Criterios y metodología para la creación
computacional en castellano
Tomic D., VIadimir
Horsella V., María
Centro de Estudios Humanísticos
Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
Universidad de Chile
Santiago-Chile
Introducción
Los avances en los campos de la ciencia y tecnología se producen con tal rapidez y magnitud, que cada vez se hace más difícil para el profesional estar al día en su especialidad. La mayoría de los nuevos descubrimientos, invenciones y trabajos de investigación que tienen una repercusión a nivel mundial provienen de países de habla inglesa; cuando no es así, deben ser traducidos de sus lenguas vernáculas al inglés para ser difundidos en todo el mundo. Estos nuevos adelantos conllevan la creación continua de términos en las distintas disciplinas, y es así como podemos notar que el desarrollo de la ciencia está asociado al desarrollo de nuevos conceptos. Se produce así una penetración de términos ingleses en los distintos campos del saber y nos encontramos frente a conversaciones entre especialistas con pintorescas expresiones en lengua extranjera o a publicaciones con extensas notas o aclaraciones como pié de página, ¿Podríamos llegar a una situación más normal y directa? Creemos que sí. El castellano es uno de los grandes idiomas del mundo, hablado por millones de personas, con plenitud artística y cultural, de gran riqueza sonora y expresiva, posiblemente con un avance menos rápido para la comunicación científica, pero totalmente capaz de cumplir todas las funciones requeridas a una lengua. Es por ello que nos hemos preocupado de algunos vacíos que existen en los tecnolectos y en especial de la terminología usada en computación.
Se hace más urgente la cooperación de organismos internacionales que coordinen y supervisen la dificil tarea de publicar diccionarios especializados, la que incluye, además del esfuerzo intelectual, esfuerzos administrativos, económicos y colaboradores motivados y eficientes. Hay que hacer un desarrollo planificado de los registros científicos y esto se realiza por medio de un trabajo interdiscíplinario en que colaboran lingüistas con expertos de cada ciencia. Aún el lenguaje corriente está afectado por innovaciones e invenciones que tienen una validez inmediata para los inventores, innovadores y usuarios.
El desarrollo tecnológico, como mencionaremos recién, es difundido en inglés y, por ello, en muchos casos, enfrentaremos una tarea de traducción, tema controvertido que, como sabemos, para algunos teóricos la traducción perfecta es imposible o muy dificil de llevar a cabo; para otros es perfectamente posible.
La traducción, proceso por el cual un mensaje en lengua original se reproduce en una lengua receptora, es para algunos una operación lingüística, para otros es una operación literaria en actos de comunicación. Esta operación involucra un mensaje usando dos códigos distintos. Es un proceso complejo sobre el cual se ha escrito mucho, pero todavía no se comprenden totalmente los procesos mentales que se realizan al traducir de una lengua a otra.
Tenemos que considerar, para llevar a cabo una traducción, dos fases claramente definidas:, "... una actividad semasiológica, esto es, la comprensión cabal del texto original, y una actividad onomasiológica, es decír, el expresar el contenído en la lengua receptora..." (Haensch, 1982, 88). En la primera tenemos que buscar los contenidos de los conjuntos dados de significantes, en la segunda tenemos que buscar los significantes para los contenidos obtenidos. Ahora bien, si no logramos una completa regularidad en una lengua, por ejemplo, excepciones a reglas fonéticas, gramaticales, etc., es más dificil lograrla entre dos lenguas, y esto se debe a la diversa extensión semántica de las palabras: la extensión significativa de una palabra en una lengua a veces coincide parcialmente con la de una palabra en otra len gua. Esto nos obliga a aceptar equivalentes aproximados en un continuum. Si las palabras tuvieran sólo un significado sería muy fácil traducir, pero la polisemia es uno de los factores que dificultan la traducción.
Podemos fácilmente comprobar los cambios de significado que experimenta una palabra a través del tiempo. En un momento dado satisface las necesidades para la expresividad de los sistemas sincrónicos sucesivos de los cuales esa palabra forma parte. En otro momento debe satisfacer nuevas necesidades, para lo cual va adquiriendo nuevas denotaciones que se alejan, a veces en forma extraordinaria, de sus primeros significados.
