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Índice por autores

 

 

Las normas internacionales para la terminología
y su aplicación práctica

Helena M. Geerse

 

1. Introducción

La formación de términos puede divisarse en dos tipos: "primary term formation" y "secondary term formation" (Sager, 1990). El primer tipo se refiere al nacimiento espontáneo de términos en las fábricas y en los talleres. Influir en esta forma de crear términos es muy difícil porque se realiza fuera del alcance de los terminólogos. El segundo tipo, "secondary term formation", es la formación o la selección de términos dentro de instituciones oficiales, y realizada por planificadores de la lengua. Se funda en decisiones bien ponderadas para llegar a una denominación adecuada para un concepto. La "secondary term formation" no es una cosa arbitraria, sino una ocupación estructurada que puede resultar en una terminología construida sistemáticamente.

Referente al segundo tipo existen normas internacionales terminológicas, elaboradas y editadas por la International Organization for Standardization (ISO). La ISO es una organización nongubernamental para la cooperación internacional en el campo de la normalización. Elabora normas internacionales para productos, métodos de prueba, maneras de almacenamiento, etc. con el fin de fomentar el comercio internacional y protejer al consumidor. La normalización no puede conseguir el efecto que aspira, salvo que todos los usuarios interpreten las normas de la misma manera. La ISO se da cuenta de este hecho y dedica atención a la formulación de las normas, y con ella a la terminología usada. Dentro de la ISO se fundó en 1951 la Comisión Terminology (principles and coordination), para que formulara principios generales para la terminología y la lexicografía terminológica. Esta comisión elaboró entre otras unas normas que describen criterios morfológicos y etymológicos, a fin de unificar internacionalmente el método según el cual se constituyen los términos. El objetivo de mi investigación era sacar en claro en qué medida estas normas se usan en la práctica. Las normas que estudié están tituladas ISO 704 Principles and Methods of Terminology y ISO/R 860 International Unification of Concepts and Terms. Ambas normas están siendo revisadas.Investigé su aplicación, analizando lingüísticamente dos vocabularios de la telecomunicación elaborados por la International Telecommunication Union (ITU), y que tienen el estatus de recomendación internacional.

Esta investigación la llevé a cabo para obtener la licenciatura en Filología Española. El artículo presente resume los resultados más importantes.

 

2. La terminología de las RDSI

La telecomunicación es un terreno tecnológico muy extenso. Para mi estudio elegí un tema restringido, a saber la RDSI o sea la Red Digital de Servicios Integrados. La RDSI contrae una técnica recientemente desarrollada por la que se pueden prestar servicios de telecomunicación muy avanzados, como la audioconferencia, la correspondencia electrónica y la telefonía de imágenes. 'Facilidades' les dan posibilidades adicionales a estos teleservicios. Se puede pensar en aviso de la llamada, conmutación a otro aparato, visualización del número de directorio del llamante, y repetición de la llamada automáticamente en caso de línea ocupada o sin contestación. Elegí este tema porque la terminología de las RDSI es una terminología reciente, que asimismo se normalizó recientemente. Entonces, el estudio de los términos procura discernimiento en los procedimientos que hoy día desempeñan un papel en la formación de términos.

La terminología de las RDSI está publicada en la Recomendación I.112 Vocabulario de términos relativos a las RDSI y la Recomendación I.113 Vocabulario de términos relativos a los aspectos de banda ancha de las RDSI. "Banda ancha" se refiere a un método específico de transmitir señales. Las recomendaciones son trilingües, contienen el español, el francés y el inglés. Definen 136 conceptos, en español denominados por 178 términos que se componen de 116 elementos (palabras) en total.

 

3. La aplicación de las normas terminológicas

El objetivo principal de mi estudio era sacar en claro en qué medida las recomendaciones o normas terminológicas de la ISO se aplican en la práctica de la normalización. Una parte de los términos a estudiar se normalizó por primera vez en 1984. En aquel momento sólo estaban en vigor las recomendaciones ISO/R 860 International Unification of Concepts and Terms y ISO/R 704 Naming Principles, ambas publicadas en 1968. El instituto español de normalización, AENOR, hizo estas recomendaciones normas nacionales. En 1988 se terminó una versión revisada y extendida de la terminología de las RDSI. Entretanto, la norma ISO 704 Principles and Methods of Terminology (1987) había reemplazado a la recomendación precedente. Por ello comparé la versión antigua con la más reciente. Las diferencias que encontré no son de tal forma que influyan en los resultados de la investigación. La norma de 1987 hasta ahora no se ha traducido al castellano.

