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Índice por autores

 

 

Hacia un nuevo plan de actuación de la terminología internacional

Robert de Beaugrande
Institut für Anglistik
Universität Wien

Carmen Acuña Partal
Escuela de Traductores e Intérpretes
Universidad de Granada

 

A. El origen de una "crisis en la comunicación mundial"

1. Han comenzado los noventa con cambios profundos en el escenario político y geográfico, cambios que apuntan en dos direcciones. En primer lugar, nos encontramos con que grupos étnicos o nacionales otrora inmersos en estructuras mayores, como es el caso de catalanes, gallegos y vascos, han reafirmado su identidad y sus derechos lingüísticos con una firmeza sin precedentes. En segundo lugar, con que un nuevo espíritu de cooperación e intercambio ha desplazado al viejo espíritu de antagonismo y recelo que coyunturas políticas, tales como el franquismo y la "guerra fría", trajeron consigo tras la Segunda Guerra Mundial. Estas dos tendencias son menos contradictorias de lo que en un principio puede parecer, puesto que sólo la plena libertad de autodeterminación lingüística puede llevarnos a una cooperación entre iguales sólida y significativa.

2. Sin embargo, la situación global continúa siendo preocupante en muchos aspectos. Estos cambios hicieron su aparición en mitad de una recesión mundial, fruto de una década de despilfarro y afán de lucro desmesurados por parte de las naciones ricas y agravada por gastos militares desmedidos. Las coaliciones de los llamados "conservadores", monstruosidad terminológica empleada para designar grupos dedicados a acabar cuanto antes con los recursos del planeta, se han hecho con el control con el único objetivo de asegurarse de que la recesión corre por completo por cuenta de los menos favorecidos: de las clases sociales más débiles en sus respectivos países y del conjunto de las naciones en desarrollo.

3. El agravamiento de la ya profunda crisis de recursos, tanto de materias primas como de alta tecnología, ha restado protagonismo a la no menos crítica crisis global en la comunicación. En la era del procesamiento de la información, en que la "economía del conocimiento" es igual de importante que la economía de recursos, vemos como naciones con posibilidades de un fuerte desarrollo se encuentran, en su acceso al conocimiento especializado, ante un cuello de botella cada vez más estrecho. De ello da testimonio elocuente Segun Ogunseitan (1990:22), cuya encomiable labor fundacional en el Centro Africano para la Ciencia y el Desarrollo de la Información de Lagos (Nigeria) constituye un modelo a seguir:

Una Africa ignorante constituye una amenaza tanto para Europa, el continente americano y Japón como para la propia Africa y los africanos. El acceso a la información es fundamental para todos los países y sin embargo existe un enorme desequilibrio, al carecer una parte del planeta incluso de la información más básica. [Y] la falta de flujos de información adecuados y eficaces hacia los países en desarrollo ha hecho esencialmente imposible un acercamiento global a problemas globales.

4. Este bloqueo se debe, por supuesto, en parte a factores técnicos, en especial en lo referente al procesamiento de datos electrónico. Sin embargo, al hacerse los medios informáticos cada vez más asequibles, el problema principal pasa a ser otro. Nuestra tecnología va muy por delante de nuestra comprensión de cómo la mente humana procesa de forma eficaz la información, sobre todo si dicha información se transmite en forma de discurso y no de programas, gráficos y tablas bien estructurados. Podemos resolver ecuaciones y desarrollar teoremas y modelos matemáticos y físicos que no eran concebibles y mucho menos formulables hace tan sólo unos años (apartado D), pero aún tenemos una idea imprecisa y elemental de cómo surge el conocimiento y de cómo evoluciona éste a nuevas formas de conocimiento.

5. Citaremos los siete motivos que nos han hecho cuestionarnos estos temas; cada uno de ellos, en estrecha relación con los demás, nos llevará a su propia interpretación de la crisis global en la comunicación.