Otros factores que dificultan la traducción son: la disparidad entre las lenguas, una comprensión sólo aproximada del original, el no dominio de las lenguas en cuestión por parte del traductor y también la posible falta de sensibilidad y capacidad expresiva de este último.
Hay veces que una traducción puede llegar a ser mejor que el original, lo que puede suceder en poesía traducida por poetas, lo cual es muy dificil, pero es importante recordar la regla de oro de Yebra, especialmente en el campo científico, "... decir todo, no agregar nada, usar un estilo claro y preciso..." (Yebra, 1982, 43). Muchas veces hay que hacer cambiar la forma en lengua receptora para ser fiel al original, ya que lo que una lengua expresa de una manera no siempre se expresa de la misma manera en otra. Es así también como Yebra nos señala (1987, Coloquio) que la situación ideal de la traducción donde el concepto en L1/lengua origen y el concepto en L2/lengua meta denotan una misma realidad se logra en el campo de la ciencia porque ésta tiende hacia la normalización de sus objetos de estudio y trabajo.
Los nuevos avances necesitan nuevas palabras, se crean conceptos y hay que dar un nombre al concepto: la única forma de realizar esta labor ex¡tosamente es, primero, definir el concepto, luego determinar su campo semántico y, enseguida, asignarle un nombre; con esto demostramos que los conceptos están ligados a las palabras y una palabra recibe su significado sólo por el contexto de otras palabras. Esto nos ayuda a comprobar que lo que hay que traducir son los conceptos equivalentes y no palabra por palabra. Pinchuck (1979, 34) nos recuerda que "el traductor científico se rige por el modelo C=C" donde, como dijéramos anteriormente, existe identidad total en los conceptos. Es bien sabido que las palabras adquieren su verdadero significado en contexto, el cual parcialmente elimina los problemas causados por la polisemia, pero también debemos tener presente que el conocimiento del tema tratado es el que fundamentalmente ayudará a precisar el significado del término en cuestión, ya que el experto conocerá cabalmente la realidad definida por el concepto.
Los escritores, gramáticos y lexicógrafos pretenden determinar la norma lingüística y esta norma trata de imponerse a través de los multiplicadores en la sociedad que son, por una parte, la enseñanza y, por otra, la gramática y los diccionarios.
Un proceso similar ocurre en la ciencia, donde existen organismos encargados de regularizar los términos empleados en los tecnolectos.
Los tecnolectos o lenguas de especialidad son lenguajes que desde el punto de vista lingüístico se clasifican dentro de la diferenciación diastrática, esto es, constituyen la jerga propia de una ciencia. Para tener una idea más clara acerca de la dimensión que han adquirido los tecnolectos, sólo recordamos que el Gran Larousse Encyclopédique contabiliza 711 tecnolectos para el ámbito de las ciencias humanas y 529 del ámbito de las ciencias exactas y naturales.
Se ha constatado que los términos son más fáciles de comprender cuando se usan en enunciados científicos y esto se debe a que el lenguaje técnico es formal (evita el uso, hasta cierto punto de vocablos informales). En este lenguaje el término es transparente, esto es, debe representar la idea que el autor quiere traspasar al lector, es económico respecto de su longitud y además debe ser fácil de escribir, pronunciar y recordar; lo más importante es que el término sea exacto, y como se mencionó antes, debe estar estrechamente asociado al concepto que representa. Podemos afirmar que los rasgos fundamentales del término técnico son la univocidad y la precisión, ya que su propósito es el estudio e incremento del conocimiento científico y no el goce estético como es el caso de la literatura y tienen, por lo tanto, mayores posibilidades de equivalentes de uno a uno entre una lengua a otra.