La norma ISO 704 describe los principios de la teoría conceptual, los diferentes tipos de definiciones y los métodos para la formación de términos. La ISO/R 860 pone especial énfasis en el uso de términos internacionales. Esta investigación se centra en los términos, su morfología y etimología. Después de unas observaciones generales en cuanto a los vocabularios estudiados, abajo se explicarán en breves palabras los apartados relevantes de las normas y su aplicación a los términos de las RDSI.

 

3.1 Observaciones generales

Todos los términos estudiados tienen la forma de un sustantivo o de un grupo de palabras con un sustantivo como núcleo. El sustantivo es por excelencia la clase de palabra para la denominación de objetos o estados. Con ello, su uso frecuente podría sugerir equivocadamente que los conceptos de las RDSI tienen en general un carácter estático. Sin embargo, por lo menos el 41% de los elementos individuales de los términos no se relaciona con cosas estáticas, sino que refiere -a veces indirectamente- a un proceso o, en todo caso, a una actividad. Un ejemplo: se define el grupo de palabras conmutación digital, mientras que el término conmutar no figura en los vocabularios. El modo de que los elementos se agrupan, a saber en torno a un sustantivo, da lugar a suposiciones incorrectas con respecto al contenido de los conceptos. En lo que toca a las definiciones, se puede observar que aparentemente tienen un carácter provisional. En muchos casos la información dada en notas añadidas es indispensable para poder identificar el concepto al que se refiere el término.

 

3.2 Exigencias o principios básicos

La norma ISO 704 cita cinco exigencias o principios básicos que deben cumplir los términos. Estas exigencias ya figuraban en la versión anterior Naming Principles y también se mencionan en obras de diversos autores, como Felber & Budin (1989:122). Son: 1) corrección lingüística, 2) exactitud, 3) concisión, 4) posibilidad para derivaciones, y 5) monosemia.

Sobre la primera exigencia, la corrección lingüística, se dice: "A term should conform to the norms of the language in question". En la norma no se entra más detalladamente en estas "norms of the language". Así es que no se sabe si esta exigencia se refiere también a, por ejemplo, las reglas fonológicas de una lengua. Sager (1990:89) da una descripción más precisa de la exigencia: "The term must conform to the general rules of word-formation of the language which will also dictate the word order in compounds and phrases." Esta exigencia está cumplida en gran medida. Sólo en 3 casos, la estructura no concuerda con las reglas morfológicas o sintácticas españolas. Estos términos muestran rasgos característicos de la morfología inglesa. Por ejemplo: I. packet transfer - E. transferencia paquete. En sentido estricto, el término castellano necesita una preposición: transferencia por paquetes. Esta forma también figura en el vocabulario de la ITU.

La exigencia de exactitud se describe como sigue: "A term (a word or phrase) should reflect, as far as possible, the characteristics of the concept which are given in the definition". Si esta exigencia está cumplida, se habla de un término motivado. Parece que la norma relaciona la exactitud con el contenido de la definición. Supone definiciones sistemáticas, las que faltan con frecuencia en los vocabularios de las RDSI. Se puede interpretarla de manera que el término tiene que reflejar exactamente el contenido, o sea las características, del concepto. Esta exigencia se cumple sólo muy restringidamente. Puesto que el contenido de muchos conceptos es extremamente complejo, una mayor precisión llevaría en muchos casos a términos muy largos.

La tercera exigencia, la concisión, tiene el objeto de evitar términos innecesariamente largos. La norma no da una definición exacta de esta noción. Estudié la longitud de los términos, en sentido del número de palabras que contienen. La concisión es una noción relativa y se deja juzgar sólo en comparación con sea otros terrenos profesionales, sea otras lenguas. Estudiando la concisión por terreno profesional o por tema, se puede observar que los términos de las RDSI se constituyen en promedio de aproximadamente 3 palabras, preposiciones y artículos incluidos. Es notable que los términos relativos a los aspectos de banda ancha en promedio son más largos que los términos "generales" de las RDSI. Una técnica más especializada entonces traería consigo términos más largos. Esto no sorprende cuando se toma en consideración que los conceptos pertenecientes a una tecnología muy especializada son a menudo formas más desarrolladas de conceptos "generales", mantienen una relación de subordinación. Los nuevos términos pueden formarse entonces añadiendo uno o más complementos atributivos a los términos ya existentes. Llevando a cabo una investigación parecida en otros terrenos profesionales, se podría demostrar si esta regla tiene validez general. Comparando la concisión por lengua, se puede observar que los términos castellanos son en promedio menos concisos que los términos ingleses. Esto se relaciona con las posibilidades más reducidas para composición en las lenguas latinas. Entre los términos castellanos y los términos franceses no se observan diferencias de concisión dignas de mención.