5.1. Una larga tradición en ciencia y filosofía ha fomentado una fuerte idealización de los mecanismos que rigen el pensamiento y razonamiento humanos, según la cual, el valor de los resultados de la actividad mental se mide por su formalismo y rigor "lógico" más que por el interés o la novedad de los mismos. Esta concepción pasa por alto un principio que se ha escapado a muchos especialistas en ciencia y filosofía: cuanto más formalizado es un sistema, menor su contenido y menor su capacidad para generar nueva información. Todo un sistema formal (del cual los modelos de cálculo conocidos son meras aproximaciones) no podría generar nueva información, sino tan solo hacer explícita la información ya implícita en la concepción del sistema. Ejemplo conocido son las "demostraciones" de la geometría euclídea, que sólo prueban que, en un determinado problema, formas y proporciones responden a axiomas y postulados idealizados, incluidos con anterioridad en el sistema (Beaugrande 1991 b). En este caso, la crisis comunicativa resulta de la falta de contenido y la supresión de novedad en nombre de niveles formales idealizados a priori.

5.2. En segundo lugar, encontramos que dicha idealización ha impuesto prioridades que han afectado al conjunto de las ciencias. Resultado evidente ha sido el descuido de modelos comunicativos en favor de modelos mecánico-biológicos en medicina y psiquiatría y lógico-formales en lingüística. Hasta hace poco, resultaba extraño (si no poco profesional) pensar en el cuerpo humano como un sistema comunicativo en el cual lo que es materia o energía a un nivel es información a un nivel superior, es decir, como un "sistema de control flexible" que supera los rígidos dualismos occidentales que han enfrentado espíritu a materia, lo mental a lo físico, etc. y que han obstaculizado el desarrollo de concepciones integradas de cognición y comunicación (Beaugrande y Dressler, en preparación). De modo análogo, en lingüística, los modelos lógico-formales del lenguaje han conseguido su rigor a base de sacar ejemplos de contexto, con lo cual, de forma paradójica, han aumentado las ambigüedades y complejidades que esperaban evitar y generado nuevos dualismos que esta vez contraponen forma a contenido, sintáxis a semántica o "estructura" a "interpretación". Aunque parezca una ironía, la "ciencia" del lenguaje en pocas ocasiones se ha dignado a hablarnos de la comunicación, verdadera razón de ser del lenguaje.

5.3. En tercer lugar, contemplar cómo las estructuras académicas e institucionales de la mayoría de los países han estado controladas por férreas prioridades establecidas sobre cuáles son los proyectos en los que más conviene investigar, invertir y por consiguiente publicar. Componen los comités científicos reconocidas autoridades en distintos campos del saber, con interés en proteger y hacer perdurar las teorías y modelos que ellos mismos han propuesto y no otros nuevos, de gran originalidad, que podrían suponer para ellos un desafío. En este caso, la crisis comunicativa enfrenta a representantes de distintos paradigmas (a veces incluso de distintas generaciones), y vemos cómo algunos se atrincheran en sus puestos para impedir la divulgación de estas nuevas propuestas.

5.4. En cuarto lugar, vemos como la política formal de las instituciones educativas ha favorecido la adquisición y el almacenamiento mecánico de datos secundarios y específicos, por encima de la construcción de contextos integradores y creativos que puedan llevar a planteamientos de veras renovadores y más profundos. Este método facilita los procedimientos de examen y calificación, pero a la vez fomenta un empleo de la memoria y la atención inútil, que a veces conduce a una sobrecarga cognitiva, por lo que muchos estudiantes rinden por debajo de sus posibilidades y a la larga abandonan sus estudios. En este caso, la crisis comunicativa que afecta a los miembros de la comunidad educativa gira en torno a los contenidos, importancia y resultados de la propuesta global.

5.5. En quinto lugar, y en estrecha relación con los cuatro puntos anteriores, situamos la creencia dogmática de que el contenido de una disciplina especializada es exponente de un conjunto de "verdades" y "hechos" autosuficientes y permanentes al margen de como éste se expresa. El experto por lo general no se da cuenta de hasta qué punto el conocimiento depende de su representación en el discurso y, por tanto, de las dificultades que, incluso más que los aspectos técnicos, esta dimensión comunicativa puede suponer para los principiantes. En este sentido, la ya mencionada crisis comunicativa entre profesores y alumnos afecta también, en niveles profesionales superiores, a principiantes y expertos.

