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La terminología en Cuba. Actualidad y perspectivas

Rodolfo Alpízar Castillo

 

En otras ocasiones me he referido al pobre desarrollo de las labores terminológicas y terminográficas en Cuba. Al presente algo se ha avanzado, como se expondrá a continuación, pero estamos lejos todavía de un trabajo satisfactorio en este sentido. Por otra parte, aunque por hábito me refiera a terminología, en rigor debería decir terminografía, que es lo que en realidad se ha hecho en el país, con independencia de algún que otro intento de acercamiento a elementos teóricos y metodológicos (terminología propiamente dicha), o algún tratamiento tangencial a la tecnolectología.

No vale la pena hacer un inventario pormenorizado de lo realizado en etapas anteriores al decenio del 70, que, sobre escaso, por lo general no ha sido, aunque con excepciones, valioso. Al momento actual, en especial en los últimos cinco años, se ha producido un auge relativo, y se han abierto vías que pueden conducir a que el empeño terminológico, en sus distintas variantes, ocupe un lugar destacado en el quehacer científico nacional, y contribuya al desarrollo de la terminología en el ámbito hispano. Es conveniente, por tanto, que nos detengamos en una revisión de lo que se está haciendo y de las perspectivas que los grupos existentes abren ante nosotros. Se impone, sin embargo, partir de un acto de justicia histórica.

Antes de describir lo que se tiene o no se tiene en la actualidad, y aunque se tome como una repetición innecesaria por haberme referido a ello en algún que otro escrito anterior, hay que hacer mención de un pequeño número de nombres del siglo XIX a los que siempre habrá que honrar, por corresponder a los precursores de lo que hoy en día se hace y de lo que se hará en el futuro.

Tanto en la práctica terminográfica como en el acercamiento teórico a sus problemas, nuestros antecedentes se remontan a bien temprano en el siglo pasado. Hay cuatro personalidades que mencionar cada vez que se intente hablar del desarrollo en Cuba de eso que llamamos terminología:

Felipe Poey Aloy (1799-1891), naturalista, filólogo, poeta y profesor, ha sido hasta el momento el mayor de todos los que se han ocupado de las características de los tecnolectos y de sus problemas. Desde sus obras iniciales, en las primeras décadas del siglo, dedicó muchas páginas a distintos temas relacionados con el tecnoléxico de las diversas ramas de las ciencias naturales a cuyo estudio se aplicó. Coincidentemente, también invirtió muchas horas de su tiempo a traducir y a teorizar sobre la traducción, por lo cual también es un punto de referencia obligado siempre que se trate sobre esa profesión en Cuba. Antonio Mestre y Domínguez (1834-1887), médico y publicista, escribió el primer artículo especialmente dedicado al tema del tecnoléxico que se publicó en Cuba, y tradujo y adaptó al español los ejemplos de otro aparecido en francés originalmente. Por sus conocimientos de griego y su cultura científica, fue el consultor terminológico de muchos sabios cubanos de la época, incluido el propio Felipe Poey, quien dejó constancia escrita de ello en su oportunidad. Marcos de Jesús Melero (1830-1900), farmacéutico, publicista y hombre de muchas polémicas, dio a la luz en 1859 la primera obra terminográfica cubana, la Terminología farmacéutica o Diccionario de términos usados en farmacia, la cual, con toda seguridad, es una de las primeras de su tipo en América. Para su época, fue una obra digna, que se levanta como un jalón solitario en nuestra historia intelectual.

Néstor Ponce de León y Laguardia (1837-1899), traductor, publicista y patriota independentista, dio a la luz en San Francisco, California, entre 1886 y 1893, la más ambiciosa empresa terminográfica acometida hasta el momento por un cubano, el monumental Diccionario tecnológico inglés-español español-inglés. Esta fue una obra concebida y realizada con extraordinario rigor y con sentido de absoluta modernidad, y en su momento recibió los elogios de la crítica en muchos países.

Sentados estos antecedentes, hay que reconocer que los esfuerzos de esos iniciadores quedaron en el vacío; sus empeños no fueron continuados, permanecieron aislados del desarrollo científico posterior, y apenas son recordados hoy día por unos pocos.

