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Índice por autores

 

 

La información en la traducción técnico científica.
Perspectivas de la T.A.C. y de la T.A.

Ricardo A. Gietz
Servicio Iberoamericano de Información
sobre la Traducción de la UNESCO
Argentina

 

Resumen

Se aclaran los conceptos de traducción especializada, traducción científica y técnica y de textos de ese caracter. Se mencionan las necesidades del traductor durante las diferentes fases de su labor, en cuanto a información paralexicográfica y lexicografia se indican las ventajas y perspectivas de la informática al servicio de la traducción, tanto de la T.A.C. (traducción asistida por la computadora) como de la T.A. (traducción automática). Se destaca la convenencia de promover tales recursos tecnológicos en los países de lengua española y portuguesa como elemento que favorezca la integración regional

 

Antes de referirme a la información en la traducción técnico-científica, creo conveniente precisar algunos conceptos, para fíjar su alcance en esta exposición. En primer lugar, tomaré en cuenta apreciaciones de Geneviève Mareschal, de la Universidad de Ottawa [1]. En muchos programas universitarios de enseñanza, dice, se distingue entre la traducción general, la especializada y la técnica. Se suele considerar que la traducción especializada es la de textos administrativos, comerciales, jurídicos, sociológicos, económicos, políticos y otros, por oposición a la traducción técnica, a la que se le define como la traducción de textos relacionados con campos técnicos y científicos. En cuanto a la traducción general, reagruparía, ambiguamente, una variedad de temas con denominadores comunes: el público en general como destinatario, la lengua escrita contemporánea como fuente y el aprendizaje de la traducción profesional como objetivo. Acota Mareschal que en ciertos servicios de traducción clasifïcan los textos en generales, semi-técnicos y técnicos o, simplemente, según la especialidad. También señala que en teoría de la traducción se proponen diversas clasificaciones basadas en criterios funcionales, situacionales u otros. Define la traducción especializada como la traducción de textos especializados, o sea pertenecientes a un campo de especialización o a un sector de actividad en particular. Todo texto que trate un campo preciso del conocimiento humano debería ser considerado como especializado.

Ginette Demérs, de la Universidad de Laval [2] señala que la mayor parte de los autores que escriben sobre traducción prefieren hablar de traducción técnica y no tanto de traducción científica, reservando esta última a la traducción de textos que tratan las ciencias puras. Cita a Jean-Claude Choul [3] para quién no siempre es fácil hacer una distinción entre ciencia y técnica ni aun definir los adjetivos científico y técnico ligados al término traducción. Se puede de todos modos adelantar, dice, que el adjetivo técnico en el sentido de "lo que pertenece a un campo particular, especializado, de la actividad humana" (definición del diccionario Petit Robert) tiene una extensión muy amplia, aplicable a cualquier campo. Por el contrario, técnico, como "lo relativo a las aplicaciones de la ciencia teórica" (otra acepción) no podría referirse a las ciencias exactas y naturales.

Puede apreciarse que en la lengua española existen también dos acepciones de la palabra técnico. La Real Academia Española la define como "perteneciente o relativo a las aplicaciones de las ciencias y las artes", y en otra acepción dice: "aplícase en particular a las palabras o expresiones empleadas exclusivamente y con sentido distinto del vulgar, en el lenguaje propio de un arte, ciencia, oficio, etc.", lo cual nos conduce a que en un texto científico se emplean palabras y expresiones técnicas.

Por otra parte la Real Academia Española define "especialidad" como "rama de una ciencia, arte o actividad, cuyo objeto es una parte limitada de las mismas..." Se especializa quien cultiva una especialidad. Un texto especializado, por extensión, sería aquel que se refiere a una parte limitada de una ciencia, etc.

Parecería adecuado referirse a traducción de textos técnico-científicos o científico-técnicos cuando abarcamos en forma genérica todo tipo de textos que incluyan palabras o expresiones que se emplean con un sentido diferente al vulgar o son propias del lenguaje particular (terminología) de las ciencias puras y aplicadas y de las técnicas, empleando la expresión "textos especializados" cuando tratan una parte específica de una ciencia, de una técnica, o de una actividad o arte.

