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Índice por autores

 

 

Manual teórico-metodológico para la construcción
de tesauros históricos (Memoria urbana)

Oscar de J. Saldarriaga Velez
Olga Lucia Zuluaga de Echeverri
Fundación de Estudios Históricos
Misión Colombia
Colombia

 

Resumo

Esta metodología, que hemos denominado MEMORIA URBANA (MU) se propone:

1. Formalizar una técnica de lectura para extraer de un conjunto documental sobre asentamientos urbanos (en este caso Bobotá-Colombia), un vocabulario tanto normalizado como histórico, capaz de cubrir tres niveles, a saber:

1.1 La recuperación sistematizada de la información. (Creación de una base de datos sobre personajes, lugares, fechas, instituciones, saberes, temas, y datos bibliográficos).

1.2 La identificación de un grupo de palabras claves utilizadas para designar los elementos de la estructura urbana en cada momento de su proceso histórico. (VOCABULARIO CONTROLADO).

1.3 La reconstrucción de las relaciones temáticas que se establecieron entre estos términos, tomados como indicadores de los tipos de relaciones estructurales constituidas en los registros de la gestión urbana a lo largo del tiempo. (TESAURO HISTÓRICO).

2. Aportar elementos teóricos y empíricos para poner a prueba una hipótesis sobre la producción de documentos en un contexto urbano, utilizando la estructura (forma) intrínseca de cada tipo de documento para identificar los elementos de la estructura urbana en donde ha sido elaborado y utilizado.

3. Disponer de elementos para un análisis histórico que permite:

3.1 Restablecer los "temas", "problemas", "objetos" y/o núcleos de la gestión urbana.

3.2 Restablecer el corpus documental producido a su alrededor.

3.3 Sentar las bases informativas y analíticas que permitan dar cuenta, en posteriores estudios, de problemas propios de la historia urbana, como son el espacio, la producción, la gestión, la población, etc.

 

A. Objetivos y alcances

La metodología que hemos denominada MEMORIA URBANA (MU) se propone:

1. Formalizar una técnica de lectura para extraer de un conjunto documental sobre asentamientos urbanos (en este caso Bogota-Colombia), un vocabulario a la vez normalizado e histórico, capaz de cubrir tres niveles, a saber:

1.1. La recuperación sistematizada de la información. (Creación de una BASE DE DATOS sobre personajes, lugares, fechas, instituciones, saberes, temas y datos bibliográficos).

1.2. La identificación de un grupo de palabras claves utilizadas para designar los elementos de la estructura urbana en cada momento de su proceso histórico. (VOCABULARIO CONTROLADO).

1.3. La reconstrucción de las relaciones temáticas que se establecieron entre estos términos, tomados como indicadores de los tipos de relaciones estructurales constituidas en los registros de la gestión urbana a lo largo del tiempo. (TESAURO HISTÓRICO).

2. Aportar elementos teóricos y empíricos para poner a prueba una hipótesis sobre la producción de documentos en un contexto urbano; utilizando la estructura intrínseca de cada tipo de documento para identificar los elementos de la estructura urbana en donde ha sido elaborado y utilizado.

3. Disponer de elementos para un análisis histórico que permita:

3.1. Restabelecer los "temas", "problemas", "objetos" y/o "núcleos" de la gestión urbana.

3.2. Restablecer el corpus documental producido a su alrededor.

3.3. Sentar las bases informativas y analíticas que permitan dar cuenta en posteriores trabajos, de problemas propios de la historia urbana, como son el espacio, la producción, la gestión, la población, etc.

 

B. La noción de MEMORIA URBANA

Nuestra hipótesis inicial sostiene que: un documento no solo es un soporte de información sobre el pasado, sino que es también un engranaje para la consolidación de cierto tipo de relaciones urbanas (técnicas, económicas, sociales, políticas, de saber o simbólicas); y que a su vez, alli donde (en los espacios urbanos) se va configurando un nodo de fuerzas de poder y resistencia, se produce un cuerpo documental, una tipología específica de registros.

Por lo tanto, un documento es producido, y al mismo tiempo actuante. Es decir, que no es solamente el efecto de unas tecnologías de memoria y administración, sino que además, el mismo produce efectos en las prácticas de gestión urbana.

De este modo, ya estamos en capacidad de enlazar la tipología documental (según su forma, su procedencia o su estatuto teórico), con las redes de configuración de la estructura o dispositivo urbano. Nuestra "regla de oro" es respetar siempre la materialidad misma del documento, su lenguaje natural y las relaciones temáticas y jerárquicas que están expresas positivamente en él.

Sin este requisito, no sería posible reconstruir el proceso de su producción, circulación y uso.