5.6. En sexto lugar, una cuestión más reciente que las cinco anteriores, aunque no por ello menos importante. La explosión de conocimiento especializado, permitida por los avances tecnológicos y de las técnicas de difusión, ha corrido paralela a una nueva toma de conciencia de que pocos problemas nuevos de importancia van a poder plantearse y resolverse en un sólo campo. Esto es así, en especial, en el caso de estudios relativos al propio ser humano y sus procesos, de modo que las teorías de cognición y comunicación habrán de echar mano de disciplinas tales como la psicología, la lingüística, la antropología, la etnografía, la sociología, la biología, etc. La crisis surge, pues, debida a los graves obstáculos que se plantean en la comunicación entre disciplinas que abordan temas a la vez más amplios y más especializados.

5.7. En séptimo lugar, de nuevo una cuestión de aparición reciente cuya importancia apenas ha comenzado a vislumbrarse. Con el fin del colonialismo como estrategia política violenta, hicieron su aparición gradual las multinacionales que, con métodos menos violentos aunque igualmente despiadados, emplean su virtual monopolio sobre la tecnología para asegurarse de que las antiguas colonias continuarán obedeciendo los intereses económicos de sus anteriores colonizadores. Las lenguas coloniales han tenido un papel discreto aunque fundamental como medio más eficaz para seguir los desarrollos del conocimiento especializado. La crisis surge ante la falta de comunicación entre el grueso de la población, estudiantes incluidos, y la élite indígena con dominio de la lengua colonial y el privilegio de poder cursar estudios universitarios en otros países, en donde, por desgracia para su nación, terminan por quedarse al finalizar los mismos.

6. En resumidas cuentas, esta evaluación de la crisis global en la comunicación señala siete crisis subyacentes y estrechamente interrelacionadas. Tomadas en su conjunto, tanto estas crisis como las limitadas reservas de materias primas y tecnología ponen en grave peligro los frágiles logros de la reestructuración política de nuestra década. Junto a su atesorada riqueza material, Japón, Estados Unidos, el Reino Unido y la Comunidad Europea, disponen también de sus correspondientes reservas de conocimiento especializado, que, a diferencia de lo que ocurre con la riqueza material, es de libre acceso a todos siempre y cuando se haga posible su amplia difusión. Cómo conseguir ésto es la principal preocupación de los recientes movimientos centrados en el estudio de las "lenguas de especialidad" en general y de la terminología en particular.

 

B. Preguntas y respuestas

7. La evaluación del apartado A nos da muestra de hasta qué punto la actuación del movimiento terminológico internacional necesita de una planificación cautelosa y de enfoques globales. Si los canales de comunicación funcionaran como es debido tanto dentro de un mismo campo de especialidad como entre distintos campos y, de igual modo, entre especialistas y no especialistas, entre el "primer mundo" y el "tercer mundo", podría bastarnos tan sólo con añadir una dimensión trans-institucional y transnacional a las terminologías existentes y a las prácticas de su uso. Pero en realidad, todo indica que estos canales funcionan en la actualidad bajo mínimos en todos los frentes, en lo referente a sus posibilidades y eficacia potenciales.

Estamos llamados, por tanto, a diseñar un plan de actuación fundamentalmente nuevo que sirva de ayuda y guía a transformaciones esenciales de las terminologías y prácticas existentes, lo que implica una profunda revisión epistemológica no sólo de las funciones convencionales de la terminología, sino también de funciones alternativas que permitirían una mejor conexión de los factores subyacentes de participación en la cognición y la comunicación.

8. Podríamos comenzar por plantear una serie de preguntas básicas sobre terminología, desde un punto de partida a sabiendas ingenuo y "de desconocimiento", y someter a evaluación respuestas en apariencia evidentes.

8.1.¿Quiénes son los interlocutores cuando se emplea una terminología? Distinguimos a "doctos" de "legos" por la capacidad demostrada de aquellos para participar en el discurso especializado, en el cual la terminología se emplea de acuerdo con definiciones normalizadas. Sin embargo, tal clasificación resulta un tanto imprecisa, al quedar definida en parte por la posesión de títulos universitarios y en parte por una competencia profesional demostrada en el área de conocimientos en cuestión, en especial mediante conferencias y publicaciones.

