, no a todo lo que usan los hablantes se debería llamar lengua, ni todo lo que se crea con fines de comunicación (o acaso de incomunicación) debería ser nombrado así.
Considero un desliz teórico, y una contradicción con la vocación normalizadora de buena parte de quienes se dedican a la terminología, la expresión "lengua científica", por más que esté arraigada entre no pocos especialistas.
La lengua (sea española, inglesa o finesa) es una sola, tanto la que habla el obrero como la que habla el empresario, el político como el periodista o el abogado, el lingüista como el tecnólogo, el naturalista o el literato. Está compuesta por multitud de elementos y conjuntos o subconjuntos de elementos interrelacionados, pero en todos los casos actúa como un único sistema.
Existe un uso técnico, una especialización de ciertos signos y recursos (el tecnolecto o los tecnolectos), dada por su mayor frecuencia de aplicación en textos o contextos de determinadas características y no en otros, pero no hay estanquidad entre ellos y otros signos y recursos, sino una constante y más o menos estrecha interrelación, con un recíproco y sostenido influirse en los más variados sentidos (como en los conocidos y aceptados procesos de terminologización y desterminologización de las palabras, por ejemplo). Dialectos, sociolectos, tecnolectos, "genolectos" (ver nota 2) e idiolectos son otros tantos usos particulares, otras tantas especializaciones de la lengua única, y con tanta razón como se habla de "lengua científica" podría hablarse, en consecuencia, de "lengua regional" (regiolecto), "lengua familiar" ("genolecto") o "lengua individual" (idiolecto); o de lengua de los marineros, lengua de los estudiantes, lengua de los delincuentes, etc., puesto que, evidentemente, en estos casos se está también en presencia de una especialización (uso marinero, estudiantil, delincuencial) de algunos recursos, ya que es indiscutible que en cada caso hay, cuanto menos, un léxico que aparece de preferencia en textos producidos por estas parcelas de hablantes, y no en otros. Este modo de razonar llevaría a establecer que la lengua "general" ("sistema de signos estructurados de determinada manera, con ciertas reglas sintácticas y morfofonológicas", etc.) está formada por un conjunto de lenguas (esto es, otros tantos sistemas de signos estructurados, etc.).
Pienso que la confusión en cuanto a las expresiones enunciadas en el título de este apartado radica en la indebida extrapolación de un uso lingüístico correcto en la enseñanza de idiomas. Cuando un profesor elabora un curso de "lengua (o lenguaje) para usos especiales" (o "específicos"), prepara un programa en que se enseñará un idioma dado (alemán, inglés...), pero no de un modo general, sino partiendo de la base de que el estudiante que acudirá a su curso tiene unas necesidades "especiales" ("específicas"), y que debe tener un grado de suficiencia en campos específicos del conocimiento, dentro de un área particular de actividad en que se debe desempeñar profesionalmente. De tal manera, si el alumno es un médico, deberá adquirir determinadas habilidades propias del hablante común (reglas de combinación y composición, fonética...), pero junto a ello tendrá que dominar un vocabulario específico, propio de la medicina (el cual, por demás, tenderá a estar internacionalizado) y acaso algunas especificaciones acerca de las características de la redacción científica en el idioma en que se adiestra. Ese proceso, aquí simplificado, es, desde luego, enseñanza de la lengua con fines específicos, y el término está muy bien empleado. La incorrección se produce cuando se extrapolan los términos y se aplica al vocabulario de la ciencia y la técnica (a su totalidad dentro de una lengua o al propio de cada una de las ramas posibles) la denominación de "lengua para fines específicos".
En otro orden de cosas, un fin específico no tiene forzosamente que estar relacionado con la ciencia o la técnica. Esto significa que el propio concepto de "lengua para usos especiales" (o "específicos") es mucho más general que lo que se intenta nombrar con esa expresión, esto es, que el concepto "tecnolecto", lo mismo que sucede con la denominación "lengua especial".