La necesidad de denominar nuevos fenómenos y objetos en la ciencia en algunos casos se satisface usando palabras ya existentes del lenguaje corriente que al usarse en las ciencias adquieren una denotación especializada, hecho que es notable en computación; en otros casos se acuñan términos nuevos, pues no existe un vocablo adecuado. El concepto es primero definido y luego se le asigna un nombre; encontramos una gran ayuda para cumplir exitosamente esta tarea en el uso de elementos clásicos: prefijos y sufijos, para el inglés y, especialmente para el castellano. Como un término debe representar un concepto, hay que hacer serios esfuerzos para que un mismo término no represente otro concepto, lo que ocurre a veces entre disciplinas científicas diferentes. El préstamo, que ocurre anárquicamente al desarrollarse rápidamente una disciplina puede ser inevitable y aún deseable en las etapas iniciales pero al no existir una fundamentación argumentada puede ser reemplazado por la creación de términos más afines con la lengua (meta) en evolución. El calco es también. otra solución, y a veces es muy conveniente pues establece una relación o asociación con el término en lengua de origen, asociación que facilita su comprensión y, por ende, es más fácil de recordar y usar. Lo ideal es acuñar nuevos términos los cuales se crean, se codifican y se usan en estrecha dependencia de muchos otros. Esta es una manera de evitar el empobrecimiento de una lengua al ser invadida por vocablos extranjeros: hay que acuñar equivalentes para ellos. Desgraciadamente, no todos los científicos están de acuerdo respecto de la traducción de todos los términos; hay pluralidad de escuelas, y cada autor trata de imponer, a veces involuntaria o inconscientemente, términos que pueden aparecer nuevos para muchos científicos. A veces al crear un término, el científico usa la nota explicativa para ayudar al lector.
Es necesario también recordarlos problemas que se presentan por el uso de términos geográficamente diferenciados: un término inglés se traduce de una manera en España, de otra en Méjico, de otra en Argentina, de otra en Chile y así sucesivamente.
Es, por lo anterior, que la lexicografía debe preocuparse de que las nuevas expresiones sean precisas, de la formación de palabras, preferentemente, empleando elementos latinos y griegos y de la preparación de diccionarios especializados para cada disciplina, como se dijo anteriormente y valga la redundancia, con la cooperación de organismos nacionales e internacionales para lograr la estandarización de los términos por especialidad y que ayudará a salvaguardar la idiosincracia de cada lengua involucrada en los diccionarios en cuestión, en sus aspectos fonológicos, inflexionales y otros.
Como se mencionó en la presentación de este trabajo, su objetivo principal es demostrar que el castellano puede ser autosuficiente para llenar los vacíos en el lenguaje técnico.
En este primer intento de normalización de la terminología computacional inglés-castellano, se pretende demostrar que nuestro idioma puede, a través del trabajo interdisciplinario de investigadores altamente motivados, con recursos adecuados y trabajando en equipo, conformar un tecnolecto castellano demostrando que este idioma tiene los recursos para poder expresar con claridad y precisión los conceptos de otra lengua. En este caso específico se trata de satisfacer las necesidades lingüísticas de los expertos, usuarios y estudiantes de computación y, en general, para cualquier profesional que haga uso de la computación en su respectivo quehacer académico y/o profesional. Las proposiciones de términos en castellano a partir de términos ingleses ya existentes no pretenden ser versiones finales, son sólo, como su nombre lo indica, proposiciones a la comunidad usuaria.
Metodología
Se comenzó por realizar varias reuniones con expertos en computación para explicarles el objetivo del trabajo, con el fin de delimitar claramente las fuentes de información que serían la base para seleccionar el corpus de estudio. Se realizaron esfuerzos por cubrir las diferentes áreas de la computación para evitar el centrarse sólo en algún aspecto específico en desmedro de otros; también, afortunadamente, se pudo consultar fuentes bibliográficas publicadas muy recientemente.
Una vez hecha la selección de las fuentes, se procedió a la selección de términos, llegando a un total de cinco mil.
Enseguida se procedió, con la colaboración de expertos, a realizar un primer filtro que consistió en que cada colaborador subrayó, del listado de térmi nos, las palabras que consideró importantes en computación, tanto por su frecuencia de uso como por la relevancia, que tienen en el área. Debieron elegir términos que presentaban dos posibilidades: tenían una traducción dudosa o ambigua al castellano, o simplemente carecían de equivalentes. Este primer filtro dió como resultado un total de 147 términos elegidos. Se dió también la posibilidad al especialista de agregar algún término que cumpliera con las condiciones exigidas y no estuviera en el listado entregado. Se procedió a efectuar un segundo filtro, dando un total de 60 términos. Con un tercer filtro, se delimitó el corpus definitivo para llevar a cabo la investigación: 40 términos de los cuales el 50% tenía varios equivalentes ambiguos, 20% que tenía sólo un equivalente, el cual era inapropiado, y el 30% restante no tenía ningún equivalente.