Según la cuarta exigencia, posibilidad para derivaciones, un término tiene que ofrecer "if possible" posibilidades para la formación de derivaciones por medio de la combinación de morfemas. A esta exigencia se dedicó aparentemente poca atención. La mayoría de los términos tiene la forma de un grupo de palabras, compuesto de un núcleo y una o más determinaciones. Naturalmente, las determina- ciones obstruyen en muchos casos la formación de derivaciones. Por ejemplo, el término conmutación digital. La formación del término derivado *conmutar digital es incorrecta porque este término exige un adverbio (digitalmente) en lugar del adjetivo digital. Si se elige digitalmente corre riesgo la significación, ya que el adverbio significa 'de una manera digital' mientras que trata de señales digitales.

La quinta exigencia, la monosemia, se interpreta en la norma como la relación 1:1 entre el término y el concepto. Hay varias nociones que se relacionan con la monosemia, p.ej. la sinonimia, la homonimia y la polisemia. La norma sí da indicaciones para prevenir sinonimia, pero no explica cómo actuar en casos de homonimia o polisemia, que son más difíciles de señalar. Esta exigencia está cumplida relativamente bien, aunque el 30% de los conceptos se denomine por mínimamente dos sinónimos. En la gran mayoría de estos casos un término es la abreviación del otro, p.ej. red y red de telecomunicación, pero pasa muy poco que los sinónimos son esencialmente diferentes. La homonimia la constaté en un solo término, canal (de transmisión) - canal (de acceso), pero se desaconsejaba el uso de la abreviación canal referente al segundo concepto. Casi todos los elementos de los términos se tomaron del lenguaje general o de otros lenguajes profesionales. Por este motivo la monosemia perfecta no es realizable. Una completa relación 1:1 entre término y concepto puede lograrse a lo más dentro de una especialidad, y sólo entonces parece ser una condición imprescindible para conseguir comunicación eficaz y efectiva.

 

3.3 Formación y selección de términos

La ISO 704 (1987) comprende un apartado dedicado a la estructura y la formación de términos. Abajo se mencionan los métodos para la formación de términos y la medida en que se aplican a los términos de las RDSI. Ocurre con frecuencia que la morfología de un término corresponde con varios métodos. En estos casos es difícil determinar el camino por el que un término entró en el mundo de la telecomunicación. Por ello no es posible establecer las frecuencias exactas con que se aplican los diferentes métodos.

El primer método descrito es el cambio de significado: una palabra del lenguaje general obtiene un significado diferente y se utiliza después como término. Arntz & Picht (1982:111) ponen este fenómeno el nombre de "Terminologisierung", una forma de "Metaphorik". La norma sólo menciona el préstamo del lenguaje general, o sea la terminologización, pero existe también el préstamo de otro lenguaje especializado. Esto puede llamarse la transferencia de términos. De los elementos (palabras) que constituyen los términos de las RDSI, el 82% son terminologizaciones. El 5% de las palabras está transferida de otros terrenos profesionales, p.ej. de las matemáticas (binario). La mayoría de los términos enteros se compone de varias palabras, son sintagmas o sea grupos de palabras. Evidentemente, estos términos no están tomados del lenguaje común ni de otro lenguaje profesional.

El segundo método es el cambio de la clase de palabra, también llamado "Konversion" (Arntz & Picht, 1982:114). Es decir que un término nuevo puede nacer del cambio de la clase gramatical de una palabra o de un término ya existente. Este método se aplica en el 2% de los términos. Siempre concierne un cambio de un adjetivo en un sustantivo, p.ej. central. A veces ambas clases de palabra se usan.

Luego, la norma menciona dos posibilidades para tomar prestadas palabras de otras lenguas: a) "borrowing in the strict sense from a foreign language; the term is adopted and eventually adapted" y b) "the literal translation". Las formas pertinentes bajo a) las llamo el préstamo, respectivamente el préstamo hispanizado, la forma bajo b) el préstamo traducido. En sentido estricto no figuran préstamos en esta terminología. Al contrario, encontré 6 préstamos hispanizados, p.ej. I. multiplexing, E. multiplexación. Préstamos traducidos figuran en amplia medida (96%), en el sentido de que la forma interna (los significados de las partes constituyentes) del término castellano equivale a la forma interna del término inglés o francés. Unos ejemplos: I. broadband, E. banda ancha, y F. signal analogique, E. señal analógica. Es muy probable que los términos ingléses sirvieron de ejemplo para los equivalentes castellanos, ya que los términos ingleses se originaron antes de los términos castellanos y franceses.