8.2. ¿Qué se pretende con el empleo de la terminología? Respuesta fácil sería: favorecer la orientación y el consenso en la representación del conocimiento especializado mediante el discurso. No obstante, en la medida en que un campo evoluciona y entra en competencia con otros campos, la terminología se convierte también en un instrumento de dominio entre distintas escuelas o especialistas. La propia categoría profesional puede verse incrementada mediante la revisión o expansión de la terminología y mediante la entrada en competencia con otros especialistas por el derecho a hacerlo. De hecho, el éxito profesional puede depender de la propia capacidad para superar a los colegas en inventiva terminológica, lo que se convierte en un mal ejemplo para futuros candidatos. El campo del saber en cuestión puede resultar gravemente perjudicado si se originan una pluralidad de discursos ante los cuales incluso los doctos se muestran inseguros sobre el significado de términos esenciales. La situación se hace aún más difícil para los legos, quienes se mostraran, en gran medida, confusos y descaminados al carecer de los conocimientos necesarios para poder comprender qué quieren decir las partes en competencia.

8.3. ¿A quiénes facilita la terminología el acceso al conocimiento? Nuestra primera respuesta sería: a la comunidad de especialistas entregada al desarrollo del conocimiento. Sin embargo, esta respuesta se nos presenta superficial y desfasada en vista de los problemas apuntados en el apartado A. En la actualidad, necesitan de un acceso al conocimiento personas ajenas al campo del saber, no sólo especialistas en otras materias que se ocupen de temas más amplios, como es el caso de la terminología, sino también no-especialistas encargados de formular políticas institucionales o públicas, como puede ser la planificación lingüística en naciones en desarrollo. Las necesidades de estos otros grupos exigen amplias reformas en las prácticas terminológicas elitistas.

8.4. ¿En qué lugar situar a la terminología en el marco más amplio del discurso? La concepción de la terminología como una lista de vocabulario especializado goza de una larga tradición que, sin embargo, impide el progreso en la investigación terminológica más allá de niveles bastante elementales en temas que puedan analizarse de este modo. El trago más amargo de la traducción automática en sus comienzos ha sido la constatación de que intentar procesar el discurso como una serie de elementos de vocabulario tomados de un diccionario lleva a sobrecargas léxicas, ambigüedades y errores. Hoy entendemos el porqué de tal fracaso: este tipo de análisis centrado en unidades léxicas ignora el precepto de que el contexto discursivo es un sistema de control interactivo que regula y determina los significados y las funciones de los elementos empleados. De su capacidad para potenciar este control de forma más eficaz que los elementos no terminológicos depende el valor de una terminología y, en definitiva, su misma aspiración a ser considerada como tal.

8.5. ¿A qué tipos de discurso puede servir de ayuda una terminología? Esta pregunta completa la anterior al tomar en consideración usos no convencionales, como es el caso de la integración de las naciones en desarrollo en la comunicación técnica internacional, para la cual puede resultar necesario crear registros completos que la lengua indígena no había llegado a establecer. Habrá que decidir, pues, si tomar préstamos de terminologías extranjeras (tal vez de una lengua colonizadora), o bien desarrollar los recursos de las lenguas indígenas, que pueden haber entrado en competencia por obtener la consideración de lengua oficial. El préstamo es la solución más popular y cómoda, pero también la más corta de miras y elitista. Las lenguas indígenas son y deben ser el medio para llegar al grueso de la población, ya que cada nuevo préstamo agravará aún más la crisis comunicativa post-colonial apuntada en el apartado A. Un precedente loable es el trabajo llevado a cabo en la República de Filipinas por el Lupon sa Agham ("comité de ciencias"), que ha venido desarrollando los recursos de las lenguas indígenas en "Maugnaying Pilipino" ("Filipino que goza de una gran riqueza flexiva") mediante técnicas explícitas de composición aplicadas a raíces de palabras de lenguas de pueblos tales como el tagalo, bisayo, bícola, ilokano, los pangasinanes, kampapampangas, etc., en tanto que los afijos se toman básicamente del tagalo. En torno a 1969, se habían formado, mediante derivación, aglutinación y afijación, unos 7.500 términos de un "vocabulario básico escolar" de 200 raíces (Del Rosario 1969; sobre la situación lingüística educacional en Filipinas, ver Gonzales 1982, 1987).

8.6. ¿Cómo puede la terminología realzar el papel del discurso como modo de acceso al conocimiento? No encontramos pronta respuesta al caso, ya que la noción de discurso como modo de acceso al conocimiento no ha constituido una línea de investigación importante hasta hace poco y mucho menos entre "las corrientes principales de la lingüística". En la práctica convencional, la terminología ha sido un arma de doble filo que ha favorecido el acceso al conocimiento por parte de los especialistas pero se lo ha negado a los no-especialistas.