Po esto, hemos adoptado una definición inicial de memoria urbana, a saber:

"Entendemos por MEMORIA URBANA el conjunto de documentos que ha producido y almacenado, según sus sistemas históricos de gestión, una sociedad urbana dada". Este conjunto se encuentra constituido por la gama de registros que operan en los diferentes niveles de la gestión: teóricos, normativos, técnicos, pragmáticos, cotidianos, etc.

MEMORIA URBANA es entonces:

Una realidad histórica hecha visible en los registros, la memoria que una ciudad ha producido en el proceso de su gestión.

Una noción, una herramienta metodológica la cual se ira afinando en el trabajo de análisis de las relaciones entre la producción de documentos y la configuración de una estructura urbana.

Un resultado de la investigación, que restablece los corpus documentales propios de cada sistema de gestión de un agrupamiento urbano en un determinado momento histórico.

 

C. Por qué una técnica de lectura

El punto de partida es, sin duda, el trabajo meticuloso sobre los registros.

Pero metodológicamente, no es posible extraer palabras y palabras sin más de una masa documental, careciendo de una guía que delimite el universo y el nivel de profundidad de la extracción. [1]

Ni la extracción de información —personajes, lugares, fechas, temas— (nivel 1); ni el establecimiento de un vocabulario controlado (nivel 2), ni la elaboración de un tesauro histórico (nivel 3), se derivan de una lectura de "sentido común", pues ello equivaldría a colocar a cada analista con su "criterio personal" en medio de una masa documental cuyas características son la heterogeneidad y la dispersión.

De hecho, para llegar a la fase de manejo de la información en la cual se encuentra el proyecto [2]; hemos utilizado un vocabulario inspirado en la lista de ENCABEZAMIENTOS DE MATERIA PARA BIBLIOTECAS (LEMB, Icfes-Procultura, 1985), pero estructurando los epígrafes alrededor de campos temáticos acordados por el equipo interdisciplinario de investigadores. [3]

Para el primer nivel de análisis de la información, utilizamos la técnica diseñada por la bibliotecología, conocida como "asignación de descriptores". Ella nos permite recuperar "los temas centrales y las palabras representativas del contenido del documento"; tratando este como entidad individual cuyo contenido se describe analizando el orden lógico de los temas centrales y los subordinados: esta LECTURA LÓGICA asegura el nivel más amplio de recuperación de información pues la pone a disposición de usuarios no especialistas o de quien requiera búsquedas de tipo general.

Pero además, en este punto, también se recuperarán términos que asi no sean representativos del contenido, si son considerados útiles como datos históricos: son términos que no forman parte necesariamente del tema central, pero indican la presencia de elementos de la estructura urbana dispersos en el campo de registros.

El hecho de que se reconozcan los datos históricos como términos más alla de los temas centrales, muestra que el grado de representatividad de cada término esta directamente afectada por los tipos de documentos en los cuales se encuentra. En efecto, para la Bibliotecología, la noción de tipo de documento se refiere a "la forma como es presentado un contenido". Decir "tratado", "'artículo", "informe", "manual", "reglamento", "estadistíca", "descripción", "pastoral", "catastro", etc; es enumerar una diversidad de formas, de soluciones técnicas diseñadas para el registro, conservación, transmisión y uso de la memoria de una sociedad.

Para sistematizar la extracción de esos "elementos dispersos" o términos históricos, podemos avanzar apoyándonos en las herramientas teóricas y metodológicas del trabajo documental de la Historia, en particular aquellas conceptualizaciones y técnicas que permitan entender y tratar un registro como elemento situado dentro de un corpus.

Un corpus no es una masa indiferenciada, ni siquiera una serie exhaustiva de un tipo homogéneo de documentos (por ejemplo la serie de Informes de los Alcaldes de la ciudad). Si bien la serie es su unidad constitutiva, el corpus es más que ella, es el conjunto de series documentales heterogéneas, provenientes de diversas instituciones y prácticas sociales, pero aglutinadas alrededor de un tema, un objeto u objetos (de conocimiento, de intervención política o de estrategia social), que cada sociedad ha constituido como núcleos problemáticos de fuerzas y que obedecen a unas mismas condiciones de producción y utilización. Las series se localizan o eligen siguiendo los núcleos donde se agrupan las fuerzas sociales determinantes de los problemas y temas que atraviesan los registros.

Por ejemplo, para restutuir un corpus sobre la Administración Urbana en Bogotá durante el siglo XIX, hallaríamos diversos tipos de documentos que incluirán: legislación, tratados de arquitectura o ingeniería y economía política, presupuestos, discusiones políticas, estadísticas, informes de alcaldes u otros funcionarios, decisiones de juntas particulares, noticias de prensa, crónicas, descripciones de viajeros, escrituras de propiedad, catastros, registros parroquiales, prescripciones religiosas, reglamentos de higiene, planos y dibujos, textos de moral, etc.