Si se aplica un criterio lingüístico, sin que sea excesivamente riguroso, hay que aceptar que una lengua especial, por definición, há de ser un sistema de signos creados especialmente para el cumplimiento de un objetivo dado o, lo que es lo mismo, creada por el hombre, consciente o inconscientemente, para el cumplimiento de determinado propósito (por su parte, "lengua para usos especiales", o "específicos", parece apuntar más a la elaboración consciente). El Esperanto y otras lenguas artificiales podrían ser consideradas lenguas especiales, pues fueron creadas con un propósito determinado. Una lengua críptica usada entre los miembros de una secta o sociedad secreta es una lengua especial, sin que ello tenga nada que ver con la comunicación científica. También un sistema creado para la comunicación hombre / máquina es una lengua especial, no importa el uso que se le dé. Desde este punto de vista, llamar lengua especial al conjunto de recursos lingüísticos de una rama cualquiera de la ciencia o de la técnica resulta en verdad excesivo.
Estilo científico, discurso científico, texto científico y tecnolecto
Tecnolecto es también sustituido ocasionalmente por fórmulas como "estilo" y "discurso" científico, y hay quien, para evitar todas las fórmulas mencionadas hasta aquí, habla solamente de "texto científico".
Desde un punto de vista metodológico, se trata de cosas diferentes, pero tan interrelacionadas que es difícil separarlas en la práctica. En la concepción sistémica que se intenta desarrollar en este trabajo se establece la distinción metodológica que a continuación se expone.
El tecnolecto, como se há expresado antes, es un conjunto de recursos existentes en las lenguas. Toda lengua tiene su(s) tecnolecto(s). Pero el tecnolecto en sí no es todavía algo que se lee o se escucha, sino algo puesto a disposición del hablante para su uso en situaciones comunicativas específicas. Es una potencialidad, no una realización concreta. Al igual que cualquier otro "-lecto", el tecnolecto se realiza, se materializa, en textos concretos, en textos científico-técnicos. No se escriben tecnolectos, sino textos científicos y técnicos, o si se quiere, para redondear el sistema léxico aquí propuesto, tecnotextos.
Los tecnotextos, por su parte, no se escriben de cualquier manera, sino de acuerdo con determinadas formas estilísticas que la costumbre, las normas editoriales y las características del pensamiento científico han ido imponiendo a los autores (sin descuidar, desde luego, las peculiaridades personales de cada autor individual); por tanto, existe un estilo científico y técnico, un tecnoestilo si se quiere, presente en cada tecnotexto. Pero ese estilo, ese modo de hacer, tampoco es el tecnolecto, y no se debe usar un término por otro.
Queda por esclarecer la relación de estos términos con la fórmula "discurso científico". Según la concepción aquí seguida, el uso de "discurso científico y técnico" (o tecnodiscurso) debe diferenciarse del uso del resto de las formas citadas. "Discurso" no es sinónimo de "estilo" ni de "texto". En la concepción teórica que se há tratado de esbozar en este trabajo se considera como tecnodiscurso al conjunto de todos los tecnotextos posibles, concretos (realizados) o en potencia. De esta manera:
8. tecnotexto. Materialización del tecnolecto; texto concreto, oral o escrito, en que se expresa un mensaje propio de la ciencia, de la técnica o de alguna rama especializada de la actividad del hombre. Sinónimos: texto científico-técnico, texto especializado.
9. tecnodiscurso. Conjunto de todos los tecnotextos posibles, concretos o en potencia. Sinónimo: discurso científico-técnico.
10. tecnoestilo. Modo peculiar de redactarse los tecnotextos, de acuerdo con determinadas formas establecidas por el uso y las costumbres, por las normas editoriales y las características más generales del pensamiento científico. Sinónimo: estilo científico-técnico.
Terminología y tecnoléxico. Componentes del tecnoléxico
La segunda acepción más conocida de terminología es la que le adjudica el significado de "conjunto de términos".