Obsérvese que para ser más preciso he dicho traducción de textos técnico-científicos y traducción de textos especializados. Lo he preferido a decir traducción técnico-científica y traducción especializada pues entiendo que la traducción, en el sentido de acción de traducir, no debería ser adjetivada según el tipo de texto que se traduzca, aunque hay que reconocer que su empleo se ha generalizado y por ello es aceptable con igual sentido.

Permítaseme agregar una referencia a la traducción literaria. Hace unas semanas tuvimos la oportunidad en Buenos Aires, de auspiciar una conferencia de la Dra. Monique Legros, Directora del Programa para la formación de Traductores del Colegio de México, quien se refirió al tema "La terminología en la traducción literaria". Pudimos apreciar, a través de numerosos ejemplos, los problemas que plantea al traductor la existencia de términos técnicos en obras literarias. Citó un texto donde aparece descripto equipo militar hasta en su más mínimo detalle, y otro donde se mencionan cientos de productos en venta en un gran mercado, los diferentes cortes de carnes y se utiliza la jerga propia de las distintas actividades que allí se realizan, terminología que obligó al propio autor a convivir en ese ambiente para dominarla. Es evidente que, además de los valores estéticos que las caracterizan, las obras literarias - que comprenden a los ensayos, los cuales tratan los temas más diversos - pueden ser textos con particularidades terminológicas semejantes a las de los textos técnicos o especializados.

En síntesis, cuando nos referimos a la traducción de textos técnico-cíentíficos (en general) y especializados, y relacionamos esa actividad con quienes deben efectuarla, observamos que cualquier traductor, en definitiva, en el curso de su labor cotidiana, puede enfrentarse en mayor o menor medida con las dificultades que surgen de ese tipo de textos, en cuanto a su terminología.

Un texto especializado trata un tema preciso, dentro de un campo de especialización dado, perteneciente a su vez a una ciencia, técnica o actividad determinada, y se caracteriza por un vocabulario y una fraseología propias. La traducción de un texto especializado, dice Mareschal [1], comprende dos dimensiones esenciales: por una parte, el objeto del texto o su contenido y, por otra, la lengua del texto o su forma. El traductor debe transferir ese contenido y esa forma de una lengua a otra, respetando todos los elementos constituyentes.

Según su mayor o menor nivel de competencia, el traductor deberá realizar un esfuerzo inversamente proporcional. En menor o mayor grado, deberá efectuar una investigación o búsqueda documental y terminológica.

Es obvio que un traductor maduro, con una amplia experiencia de vida y una sólida formación profesional, con un buen dominio de dos o más lenguas, habituado a realizar traducciones en uno o más campos de la ciencia o de la técnica, de los cuales posee un conocimiento apropiado, verá facilitado su trabajo. Incluso existirá un factor favorable: el menor tiempo que le insumirá realizar la traducción, pues le significará una mayor retribución horaria, si sus aranceles se basan en la cantidad de palabras del texto a traducir.

En el otro extremo se encuentra el traductor joven, con muy poca experiencia profesional y de vida, que dispone de conocimientos científicos o técnicos elementales y una práctica generalmente breve de dos o más lenguas.

Existe entre ambos tipos de traductor una gama de traductores con distintos grados de competencia.

A una categoría diferente pertenecen los que con una buena formación en un campo de la ciencia o la técnica, adquirida en estudios universitarios y, a la vez, con un buen conocimiento de idiomas, efectua traducciones. Aunque no haya realizado estudios formales como traductor, posee la ventaja de comprender con facilidad el contenido de los textos a traducir.

En el Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica (CAICYT), donde se ofrece desde 1964 un servicio de traducciones científicas y técnicas desde lenguas no comunes al español y desde el español a cualquier lengua, pude recoger una experiencia útil con traductores de ese tipo y con los usuarios, por lo general investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas y de otros organismos semejantes.