El movimiento terminológico ha de elaborar directrices integradoras que den realce a esta función auxiliar de la terminología. Un paso determinante en este sentido sería hacer de la definición de los nuevos términos que aparezcan en discursos públicos, tales como conferencias, libros y artículos, rigurosa cuestión de decoro profesional y mantener su utilización en consecuencia hasta nueva indicación. Esta claro que este sencillo principio se sigue con mucha menor frecuencia de lo que la situación exige.

8.7. ¿Cómo puede contribuir al bienestar económico de los participantes en el discurso el uso apropiado de la terminología? Tampoco hay respuestas claras a este respecto. La desenvoltura en el empleo de la terminología es sin lugar a dudas un punto clave de la formación especializada en casi todas las profesiones bien remuneradas, si bien muy pocas de estas profesiones incluyen una formación en terminología como materia obligada de ingreso, tanto en escuelas como en el lugar de trabajo. Es así como no se comprende la relación entre la terminología y el bienestar económico y como el éxito ha de continuar siendo principalmente cuestión de iniciativa personal. La inclusión de la terminología en los planes de estudios universitarios recientemente aprobada por el gobierno español (Acuña 1992a, en prensa 1992b) es un paso adelante, que dependerá de forma crucial de una mejor comprensión por nuestra parte de las consecuencias económicas que ello puede acarrear.

9. Como podemos comprobar, cuestiones en apariencia simples y de fácil respuesta nos conducen de inmediato a problemas mucho más complejos y nos muestran la necesidad de diversificar los métodos y marcos de referencia que venimos utilizando con la ayuda de disciplinas tales como:

9.1. La sociología del saber, incluído el conocimiento en ciencia y tecnología, que puede proporcionar perfiles detallados de grupos actuales o futuros de usuarios de la terminología.

9.2. La psicología cognitiva, que puede estudiar los efectos de los distintos usos de la terminología sobre la comprensión y recuperación del contenido discursivo por parte de hablantes nativos y no nativos de distintas edades, incluyendo, aunque no de forma exclusiva, a aquellos que ya trabajan en un medio técnico o que vayan a desarrollar su carrera como especialistas en un futuro.

9.3. El análisis del discurso y la lingüística del texto, que pueden aportar modelos más integradores y globales de la producción y recepción del discurso y de sus usos en el acceso al conocimiento. Estos modelos, por su parte, pueden sugerir parámetros comprobables para variar el diseño de la terminología y de las lenguas de especialidad, tales como la explicitación de contextos o la fraseología, entendida en términos de la "perspectiva funcional de la oración" (cf. Beaugrande 1991d).

9.4. La informática y la inteligencia artificial, que pueden contribuir al mantenimiento de bases de datos terminológicos y a la aplicación a las mismas de los nuevos desarrollos en "sistemas de conocimiento experto" automáticos que presten su ayuda a expertos humanos.

En este contexto, la investigación y la planificación terminológicas se sitúan en una encrucijada estratégica para el futuro de la ciencia y la tecnología. Su cometido no consiste tan sólo en describir las terminologías existentes y compilar obras de referencia, tales como diccionarios monolingües y multilingües, sino lo que es más importante, también en reflexionar sobre los múltiples aspectos comunicativos presentes en la especialización del conocimiento y en diseñar soluciones a la igualmente múltiple crisis comunicativa apuntada en el apartado A.

 

C. La palabra "terminología" como término especial

10. Puede sernos de utilidad pensar en la propia palabra "terminología" como un término especial y proponer siete posibles definiciones del mismo, cada una de ellas con implicaciones críticas.

10.1. Toda terminología es un repertorio léxico especializado. La definición parece suficientemente fundada, aunque diga bien poco sobre el origen y uso del repertorio. Este planteamiento, con tintes bastante estáticos, nos presenta productos terminados y autosuficientes, conjuntos de etiquetas precisas, establecidas y determinadas para designar realidades independientes y observables. Un ejemplo llamativo es el de los "universos paralelos" de que hablan algunas destacadas interpretaciones de la teoría cuántica, la supersimetría y la física de agujeros negros, que nos demuestra que este planteamiento "clásico" resulta insostenible incluso en las ciencias naturales. Dichos "universos" no son tales en el sentido al que estamos acostumbrados, ni tampoco es su "paralelismo" lo que se entiende por tal, por ejemplo, en el quinto postulado de Euclides.