Este universo heterogéneo puede pues ligarse en la medida en que un mismo tema, un problema o un foco de poder está expreso en cada uno de ellos, y pueden inferirse una serie de condiciones históricas comunes que han determinado su aparición.

Por tal razón entonces, volvemos a plantearlo, el grado de representatividad de un término está dado por el lugar que ocupe dentro de un corpus y solo puede ser determinado en el proceso de reconstitución histórica de dicho corpus.

Pues de otro modo, como sería posible dar cuenta, si solo se efectua la lectura lógica, de la aparición o transformación de palabras, conceptos o temas en el transcurso del tiempo; cuando justamente una relación temática nueva puede ir apareciendo primero marginal y paulatinamente, en tipos de documentos de apariencia secundaria o neutra, y luego, en condiciones históricas propicias, emerger y difundirse, o por el contrario, desaparecer o ser excluida?

En segundo lugar, es necesario entender que un corpus no es un agrupamiento hecho a priori, o susceptible de ser fijado de antemano por fuera de las relaciones que los mismos documentos van permitiendo establecer.

Este segundo nivel, lo llamaremos entonces de LECTURA TEMATICA. Recurriendo a una imagen, podría decirse que si la lectura lógica es una "lectura vertical" que busca los términos a lo largo del documento, la lectura temática seria una lectura "diagonal", que rastrea relaciones y liga puntos entre los documentos que lo circundan.

Por esto, nos vamos a detener a describir dos fases del trabajo que nos han sido vitales: la identificación de los tipos de documentos, y la conformación de una muestra documental indicativa de la GESTIÓN URBANA (MEMORIA URBANA).

 

D. Los tipos de documentos

Al identificar los tipos de documentos empíricamente, con los nombres propios que les fueron asignados, estamos sentando las bases para reconstruir dichos corpus, para llegar a ellos como resultado histórico de gran potencialidad analítica.

Pues afirmamos, de acuerdo con los aportes de la reflexión histórica sobre el documento, que la forma como ha sido consignada una observación, fijada una ley, expuesta una teoría, u ordenado un censo o un conteo estadístico, ya lo señalamos, responde al estado de las técnicas de memoria que haya logrado una sociedad en cierto momento: una póliza de seguro, un catastro, un tratado de filosofía... no son pensables sino a partir de la conjunción de avances tecnológicos, de necesidades económicas y formas de propiedad, de estrategias de administración y gobierno, de desarrollos del lenguaje y de los medios de comunicación... Por tal razón, identificar el tipo (la forma) del documento es el segundo paso [4] para la reconstitución de los corpus urbanos: la estructura intrínseca de cada documento, de hecho produce diferentes efectos, bien sean materiales, políticos o de conocimiento; pues es claro que un texto escolar, un reglamento, un censo, una escritura de propiedad o una orden de allanamiento no tienen las mismas finalidades, generan acciones diferentes y circulan en instituciones o prácticas de rangos muy diversos.

Cuando decimos "estructura intrínseca", nos referimos a los elementos que definen la forma del documento: autor, destinatarios, procedencia y circulación institucional, forma de organización de los contenidos, y lugar que ocupa en la jerarquía teórico-normativa. Todos estos elementos, insistimos, se hallan expresos, dibujados materialmente sobre el soporte físico. No buscamos datos implícitos o sentidos ocultos.

Con respecto al lugar ocupado por cada documento en la jerarquía teorico-normativa o jerárquico-instrumental, se trata de observar que "entre los registros, unos son de circulación amplia y otros de circulación interna a una práctica, unos son repetidos y otros adecuados, unos registran políticas y otros registran prácticas concretas, unos son impresos y otros manuscritos, unos son declarados históricamente universales y otros son recolectores de generalidades universales; unos tienen validación institucional y otros provienen de espacios marginales; y en fin, unos alcanzan un estatuto de alto perfil epistemológico mientras otros son de carácter instrumental o técnico..." (Zuluaga: 1987, 242).

Toda esta información nos es dada directamente por el tipo del documento y por los elementos de su estructura intrínseca enumerados arriba, y es registrada en un formato standard para recuperación de información bibliográfica según las normas internacionales aceptadas para este efecto.

Nuestra propuesta consiste pues, en asimilar el principio archivístico de "procedencia", desarrollándolo en el sentido que ya no solo se trata de reconocer la fuente institucional que ha originado un documento, sino todo el conjunto que hemos llamado de "condiciones de producción y uso de los registros". Por ello, el archivo es para nosotros, no solo un depósito de información, sino la memoria siempre reactualizada que puede producir una sociedad sobre si misma.

Como puede observarse, estas condiciones solo podrán establecerse luego de la lectura, la identificación de los tipos de documentos y el análisis temático; todos ellos pasos metodológicos necesarios para la reconstitución de un corpus documental.