Como la mayor parte de las traducciones se realizan del alemán, del ruso y del japonés, aunque se han traducido cerca de treinta lenguas no comunes, sería imposible contar con un cuerpo de traductores profesionales que dominen las distintas lenguas y también las disciplinas que se traducen. Basta señalar que las escuelas de nivel superior para traductores en la Argentina forman casi en su totalidad a traductores de inglés y francés. Las traducciones del CAICYT no son para publicación sino para el uso del investigador que las solicita. Se atienden además pedidos de traducciones realizadas. Al investigador, por razones prácticas, le interesa una traducción que le permita comprender el contenido del artículo y no hace hincapié en cuestiones de estilo. En general, las traducciones - evaludadas por los propios usuarios - son consideradas correctas y útiles.

Los traductores del CAICYT son, en su mayoría, egresados universitarios de diferentes carreras o alumnos próximos a egresar. Muchos son extranjeros o argentinos naturalizados con una larga residencia en la Argentina, que completan sus ingresos realizando traducciones. Otros, los más jóvenes, hablan además del español otra lengua por su origen familiar y las traducciones les permiten costear en parte sus estudios universitarios.

Podríamos mencionar una categoría de traductores que combina la de los que poseen estudios universitarios completos o incompletos en una carrera determinada y estudios formales de traductor. La Dra. Monique Legros, por ejemplo, nos comentaba que en el Programa para la Formación de Traductores del Colegio de México, el promedio de edad de los alumnos es de 28 a 30 años y que el Programa apunta precisamente a reclutarlos entre quienes han realizado estudios universitarios - aunque no hayan finalizado su carrera, lo cual es frecuente - y buscan una actividad rentable acorde con sus conocimientos. Por supuesto se requiere que tengan también una buena formación en una o más lenguas extranjeras. La ventaja es que, además de poseer esos conocimientos, tienen mayor experiencia de vida y resuelven con mayor solvencia los problemas que se les presentan al traducir. Una ventaja adicional es que quien no termina sus estudios terciarios siente una cierta frustración. Al emprender una nueva carrera - la de traductor - que complemente sus estudios y ante la expectativa de ejercer una profesión, revelan gran empeño y entusiasmo.

Desde el traductor profesional formado hasta el traductor joven menos experimentado, y quien traduce por tener un amplio dominio temático y lingüístico, todos necesitan informarse para realizar su labor. Obviamente, sus requerimientos de información, tanto paralexicográfícos como lexicográficos, difieren.

En un servicio como el del CAICYT, la mayor parte de las traducciones corresponden a artículos de revistas científicas y técnicas, trabajos presentados a reuniones de ese carácter, informes técnicos, documentos de patentes, normas y especificaciones, y en menor medida, tesis, y libros de nivel científico y técnico superior.

Estos tipos de textos son los que plantean mayores problemas de comprensión y de terminología, en particular cuando se refieren a últimos adelantos de la ciencia o de la técnica e incluyen neologismos. Es evidente que un texto didáctico - un manual, por ejemplo - que está dirigido a un lector con menor formación que el autor, ofrecerá al traductor menores difícultades que un texto científico escrito por un investigador para que lo lea otro investigador de su mismo nivel, donde rnuchos conceptos se dan por sobrentendidos. Menor difícultad aún se tendrá cuando se traduce una cartilla, una guía, un manual de instrucción, etc. para uso de técnicos (agrícolas, mecánicos, de laboratorio, etc.) o un artículo de divulgación científica destinado al público en general. Por lo general, en estos casos, los mismos textos son más explícitos, procuran presentar los conceptos mediante un lenguaje más sencillo y frecuentemente agregan ilustraciones aclaratorias y defíniciones de los términos técnicos empleados, lo cual representa una valiosa ayuda para el traductor.

Podríamos decir que existe una amplia gama de textos científíco-técnicos, según el nivel de lenguaje en que son tratados los temas y el uso de la terminología, lo cual depende del lector al cual están destinados.

