Sobre la diversidad y la terminología
M. Teresa Cabré Castellví
El título de esta conferencia de clausura del III Simposio Iberoamericano de Terminología puede parecer a simple vista una paradoja. Resulta extraño hablar de diversidad en este contexto temático teniendo en cuenta que en el campo de la terminología es infinitamente más frecuente (por no decir exclusivo) hablar en términos de unificación, uniformización, internacionalización, reducción, armonización, estandarización o normalización, más que de diversidad, singularidad, especificidad, peculiaridad o identidad.
Y no es sino una paradoja aparente, ya que si efectuamos un análisis mínimamente sistemático del campo (o campos) de estudio y de trabajo de lo que llamamos terminología, de sus bases científicas, de los principios que requiere su aplicación, de sus finalidades, de sus materialidades o incluso de la formación que requieren sus especialistas, no encontramos más que diversidad. Casi debemos decir que si no hubiera habido "en el principio" la diversidad no se habría desarrollado la terminología como una disciplina sistemática cuyo objetivo fundamental es la unificación; si no hubiera existido en un principio la diversidad, no tendría sentido plantearse la necesidad de armonizar y estandarizar, porque sólo de la diversidad nace la necesidad de reducir posibilidades. Así pues podemos afirmar que de estas premisas no se deriva más que una conclusión: la terminología ha nacido de la diversidad y ha crecido hasta ahora y sigue creciendo en dialéctica con la diversidad.
El objetivo de mi conferencia es mostrar precisamente cómo el campo de la terminología está presidido por la noción de diversidad en prácticamente todos los aspectos que cubre, aunque de manera paradójica se proponga superar precisamente esa diversidad, sometiéndose a menudo a principios teóricos que difícilmente superan la prueba de la falsación y obligándose frecuentemente a cumplir unos objetivos unitarios que esconden en el fondo una gran dispersión. Esa dispersión, sin embargo, se encuentra bajo control, como muy acertadamente ilustra el siguiente fragmento de Rondeau y Sager (1986):
Au cours des quinze dernières années, un consensus s'est dégagé, malgré des idéologies souvent divergentes sur un certain nombre de principes directeurs régissant le travail terminologique; il n'en reste pas mois que, pour chaque pays, les objectifs et les modalités du travail terminologique sont assujettis à un grand nombre de facteurs parmi lesquels on peut citer les situations politique, socio-économique et linguistique. Rondeau i Sager (1986)
0. Algunas precisiones previas
No querría iniciar esta exposición sobre la diversidad sin subrayar previamente algunos aspectos en los que se apoya la línea subyacente de este texto, aspectos que, aunque puedan parecer obvios, constituyen en el fondo algunos de los supuestos de mi concepción de la dicotomía unidad/diversidad en terminología y que, sin ninguna pretensión de exhaustividad ni de dogmatismo, intentaré exponer en forma de breves precisiones.
Primera precisión: Como todo el mundo sabe, las teorías son profundamente más coherentes que la realidad que describen porque no representan fielmente la realidad misma sino que construyen un modelo idealizado de esa realidad que desean representar. No podría ser científicamente de otro modo, y la terminología como disciplina no es ninguna excepción a ese principio; en otras palabras, la teoría de la terminología y los objetivos unificadores que se propone no reflejan exactamente la realidad de la que tratan de dar cuenta.
La realidad es diversa por naturaleza, como diversas son las materializaciones de la abstracción, sea cual sea la materia de que trate. La realidad especializada es un conglomerado pluriconceptual de múltiples facetas al que es posible acercarse por varios caminos. El mundo de las materias científico-técnicas a que aluden los términos especializados está en constante ebullición, con la dinámica permanente que esto supone. Aparecen así continuamente nuevos campos del saber, ya sea por el descubrimiento de nuevos objetos científicos, ya sea por una nueva redistribución de los objetos ya conocidos. Dar cuenta de esa realidad dinámica y profundamente intrincada no es un propósito fácil de cubrir, y sólo a través de la idealización del objeto que toda teoría proporciona es posible dar razón de esa complejidad tan diversa.