Sobre la derivación la norma dice que "New terms are often formed by combining words or phrases". Bajo una forma derivada se entiende cualquier combinación de raíz y afijo(s). Desgraciadamente, la norma es muy conciso en cuanto a los términos compuestos (combinación de dos o más raíces, escritas juntas) y sobre los grupos de palabras, ya que constituyen una parte considerable de la terminología de las RDSI. El 5% de las palabras que figuran en los términos de las RDSI se produjeron por medio de la derivación de palabras castellanas ya existentes. Estos elementos se formaron por analogía de los equivalentes ingleses y/o franceses. Podrían llamarse préstamos hispanizados asimismo. El 8% de los elementos se produjo por medio de la composición. Solamente en caso de un término se combinan dos raíces autónomas (videomensajería), en los demás casos se trata de una raíz prefija y otra autónoma (interfaz, televisión etc.). El método más aplicado para formar términos es la formación de un grupo de palabras. El 86% de los conceptos está denominado así. Dos terceros de los grupos de palabras contienen una o más preposiciones.

El último método tratado en la norma terminológica de la ISO es la abreviación. Da ejemplos de tres tipos de abreviaturas : 1) la omisión de una parte de la palabra, o sea el apócope, p.ej. página - p., 2) los inicialismos, como CEE, OTAN y 3) los acrónimos, de los que pone el ejemplo I. radwaste - radioactive waste. Los vocabularios de las RDSI sólo contienen cuatro inicialismos, aunque en realidad se usan más. En la norma no se describe la omisión de palabras enteras, un método que se usa a menudo para abreviar un término largo que consiste de un grupo de palabras. Hay 41 conceptos que se denominan por un término y un sinónimos. Tres cuartos de los sinónimos se formaron por este método (p.ej. red - red de telecomunicación). Aparte de eso encontré casos de omisión en términos no abreviados, lo que es muy difícil de observar. Pongo por ejemplo interfaz posicionado, que quiere decir 'interfaz con canales posicionados'.

En ISO/R 860 International Unification of Concepts and Terms se hacen unas propuestas para un tratamiento internacionalmente armonizado de conceptos, definiciones y términos. Esto con el objetivo de fomentar el entendimiento internacional. Términos se llaman internacionales si tienen la misma forma interna (i.e. los significados literales de las partes constituyentes coinciden) y/o la misma forma externa (gráfica) en varias lenguas. La norma distingue cuatro categorías de internacionalismos, 1) palabras tomadas directamente del latín o del griego, 2) términos "Latin type", o sea compuestos de elementos latinos, 3) términos vernáculos adoptados internacionalmente (no necesariamente del latín o del griego), p.ej. 'robot' que viene del checo, y 4) términos formados a base de raíces antiguas. P.ej. L. status, que se usó para formar las palabras E. estado, F. état, I. state y E. estatus, F. état, I. status. Todos los elementos de los términos cumplen con los criterios para internacionalismos. El 42% de los elementos (palabras) cae dentro de la categoría términos "Latin type" (categoría 2), el 1% cae dentro de la categoría términos vernáculos (categoría 3), este término del árabe, tara, se usa también en terrenos fuera de la telecomunicación, y el 57% se basa en raíces internacionales que ya formaban parte del castellano (categoría 4). De la última categoría más de cuatro quintos hacen uso de raíces latinas o griegas. Tomado en consideración que todos los elementos son internacionales, los términos enteros lo son asimismo. Sin embargo, con el tiempo algunas raíces antiguas experimentaron tales modificaciones morfológicas que cabe dudar si realmente se entienden internacionalmente.

 

4. Conclusiones

Se puede afirmar que los cinco principios básicos no se siguen sin más ni más. Resulta que el grupo de estudio de la ITU que elaboró los vocabularios de las RDSI atribuye mucha importancia a la corrección lingüística, pero en cuanto a los demás puntos la aplicación es bastante, hasta muy limitada. Si esto es realmente una deficiencia de la terminología, es una cuestión interesante.