La etapa siguiente consistió en buscar cada uno de los 40 términos en su contexto real, procediendo a copiar uno o dos párrafos que lo incluían; el objetivo era tener el término en su contexto auténtico. Con esta información se solicitó a expertos en el área dar una definición lo más completa posible de cada término para determinar con la mayor precisión su denotación en computación.
Luego se buscó la mayor cantidad posible de información sobre cada término en diccionarios monolingües, bilingües, libros de referencia, etc., para ir aproximándose a su significado en castellano. Se consultaron fuentes bibliográficas de distintas bibliotecas en varias universidades. Se recurrió al centro de documentación del instituto Nacional de Normalización de Chile y, para nuestra sorpresa, en los catálogos informativos hay expresa constancia de que no existe información registrada acerca del área de computación y se mencionó en dicha institución la necesidad de abordar seriamente y lo más pronto posible el estudio e investigación en lexicografía en este campo.
A partir de la definición dada por cada especialista, más la información encontrada en fuentes bibliográficas (para muchos términos no se encontró ningún tipo de información que ayudara a denominarlo de alguna manera en castellano), se procedió a estudiar en forma exhaustiva cada término. Para esto se buscó la etimología de cada uno ?y es oportuno destacar en este momento? que en algunos casos fue de mucha ayuda, en otros, ayudó sólo parcialmente a precisar el significado actual ya que en algunos términos los enormes cambios semánticos han alejado mucho el significado actual del original.
Luego se indicó el significado del lexema en lenguaje corriente y, enseguida, su definición técnica. Es, precisamente, a partir de la definición, como se mencionó antes, que se trata de buscar un buen equivalente en castellano.
Se encontraron algunos equivalentes para ciertos términos; como la mayoría de los equivalentes no eran satisfactorios, se criticó cada uno, fundamentando las razones que nos motivaron para rechazarlos. El estudio etimológico de los equivalentes castellanos encontrados más los conocimientos de computación fueron una sólida base para precisar denotaciones, rechazar los equivalentes y, lo más importante, proceder a proponer o recomendar traducciones al castellano. Para una mayor precisión y seguridad se realizaron reuniones de trabajo con varios especialistas con el fin de aclarar todo tipo de dudas. Después de esta larga etapa, se sometieron todas las proposiciones a diez expertos, quienes debieron calificar cada una, en un índice de aceptabilidad, de bueno, adecuado ínadecuado no opína, lo usaen inglés. Se procedió a la tabulación de este índice para tener una visión clara de las recomendaciones.
Como etapa final, se buscó una serie de cinco trozos en los cuales aparecía cada término estudiado, para poder verificar así el resultado de la traducción propuesta. Es decir, se seleccionaron doscientos trozos que representan un total de cinco para cada término investigado.
Cuando se han propuesto dos equivalentes, en los ejemplos de uso real se ha usado aquella traducción que tuvo mayor porcentaje de aceptabdidad.
Al tabular los primeros 19 términos se procedió a desglosar el porcentaje de cada nivel de aceptabilidad: bueno, adecuado, inadecuado no opina, lo usa en inglés. Luego decidimos, por razones de brevedad, combinar los porcentajes de bueno y adecuado en un solo rango.
La representación de los términos se ciñe a la siguiente estructura:
1 . Nombre del término.
2. Pronunciación en inglés.
3. Categoría gramatical: Sustantivo, Adjetivo, Verbo, etc.
4. Término en contexto auténtico.
5. Etimología del término inglés.
6. Significado en lenguaje corriente.
7. Definición técnica.
8. Equivalentes castellanos encontrados, critica y fundamentación.
9. Proposiciones con su fundamentación.
10. Cinco ejemplos de uso del término en contexto real.
A continuación, analizaremos dos términos: uno que tiene varios equivalentes que son ambiguos (Bug) y uno que no tenía equivalente en castellano al momento de realizar esta investigación (Scheduler).