Segunda precisión: La terminología es una materia teórica y aplicada, con todas las consecuencias que conlleva el término aplicada. Aun más; para un lingüista, la terminología es una rama o una materia de la lingüística aplicada. En consecuencia, el concepto de lenguaje que la terminología maneja se aleja bastante del concepto en que se basa la teoría lingüística. Para esta, el lenguaje se concibe como una capacidad innata de base biológica, común a toda la especie humana. Su propósito prioritario es explicar de la forma más explícita posible las razones por las que los hablantes son hablantes y ejercen la condición de tales. En consecuencia, la teoría lingüística trata por encima de todo de encontrar las bases comunes del lenguaje, los elementos y principios que unen a los seres hablantes.
En contraste, la lingüística aplicada (así llamada quizás porque uno de sus objetivos es el de participar a resolver problemes sociales relacionados con la interacción comunicativa), debe concebir necesariamente el lenguaje en su dimensión social y privilegiar por encima de otras funciones la comunicativa. El lenguaje es para la lingüística aplicada un sistema ordenado de módulos (necesariamente distintos y, además, internamente variados) cuya finalidad prioritaria es la de servir de vehículo de comunicación entre los miembros de una comunidad o grupo.
Tercera precisión: La terminología en si misma, considerada como noción, no tiene ningún valor fuera del marco de la comunicación; y la comunicación, a su vez, no puede realizarse al margen de las lenguas naturales a través de las que los hablantes ejercen como tales y se identifican socialmente. Si aceptamos este argumento, podemos afirmar que la terminología no puede concebirse con independencia de las lenguas de cuyo módulo léxico forma parte. Por lo tanto, si ello es así, la diversidad de lenguas constituye uno de los puntos esenciales del marco de la terminología, diversidad de la que los términos forman parte y, al mismo tiempo, ayudan a superar, permitiendo salvar los obstáculos que toda diversidad lingüística plantea a la comunicación.
Cuarta precisión: La terminología en si misma, como noción, no tiene ningún sentido fuera del marco de las especialidades en las que las formas devienen precisamente términos. Los términos son unidades designativas destinadas a la ordenación de cada saber especializado y a su transmisión. Estos son los dos aspectos fundamentales que resumen a mi entender el sentido de la terminología: la organización del pensamiento y la transmisión del conocimiento; o, en palabras de Hayakawa, el pensamiento y la acción.
La transmisión del conocimiento, sin embargo, no puede concebirse fuera del ámbito de las lenguas particulares, que constituyen el modo espontáneo y prioritario de la comunicación humana en general. Si ello es así y la temática especializada se comunica espontáneamente en cada lengua particular con independencia del nivel de calidad de los términos que vehiculan dicha transmisión, la terminología, dentro del marco de la comunicación especializada, se realiza en la variedad de las lenguas y en la variedad de los registros o modalidades funcionales y expresivas.
Ya tenemos pues tres grandes diversidades terminológicas: la diversidad referencial, la diversidad lingüística y la diversidad de variedades expresivas.
Quinta precisión: Alguien puede tener la tentación de pensar que confundimos diversidad con dispersión, diversidad con desorden, diversidad con caos. Nada más lejos de nuestra intención. De la misma manera que la teoría lingüística concibe la diversidad de lenguas en el marco de la variación paramétrica, asumimos que la diversidad de variedades (dialectos, registros, modalidades) debe concebirse en un marco teórico controlado por principios de variación. La dispersión aparentemente desordenada deviene, de ese modo, diversidad ordenada.
Sexta precisión: La terminología como disciplina y la terminografía como aplicación se ocupan de la descripción de los conceptos especializados y de la recopilación de los términos que los designan. Los conceptos, sin embargo, no se encuentran desorganizados en la mente del hablante sino integrados en complejos ordenados por criterios lógicos.
La actividad terminológica de recopilación de términos sigue también un orden, el orden de diferenciación en materias o saberes, cada uno con sus múltiples facetas y, por tanto, objeto de análisis diverso.