Al tratar del vocabulario de la metalurgia, de la medicina o de la ciencia en general, se habla de "la terminología" de la metalurgia, de la medicina, de la ciencia, etc., del mismo modo que se diría la "terminología" de la metalurgia, etc., para hablar de los estudios relativos a ese vocabulario. De este modo, muchas discusiones científicas en que se menciona este término son verdaderamente ambiguas, como se há insistido en las páginas precedentes. No pocas veces, cuando se hace mención a la importancia, los problemas o las características de "la terminología", se mezclan las acepciones, y con dificultad se logra discernir si se habla del vocabulario específico de una especialidad, de las labores relacionadas con él o de la propia disciplina que se ocupa de teorizar acerca de todo ello. Este es un elemento de confusión que, curiosamente, no se há resuelto por los teóricos más preocupados por la normalización del vocabulario científico.
Para un adecuado desarrollo de la terminología como ciencia es importante deslindar estos significados. Es de una pobreza terminológica considerable asignar la misma denominación a nociones diferentes. Dar el mismo nombre a una disciplina y a uno de los elementos que estudia esa disciplina va contra el afán de lograr la univocidad que se encuentra en la base de buena parte de los trabajos en terminología. Tal ambigüedad, que es considerada un inconveniente en cualquier rama de actividad científico-técnica, es sencillamente contraproducente cuando tiene lugar nada menos que en el seno de la disciplina que se identifica a sí misma por la búsqueda de la exactitud en los textos científicos y técnicos. Pienso que este es uno de los casos en que se impone una llamada al orden y donde es imprescindible una búsqueda de elementos que permitan la normalización del léxico empleado.
De acuerdo con el sistema que he tratado de esbozar en este trabajo, para denominar la totalidad de los componentes léxicos de la ciencia y la técnica, o de alguna de sus ramas en particular, propongo la generalización del uso del término tecnoléxico, de acuerdo con la siguiente definición:
11. tecnoléxico. Conjunto de recursos léxicos que genera una actividad científica o técnica dada, tanto los propios de situaciones comunicativas formales como los que sólo se usan en el coloquio.
En virtud de los elementos que intervienen en su composición, el neologismo tecnoléxico es un término plenamente motivado, identificable por el hablante: el formante tecno- lo relaciona con todos los vocablos conocidos referidos a la técnica y, en el sistema aquí presentado, con otros como tecnolecto y tecnolectología (conocidos de antes) y tecnojerga, tecnotexto, tecnodiscurso y tecnoestilo (propuestos en este trabajo). Por su parte, el formante -léxico (conocido por su relación con el concepto "conjunto de vocablos") indica sin ambigüedad a qué nivel de la lengua se hace referencia.
Partiendo de la concepción antes enunciada de que el tecnolecto no es algo distinto de la lengua general, sino parte de ella, el tecnoléxico, consecuentemente, há de ser tenido como uno de los constituyentes del léxico general, con relativa autonomía del resto de sus parcelas, pero no independiente, sino en estrecha y constante interrelación con ellas.
Tecnojerga
Ciertamente, son los componentes léxicos los más evidentes en un tecnolecto, al punto de que es prácticamente el elemento caracterizador. Pero esos componentes no siempre son "términos" propiamente dichos. Una concepción generalizada del vocablo indica que recibe este nombre una unidad denominativa de alguna de las nociones propias de una actividad científica o técnica dada, y que aparece de preferencia en textos especializados. A su lado, también como unidades denominativas, se suele mencionar la nomenclatura, cuyos elementos se diferenciarían del término en sentido estricto por denominar los objetos concretos con que trabaja esa rama del quehacer humano. Según esto, el término sería la denominación del elemento conceptual y la unidad de nomenclatura sería el nombre de una cosa, una "etiqueta" impuesta a un objeto (hay una noción de "lo ácido" que recibe este nombre y puede ser definido de tal o cual manera; en cambio, "ácido bórico" no es más que la forma de referirse a cierto ácido, aquel entre cuyos componentes se encuentra el boro). Desde luego, esta distinción es válida solo en puntos polares, y la frontera entre los conceptos de "término" y "unidad de la nomenclatura" es totalmente imprecisa. Pero está claro que, se establezca o no la diferenciación teórica entre ellos, ambos tipos de elementos son recursos léxicos de que dispone cualquier rama del quehacer científico o técnico, y son, pues, componentes del tecnoléxico.