Si tomamos los casos de textos que presentan mayor dificultad para ser traducidos, por una parte y, por otra, las necesidades de información para los traductores menos experimentados, y pasamos revista a las diferentes fases en la labor de traducción, podremos establecer a modo de lista de confrontación (checking list) todas las necesidades que puede tener cualquier traductor para cualquier tipo de texto técnico-científico.

No es mi intención, en esta breve comunicación, efectuar un análisis profundo de las necesidades de información del traductor, lo que requeriría mucho más tiempo, pero si bosquejar una metodología de trabajo para documentarse sobre un tema en particular y utilizar de manera adecuada los nuevos conocimientos adquiridos. Aqui debemos insistir en un aspecto: hablamos de tema y no de la especialidad o de la ciencia, técnica o actividad respectiva, porque es el texto mismo el que debe orientar la búsqueda documental y terminológica y no el campo de especialización al que el texto pertenece. La búsqueda debe ser puntual, o sea partiendo de los conceptos y términos aislados o de grupos limitados de conceptos y términos de un mismo campo. La idea es adquirir nociones y su denominación subordinando el esfuerzo a la operación de traducir. Es el tema tratado el que servirá para circunscribir la extensión de la búsqueda terminológica.

Una primera etapa es la toma de conocimiento global del texto a traducir, que se puede lograr con una lectura in extenso, si es breve, o una lectura parcial y una revisión del índice o tabla de materias en un documento más extenso. El objetivo es situarse en el tema tratado en el texto. Es importante que el traductor adquiera conocimientos de clasificación e indización bibliográfica, o sea los sistemas de clasificación que se utilizan en las bibliotecas especializadas (la clasificación decimal universal, por ejemplo) y los tesauros o lenguajes documentarios con listas de descriptores o palabras clave que permiten la indización y la búsqueda de documentos en las bibliotecas y centros de información y documentación, como también en bases de datos bibliográficos. Asimismo convendrá que conozca los sistemas de clasificación de campos temáticos en los bancos terminológicos.

La segunda etapa es la selección de las fuentes de información que permitirán al traductor comprender el texto a traducir y traducirlo. Aqui deberá recurrir a dos tipos de fuentes: paralexicográficas, para documentarse sobre el tema tratado y lexicográficas, o sea de traducción. El traductor debe desarrollar experimentalmente un sentido de orientación hacia las fuentes más pertinentes y confiables que le brinden una información precisa sobre el tema en cuestión. Por ejemplo, lo ideal es poder detectar un texto sobre el mismo tema en la lengua terminal o meta, pero más didáctico que el texto original, para comprender mejor su contenido. Ello tiene además la ventaja de avanzar en la búsqueda terminológica. La revisión de enciclopedias y bibliografías especializadas y la consulta en servicios de información procurando la aproximación máxima al tema tratado por las palabras más significativas, es el modo de llegar a ello. Por supuesto, también es útil la consulta a un especialista en la materia. Es recomendable documentarse en la lengua meta, y utilizar, en segunda instancia, información en la lengua fuente u original cuando no se la encuentra en la lengua meta. Para adecuar el estilo y la fraseología a la lengua terminal, es conveniente revisar textos semejantes escritos en el mismo nível de lenguaje que el original. Aquí puede ser útil la búsqueda en bases de datos de la especialidad con resúmenes (abstracts), que informan de manera actualizada sobre una cantidad apreciable de artículos de revistas científicas y técnicas, informes y otra literatura de ese carácter.

A nível lexicográfico, la selección debe realizarse en diccionarios y otros repertorios semejantes, bilingües y unilingües, tanto en la lengua fuente como en la lengua meta, utilizándolos simultáneamente, verificando en unos y otros, y prefiriendo los que incluyan terminología más específica sobre el tema a traducir. La consulta en bancos terminológicos (en los países donde se encuentran disponibles, por supuesto) constituyen el recurso más apreciado del traductor.