La moderada observancia de las normas puede deberse por parte al hecho de que cualquier comisión que normalice términos se ve confrontada con términos ya usados en la práctica. Los conceptos de un terreno profesional no se originan dentro de las comisiones de normalización, sino en los diversos círculos profesionales. Antes de que las características de una tecnología se normalizan, los especialistas técnicos ya han formado términos para poder comunicar sobre ella y desarrollarla. La recomendación ISO/R 704 Naming Principles (1968) dice sobre este punto: "Once a term or a concept has been generally accepted it should not be changed without cogent reasons and reasonable prospects of acceptance of the change. In the absence of general acceptance, divergencies in usage would arise leading to new synonyms (...) or ambiguous (...) terms" (Principle No. 28, Adherence to established usage). Este principio no se repite en la norma ISO 704 del año 1987. Parece que en los casos que un término ya existente no corresponde con las normas de la ISO, hay que sopesar el valor del uso aceptado de un lado y de terminología sistemática de otro lado.

Una segunda causa del cumplimiento restringido puede residir en la aptitud y la utilidad de las reglas. ISO 704 pretende que la observancia de las cinco exigencias es indiscutiblemente recomendable, sin tener en cuenta las propiedades del concepto a denominar. Sobre este punto de partida se pueden tener dudas, particularmente en lo que se refiere al tema de las derivaciones. En primer lugar el significado de los términos no siempre da motivos para la formación de derivaciones. La necesidad de formarlas sólo existe si hay un "concepto derivado" que necesite ser denominado. Además se constató que las oportunidades existentes para derivaciones no siempre se utilizan.

En cambio se eligen construcciones con preposiciones, que satisfacen asimismo, a expensas de términos derivados. Se usa p.ej. circuito de telecomunicación, y no circuito telecomunicativo.

Otro punto forma la exigencia de exactitud. Aspirar a precisión en la expresión es seguramente útil como punto de partida. En cambio, la viabilidad de esta exigencia es muy relativa, y en mi opinión depende de la especialidad o del tema respectivo. Los conceptos pertenecientes a la tecnología especializada de las RDSI se caracterizan por un grado elevado de complejidad. Y conforme aumenta la complejidad de los conceptos, disminuye la viabilidad de términos exactos. El objeto de la exigencia es efectuar que los términos se interpretan correctamente. Desde mi punto de vista para ello tiene más importancia la relación 1:1 entre término y concepto.

La terminología castellana hace un uso excepcional de términos en forma de grupos de palabras, por lo que el estudio de algunos principios básicos y métodos para la formación de términos necesita un planteo adaptado. Aunque este método para formar términos es característico de por lo menos dos lenguas latinas, la norma de la ISO no le presta ninguna atención especial.

Mirando los términos de la manera que figuran en los vocabularios, se ve que la formación de grupos de palabras es el método más aplicado. Tomando los elementos constituyentes de los términos por separado, resulta que la gran mayoría procede del lenguaje general. A causa del origen latino del castellano, esto tiene la consecuencia de que los términos, según los criterios puestos en la recomendación ISO/R 860, son internacionalismos. Esta recomendación internacional afirma que la procedencia latina de un término lo convierte en internacionalismo. Para ilustrarlo pone ejemplos de palabras en varias lenguas, que se basan visiblemente en la misma raíz latina. A mi parecer, la internacionalidad no sólo tiene que ver con la proce- dencia de los términos, sino también con la medida del uso y del entendimiento internacional de los términos. Las raíces latinas pueden haber experimentado con el tiempo tales influencias nacionales que la forma, y con ella la significación, ya no se reconoce internacionalmente. La ISO/R 860 no establece criterio respecto de la medida en que los equivalentes en las diversas lenguas tienen que mostrar igualdad formal. La recomendación tampoco dedica atención especial a términos que ciertamente se basan en el latín, pero que figuran solamente en una o unas lenguas. No me parece justo hablar en estos casos de internacionalidad; la recomendación de la ISO no plantea este punto.

 

5. Recomendaciones

El cumplimiento de las mencionadas normas de la ISO puede estimularse trabajando de un lado en aspectos del contenido de las normas, de otro lado en su distribución.

El contenido de las normas puede habilitarse mejor para la aplicación práctica, a) indicando las relaciones entre las reglas normativas y b) introduciendo más claridad. Naturalmente, las normas tienen que limitarse a formular principios generales ya que tienen que ser aplicables internacionalmente, a lenguas diferentes. Sin embargo, hace falta que se formulen de tal manera que "formadores de términos" que aspiran al establecimiento de terminología consistente conforme a los criterios internacionales, dispongan de reglas y principios claros y aplicables.