10.2. Toda terminología constituye un instrumento de intervención en el discurso ordinario. Esta definición ofrece una imagen más dinámica de un proceso en evolución, pero nos exige estipular tanto las condiciones de utilización como los resultados relevantes. Algunos términos surgen en un contexto muy técnico con intención de sobresalir para despues pasar a ser de uso común, como es el caso de "agujero negro" y "relatividad", aunque (como demuestran estos ejemplos) con una pérdida de especificidad en su contenido. Otros, sin embargo, no pierden su carácter técnico, como es el caso de "radio de Schwarzschild" o "número de Gödel" y no pueden aparecer en el discurso ordinario sin algún tipo de mediación.

10.3. Toda terminología proporciona las palabras clave para activar estructuras de conocimiento especializado sobre la disciplina. Esta definición encierra una hipótesis psicológica sobre la organización del conocimiento en la memoria humana y está por tanto abierta a comprobación empírica (van Dijk y Kintsch 1983). Hasta ahora, sin embargo, la experimentación en este sentido se ha dirigido al conocimiento ordinario o como mucho a campos de una cierta especialización como la aritmética (Riley, Greeno y Heller 1982; van Dijk y Kintsch 1983; Kintsch 1990) y el béisbol (Voss, Vesonder y Spilich 1980). Los estudios sobre conocimiento especializado, como la medicina y la química, han estado más dirigidos hacia la inteligencia artificial, en la cual se realizan las comprobaciones por simulación y se juzgan éstas por su eficacia.

10.4. Toda terminología confirma la necesidad de un consenso favorable. Su principal función consiste en señalar que los complejos de conocimiento mostrados como ejemplo gozan de un consenso favorable dentro de la disciplina. Sin embargo, el empleo de terminología no implica por sí sólo su aprobación ni garantiza consenso (8.2). En materias poco delimitadas y en debate, la elección de terminología supone frecuentemente un gesto ambivalente, de vasallaje a un enfoque y de desprecio a otros.

10.5. Toda terminología constituye un sistema de señales para distinguir a doctos de legos. Aunque ésto se logre la mayoría de las veces (8.1), en ningún caso constituye un fin respetable en sí mismo, ni tampoco el mero hecho de adoptar la terminología convierte a legos en doctos. Un caso intermedio interesante son los términos derivados de los nombres de destacados representantes de una disciplina, tales como la "longitud de Planck" o el "puente Einstein-Rosen" entre "universos paralelos" en regiones esféricas de espacio sometidas a interacción gravitatoria por un cuerpo masivo en su centro. Tales términos no son en absoluto autoexplicativos, por lo que no sólo lograrán rendir tributo a los expertos citados sino también dar fe del conocimiento de aquellos que saben emplearlos en el discurso.

10.6. Toda terminología es un instrumento organizativo y pedagógico para ofrecer o adquirir competencia y destreza verbal en una disciplina. Esta definición pone un fuerte énfasis práctico en dar a la terminología un papel instrumental, sin duda crucial durante las primeras etapas de la formación, visto el esfuerzo empleado en su presentación y evaluación durante toda la carrera. Sin embargo, la formulación de una terminología eficaz desde el punto de vista pedagógico no ha recibido suficiente atención, a pesar del creciente número de estudiantes que necesitan adquirir competencia en distintas disciplinas (cf. 5.6).

10.7. Toda terminología designa los centros de control del conocimiento específico de una materia. En esta definición, que Beaugrande (1987, 1988b, 1989, 1991c) ha aplicado a la terminología y a las lenguas de especialidad, el término "control" designa cualquier limitación de los parámetros de complejidad, indeterminación y novedad, no ya mediante una simple intervención mecánica, sino por medio de toda intervención informacional o cognitiva que nos sirva de guía o ayude a seleccionar significados. La contribución potencial de la terminología como instrumento de "control", entendido en este sentido generalizado, es prácticamente ilimitada, siempre que lleguemos a captar la fluctuación y regulación de dichos parámetros en el discurso global y en relación a grupos apropiados de participantes. Por encima de todo, el discurso debería ejercer un control activo y consciente, por ejemplo, debería explicar cada término problemático de forma concisa al aparecer éste por vez primera y emplearlo en consecuencia desde ese momento (8.6).