Séptima y última precisión: La primera y principal diversidad con la que se encuentra la terminología, la dispersión de lenguas, con los obstáculos que esta dispersión produce en las relaciones comunicativas, no se supera de manera espontánea ni natural sino por un proceso planificado más o menos conscientemente, voluntario y, en el fondo, artificial, ya que la comunicación espontánea se produce en la lengua habitual, y solo un acto voluntario de hacer inteligible la comunicación (u otras razones relacionadas de hecho con las desigualdades sociales y lingüísticas) conduce a la utilización de unidades ajenas al código habitual.
Y hechas estas siete precisiones previas, pasamos a exponer seis aspectos que ilustran la diversidad en terminología, aspectos que no cubren ni mucho menos el amplio espectro de posibilidades que un análisisi completo de las relaciones entre la terminología y la variedad nos permitiría ofrecer.
1. Diversidad en las bases
La terminología es una interdisciplina y, como tal, integrada por conceptos procedentes de distintas bases científicas y temáticas. Este es el compendio de ideas que explica a la vez su autonomía y su dependencia. Autónoma como campo de encrucijada científica, interdisciplinaria por naturaleza y por vocación; deudora de otras materias de las que extrae sus conceptos de base.
La mayor parte de los especialistas en terminología comparte esta concepción de autonomía construida a partir de la deuda con otras materias, como todo campo científico de encrucijada. En efecto, Wüster concibe la terminología como una materia autónoma descrita por la llamada teoría general de la terminología; pero, aunque definida como un campo específico, producto de relación entre "las ciencias de las cosas" (los distintos campos técnicos y científicos) y otras disciplinas como la lingüística, la lógica, la ontología y la informática.
La autonomía de la terminología en relación a la lingüística --o, más directamente, en relación a la lexicología--, se justifica por la distinta aproximación que hacen a un mismo (mismo y distinto) objeto (las palabras), por su diferente metodología de trabajo, y por sus diferentes propósitos y funciones.
Con la lógica, la terminología comparte el interés por los conceptos. A diferencia de la semántica lingüística (aunque no de la semántica lógica), que se interesa por la relación entre la denominación y el significado, la terminología se ocupa fundamentalmente de la relación entre el objeto de la realidad y el concepto que representa, por el proceso que hace el hablante para convertir la realidad en lenguaje, para pasar del objeto al concepto y del referente a una clase referencial. El interés por las relaciones que los conceptos mantienen entre sí une también a la logica y a la terminología. Ésta toma de la lógica los tipos de relación entre conceptos y la simbología que los representa.
La terminología comparte con la ontología el interés por la naturaleza de los "seres" de la realidad y por las relaciones no descritas por la lógica que se establecen entre ellos en tanto que son realidad.
En lo que se refiere a las relaciones entre terminología e informática, Wüster vislumbra ya en los años cuarenta que esta nueva materia es un elemento clave para la terminología en virtud de las posibilidades que le ofrece como sistema de almacenaje y recuperación de la información. Pero también se da la relación en sentido inverso: la informática documental utilitza la terminología para ordenar y denominar los conceptos, y es a través de los términos que podemos acceder al contenido de la información.
Por último, la terminología está estrechamente relacionada con las especialidades. Efectivamente, la terminología no es un objeto que pueda justificarse por si mismo, ni el trabajo terminológico, una actividad recopiladora sin otra finalidad que establecer un inventario de términos de especialidad. La terminología sirve a la ciencia, a la técnica y a la comunicación y debe ser, en consecuencia, una actividad adaptada a esa función de servicio.
Es en esta síntesis, aparentemente (pero sólo aparentemente) contradictoria, entre la autonomía y la dependencia de la terminología que adquieren cierto sentido valor las palabras de Juan Carlos Sager (1990), palabras que, en nuestra opinión, cabría matizar más precisamente:
There is no substantial body of literature which could support the proclamation of terminology as a separate discipline and there is not likely to be. Everything of import can be said about terminology is more appropiately said in the context of linguistics or information science or computational linguistics. We see terminology as a number of practices that have involved around the creation of terms, their collection and explication and finally their presentation in various printed and electronic media. Practices (...) however well-established, do not constitute a discipline, but there is no point on denying a long history of methodologies wich themselves require theoretical underpinnings to justify their distinctive nature. Disciplines establish knowledge about things and as such are justified in their own right; methodologies are only means to an end, and, in the case of terminology, how to do things.