Estos elementos son vehículos de la comunicación científica que poseen determinado reconocimiento, gozan de un prestigio otorgado por su aparición en numerosos y muy variados textos escritos, estén o no normalizados. Pero es sabido que en situaciones comunicativas diversas en el taller, el laboratorio o el hospital, se utilizan, cuando no son exigibles determinados niveles de formalización en el lenguaje, junto a los recursos léxicos "consagrados", otros que no lo son tanto, incluso algunos que son expresamente rechazados en documentos normalizativos. En mayor o menor medida, tales recursos son utilizados tanto por los especialistas más renombrados como por asistentes y estudiantes, y ocasionalmente por legos. Esto es lo que algunos llaman "jerga", pero que, como he propuesto en otra ocasión, y con el fin de eludir las connotaciones negativas corrientes de esta palabra, con más propiedad debería llamarse, al ser usado como parte del tecnoléxico terminológico, tecnojerga [Alpízar 199 ]:
12. tecnojerga. Conjunto de recursos lingüísticos de los tecnolectos que suelen emplearse por los especialistas en el coloquio y en otras situaciones comunicativas informales.
Este componente léxico no formalizado se caracteriza por estar constituido, en lo fundamental, por préstamos intra y extra sistémicos no reconocidos o tenidos por incorrectos (extranjerismos de procedencia diversa, elementos de la lengua general, algunos de ellos regionalismos, con acepción técnica añadida, elementos del propio tecnolecto o de otros con cambio de significado), por creaciones neológicas varias, sinónimas de formas "consagradas" o destinadas a cubrir "casillas" léxicas vacías, y por combinaciones fraseológicas y perifrásticas varias, sinónimas o no de términos reconocidos.
En mi concepción sistémica, el tecnoléxico comprende tanto los elementos más tradicionalmente considerados "términos" (en tanto unidades denominadoras de conceptos) como los tenidos como propios de la nomenclatura (en tanto denominadores de objetos de la ciencia) y las unidades léxicas tecnojergales.
Es preciso hacer hincapié en este último punto, puesto que hasta aquí há sido una constante en las obras terminológicas el desconocer el carácter tecnolexical de las unidades léxicas tecnojergales. En mi sistema, tan propios del tecnoléxico son los términos más reconocidos y consagrados (por ejemplo, los normalizados) como los rechazados o desconocidos por las normas, pero usuales en la comunicación informal entre especialistas (las unidades léxicas tecnojergales). La diferencia entre ellos radica solamente en las situaciones comunicativas concretas en que unos u otros recursos léxicos suelen aparecer de preferencia ("de preferencia", porque suele haber cruces).
El enfoque exclusivamente normalizador de la mayor parte del quehacer terminológico (en definitiva, explicable por muchas razones) há llevado a esta inadecuación de la teoría y la práctica terminológicas a la realidad de la lengua. Un planteamiento más sociolingüístico de la terminología há de colocar por fin las cosas en su sitio, y, sin descuidar la imprescindible labor normalizadora, que apunta al desideratum de una comunicación científica más fluida y eficiente, permitirá una acertada descripción de los hechos terminológicos, que, en definitiva, no son en la realidad más que otros tantos hechos de lengua. El término (elemento para la comunicación) y el especialista que lo emplea para emitir o comprender mensajes científico-técnicos (un hablante, en fin de cuentas) no son entelequias, sino componentes de una realidad de múltiples facetas, y una terminología bien entendida há de asumir esa realidad como punto de partida para sus lucubraciones teóricas y sus aplicaciones prácticas, há de ser una socioterminología.
Bibliografia
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