11. Estas siete definiciones no pueden resumirse o reducirse a una sóla porque la terminología es un fenómeno multifuncional. El valor heurístico que puedan encerrar las definiciones surge al recordarnos esta multifuncionalidad y aumentar nuestra conciencia de que, incluso, o en especial, términos que todos conocemos, sin descontar el propio término "terminología", poseen significados más amplios y diversos de los que normalmente le asignamos. Dicho procedimiento, por su parte, proporciona la flexibilidad necesaria para reconsiderar la contribución potencial de los términos y de la terminología bajo condiciones controladas y adecuadamente planificadas.

 

D. Los buenos augurios de una época

12. Concluiremos con un repaso a algunos factores que nos hacen considerar este período particular de la historia de las ideas como una época bastante propicia para llevar a buen puerto la empresa descrita en este trabajo. Los datos de que disponemos nos hacen contemplar un panorama global en algunos aspectos sombrío, aunque prometedor en otros. En su vertiente más negativa, tanto la ciencia clásica como su influencia sobre la educación han estado dominadas por tres constantes en el uso de la terminología (Beaugrande 1991 c, en prensa, b-c), que favorecen en primer lugar, un uso interno en el propio campo por parte de los doctos sobre un uso externo por parte de los legos; en segundo lugar, la utilización de términos objetivos, que designan objetos de estudio específicos, sobre términos subjetivos, que designan objetos generados por el punto de vista y la interpretación de la persona que lo emplea; y/o, en tercer lugar, un enfoque de las lenguas de especialidad centrado en el término sobre un enfoque centrado en el discurso, que comprende todo el entramado textual, incluidos los procesos de "textualización" de la terminología por parte de los participantes. Estas tendencias no son en absoluto sorprendentes, dada la situación de la ciencia y la educación apuntada en el apartado A, pero pueden seguir influyendo en nuestra propia investigación en terminología, campo en donde deberían ser sopesadas con sumo cuidado.

13. En su vertiente más positiva, encontramos cada vez más signos de un nuevo interés y preocupación por todo aquello que concierne a la terminología. Atribuiremos esta esperanzadora contracorriente en especial a un conjunto de importantísimos avances y saltos cualitativos en las otrora sosegadas física y biología clásicas, cuyo despertar trajo consigo una verdadera revolución en las matemáticas teóricas. Tales desarrollos difieren en gran medida en su contenido, pero al someterlos a examen retrospectivo constatamos un principio al que ya hemos aludido (5.2) y que parece haber tenido una importancia suprema: lo que es materia o energía a un nivel es información a otro nivel. Este principio hace posible la elevación de la materia orgánica y de los sistemas de vida por encima de las bases fisioquímicas, hasta alcanzar los niveles mismos de la consciencia humana (Beaugrande y Dressler, en preparación).

14. En la "ciencia clásica", la posición y el movimiento de los objetos en el espacio estaban determinados por una serie de limitaciones y propiedades definidas con categoría de ley. Lo que establece la "nueva física", y lo que nos hace considerarla "nueva" y no ya sólo entenderla como "física de partículas" o "física de altas energías" o "física de colisiones" es que la materia y la energía, así como todo lo compuesto de materia y energía, es decir, el universo entero, son modos de información con significado y que dicha información resulta de sistemas globales y no de una simple suma de objetos y propiedades por separado.

15. Los principios y teorías más famosos de esta nueva era son en realidad asertos sobre tales modos y "campos" de información. Este factor dificulta nuestra labor de observadores, que no sólo compilan información, sino que también la generan. Una de las principales formas de generar información es la elaboración y utilización de terminologías.