BUG
/bÓg/
Sustantivo
We have introduced a n interesting new section
on this manual page - a declaration of known bugs. It permits us to document
a program exactly at it stands the day the manual page
is written, without resorting to fictions about
problems that might otherwise be overlooked.
No encontramos antecedentes etimológicos acerca de este término. Se presume que podría provenir del inglés medio bugge y éste, a su vez, del galés bwg con el significado de espectro, fantasma.
En lenguaje corriente tiene varios significados, a saber, insecto, bicho, microbio, defecto o falla (en un aparato o máquina), dispositivo oculto para escuchar o grabar conversaciones. Como verbo significa fastidiar, molestar y otros. Cabe hacer notar que en estos últimos casos, predominan aspectos negativos.
Se cuenta en forma anecdótica que en la época de los primeros computadores, que eran muy grandes y, por lo tanto, ocupaban una gran espacio, se encontró en una oportunidad un insecto que se introdujo entre los elementos del equipo (computacional) y produjo ciertos problemas. Se llamó bug a este intruso que vino a entorpecer el buen funcionamiento del sistema computacional.
Se usa ampliamente este término en computación para denotar genéricamente los errores que permanecen en los programas sin ser detectados. Estos errores afloran durante la etapa de ejecución de las instrucciones de un programa, es decir, que pasaron exitosamente la etapa de análisis sintáctico y de traducción.
Algunos equivalentes que hemos encontrado en castellano son:
Engaño, del verbo latino in-gannare, cuyo primer significado es dar a la mentira apariencia de verdad. Creemos que este vocablo es inadecuado, pues evoca la idea de algo hecho a propósito (mal hecho) y con mala intención.
Defecto, del latín defectus-us: carencia o falta de las cualidades propias y naturales de una cosa, imperfección natural o moral. Tampoco es adecuado, indica en el fondo que algo falta o falla, pero no centra la atención sobre el punto mismo que produce la falla.
Imperfección, del latín imperfectio, -onis: falta de perfección, es un lexema muy largo, al estar compuesto por los siguientes morfemas: ¡m, que indica lo contrario de perfección, el cual a su vez está constituido por fec del verbo facere y la terminación cion del verbo latino facere, hacer, y el prefijo per que indica algo superior; en este caso algo hecho en forma superior, es decir, lo perfecto.
Impureza, del latín impuritia, -æ: condición de lo que no es puro, tampoco es adecuado, por ser un vocablo muy largo y, porque al ser usado en química, adquiere el significado de substancia material no deseable. Debemos tener presente, al respecto, que "un término tiene un rol único: es miembro de una estructura conceptual y parte integrante de una disciplina" (Pinchuck, 1977, 178).
Equivocación, del latín æquivocatio, -õnis: acción y efecto de equivocar o equivocarse. Notamos que, por sus elementos constitutivos, equi=igual o justo + vocare, denota el denominar (por error) una cosa por otra, esto es, llamar de la misma manera dos entidades diferentes. Naturalmente que indica, o mejor dicho implica, algo mal realizado, pero, por su longitud, es poco práctico y no recomendamos su uso.
Falla, del verbo fallar: "frustrarse, faltar o salir fallida una cosa, no respondiendo a lo que se esperaba de ella", es un término preferentemente usado para denotar problemas mecánicos. Como se mencionó anteriormente, se usa 'BUG' para referirse a problemas en la maquinaria, pero, como este término también se usa en inglés para referirse a problemas en los programas, resulta inadecuado llamarlo falla para referirse a programas. La única ventaja que tiene es el indicar en forma más precisa (que otros términos) el punto o lugar que causa un problema. El 50% de los especialistas lo aceptó.
ERROR, del latín error, -oris: cosa hecha erradamente es el término que proponemos como el más adecuado.
Además de ser corto, está más asociado (que los otros términos) con disciplinas científicas.
Se puede argumentar, con justa razón, que este término se usa en Análisis Numérico con un significado muy distinto, a saber, "la discrepancia existente entre el resultado matemático verdadero de un problema y el resultado computacional", discrepancia que se puede tratar de minimizar, pero jamás podrá desaparecer, por mucho que se corrijan los errores en el programa computacional.