A lo largo del siglo XX hay poco interesante que mostrar, al menos durante los primeros setenta años. Alguna que otra obra terminográfica, por lo general indiferenciada con respecto a otros tipos de trabajos lexicográficos y con bastantes irregularidades metodológicas, y en la década de los cincuenta una incursión aislada y no continuada en el tema del estilo científico, no son suficientes para decir que entre nosotros "había terminología" por esos tiempos.

Ya después de 1970 comienzan a proliferar algunos esfuerzos, todavía aislados, pero solo a finales de los ochenta se puede decir que existe en el país una evidente preocupación, y acaso una ocupación más o menos definida, por este tema. Si bien no en todos los casos se puede afirmar que está bien orientada, al menos se puede asegurar que es abundante y se hace sentir.

Pasando por alto la publicación de este o aquel diccionario o glosario, obras individuales unas, colectivas otras, pero por lo general representativas de esfuerzos aislados y sobre todo sin continuidad (realidad que existe y continuará existiendo, desde luego), es conveniente detenerse en emprendimientos que han significado intentos serios de sistematizar un quehacer que, para que sea válido, ha de ser sostenido. Lo que sigue es el esbozo de lo que marca el verdadero ritmo del progreso en el trabajo terminológico cubano, con independencia de los avances y retrocesos que en cada caso se pueda encontrar.

El primer intento de encaminar una labor terminológica propiamente dicha se produce en 1975, en el Centro de Información de Ciencias Médicas, institución dependiente del Ministerio de Salud Pública. Aunque de forma totalmente ingenua, sin bibliografía alguna, y partiendo ante todo de la necesidad de solucionar las dificultades a que se enfrentaban traductores, informáticos, redactores y especialistas en medicina, durante varios años, hasta 1983, quien escribe estas notas mantuvo un esfuerzo de análisis de las características del tecnolecto médico, que no se detenía ahí, sino se extendía a otros problemas idiomáticos presentes en ese sector de la ciencia. Ello dio como resultado la publicación de una larga serie de pequeños artículos semanales, de varios folletos que los compilaron, y de lo que fue la primera tentativa cubana de acercamiento teórico-práctico a la terminología (no solo la terminografía), el libro El lenguaje en la medicina, aparecido en 1983. Lamentablemente, también ese fue el momento en que terminó tal labor, con la desaparición de la publicación que le servía de vehículo. Algunos esfuerzos por continuar esta línea pocos años después, en el centro de información de los Laboratorios Técnicos de Medicamentos, no tuvieron éxito, y el Ministerio de Salud Pública sigue sin cumplir la promesa que inició en 1975, a pesar de que cuenta, en el Centro de Información de Ciencias Médicas, con un buen grupo de traductores que tienen formación lingüística y preocupación por los problemas del tecnolecto médico, amén de una base material suficiente, y de que la idea de crear un banco nacional de términos del área de la salud pública y la medicina fue planteada ya desde 1979.

En la actualidad está comenzando un movimiento de recuperación en este sentido, dirigido por el licenciado José Luis González, quien está al frente del sector de traducciones y ha establecido los contactos para emprender algunas obras terminográficas en colaboración con otras instituciones interesadas en el asunto.

Al menos desde 1978, el Comité Estatal de Normalización, organismo que atiende la elaboración de normas industriales del país, ha venido confeccionando normas de términos y definiciones, y en 1979 publicó una guía que sentaba las bases metodológicas para los elaboradores de las normas. Pero ni la guía ni las normas tomaron en cuenta criterios lingüísticos en su concepción (al punto de que la guía tiene como uno de sus preceptos que los términos que se recojan han de ser los que registre la Real Academia Española; a pesar de que la propia guía tiene carácter preceptivo, lo cierto es que ninguna de las normas cumple ese requisito; desde luego, si se hubiera cumplido el precepto pocas de ellas se hubieran editado). Algunas de las normas publicadas, sobre todo en el sector de la agricultura, fueron revisadas por el autor de estas líneas entre 1986 y 1988, pero ello no fue sistemático.

Desde hace unos pocos años, en una dependencia del mencionado organismo, el Centro de Informática Aplicada a Normalización, se formó un grupo con la intención de diseñar un gran banco automatizado que recogiera el fruto de la labor anteriormente realizada, y que agregara equivalentes en inglés, francés y ruso a los artículos. En resumen, el trabajo del grupo, que se conoce como CRATILO, se encuentra enlentecido en extremo en estos momentos, aunque continúa.