Una vez reunidas las fuentes necesarias para la toma de conocimiento y lectura global del texto a traducir debe procederse a su análisis y comprensión, para lo cual corresponde efectuar una búsqueda puntual de naturaleza semasiológica, o sea yendo del término a la noción, mediante la consulta de obras lexicográficas unilingües en la lengua del original, aunque también se puede realizar en la lengua meta, cuando existe una documentación bilingüe confiable. Si las obras lexicográficas no permiten establecer con certeza el sentido de un término, habrá que recurrir a documentos paralexicográficos en la lengua fuente.

Comprendido el texto, comienza la etapa de la transferencia o traducción propiamente dicha. La actividad terminológica consiste en el establecimiento de equivalencias terminológicas y fraseológicas. Un segundo paso es la integración de las equivalencias en su contexto, teniendo en cuenta la idiomaticidad de la lengua de especialidad respectiva. Para ello se utilizan tres fuentes de documentación: las obras lexicográficas bilingües y unilingües, las obras paralexicográfícas y, dentro de ellas, los documentos paralelos en la lengua meta cuando existen. Aquí la búsqueda terminológica es onomasiológica, o sea partiendo de la noción hacia el término. La traducción concluirá con las etapas de restructuración, relectura y revisión.

 

La informática y la traducción

Pasaré ahora a referirme a la aplicación de la informática en la traducción. Nadie duda de las grandes ventajas que representa para el traductor la posibilidad de utilizar en una computadora personal un programa de procesamiento de texto (word processing) que facilite su tarea ni tampoco de poder acceder desde su equipo a bancos de datos terminológicos y diccionarios informatizados en CD-ROM (Discos compactos para lectura óptica). Pero que ocurre con la traducción automática (TA)?

En el mundo se hablan unas 3.000 lenguas de variable importancia, desde el mandarín, hablado por 560 millones de personas hasta el romance hablado por 50.000. Pero hay que distinguir las lenguas que sólo se hablan y aquellas que se hablan y escriben y, también las lenguas maternas de las vehiculares. Así el mandarín y el hindi son las lenguas maternas de un 25% de la población mundial pero sirven para publicar menos del 1% de la literatura científica y técnica. El inglés, en cambio, siendo la lengua materna de sólo un 8% de la humanidad, es la lengua vehicular de un 30% de la población mundial y en él se escribe más del 50% de la literatura científica y técnica. Sólo cinco lenguas: el inglés, el ruso, el alemán, el francés y el japonés totalizan el 90% de las publicaciones científicas y técnicas. En el 10% restante, se encuentra la totalidad de las publicaciones escritas en las demás lenguas, incluídos el español y el portugués. El conocimiento limitado de lenguas extranjeras hace necesaria la traducción, Son cientos de millones las páginas que se traducen por año. Se pueden distinguir distintos tipos de documentos que se traducen. Hoy se traduce más que nada para vender, es igualmente importante el volumen de traducciones encomendadas por los organismos internacionales y por las naciones que poseen más de una lengua oficial, como Canadá o Suiza. La Comisión de Comunidades Europeas traduce unos 100 millones de palabras por año en su Centro de Bruselas; los organismos de Naciones Unidas, cerca de 300 millones. En los Estados Unidos, solo la National Science Foundation traduce anualmente 12 millones y medio de palabras. Existe un mercado potencial de traducciones que no se realizan por razones de costo o de falta de disponibilidad de traductores, que ha sido estimado en un 30% del mercado real. La traducción humana se realiza hoy con una productividad comparable a la de los copistas del medievo: 1.000 a 6.000 palabras por dia, según la complejidad del texto. Aún utilizando procesadores de texto y diccionarios electrónicos es difícil superar ese rendimiento sustancialmente. Tampoco se ha logrado superar la barrera de los idiomas mediante la utilización de lenguas artificiales o tratando de imponer algunas lenguas como vehículos de la ciencia y la técnica, como el inglés y el ruso, lo cual es rechazado por la fuerza creciente de las identidades culturales.