2. Diversidad en las aproximaciones
Abundando en la diversidad, en el marco de esa concepción interdisciplinaria de la terminología, podemos distinguir tres orientaciones diferentes de la terminología (aunque no excluyentes entre sí), cada una de ellas anclada de partida en uno de los bloques científicos de su base interdisciplinaria:
a. una primera orientación centrada en la especialidad (o en las especialidades, para ser más exactos), que considera la terminología un simple instrumento de comunicación ligado por naturaleza a las disciplinas científico-técnicas
b. una segunda orientación centrada en la filosofía y en la ciencia cognitiva, que se interesa fundamentalmente por la categorización lógica de los sistemas conceptuales y la organización del conocimiento. En esta aproximación se situaría la ingeniería del conocimiento, que tanta atención merece actualmente.
c. una tercera orientación centrada en la lingüística, que considera la terminología como un subcomponente del léxico de una lengua natural y los lenguajes de especialidad como subsistemas del lenguaje general.
La teoría general de la terminología se basa en la primera orientación, en la que los temas preferentes son la naturaleza de los conceptos, las relaciones conceptuales, la relación término- concepto y la atribución de designaciones, aunque también entra en la segunda orientación y se sirve de elementos de la tercera.
3. Diversidad en las prácticas
En nuestra opinión, el análisis de la evolución del trabajo terminológico revela que ha sido en realidad la práctica terminológica, y no la reflexión teórica, el aspecto más ha hecho evolucionar a la terminología. Esta constatación tiene su lógica profunda.
La terminología, como materia que concierne la recopilación, descripción, tratamiento y presentación de los términos especializados en una o más lenguas, no es una actividad práctica que se justifique a sí misma, sino una actividad destinada a la resolución de necesidades sociales ligadas a la optimización de la comunicación entre especialistas y profesionales, directamente o a través de la traducción, o al proceso de normalización de una lengua.
Esta concepción pragmática de la terminología conecta perfectamente con el espíritu de la sociedad de hoy en día. Las reflexiones epistemológicas han cedido terreno a actitudes más pragmáticas. Las razones del cambio de actitud en la reflexión sobre la terminología parecen encontrarse en los cambios que se han producido en las disciplinas científicas y en la misma sociedad. De la preocupación inicial de los especialistas del primer tercio de siglo por la "forma correcta" (la forma normalizada), para cuya fijación se privilegian los formantes grecolatinos, hemos pasado al pragmatismo y a la funcionalización. Ese cambio ha sido propiciado por las nuevas orientaciones en lingüística teórica, por un interés creciente por la variación lingüística, por la proliferación de políticas lingüísticas destinadas a resolver situaciones de afirmación de lenguas actualizadas en grados diversos, y por el protagonismo que en terminología han adquirido países no europeos que han tenido que resolver situaciones de conflicto lingüístico.
Sager, que -como hemos señalado anteriormente- no concede a la terminología el estatuto de disciplina autónoma por falta de una epistemología propia, le reconoce, sin embargo, un valor de materia aplicada original por las diversas funciones que pretende ejercer; resumidas sintéticamente en dos: la función de comunicación profesional y la afirmación de lenguas subsidiarias de otras lenguas de sociedades tecnológicamente dominantes, a través de planes estratégicos de intervención que incluyen la terminología y que intentan cambiar el curso de los hábitos y usos lingüísticos.
La justificación esencial de la terminología como actividad no es dar cuenta de la lengua en sí misma, sinó que se trata, como afirma Guilbert, de una actividad "étroitement liée au domaine de la connaissance, inséparable du social et des applications évidentes". Así la terminología nace, se desarrolla y se diversifica en estrecha correlación con las circunstancias que la propician en cada situación temporal y espacial.