Respecto a esta dualidad de significados en dos áreas distintas, debemos hacer notar que "Ios términos técnicos deben ser instrumentos de precisión que en virtud de tal precisión no sólo deben estar libres de polisemia sino que deben circunscribirse a ámbitos específicos, de manera tal que un mismo término puede expresar conceptos diferentes si se le ocupa en ámbitos diferentes, pero dentro de una misma área, su significado y forma de expresión deberán ser uno y nada más que uno" (Mac Auliffe, 1979, 4).
Dejamos constancia que el 90% de los especialistas lo consideró entre bueno y aceptable, porcentaje que nos parece indicar que seria muy fácil incorporar este término en forma casi definitiva a la jerga computacional.
SCHEDULER
/ 'Sedjula / (Brit.)
/ S'kedzular / (Nort.)
Sustantivo
An operating system has many schedulers.
There are two main cpschedulers: the longterm
scheduler and the short-term scheduler.
The long-term scheduler (or job scheduler)
determines which jobs are admitted
to the system for processing.
De acuerdo con los antecedentes etimológicos, encontramos este lexema en inglés medio con la forma cedule, sedule, adoptado del francés antiguo cedule (francés moderno cédule), adopción del latín de fines del periodo antiguo scedula (en latín medieval y moderno se escribe también schedula, diminutivo del latín sceda -latín medieval también scheda). Este lexema ha pasado del latín a la mayoría de las lenguas romances y germánicas con el significado de "pequeña hoja de papel".
En lenguaje corriente, como verbo, TO SCHEDULE, significa inventariar, catalogar; como sustantivo SCHEDULE, significa lista, cuadro, catálogo, inventario, plan, horario, etc.
El sufijo ER indica en inglés el agente. En la jerga ferroviaria un SCHEDULER es un funcionario llamado movilizador: "persona que da el visto bueno para que un tren parta o no hacia y desde una estación determinada".
Se usa en computación para denotar "un programa que determina el orden cronológico que debe seguirse en la ejecución de distintos procesos (por ejemplo, determinar cual es el próximo trabajo a ser ejecutado), con el objetivo de optimizar el uso de los recursos disponibles".
No se encontró ningún equivalente castellano. Se pensó en CATALOGADOR: "que cataloga: esto es, apuntar, registrar ordenadamente libros, manuscritos, etc. formando catálogo de ellos". Catálogo, del lat. catalogus, i, se refiere a una "memoria, inventario o lista de personas o sucesos puestos en orden".
Este equivalente es inadecuado porque, como se puede observar, al estudiar su etimología, está asociado a catálogo, y este término ya está definido en computación para referirse a un "índice para accesar archivos"; catalogadores en computación un programa que maneja el catálogo.
PLANIFICADOR, del verbo planificar: hacer plan o proyecto de una acción, parece ser mejor equivalente. Denota que se ha decidido realizar algo de acuerdo a un plan previamente definido. No se presta para ambigüedad, por no tener un significado distinto definido en computación. Tiene la desventaja de no indicar la idea fundamental del concepto que es la noción de temporalidad o de secuencia temporal que debe seguirse en la ejecución de distintos procesos.
El 50% de los expertos lo encontró bueno o adecuado; el 30% lo rechazo, por asociarlo a un sujeto animado (ser humano) y no a un programa. El 20% restante opinó que era más práctico explicar el verbo, luego el sustantivo en castellano y usar el término en inglés.
SECUENCIADOR, de secuenciar, lat. sequentia, -æ: establecer una serle o sucesión de cosas que guardan entre sí cierta relación. Creemos que es el mejor equivalente. Una unidad central de procesamiento puede efectuar un solo trabajo a la vez, si bien da la imprecisión de paralelismo, de atender a muchos usuarios a la vez. La función de SCHEDULER es reducir o traducir este paralelismo aparente a la secuencialidad obligada a que está sujeta la UCP.
Este lexema establece muy claramente la idea del concepto ya definido para su uso en computación: el paralelismo en la ejecución es sólo apa rente; primero se realiza una acción; luego se realiza otra; enseguida otra, se vuelve a la primera; luego a la segunda; y así sucesivamente.