Se ha procurado simplificar las lenguas. Un ejemplo es el Inglés Fundamental Caterpillar, otro el Inglés multinacional adecuado al cliente, de la Xerox. Estos lenguajes simplificados tienen en común crear un vocabulario general de menos de 1.000 palabras no ambiguas, lo cual facilita su traducción. Pero si proliferan otros lenguajes particulares para otros usos no serán compatibles entre sí, lo que los obligará a enriquecerlos con más palabras cayendo en un alejamiento del objetivo inicial.

La traducción automática como recurso para solucionar el problema de la diversidad de lenguas comenzó a fines de la década del 40, continuó con vigor con el desarrollo de la computación en los años 50 y en 1966 sufrió el impacto del informe del grupo de evaluación ALPAC (Automated language processing advisory committee), despues de haberse investido enormes sumas de dinero en la subvención de los proyectos en curso. El informe concluyó que la traducción automática costaba dos veces más que la traducción humana para un resultado muy inferior. Sin embargo hubo voces que desoyeron el informe y se continuó trabajando. Prácticamente desde 1966 hasta 1979, aunque no se escuchaba hablar demasiado de la traducción automática, se realizaron mayores progresos que los logrados anteriormente, desarrollándose sistemas como SYSTRAN en el que la Fuerza Aérea de los EE.UU. invirtió 3 millones y medio de dólares y METEO, para boletines meteorológicos del gobierno canadiense.

Sobre la idea inicial de Terry Winograd de 1960 de la traducción humana asistida por Ia computadora y la traducción automática asistida por el hombre, se concibió la TAC (traducción asistida por la computadora) que comprende un autómata central, capaz de suministrar una traducción en bruto y autómatas periféricos (tratamiento de texto y diccionarios) que asisten a la revisión, integrado todo el conjunto en un puesto de trabajo de tipo burótico, método sobre el que se han realizado progresos apreciables. Hoy, el costo de la TAC puede ser inferior al de la traducción solo humana para campos y textos específicos. Para una información actual de la TAC es conveniente la lectura de un estudio reciente editado por Electricité de France [3].

Respecto a la calidad de los textos realizados con la computadora, Juan Carlos Sager [4], del Centro de Lingüística Computacional de la Universidad de Manchester, señaló respecto a los textos científicos y técnicos, que en muchos casos no se justifica el esfuerzo de una traducción completa humana, pues un investigador a veces no encuentra nada útil para su trabajo en miles de páginas de texto; su forma de leer es muy rápida y superficial para identificar partes que le son de interés y que merecen una lectura detenida. Consume pues mucho texto en poco tiempo y para estar al día sobre nuevas investigaciones en el mundo necesita información de toda clase, preferiblemente antes de su publicación oficial. Para esa situación existen programas de traducción burda, que son suficientemente parecidos a textos humanos para que el lector especializado pueda leerlos sin mayor esfuerzo, pero que serían incomprensibles para un lector lego.

En cuanto a la traducción totalmente automática, se sigue trabajando en diversas partes del mundo, con resultados promisorios.

En la reunión Cumbre de la traducción automática, celebrada en Munich en agosto de 1989, los responsables de un buen número de sistemas y proyectos de TAC y TA confrontaron objetivos, métodos y resultados. Existen hoy unos 60 proyectos y sistemas, la mitad de ellos en Japón, lo cual no es fortuito, dados los recursos que destinan a la investigación, su enorme capacidad exportadora (tienen que vender en las lenguas de sus compradores) y las características tan particulares de su lengua respecto a las lenguas occidentales. La Unión Latina publicó un artículo sobre esta reunión [5].

El inglés es tanto lengua de partida como de llegada en el 90% de los sistemas y los binómios japonés-inglés e inglés-japonés casi el 50% de ellos. Como lenguas de llegada o de partida los demás idiomas aparecen en la siguiente proporción: francés: 16 sistemas o proyectos; alemán, 12; español, 9; italiano, 4; portugués, 4. Otras lenguas son: ruso, chino, malayo, holandés, húngaro, danés, griego, árabe, etc.