La terminología nace como actividad práctica en el siglo XVIII de la mano de científicos que como Lavoisier o Berthold en química, o Linné en botánica y zoología, interesados en la fijación de las denominaciones, para garantizar de este modo un mínimo rigor científico. En el siglo XIX, con la internacionalización progresiva de la ciencia, y en el XX con el acelerado desarrollo de la tecnología, se generaliza esa necesidad de los científicos y de los técnicos de disponer de reglas de formación de los términos de cada disciplina y de fijar las denominaciones de cada especialidad.
No es una casualidad fortuita que el mayor desarrollo de la terminología, tanto en su vertiente teórica como aplicada, se produzca precisamente en el segundo tercio del siglo XX, coincidiendo con cambios culturales que, como la tecnificación generalizada de la sociedad, el valor desmesurado que se concede a la información o la protección del patrimonio (de4l que la lengua forma parte) por los organismos políticos, caracterizan la civilización actual en relación con la civilización de la llamada era industrial. No hay duda que algunos de esos cambios afectan de manera esencial al lenguaje, a las lenguas de relación y a las formas de comunicación, no siempre ajenas a situaciones aparentemente contradictorias. Así, por ejemplo, mientras que por un lado se generaliza la reivindicación de las lenguas nacionales como vehículos de expresión y comunicación generalizados, por otro lado se tiende a la adopción de convenciones estandarizadas que garanticen y faciliten la comunicación internacional. La terminología juega un papel fundamental en este panorama lingüístico.
Los países del bloque desarrollado, conscientes de que la terminología es uno de los elementos clave de la comunicación especializada, han creado organismos de trabajo y comisiones técnicas que proporcionan a los especialistas la terminología normalizada de las materias científico- técnicas.
De otro lado, los países en vías de desarrollo, que han asumido que la terminología es uno de los elementos clave para incorporarlos al bloque desarrollado, ya que es a través de la terminología que se vehicula la transferencia de conocimientos y de tecnología, invierten esfuerzos y recursos en la creación, unificación e internacionalización de una terminología moderna que les permita relacionarse internacionalmente. Y ello a pesar de la dificultad.
4. Diversidad en las funciones
Partiendo del supuesto que acabamos de explicar de que la terminología tiene sentido en relación a los lenguajes de especialidad y a la comunicación, la actividad terminológica puede perseguir diversas finalidades, todas ellas relacionadas con el mundo de la comunicación y de la información.
La diversidad de contextos en los que se lleva a cabo el trabajo terminológico, la diversidad de perspectivas que conlleva cualquier interdisciplina y la diversidad de colectivos profesionales que se sirven de ella, de agentes que realizan actividades terminológicas, de temas de trabajo práctico y de finalidades que se persiguen, abren un amplio abanico de opciones, concepciones y finalidades sobre la terminología:
a. para la lingüística, la terminología es un subconjunto del léxico del hablante, especializado temática y pragmáticamente;
b. para las especialidades, la terminología es el reflejo formal de la organización conceptual de una especialidad, medio inevitable de expresión y comunicación profesional;
c. para el usuario en general (directo o intermediario), la terminología es un conjunto de unidades de comunicación, útiles y prácticas para la comunicación especializada;
d. para la planificación lingüística, la terminología es uno de los ámbitos de comunicación de una lengua que desee ser apta para todos los usos comunicativos.
De acuerdo con esos cuatro enfoques, pueden establecerse dos grandes vías de interés funcional por la terminología: la de los que la toman como vehículo de comunicación y se sirven de ella para comunicar o para facilitar esa comunicación, y la de los que la toman como objeto de trabajo y la utilizan para producir recursos destinados precisamente a facilitar los problemas relacionados con la información. Así, en coherencia con esa doble vía, podríamos afirmar que la terminología presenta en esencia dos dimensiones fundamentales, diferentes aunque relacionadas entre sí: la lingüística y la comunicativa.