En suma, nuestra metodología puede enumerarse en los siguientes pasos:

1. Nuestro fundamento es el lenguaje natural: temas centrales, secundarios y términos históricos.

2. Establecemos la forma o tipo del documento.

3. Se identifican las relaciones temáticas entre términos según su importancia según el tipo de documento.

4. Al final de este proceso es posible asumir el documento como registro histórico, es decir, comenzar a establecer sus condiciones de aparición, producción, circulación y uso, que serán básicas luego para determinar las relaciones jerárquicas entre los términos del vocabulario histórico.

 

E. La conformación de la muestra

La identificación de los tipos de documentos nos conduce inmediatamente a la reconstrucción de ciertas series como: legislación, memorias, informes de alcaldes, oficios de funcionarios, reglamentos, estadísticas, etc... Asi se constituyen las secuencias seleccionadas en primera instancia para ser trabajadas exhaustivamente (extracción de información, descripción bibliográfica, análisis terminológico y tipologización documental), operación vital pues nos permite controlar los procesos y procedimientos tanto de orden teórico como práctico.

En el orden teórico, pues la noción de MEMORIA URBANA (M.U.) nos obliga a establecer las series de registros y su jerarquía alrededor de los nudos de fuerzas de la estructura urbana. Aunque estos no puedan determinarse de antemano, se deben localizar los tipos de actividades propias de la gestión urbana (administrativas, fiscales, policiales, eclesiásticas, económicas, etc...) porque de ellas proviene la documentación que contiene la mayor riqueza de relaciones temáticas, pues ella emana directamente de los actos de gestión del dispositivo urbano. Por estas razones denominamos "muestra" al conjunto documental asi conformado. En esta fase, permanecemos situados en el nivel positivo propio de la información arrojada por la documentación misma.

En su aspecto práctico, la conformación de la muestra es el procedimiento metodológico más apropiado para controlar la extracción del vocabulario, pues nos proporciona el universo delimitado en donde con toda seguridad los temas urbanos fueron definidos y utilizados. Este procedimiento nos da además la ventaja de poder hacer a la vez un seguimiento cronológico y una lectura simultánea de las series diversas, lo cual nos asegura el poder detectar la amplia gama de temas y su aparición, difusión y transformación.

 

F. Del lenguaje natural al tesauro histórico

Qué elementos nos han brindado las etapas anteriores para iniciar la elaboración del Tesauro?

En primer lugar, disponemos de una colección de palabras en lenguaje natural, que representan los términos históricos utilizados para nombrar en cada época, los temas, objetos, elementos y problemas los cuales configuran la MEMORIA URBANA.

En segundo lugar, contamos con un vocabulario preliminar producido durante la ejecución de la investigación "Historia de Bogotá"; el cual como dijimos, se apoyó en las LEMB y fue por fin ajustado con terminología extractada directamente por los historiadores.

Al margen de la validez que este primer vocabulario pueda conservar para esta fase del Proyecto, el aporte más importante de este trabajo para la construcción del Tesauro, ha sido el establecimiento de los campos semánticos reconocidos en la actualidad como pertinentes a la información sobre Historia Urbana. Estos campos han sido pues, establecidos en orden al análisis desde la disciplina histórica, y ella continuará proveyendo los elementos para precisar sus relaciones tanto actuales como en el pasado.

Ahora bien, podemos retomar estos elementos, tanto los históricos como los documentales, y proponer unos principios metodológicos para la elaboración del Tesauro Histórico:

1. En primer lugar, clasificar la documentación a fin de ubicar los documentos generadores de términos, según: a) las franjas o series por tipo de actividad (gestión urbana y procedencia institucional); y b) el orden cronológico y una periodización —agolpamiento por períodos históricos— del campo temático. Entendemos por "documentos generadores" aquellos que por su posición jerárquica en la estructura urbana, condensan, como lo señalamos antes, la mayor riqueza de definiciones y relaciones terminológicas.

2. Recolección de los términos naturales (positivos) del primer documento leído. Ellos arrojarán un primer conjunto de palabras, un "núcleo" de términos con alto peso específico de utilización.

3. Registro de los términos genéricos —los términos aglutinantes o globalizadores que se destaquen en la misma documentación— también en lenguaje natural, y que se hallen relacionados con el término-elemento o término extractado directamente. Esta es la vía para establecer empíricamente los campos semánticos y las relaciones históricas de jerarquía entre ellos.

4. Registro en lenguaje natural de el (los?) términos específicos que dependen en el documento del término-elemento.

5. Registro del Número de identificación del documento en el campo reservado a "Fuentes", a fin de poder inventariar las unidades de información en donde fue localizado el término, esto es, poder reconstruir su recorrido a través de las series heterogéneas de registros.