El 60% de los expertos lo calificó de bueno o adecuado. Un 30% lo asoció más con un sujeto animado. El 10% restante afirmó haberlo usado siempre en inglés, por estimar que seria difícil traducirlo de una manera breve y clara.
Es necesario dejar constancia de que "cuando un término no tiene equivalentes en otra lengua, el lexicógrafo puede proponer un término especificando que se trata de una propuesta suya y no de un término ya consagrado por el uso" (Haensch, 1982, 533).
Conclusiones
Al terminar este trabajo podemos extraer algunas conclusiones respecto del tipo de términos que se han analizado. Hemos encontrado términos mayoritariamente de origen anglo-sajón, otros provienen del latín y, en este caso, la etimología ha aportado más antecedentes documentados que han ayudado a precisar las denotaciones. Es curioso notar como los hablantes anglo-sajones, en general, no tienen mayor problema en traspasar vocablos de uso corriente, incluso informales, por ejemplo, bug, stack, dump, al registro especializado, asignándoles una nueva denotación. Suponemos que ello se debe al avance vertiginoso de esta ciencia. En castellano hemos sido muy cuidadosos al respecto, tratando de no proponer términos informales, puesto que nuestro propósito consiste en ayudar a establecer criterios para la normalización de términos técnicos.
Se ha recurrido a principios etimológicos especialmente para delimitar matices a veces muy sutiles de los equivalentes castellanos encontrados en las fuentes de consulta. Hemos recurrido también a normas dictadas por el Instituto Nacional de Normalización de Chile. Nos hemos preocupado de un conjunto de principios que ho ha sido suficientemente destacado en la literatura especializada que consiste en considerar los principios de facilidad de escritura, pronunciación, términos cortos que permitan pluralizarse de acuerdo a las normas castellanas, posibilidades de formar el correspondiente verbo a partir de un sustantivo y viceversa.
Mucho se dice en los textos de traducción que cuando un término no tiene equivalente en la lengua receptora se puede recurrir a la nota explicativa o paráfrasis; esto lo hemos evitado, pues hemos hecho los esfuerzos necesarios para llegar a proponer un término equivalente, en la mayoría de los caso un lexema formado por un elemento, en otros pocos, por dos elementos constituyentes. Al presentarse el conflicto entre precisión y economía, se ha preferido siempre mantener la precisión.
Hemos podido detectar que aunque los especialistas después de varios años de trabajo en el área, no tienen algunos el dominio oral del idioma inglés, son en cambio, prácticamente bilingües en la lectura del discurso técnico: pueden leer y comprender perfectamente, pero muchas veces son incapaces de traducir los conceptos especializados ?empleando un término castellano adecuado.
Creemos que con el presente trabajo se hace un aporte a la teoría de la traducción demostrando que es posible llegar a proponer equivalentes en castellano para términos ingleses, enriqueciendo así el tecnolecto respectivo y, especialmente, a nivel regional, esto es, tratando de normalizar el registro especializado en Latinoamérica. Esto nos permite comprobar que el castellano tiene recursos propios, y que las lenguas clásicas facilitan el proceso de acuñar términos y así comprobamos nuestra hipótesis de trabajo —es posible crear términos en castellano que den cuenta en forma bastante exacta de los significados ingleses. Para Sapir y Whorf los significados están determinados por la cultura, por la estructura de la lengua y es muy difícil que un enunciado pueda ser reproducido exactamente en otra lengua. El presente trabajo demuestra que en la ciencia y, en especial, en el ámbito de la computación, por el contrario, este proceso de buscar equivalentes se puede realizar exitosamente aportando antecedentes a los universales lingüísticos de Chomsky, los cuales indican que la traducción es posible: los contenidos culturales que pertenecen a la ciencia son traspasables de una lengua a otra y, más aún, la traducción automática, al menos de la terminología, es una realidad con fundamentación teórica y empírica.
Al existir un conjunto de lingüistas trabajando en equipo con especialistas, en este caso al del ámbito de la computación, es posible enriquecer el castellano, estableciendo criterios de estandarización en la proposición de equivalentes para términos extranjeros y llenar de esta manera los vacíos del castellano técnico.
Bibliografía
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