5. Diversidad en las aplicaciones
La terminologie n'est pas née d'un vain désir de différentiation. Ce qui a amené le développement de la terminologie comme discipline autonome c'est, d'une part, l'essor vertigineux des techniques et, d'autre part, les besoins accrus de communication entre communautés différentes. Dubuc (1985)
La actividad terminológica, como toda actividad humana de cierta envergadura, no tiene la misma importancia en todos los ámbitos en que se ejerce. Efectivamente, en el panorama internacional se distinguen algunos núcleos representativos de influencia. Cada uno de ellos representa una determinada orientación de la actividad en terminología.
Las tendencias o orientaciones que hemos presentado anteriormente permiten establecer tres aplicaciones fundamentales de la terminología, cada una de las cuales parte de una determinada concepción teórica y genera unas determinadas prácticas:
a. una aplicación de base lingüístico-terminológica, localizada fundamentalmente en Europa central y oriental y encaminada a la normalización conceptual y denominativa de cara a garantizar una mayor eficacia y precisión en la comunicación profesional.
b. una aplicación de base traduccional, representada por los trabajos de las organizaciones plurilingües internacionales y por países institucionalmente bilingües o plurilingües. Esta tendencia se orienta a la fijación de equivalencias terminológicas en las diversas lenguas y constituyen la base del trabajo del traductor.
c. una aplicación de base sociolingüística, ubicada en el marco de la planificación lingüística, que considera la terminología como una de las piezas fundamentales de todo código comunicativo. Dentro de esta tercera orientación, uno de los objectivos básicos de la actividad terminológica se centra en la substitución de términos importados de lenguas de sociedades tecnológicamente dominantes por formas genuinas o creaciones coherentes con el sistema lingüístico propio.
Son las características y las condiciones de cada contexto específico, y, en consecuencia, los objetivos que se pretende conseguir con la actividad terminológica, los que determinan la adopción en terminología de una de esas tres direcciones. Así pues, la diversidad de objetivos es una de las causas principales de la diversidad organizativa de las diferentes actividades en el mundo y de la adopción de los modelos y métodos más adecuados a las finalidades.
En esta línea, asumiendo el riesgo de simplificar un panorama notablemente complejo, distinguimos tres grandes ejes de organización de la terminología actual que reúnen actividades de organismos diversos agrupados ya sea porque adoptan unas mismas decisiones a causa de la similaridad de sus situaciones, ya sea porque el propio eje representa una línea de cooperación efectiva entre países diferentes aunque con objetivos similares en algún grado:
a. El eje centroeuropeo, cuyo representante más influyente es Infoterm, centro difusor de los trabajos y las teorías de Wüster. Infoterm ha influido de manera importante en la concepción teórico-metodológica y las actividades en terminología en la Europa meridional y central, en África norte, América Latina, China, Japón, Portugal y España.
b. El eje de las organizaciones estatales e internacionales plurilingües de carácter traduccional, representado por los trabajos de organismos oficiales plurilingües como la ONU o la CE o por organizaciones gubernamentales como el gobierno federal de Canadá.
c. El eje de los organismos gubernamentales de países con lenguas minorizadas en proceso de normalización, eje fundamentalmente inspirado en las propuestas de Quebec, y seguido en países con una situación lingüística y administrativa similar en términos generales, como Catalunya o Euskadi o por otros países en vías de desarrollo impulsores de una lengua nacional en situación de desprestigio social.
Cada una de las tres tendencias representadas por los tres ejes anteriores parte de una jerarquía de principios terminológicos seleccionados de acuerdo con sus prioridades y realiza opciones metodológicas y organizativas en concordancia con sus intereses prácticos. Esas selecciones, que ahora no podemos desarrollar más a fondo, hacen referencia a los elementos siguientes:
a. a la temática de trabajo, que abarca la temática del concepto y el ámbito de la terminología especializada;
b. a la metodología terminográfica dominante;
c. a los agentes que intervienen en la actividad; terminológica
d. a los tipos de productos elaborados;
e. a la intersección efectiva de la terminología con otras disciplinas científicas.