6. Registro del tipo de documento, a fin de evaluar el peso específico, la importancia relativa de cada término según su forma de aparición; y afinar el criterio de uso para definir si será elegido como descriptor o señalado como no-descriptor.

La especificidad del Tesauro Histórico implica, a diferencia de los otros tesauros, que los términos "descartados" como no-descriptores, no sean en realidad eliminados (salvo sinonimia para una misma época y lugar) sino que deban ser registrados y recuperados como términos históricos cuya acepción y uso es necesario fijar mediante notas de alcance.

 

G. La extracción de términos históricos

Nos situamos ahora en el nivel más profundo de la lectura, el cual depende más íntimamente de nuestras hipótesis sobre la producción documental y de la caracterización sobre lo que entendemos por estructura urbana.

Las siguientes conceptualizaciones recogen algunos aportes analíticos basados en las experiencias de trabajo de los historiadores con las fuentes documentales, asi como en algunos otros elementos de la Historia Urbana, los cuales en conjunto constituyen el marco necesario para reconocer en nuestros registros bogotanos, los temas, problemas, objetos y núcleos de la gestión urbana.

 

G.1. Los elementos de la producción documental

Según nuestra hipótesis sobre la MEMORIA URBANA, esto es, que existen relaciones determinables entre la estructura del documento, su tipología y los elementos de la estructura urbana en donde ha sido elaborado, estamos en este momento en capacidad de considerar los componentes de lo que hemos llamado "estructura intrínseca del documento" como datos legibles dentro del marco general de un "análisis de la producción documental en un contexto urbano".

Al considerar que "alli donde se va configurando un nodo (de poder urbano) se produce un cuerpo documental", y entender además el documento como pieza actuante de ese juego, desde la perspectiva de la Historia Urbana podemos afirmar que en términos de la elaboración o producción de todo registro debemos considerar tres condiciones básicas:

1. Ha sido producido y sustentado por una institución específica la cual se halla situada con ciertas funciones, dentro de una red institucional más amplia, de ámbito a veces urbano, y en ocasiones de cubimiento supra urbano. (INSTITUCIONES).

2. Ha sido diseñado, elaborado, administrado y puesto en circulación a través de ciertos especialistas, (funcionarios o teóricos). Ellos, desde el escribano hasta el filósofo o el ingeniero, pone en juego cada registro según un conjunto de "reglas de uso" socialmente fijadas. (SUJETOS).

3. Además, todo registro establece, materializa, unos modos culturales de pensar (Saberes), los cuales determinan ciertos modos de relacionar los conocimientos más abstractos con las formas de observación más empírica, utilizando para ello unas técnicas de registro o escritura que permitan enlazar y difundir tales contenidos. (SABERES O DISCURSOS).

Hemos denominado al conjunto de estas tres condiciones —INSTITUCIONES, SUJETOS Y SABERES— como técnicas de memoria, para reconocer en el documento tanto su carácter técnico como cultural.[5]

Con esta mirada, los elementos estándar de una descripción bibliográfica (autor, temas, audiencia, etc.) se abren para nosotros como sobre un mapa que nos remite al "mapa" de los procesos de producción documental en un espacio urbano, lo cual significa: a) un aprovechamiento óptimo de la información bibliográfica en función de las consultas de los usuarios especializados; b) una posibilidad de reflexionar sobre las tecnologías de manejo de la información en su proceso de desarrollo histórico; y c) enriquecer mutuamente las prácticas de análisis documental corrientes tanto entre documentalistas como entre historiadores, abriendo un espacio sólido y plural para un trabajo interdisciplinario.

 

G.2. Los elementos de la gestión urbana

Hemos hallado una definición de estructura urbana bastante sugerente, en los trabajos del urbanista catalán Jordi Borja:

"La estructura urbana es la forma específica de organización social del territorio en tanto unidad que asegura la concentración de las actividades productivas y de los medios de consumo colectivos. La estructura urbana es el conjunto de mecanismos e instituciones que aseguran la reproducción de las condiciones generales de producción en una unidad territorial. Esta producción se asegura, en principio, subordinada a la lógica social dominante: por ejemplo, reproducción de la fuerza de trabajo al mínimo coste, organización del espacio al servicio de la producción y la acumulación, reproducción de las relaciones sociales a través de la organización represiva del consumo colectivo (desde las funciones miliares de la trama física, hasta la atomización en el consumo cotidiano), falta de control popular de los organismos de gestión, etc.

La estructura urbana no se puede confundir pues con la imagen física del territorio. Su función es asegurar la realización de la plusvalía (y aumentarla a través de la socialización de las condiciones de producción y la apropiación privada del suelo y los bienes urbanos) y la reproducción de la jerarquía social y por lo tanto de la división social del trabajo, a través de los mecanismos de reproducción de la fuerza de trabajo". [6]

Esta caracterización, si bien restringida a la forma urbana en las sociedades capitalistas industriales, es bastante fecunda creo, al precisar que se trata en primer lugar de un mecanismo técnico-económico aplicado sobre un territorio para utilizar con la mayor eficiencia (productiva) posible, a la población, el espacio, el tiempo social y el excedente económico; recreando en el espacio las condiciones de reproducción de los modos de producción.