Razones comerciales, estratégicas, culturales y políticas, sumadas a los avances en la informática (mayor capacidad de procesamiento, menores costos, desarrollo de software apropiado, avances de la lingüística computacional, aparición de los discos ópticos, etc.) han permitido sensibles avances en la materia que nos ocupa. Un proyecto como el EUROTRA, de la Comunidad Económica Europea para sus 9 lenguas ofíciales, es impulsado por las necesidades de un mercado común.

Respecto a la linguística computacional, la opinión de Sager [4] es que la construcción de idiomas artificiales apropiados para tipos de comunicación determinados es una tarea totalmente nueva para la lingüística aplicada. Tenemos ahora, dice, los instrumentos para hacer esa tarea realista y reconocemos que se puede justificar la participación de lingüistas en un desarrollo que hasta ahora ha estado firmemente en manos de los ingenieros y científicos mismos. La lingüística está desarrollando los instrumentos para el análisis de idiomas y lenguajes técnicos. La teoría de la comunicación y la pragmática se puede ocupar de determinar las condiciones óptimas de comunicación, como son el equilibrio justo entre redundancia y economía de expresión, entre precisión e inferencia natural y entre sintaxis lógica y gramatical. Globalmente hay que velar que los lenguajes así diseñados mantengan una relación entre sí y una apertura hacia lenguas naturales de los cuales se derivan.

Es evidente que se han abierto nuevas perspectivas en el campo de la traducción automática. El informe JEIDA (Asociación Japonesa para el Desarrollo de la Industria Electrónica), [6] producido en julio de 1989, responde al informe ALPAC, demonstrando la viabilidad de la traducción automática, su confiabilidad y rapidez operativa y su futura rentabilidad. Por supuesto, es el punto de vista de los japoneses. Para ellos, uno de los problemas más graves es la mala calidad de los originales y proponen la enseñanza de la redacción técnica. También señalan la falta de un diccionario técnico y de expresiones, para diferentes campos y usuarios, particularmente en el área de las patentes, y proponen realizarlo en colaboración con otros países. Otra recomendación se refiere a la realización de sistemas de traducción automática multilingües como una expansión de sus actuales esfuerzos. Aunque la demanda de traducciones de o a otras lenguas es menor comparada con la traducción del o al inglés, consideran que el desarrollo de la traducción multilingüe les podrá aclarar problemas de lenguaje que se presentan entre el japonés y el inglés.

Como hemos visto, el español y el portugués como lenguas de partida o llegada en los sistemas y proyectos no alcanzan porcentajes muy representativos. Además, han sido desarrollados en Alemania, EE.UU., Francia y Luxemburgo. España y Portugal participan en el proyecto EUROTRA. En Bolivia, un grupo de ingenieros desarrolla el ATAMIRI, sistema de traducción asistida por computadora.

Cabe preguntarse de que modo podría alentarse en nuestra región el desarrollo de un sistema cooperativo de traducción automática o asistido por computadora, de textos científíco-técnicos para el binomio español-portugués y viceversa, incluyendo también otras lenguas, y que tenga en cuenta las variantes terminológicas del español en los diferentes países, como una forma de favorecer la integración regional. Dejo abierta esta pregunta para un debate inmediato o tal vez futuro, de no darse actualmente las circunstancias que favorezcan tal empresa.

 

Bibliografía

[1] Mareschal, G. (1988) "Le rôle de la terminologíe et de la documentatíon dans l'enseignement de la traductíon spécialisée". Meta, 33:2,258-266.

[2] Demers, G. (1988) "L enseignement de la traductíon scientifique". Meta, 33:2,200-203.

[3] Panorama de la traduction assistée par ordinateur. (1989) Electricité de France, Paris.

[4] Sager, J.C. (1988) "La traducción automática y una típología de textos". Actas V Congreso nacional de lingüística aplicada. U.N. Tucumán, 35-49.

[5] "La traducción automática" (1989). Teminometro, 12:4,8-14.

[6] A japanese view of machine translation in light of the considerations and recommendations reported by ALPAC, U.S.A. (1989). JEIDA, Tokio.

 

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