Basta para ilustrar esas diferencias la lectura contrastiva de las tres citas siguientes, la primera procedente de la terminología quebequesa; la segunda, de la terminología centroeuropea y la tercera, de la terminología africana:
Pompier, preventionniste, grammairien de service, dictionnaire à deux pattes, agent langagier, moteur de francisation, promoteur d'une communication de qualité, le terminologue en exercise doit être un peu tout cela... Jusqu'ici, on a plutôt formé des terminologues de cabinet. Il faut peut- être maintenant, sans rien sacrifier à la compétence technique, former des commandos de la terminologie, si l'on veut édifier au Québec une société de langue et de culture françaises. Dubuc (1987)
The systematic terminologies can only be prepared by the subject specialists of the subject field in question. Wüster emphasized that systemic work should be the domain of terminologists, i.e. of subject specialists whith an additional training in terminology... Therefore, modern terminology work requires the work of terminology commissions which should be composed of the following types of specialists: 1) The specialists of the subject field concerned... 2) A specialist for the application of terminological principles and of methods in terminography... He should be a subject specialist or an linguist with a specific training in terminological principles. Felber (1984)
En milieu africain et en matière de terminologie, le lexicographe ne peut pas se contenter d'être linguiste ou spécialiste, dans sa quête des termes constitutifs du vocabulaire d'une spécialité. Il doit faire oeuvre d'ethnographe au sens propre du terme; il doit s'adresser, certes à la langue, mais aussi et surtout à la société". Halaoui (1990)
6. Diversidad en la formación
Partimos de la base que una programación rigurosa de cualquier actividad de formación debe proponerse que el estudiante adquiera los conocimientos y habilidades que va a requerir el ejercicio de su función profesional y, por otro lado, que conozca las características del medio en que va a ejercer su actividad, características que a menudo condicionan la orientación del programa de formación. En este sentido, la terminología no constituye ninguna excepción a este supuesto. Efectivamente, parece que no hay duda de que la formación en terminología no puede plantearse sin tomar como punto de referencia el contexto social en el que el futuro terminólogo va a ejercer su profesión y las capacidades que va a requerirle su puesto de trabajo.
Para enfocar, pues, de manera coherente y sistemática el tema de la formación en terminología, es preciso de nuevo hacer alusión a la diversidad, relativa en este caso a la diversidad de opciones de formación de acuerdo con la diversidad de los contextos socioprofesionales en que se lleva a cabo la actividad terminológica y con los objetivos de trabajo en terminología.
La diversidad de la formación debe distinguir en primer lugar entre dos grandes bloques de programación de acuerdo con el valor de la terminología como objeto: la formación de terminólogos y la formación de otros profesionales en terminología. Los terminólogos trabajan en la terminología como objeto; otros colectivos profesionales se sirven de ella para otras finalidades prioritarias: los especialistas en una materia, para vehicular la comunicación profesional; los lingüistas aplicados, para llevar a cabo procesos lingüísticos como la traducción, el tratamiento de la información, la redacción, la planificación o el procesamiento automático del lenguaje. Cada uno de estos colectivos requiere una formación programada de acuerdo con sus intereses y necesidades.
El programa de formación específico de cada grupo debe establecerse teniendo en cuenta el conjunto de conocimientos y habilidades terminológicos que requerirá la profesión. Así, los traductores, intérpretes y redactores técnicos deben seguir programas de formación en terminología para resolver problemas terminológicos puntuales planteados por la equivalencia en traducción o interpretación o por la necesidad de precisión en redacción. Del mismo modo, los profesionales de la información y la documentación requieren conocimientos de terminología para organizar conceptualmente la información basándose en la elaboración de clasificaciones y thesaurus. Los especialistas de materias de carácter científico-técnico no lingüísticas requieren formación en terminología para participar de manera seria en los trabajos de normalización de comisiones técnicas y para actuar como acuñadores lingüísticos competentes resolviendo adecuadamente las necesidades denominativas que les plantea diariamente su disciplina de especialidad. Los planificadores lingüísticos necesitan formación en terminología para intervenir con un mínimo de rigor en un proceso de cambio lingüístico planificado estratégicamente, para detectar las necesidades terminológicas de los diversos ámbitos sociales y para implementar la terminología elaborada en los medios profesionales. Finalmente, los informáticos especializados en inteligencia artificial aplicada al tratamiento del lenguaje natural requieren formación terminológica para poder participar en la construcción de sistemas expertos en actividades lingüísticas.