Sin embargo, como ya lo hemos señalado en un texto teórico más extenso [7], es necesario ampliar la noción de ciudad para entenderla como un dispositivo de integración espacio-temporal, como instrumento de apropiación territorial con una dinámica que tiende a la integración global de sus elementos; pero en donde el territorio cumple otras funciones complejas además de las de constituir una unidad de producción y consumo.

En todos los grupos humanos conocidos, el habitat responde a una triple necesidad:

a) la de crear un medio, un instrumento técnico eficaz para la supervivencia económica;

b) la de asegurar un marco, un soporte espacial al sistema de relaciones sociales; y

c) la de poner en orden, verbal y simbólicamente, como desde su centro, al universo circundante [8].

Tenemos pués, tres funciones básicas: principio de habitación, principio de espacialización y principio de orden cultural y cósmico: valores de la territorialidad que hoy apenas si reconocemos en nuestras urbes, pero los cuales siguen siendo el sostén de nuestra manera de apropiarnos del espacio y el tiempo, y, como quisiera mostrar, fundamentan la posibilidad de reconstituir los elementos de la MEMORIA URBANA que hoy aparecen inconexos.

La invención de la ciudad (de la civilización, en su sentido etimológico) se hace posible solo cuando la ecuación básica de la supervivencia de un grupo humano, —las relaciones entre el territorio apropiado, el alimento disponible y la densidad de población sostenible— se vieron desequilibradas definitivamente por la aparición de excedentes agrícolas, de excedentes de población no directamente productiva y de excedentes de tiempo social, con la consiguiente necesidad de estabilizar los depósitos de alimento y defenderlos; la ciudad aparece entonces como el mecanismo técnico y económico que permite redistribuir la población, el tiempo y el excedente productivo, en cuya virtud se convierte además en un centro cuya tendencia es a aglutinar el dominio político, cultural y simbólico.

La disposición —el dispositivo— es conmovedoramente simple y eficiente: un "casco" encerrado entre muros defensivos, cercando las reservas de cereales, el tesoro y el templo. Este recinto alberga un conjunto de oficios ya bien polarizados: de una parte, la gran masa de domésticos, esclavos y productores, gobernados por especialistas del control y los ritmos globales: el mando al rey, las armas a los guerreros y el tiempo calendario a los sacerdotes.

Los artesanos, primeros técnicos, pagan el precio de no producir los alimentos: ellos han forjado las herramientas, las armas de los jefes, las joyas de las cortesanas, los vasos sagrados de los dioses, pero serán siempre los subalternos despojados de su producto: ellos, siendo los verdaderos maestros de la civilización, existen solo gracias a la superdotación de la clase dominante.

Es asi como el uso territorial de los grupos humanos nómadas, esas superficies marcadas por puntos de fijación alimentaria y por desplazamientos cotidianos periódicos, se liberan, se reescriben en redes espacio-temporales sometidas a nuevos ritmos: la ciudad es ahora el centro nuclear, la capital de un grupo de aldeas, sus órganos se articulan con el campo del cual toman su materia nutritiva; nuevos especialistas, funcionarios e intermediarios enlazan a los gobernantes con los campesinos. Vendrán luego los comerciantes, nuevo elemento social, quienes, junto a la aparición de la moneda, vienen a complicar este dispositivo urbano. Sin embargo, y a pesar de las apariencias, este permanecerá sin modificaciones estructurales profundas durante milenios, hasta el estallido de la revolución industrial.

El cuadro, empero, no quedaría completo, si no señalamos que el desarrollo de la primera urbanización no solo es correlativo a la aparición del técnico, sino además, a la aparición de la escritura: "las sociedades agrícolas, tan pronto salen del período de transición para asumir una estructura (urbana), se forjan un instrumento de expresión simbólica a la medida de sus necesidades. Este instrumento, como es sabido, nació como instrumento contable y rápidamente se transformo en el útil de la memoria histórica; en otras palabras, es en el momento en que comienza a establecerse el 'capitalismo agrario' cuando aparece el medio de fijarlo en una contabilidad escrita, y es también el momento en que se afirma la jerarquización social cuando la escritura crea su primera genealogía" [9].

De todos estos elementos históricos sobre la constitución de las configuraciones urbanas, se desprende la necesidad de adoptar un concepto capaz de integrar estos tres aspectos que aparecen dispersos: el origen, la naturaleza y la función del dispositivo urbano y hacerlos asequibles al análisis.