En lo que toca al punto a): Los cinco principios básicos pueden describirse indicando más las relaciones mutuas y con los métodos para formar términos. Esto le ayuda a la comisión de normalización y al "formador de términos" a medir los diferentes principios entre sí y a fijar las prioridades justas. La norma presente sólo relaciona la exigencia "concisión" con la "exactitud": la primera muchas veces va a expensas de la segunda. Pero ésta no es la única incompatibilidad. La formación por medio del cambio del significa- do conduce a la falta de monosemia, y los préstamos, traducidos con poco cuidado, amenazan la corrección lingüística. Si tales relaciones se indican en las normas, el formador de términos o la comisión de normalización no pasará fácilmente por alto ciertos aspectos, y elegirá términos que estén más en consonancia con el tenor de la norma. Otro punto es la claridad de las reglas. Las cinco exigencias se proveen de definiciones y ejemplos sólo escasamente. Se ponen reglas sin mención de cómo realizarlas. Por ejemplo, no se explica qué se entiende por concisión, y cómo se puede lograrla. Los ejemplos que se encuentran en las normas bien es cierto que son esclarecedores, pero no consideran casos más difíciles. En "posibilidad para derivaciones" por ejemplo, solamente se citan términos que consisten de una sola palabra. No se ahonda en términos más largos.

Además, tendría un efecto favorable si las normas se centraran más en lenguas o en grupos de lenguas específicos. Entonces se podría dedicar atención extra a los aspectos que necesitan aclaración especial para la lengua o las lenguas en cuestión. Para las lenguas latinas, haría falta la elaboración detenida de, por ejemplo, el punto "internacionalismos". La adaptación de las normas en este sentido, la considero una tarea de las comisiones de normalización nacionales.

La aplicación de las normas puede estimularse asimismo dándoles más publicidad. Publicaciones periódicas de la ISO y de institutos nacionales de normalización tendrían que llamar la atención regularmente hacia la utilidad de terminología construida sistemáticamente y hacia las normas de la ISO elaboradas para este objeto. Además, a importantes organismos de normalización fuera de la ISO -como por ejemplo la International Telecommunication Union, que normalizó la terminología de las RDSI-, hay que informarlos directamente de las normas terminológicas.

Las normas terminológicas se elaboraron con el objetivo de fomentar la univocidad y la concisión de la terminología, y con ello promover la comunicación efectiva. Las normas rechazan el uso internacional de términos de una determinada lengua "privilegiada". Las normas abogan por la equivalencia de todas las lenguas vivas (véase la exigencia de corrección lingüística). Si realmente se aspira al aumento de la eficacia de la comunicación profesional y al tratamiento equivalente de todas las lenguas como medio de expresión, hay que distribuir las normas mucho más ampliamente que expuesto arriba. Entonces no satisface el método actual, según el que las normas se venden a petición. Los institutos de normalización tendrían que proporcionarles las normas, por iniciativa propia, a todas las organizaciones que previsiblemente introducirán términos nuevos.

 

Referencias

Arntz, R. & Picht, H. (1982), Einführung in die übersetzungsbezogene Terminologiearbeit. Hildesheim / Zürich / Nueva York: Georg Olms Verlag.

Felber, H. & Budin, G. (1989), Terminologie in Theorie und Praxis. Tübingen: Günter Narr Verlag.

Geerse, Helena M. (1992), La Terminología en la Telecomunicación, Un estudio de normas internacionales de terminología y su aplicación a los términos castellanos de las RDSI. Utrecht: Rijksuniversiteit Utrecht, Faculteit der Letteren, Vakgroep Romaanse Talen en Culturen.

International Unification of Concepts and Terms, ISO/R 860 (1968) Ginebra: ISO.

Naming Principles, ISO/R 704 (1968) Ginebra: ISO.

Principles and Methods of Terminology, ISO 704 (1987) Ginebra: ISO.

Sager, J.C. (1990), A Practical Course in Terminology Processing. Philadelphia/Amsterdam: John Benjamin's Publishing Company.

Vocabulario de términos relativos a las RDSI, Recomendación I.112 (1984/1988). En: Libro Azul, Tomo III, Fascículo III.7, 1989 Ginebra: International Telecommunication Union, CCITT.

Vocabulario de términos relativos a los aspectos de banda ancha de las RDSI, Recomendación I.113 (1988). En: Libro Azul, Tomo III, Fascículo III.7, 1989 Ginebra: International Telecommunication Union, CCITT.

 

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