El Centro de Información para la Defensa, del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que cuenta con un gran número de traductores, creó desde hace algunos años una Comisión de Glosarios, equipo que ya ha publicado unas quince obras encaminadas a resolver problemas prácticos en el tecnolecto de varias especialidades militares, principalmente en la relación con las lenguas inglesa y rusa, y en menor escala para la francesa.

Si bien han carecido de asesoramiento cercano desde el punto de vista terminológico, un grupo de los miembros de la Comisión pasó, en 1991, el primer curso de terminología que se ha ofrecido en Cuba. Este equipo se mantiene en activo.

En el propio Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, pero de manera independiente, se creó un grupo para la redacción de un diccionario terminológico militar, a partir de la idea de reeditar uno aparecido en 1987, pero plagado de deficiencias. En principio, el diccionario ha sido enfrentado como monolingüe, pero en el proceso se le añadirá los resultados obtenidos por la citada Comisión de Glosarios, de modo que el producto final será una obra terminográfica con definiciones en español y equivalentes en inglés y ruso.

Este trabajo con el diccionario militar es importante para el desarrollo de la terminología en Cuba porque:

1. por primera vez se ha creado un equipo con un fin bien delimitado y que ha contado con asesoramiento lingüístico sostenido desde el primer momento (personalmente preparé las bases metodológicas, seminarié al colectivo de redacción y al que se encargaría de realizar los inventarios, y participé en la dirección de los análisis de los términos); si bien se han producido pequeñas desviaciones en las orientaciones iniciales, la metodología previamente elaborada se ha seguido de una manera rigurosa, y el trabajo ha involucrado a más de 150 especialistas militares, directa o indirectamente;

2. el resultado final sentará las bases para la formación de un banco terminológico de términos militares, cuyas experiencias podrán contribuir a la labor de los demás equipos existentes;

3. la elaboración del diccionario ha permitido la interrelación entre equipos, en especial se ha recibido la colaboración de la Comisión de Glosarios antes mencionada, y del Centro de Traducciones y Terminología Especializada, del que se tratará más adelante.

Esta tarea está prácticamente concluida. Se editó una primera versión en impresión ligera que circuló entre especialistas que no habían participado en el trabajo, y se recibieron muchas opiniones y sugerencias que fueron tenidas en cuenta. En estos momentos se encuentra en análisis por el Consejo Científico Superior del mencionado Ministerio.

En la Empresa de Servicios de Traducción e Interpretación se están dando los primeros pasos para un trabajo terminológico sistemático. Hasta el momento sus traductores han ido elaborando, cada cual a su manera y según las necesidades individuales, ficheros de dudas terminológicas que en algunos caso conforman inventarios de considerable extensión. Pero ya un grupo de 15 traductores pasó el curso de terminología antes mencionado, y otro grupo cursó uno similar ofrecido en la propia Empresa.

Además, se ha fundado un pequeño centro de terminología y referencia, atendido por tres especialistas; a partir de este centro se presta servicio a los traductores de la institución, tomando como base la bibliografía recibida de organismos internacionales. Existe de la idea de ir incrementando el servicio y engrosar los fondos con trabajos originales elaborados por miembros de la Empresa. Se cuenta con un sistema para la automatización de las búsquedas.

En la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana se creó, en 1991, el Grupo de Estudios Lexicográficos. Este colectivo se caracteriza por su gran dinamismo y poder de iniciativa. Al presente se encuentra volcado sobre la realización de varias tareas terminográficas, pero, con todo, lo más importante es la labor que han realizado en la promoción de la terminología, la formación de terminólogos y la difusión de los aspectos metodológicos de este quehacer. A propuesta del Grupo, y como parte de su accionar, durante el año 1991 desarrollé el primer curso de superación profesional sobre metodología de la investigación terminológica impartido en Cuba, de 40 horas de duración, al que concurrieron alrededor de 50 profesionales, entre profesores, traductores y otros especialistas. En 1992 desarrollé un segundo curso, de 60 horas, como ampliación del anterior, y a él acudieron los miembros del equipo más una pequeña representación de otras instituciones.