Por ello, estructuramos desde el comienzo de la investigación nuestros campos semánticos según las tres funciones arriba definidas para el territorio, normalizándolos con base en los epígrafes hallados en LEMB; y plenamente conscientes de las limitaciones propias de un tipo de listado como este:

1) El nivel tecno-económico:

A. ARQUITECTURA Y DESARROLO URBANO
A.A. ARQUITECTURA
A.E. URBANIZACION
A.I. INDICADORES URBANOS
A.M. RECURSOS NATURALES
A.P. USO DE LA TIERRA
A.V. VIVIENDA

E. ECONOMIA
E.A. ECONOMIA
E.I INDICADORES ECONOMICOS
E.P. POLITICA ECONOMICA
E.Z. TENENCIA DE LA TIERRA

B. BOGOTA-RELACIONES CON COLOMBIA
B.C BOGOTA-CIUDADES CAPITALES
B.M. BOGOTA-RELACIONES CON EL EXTERIOR
B.V. VIAJEROS

2) La organización socio-espacial:

M. ADMINISTRACION PUBLICA
M.E. DIVISIONES ADMINISTRATIVAS Y POLITICAS
M.F. HACIENDA PUBLICA Y GASTO PUBLICO
M J. JUSTICIA Y DELITOS
M.S. SERVICIOS PUBLICOS

P. VIDA POLITICA
P.E. ETICA POLITICA
P.M. MOVIMIENTOS SOCIALES
P.P. PARTICIPACION POLITICA

S. VIDA SOCIAL
S.B. BENEFICENCIA Y SALUD
S.D. DEMOGRAFIA
S.E. ESTAMENTOS, CLASES, ETNIAS
S.G. GENERO Y EDAD
S.O. ACTIVIDADES LABORALES
S.T. TRABAJO Y TRABAJADORES

3) El nivel de las redes culturales y simbólicas:

C. BOGOTA-VIDA INTELECTUAL
C.A. ARTE Y LITERATURA
C.E. EDUCACIÓN
C.I. COMUNICACIÓN SOCIAL Y CULTURA INFORMAL
C.M. MENTALIDADES
C.T. CIENCIA Y TECNOLOGÍA
R. RELIGIÓN
R.I. IGLESIA Y ESTADO
R.P. RELIGIOSIDAD POPULAR
R.S. IGLESIA Y PROBLEMAS SOCIALES
V. VIDA COTIDIANA
V.F. VIDA FAMILIAR
V.P. VIDA PUBLICA
V.S. VIDA MARGINAL

Evidentemente, se trata aquí de una enumeración de todas formas sujeta a la discusión. Pero lo importante a señalar acá, es que si de un lado opera como una convención para la clasificación de la información, de otro lado, desde el punto de vista metodológico, estos conjuntos sostienen entre si relaciones complejas, pues cada elemento puede tener significados e implicaciones en cada uno de los otros niveles: por ejemplo, la vivienda, podría ser considerada bien como una solución técnica, bien como un problema social, o bien como un producto cultural.

Esta dificultad, nos remite al punto crucial de como es que deben estructurarse las relaciones entre los campos y términos, ya no simplemente por su carácter semántico (jerarquía lingüística), sino esencialmente por las relaciones históricas —que llamaremos en adelante temáticas—, (nudos de fuerzas), que han podido ser establecidas desde los resultados de la investigación en Historia Urbana.

Con este propósito, y poder además derivar de allí los criterios para la extracción de términos históricos y la construcción del vocabulario, hemos adoptado la noción de DISPOSITIVO URBANO, tratando de dar cuenta de ese proceso heterogéneo por el cual un asentamiento urbano tiende a concentrar la población según cierta lógica espacial gobernada por los procesos productivos y las reglas culturales de cada sociedad. (Proceso o DISPOSITIVO DE ESPACIALIZACION).

Entendemos pues, por DISPOSITIVO DE ESPACIALIZACION, el conjunto de procesos mediante los cuales el dispositivo urbano configura el espacio a partir de prácticas, saberes y estrategias, utilizando tres tipos de mecanismos: localización; funcionamiento y gestión.

1. Localizacion y organización: comprende los siguientes mecanismos de configuración espacial: a) equipamientos; b) lugares; c) territorios; d) aparatos; e) organizaciones y f) instituciones; operando todos ellos según un doble funcionamiento: ellos se hallan localizados en un espacio, pero a la vez intervienen sobre él modelándolo, es decir, están "especializados" y son "espacializantes". Su movimiento obedece a la dinámica de todo dispositivo urbano, la cual se caracteriza por las tensiones suscitadas entre su tendencia constitutiva a la integración y los conflictos engendrados por todas las fuerzas de dispersión que se le oponen o resisten.