7. A modo de conclusión
Si el análisis que hasta aquí hemos presentado parece adecuado, no hay duda de que la noción de diversidad constituye uno de los aspectos esenciales de la terminología, tanto en su definición como disciplina fundamental como en su vertiente aplicada.
Y, como decíamos al principio, resaltar los aspectos relacionados con la variedad en una materia que se propone el objetivo básico de la normalización de las palabras específicas de las distintas especialidades, o más aún, en una materia que utiliza precisamente este aspecto (entre unos pocos más) para diferenciarse en esencia de la lingüística, y dentro de ella de la lexicología, puede provocar a primera vista una reacción de perplejidad.
Pero a pesar de la apariencia, la diversidad no es sino la aceptación de una realidad existente, concreta, realista, que resulta absurdo negarse a ver. Y el argumento de que reconociendo y aceptando la diversidad potenciamos la dispersión disciplinar, alejamos la cooperación desde las aplicaciones y favorecemos la babelización comunicativa, resulta difícil de aceptar, por su carácter profundamente falaz.
En nuestra opinión, la negación de una situación que es objetivamente real no conduce más que al autoengaño. Por lo tanto, negar la diversidad o no partir de ella para caracterizar y delimitar la terminología teórica y aplicada no conduciría más que a un resultado artificial que no engañaría a nadie mínimamente informado y que, por ende, no conduciría a nada.
La uniformización absoluta de los términos científicos sería un proceso utópico forzado que difícilmente conseguiría su propósito unificador. Y no creo que haya en la actualidad muchos especialistas en terminología que se lo propongan. Pero aún así, todavía hay quien sostiene que la teoría idealizada sobre los términos es efectivamente la realidad, y hay quien defiende los principios de la terminología tradicional (separación rígida de campos especializados, estructuración uniforme de cada campo, relación de univocidad entre denominación y concepto, etc.), principios revisados hoy en día muy críticamente por grupos injustamente poco valorados.
No podemos perder de vista la realidad diversa, porque parece ser el único camino desde el que podemos construir la cooperación, ya que solamente partiendo de la aceptación de la realidad lingüística, organizativa y práctica de cada cual, podremos enfocar la cooperación en terminología como una actividad natural. Y sólo desde la naturalidad, la cooperación no únicamente será posible, sino justa, contribuyendo entre todos a superar las barreras lingüísticas, culturales, económicas o tecnológicas que nos separan, pero que existen.
Porque esta es mi concepción de los hechos, he querido aprovechar esta ocasión sin duda importante para la terminología del mundo ibero-americano para hacer una llamada al respeto de la realidad, al respeto de la diversidad como elemento enriquecedor, al respeto al derecho a la coherencia y a la identificación, al respeto a la racionalidad de la diversidad de lenguas, de prácticas y de propuestas.
La diversidad es un punto de partida desde el que se puede alcanzar la meta de la comunicación posible mediante los términos diversos que nos identifican. Y ello será posible sin duda -aunque no sea una tarea fácil- si establecemos entre nosotros una cooperación desde la generosidad y la igualdad.
El poder y la cooperación, como todo el mundo sabe, no siempre van a la par, pero hay que intentar aunarlos; y este simposio es una nueva oportunidad para ello.
Valgan como estímulo las palabras que hace dos días nos dirigía Roberto Alpízar en su comunicación: Y yo les pido, señores, un poco más de idealismo en la defensa conjunta del español científico.
Hagamos extensivo este deseo a todas las lenguas de la comunidad ibero-americana. Muchas gracias.
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