En la actualidad se están preparando condiciones para incluir la terminología como disciplina opcional en el programa de formación de traductores de la Facultad.

Concebidas como parte de su labor de promoción, desde hace más de un año el Grupo de Estudios Lexicográficos efectúa reuniones mensuales denominadas "tertulias terminológicas", las cuales se han convertido en vehículo para promover el intercambio de experiencias e información entre quienes emprenden actividades terminológicas en el país. A partir del éxito evidente que han tenido estas "tertulias", en febrero de 1993 se realizará un encuentro de terminografía, auspiciado por la Facultad de Lenguas Extranjeras. Su objetivo principal es reunir a todo el que tenga algo que decir, o esté haciendo algo, en el campo de la elaboración de diccionarios terminográficos, para intercambiar información, establecer relaciones y colaboración entre especialistas y evitar duplicidades y dispersión de esfuerzos. Se espera, además, preparar una base de datos con toda la información que se genere en el encuentro, para ponerla a disposición de cualquier interesado.

Este equipo está dirigido por el profesor Manuel Barreiro Sánchez, del Departamento de Lengua Rusa de la Facultad.

Por lo ambicioso de sus planes, por la base material con que cuenta, por las relaciones que ha fomentado y por la trascendencia de algunos de sus logros, uno de los grupos de mayores posibilidades con que se cuenta en estos momentos es el Centro de Traducciones y Terminología Especializada, que es una dependencia del Instituto de Información Científica y Tecnológica, de la Academia de Ciencias de Cuba.

Este Centro surgió a finales de 1988, con el nombre de Centro de Traducciones de Ciencia y Técnica, a partir del criterio inicial de traducir un grupo de las más prestigiosas revistas científicas en lengua rusa. Conjuntamente, se desarrolló la idea de aprovechar los vocabularios especializados que este trabajo proporcionaría, junto con algunos inventarios preexistentes que podrían enriquecerse.

De inicio, el Centro fomentó lo que resultó ser el primer equipo de terminología oficialmente constituido en Cuba (el 8 de marzo de 1990), a partir de 4 traductores que se especializarían, si bien uno de ellos tenía ya alguna experiencia en trabajos terminológicos. Ellos recibieron un cursillo que les impartí durante los primeros meses de su actividad, y han continuado asesorados por mí durante casi todo el tiempo. Aunque algunos miembros han cambiado, al frente del equipo se mantiene el mismo terminólogo desde el primer momento, el licenciado Francisco Planas Guiral,especialista muy talentoso.

El cambio de nombre del Centro, en enero de 1992, es un reflejo de una mayor valoración de la importancia del quehacer terminológico como esfera productiva.

En la actualidad, el Centro está trabajando en la terminación de algunos glosarios y diccionarios plurilingües: biotecnología, farmacia, estomatología en colaboración con el Centro de Información de Ciencias Médicas, etc., y ha sido el principal gestor del Primer Simposio Nacional de Traducción Científica (en 1990), donde sesionó una comisión especializada en Terminología, y también lo ha sido de EXPOLINGUA Habana'92, reunión que ha significado la posibilidad de establecer contactos entre especialistas del país y de estos con muchos de sus colegas extranjeros, pero que, además, ha servido para demostrar a nivel nacional el peso de la labor terminológica en el ámbito mundial.

El resultado más relevante que puede mostrar el Centro de Traducciones y Terminología Especializada es la puesta a punto del sistema AUTOLEX para la automatización de la elaboración de diccionarios, debido al esfuerzo del jefe del grupo de terminología, cuyo nombre acabo de mencionar. Este sistema se ha mostrado muy eficiente y con muchas posibilidades de utilización. En la elaboración del Diccionario terminológico militar, citado párrafos antes, fue muy conveniente la ayuda de una primera versión de AUTOLEX.

Realizada esta mirada general a los principales grupos existentes en el país (funcionan algunos otros de los cuales no se tiene noticias ciertas aunque se sabe que algo hacen), hay que concluir que sobre todo en los últimos 5 años se ha producido un notable incremento de la actividad terminográfica en Cuba, a partir del establecimiento de colectivos que se han planteado una sistematicidad, o al menos una continuidad, en la realización de distintas tareas. Los pasos dados en relación con la enseñanza de la terminología en la Universidad, más los otros cursos que se desarrollan, aseguran que en un corto plazo el nivel general de quienes emprenden tareas terminográficas sea más elevado, y con ello que los resultados de su trabajo sean de mayor rigor científico. Las perspectivas, pues, son muy halagüeñas.