2. Funcionamiento y operación: comprende las acciones y finalidades asignados a los anteriores elementos, las cuales operan sobre puntos o nudos de relaciones o fuerzas bien delimitados, pero a su vez pueden afectar ámbitos de amplitud variable según el modo particular como cada uno de estos mecanismos intervenga sobre el espacio y sus habitantes.

3. Saberes y estrategias de gestión: comprende los conocimientos, decisiones y prácticas que fundamentan la localización, organización, funcionamiento y operación de los mecanismos relacionados con la gestión urbana, ya sean bien gubernamentales o bien marginales, es decir, que puedan provenir tanto de la institucionalidad o del poder, como de lo periférico, lo excluido o las resistencias.

En este momento, es crucial volver a recordar que nunca abandonamos la materialidad de la documentación ni del lenguaje natural. Todo lo contrario: nuestra propuesta busca construir una especie de "rejilla" o guía de lectura para sensibilizar al analista de información sobre cuales serán los términos significativos para la historia urbana y a la vez proporcionarle un instrumento de evaluación del lugar que ocupa cada uno de ellos en la documentación de un período dado (relaciones temáticas).

NOTA: Esta fase de la elaboración de la metodología está a punto de ser culminada, y esperamos que hacia la segunda mitad del año 1990 pueda ser expuesta didácticamente.

Como avance, señalamos los autores que, los elementos constitutivos de la estructura documental (instituciones, sujetos, saberes) y aquellos otros configurantes del dispositivo urbano (lugares, territorios, equipamientos, aparatos, organizaciones, instituciones) más sus funciones y estrategias, aparecen empíricamente como términos naturales en los registros; nombrados como los objetos o personas o acciones de la vida diaria de la ciudad: escuelas, calles, carnicerías, ejército, clero, abogados, alcaldes, división municipal, policía, régimen fiscal, salubridad, rehabilitación, educación, vigilancia, producción, comercio, etc... Trabajamos en estos momentos en definir y situar cada uno de estos elementos en una matriz aplicable tanto en la fase de la extracción de términos, como en la de recuperación sistematizada de la información usando un paquete manejador de bases de datos (MICRO-ISIS/UNESCO).

Esperamos poder compartir muy pronto los resultados de este proyecto; los cuales deseamos sean de alcance interdisciplinario y de utilidad para otras regiones o asentamientos urbanos.

 

[1] El archivo de la Fundación de Estudios Históricos Misión Colombia, sobre la ciudad de BOGOTA (COLOMBIA); consta de alrededor de 30.000 referencias y contiene información sobre una gran diversidad de eventos ocurridos en la ciudad durante 450 años de historia; información que fue además recogida por un grupo de quince investigadores de diversas disciplinas, formaciones e intereses analíticos.

[2] Véanse nuestras publicaciones, especialmente: Historia de Bogotá. Fundación Misión Colombia. Bogotá: Salvat-Villegas, 1989. 12 vol.

[3] Véase: "Vocabulario Normalizado para la investigación de los 450 años de Bogotá. (Siglo XIX)". En: Proyecto de elaboración de una metodología para la construcción de un vocabulario sobre Historia Urbana, Bogotá: MISIÓN COLOMBIA- COLCIENCIAS, 1989. (Anexo n° 2).

[4] El primero había sido, por supuesto, la elección y delimitación del campo temático de la disciplina para la cual se requiere recuperar el corpus documental. En este caso se trata de la Historia Urbana, pero como veremos luego, esta Metodología histórica para la recuperación de corpus documentales, puede no solo ser replicada para otros temas o disciplinas, sino que ella misma se propone tratar la masa de información de modo que pueda ser trabajada por cualquiera de las disciplinas que se consideren concernidas por la documentación.

[5] Estas tres condiciones o instancias de análisis han sido diseñadas por Olga Lucia Zuluaga de E. a propósito de la documentación o "Archivo" de la Pedagogía en Colombia; (VEASE: Zuluaga, Olga Lucia. Bogotá e Historia. Bogotá: Foro Nacional Por Colombia, 1987). Con la apropiación y adecuación de tales herramientas a la Historia Urbana y al manejo de la información, queremos resaltar las posibilidades de replicabilidad interdisciplinaria a otros objetos de estudio que esta metodología permitiría intentar.

[6] Borja, Jordi. Estado, Descentralización y Democracia. Bogotá: Foro Nacional por Colombia, 1989. p. 125.

[7] Saldarriaga Vélez, Oscar de J. "Ciudad, territorio y memoria. Para pensar en una historia urbana". En: UNIVERSITAS HUMANISTICA (31), Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, Ene-Jun 1990, pp. 8-18.

[8] Leroi-Gourhan, Andre. El Gesto y la Palabra, Caracas: U. Central, 1971. p. 311. Cit. en: Saldarriaga, op. cit. p. 11.

[9] Leroi-Gourhan, op. cit. p. 178.

 

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