16. En la "nueva" física, la organización del universo es "sencilla", pero en un sentido bien específico. En teoría, lo componen un repertorio limitado de entidades que son a la vez partículas, fuerzas o campos, e incluso información misma. Bajo ciertas condiciones estas entidades revelan una unidad fundamental y las relaciones esenciales que hacen del universo algo posible y "real". Estas condiciones no se dan en el mundo natural en que vivimos, por lo que la experiencia ordinaria nunca nos llevaría a concebirlos. No obstante, al menos algunas de dichas condiciones pueden darse en las en extremo altas energías de la última generación de aceleradores lineales, que han establecido, por ejemplo, la existencia y función de las denominadas "partículas mensajeras" que las fuerzas básicas de la naturaleza emplean en al entrar en relación. Las fuerzas básicas de la naturaleza se reinterpretan, en este sentido, no como atracciones y repulsiones brutales, sino como intercambios de información ("mensajes"), cuyos mensajeros podríamos comparar con los miembros de una "terminología" de fuerzas especializada.

17. Otras condiciones que permitirían tan alto grado de sencillez superan con mucho el alcance de cualquier tecnología conocida o imaginable en la actualidad, de modo que no tenemos visos realistas de llegar a alcanzar alguna vez tal estado. La primera de estas condiciones es lo hemos dado en llamar "energía de gran unificación" en la cual las cuatro fuerzas básicas pierden sus distintas identidades y se funden en una simple interrelación. De modo similar, la teoría de las supercuerdas, también conocida como "teoría de la gran unificación" podría sólo corroborarse en energía de Planck diecisiete órdenes de magnitud superior a la que podemos alcanzar en la actualidad.

18. Sin embargo, para nuestro asombro, incluso a pesar del abismo que suponen diecisiete órdenes de magnitud, podemos calcular todas estas condiciones con una precisión apenas imaginable en las ciencias clásicas, pongamos por caso las propiedades de "cuerdas" veinte órdenes de magnitud inferiores al protón. Esta posibilidad de cálculo ha provocado una súbita reactivación y perfeccionamiento de las matemáticas, que es en sí misma precisamente una ciencia de la información, no de objetos reales. En realidad, cada rama de las matemáticas es, hasta cierto punto, una "terminología" especializada sobre relaciones, cantidades y espacios. Esta tendencia, unida al desconocimiento de las matemáticas de tan alto nivel de especialización que se registra en otras disciplinas que, aun así, necesitan recurrir a ellas, ha tenido el sano efecto de recordar a los doctos en tales campos lo que supone volver a sentirse legos y, por tanto, de aumentar su sensibilidad ante los problemas de la terminología, incluída la suya propia.

19. Un factor más mundano aunque no menos importante ha sido el propio coste económico que ha supuesto la realización de experimentos decisivos en este mundo feliz. Se ha de informar tanto a gestores económicos, clase política, como al gran público para así ganar su favor para la dotación de nuevos laboratorios de física, astronomía y biología cuyo grado de perfección no conoce precedentes. Para la consecución de tales fines ha sido a su vez decisivo un cuidadoso empleo de la terminología, presente también en numerosos libros de divulgación científica, cuya calidad de redacción ha alcanzado niveles fuera de lo común hasta la fecha.

 

E. Perspectivas de futuro

20. El mensaje se proyecta con igual fuerza sobre la escena social y política. Hoy más que nunca la gente desea y trata de comunicar sobre temas específicos y también más que nunca la comunicación depende de su éxito o fracaso como comunicadores, se trate de estudiantes o de naciones en desarrollo. No podría ser más apropiado y justo que este simposio se desarrollara en cinco lenguas, castellano, catalán, euskera, gallego y portugués, en que todos, dejando atrás rivalidades de antaño, nos disponemos a aunar esfuerzos en una aventura común y, estamos seguros, en muchas otras en un futuro, dando ejemplo de mutuo entendimiento.

21. En conclusión, contemplamos buenas perspectivas de futuro para un nuevo empuje en el terreno de la investigación terminológica. Las mismas ciencias, que se creía habrían de preservar de una vez por todas y para siempre la visión clásica del mundo, compuesta de bloques independientes y reacciones en cadena de causa y efecto, están en plena esfervescencia, de la cual ninguno de los principios y conceptos conocidos parecen a salvo. Dicha efervescencia ha desestabilizado, por una parte, a las terminologías tradicionales, pero a la vez ha mostrado su importante función en la especialización de nuevo conocimiento. Ello nos lleva a pensar que una ciencia de la terminología acertada pueda tener fuerza paradigmática para el progreso global de la especialización del conocimiento de las ciencias del futuro.

 

Bibliografía

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