Sin embargo, aún se observa, y acaso se mantenga por algún tiempo, que hay falta de coordinación en el quehacer de los equipos existentes, con la consiguiente repetición de esfuerzos y la duplicidad de tareas. En campos tales como el turismo y la biotecnología, por ejemplo, hay varios colectivos trabajando en la misma dirección, sin que hasta ahora se haya logrado unificarlos o compatibilizarlos. En el terreno metodológico, sin embargo, hay posibilidades de acercamiento de posiciones, pues la preparación de especialistas y el asesoramiento han estado hasta el momento, como se ha visto, a cargo de una misma persona.

Se hace necesario, entonces: a) incrementar la preparación de los que realizan labores terminográficas, y, b) establecer una comunicación fluida entre los equipos en funcionamiento y una coordinación en sus actividades, de manera de evitar duplicidades, lograr la compatibilidad de resultados y repartir tareas cuando varias instituciones estén enfrentadas a una in vestigación similar, con lo cual el producto logrado ha de ser de mayor calidad y más rentable.

Con todo, para que se produzca un verdadero salto cualitativo en el estado actual de cosas, sería imprescindible proceder a la creación del Centro de Gestión Terminológica, que he propuesto en anteriores ocasiones. Este Centro habría de tener la doble condición de ser investigativo y a la vez de producción, esto es, habría de atender tanto el aspecto científico como el económico de la elaboración de obras terminográficas, pero también cuidaría del resto de las acciones terminológicas, a partir del criterio de que no es solo terminografía lo que la práctica nos exige, si bien la elaboración de obras terminográficas es la necesidad más evidente.

De momento, algunos interesados, entre los que se cuenta, en primer lugar, el ya mencionado Grupo de Estudios Lexicográficos, estamos tratando de constituir una especie de comité de coordinación entre los equipos existentes, pero tomando en cuenta la necesidad de fomentar la creación de nuevos colectivos en áreas específicas por ahora descuidadas, y sin desconocer a quienes se aplican de manera individual a la terminología o la terminografía. Para ello hemos pensado en fomentar un foro de instituciones, grupos de trabajo y personalidades individuales que anualmente, o dos veces al año, se reúnan y acuerden estrategias comunes, tanto para la labor dentro del país como para la proyección internacional, y en especial iberoamericana, de los empeños terminológicos cubanos, teniendo siempre en la mira la necesidad de defender la unidad de la lengua española y de incrementar sus posibilidades como instrumento para la comunicación científica moderna.

Provisionalmente hemos denominado a este comité Foro Permanente de Coordinación en Terminología.

Los actividades previas a la constitución del Foro están bastante adelantadas. Está concluida su elaboración teórica y se trabaja en la imprescindible difusión. Hay que señalar que las "tertulias terminológicas" se han mostrado como un medio muy conveniente en ambos aspectos. Si no se presentan contratiempos de última hora, su proclamación se realizará en febrero de 1993, al concluir las sesiones del encuentro de terminografía, aunque de hecho ya está funcionando.

El año de 1993 está llamado a marcar, por tanto, el gran salto de calidad de la terminología y la terminografía cubanas.

Para finalizar, es imprescindible resaltar que desde finales de 1985 la labor terminográfica en Cuba ha sido estimulada por el apoyo brindado por Unión Latina, que generosamente ha donado algunas obras terminográficas y bibliografías anteriormente inexistentes en el país, a más de un constante sostén moral a quienes nos hemos propuesto la misión de hacer que esta disciplina ocupe el lugar que le corresponde entre nosotros. No se debe dejar en el tintero el hecho de que la representación en Cuba de Unión Latina ha mostrado su entusiasmo tanto por la continuidad de las labores de las "tertulias terminológicas" y la celebración del encuentro de febrero de 1993, como por la constitución del Foro Permanente de Coordinación en Terminología, empeños a los cuales brindará, en la medida de lo posible, un máximo de atención.

 

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