Actas / Atas
1988-2002
Presentación / Apresentação
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VIII Simpósio (2002)
Índice por autores

 

 

Sobre el uso de los acrónimos

Loreto, Luis F.
Universidad Simón Bolívar
Caracas-Venezuela

 

Introducción

En la era eminentemente técnica que actualmente vivimos, es incalculable el número de palabras que de las profesiones y oficios más habituales faltan en el idioma español, déficit que aumenta día tras día. Para los asuntos técnicos, la carencia de un lenguaje común paraliza los intercambios y obliga a publicar en idiomas de gran nivel de comunicación, especialmente en inglés. Esto puede complementar, pero no necesariamente substituir al lenguaje vernáculo, ya que si bien la capacidad de expresarse en inglés garantiza una amplia audiencia, no es menos cierto que las materias técnicas de verdadero interés para los países del tercer mundo son muy diferentes a las que se discuten en las partes desarrolladas del orbe. No está planteado que cada nación luche por convencer a las demás de que su término es el mejor, porque generalmente carecemos de expresiones valederas para comunicarnos más allá de las fronteras patrias. En la presente ponencia, que aborda el tema de los acrónimos, se aboga por el uso de éstos tal como se originaron, lo cual no se opone a la búsqueda de una terminología tecnoIógica hispánica; se pide el uso de los acrónimos como símbolos, pero se insiste en la necesaria unidad de las expresiones castellanas que los explican.

 

Marco teórico

La ciencia y la tecnología, abanderadas del progreso, han introducido numerosos acrónimos para ahorrar espacio en los artículos de revistas, en los informes técnicos, en los libros de texto, en la radiodifusión, en la televisión, para el cifrado de informaciones militares y como foco de atracción de productos, ideas y programas que se espera que el público respalde, admire o compre. El término acrónimo, del griego ákros: extremo y también del griego ónoma: nombre [1], sigla construida en base a las iniciales (y a veces otras letras que siguen a la inicial) de las palabras que forman una expresión, fue acuñado en inglés [2] en los Estados Unidos de América en 1943. En 1960 aparece en los Estados Unidos la primera edición del Acronymus Dictionary mencionado en la referencia 2, quizás el primer libro estructurado en base a ese tipo de material y en el cual se recoge una gran cantidad de términos identificados en los EE. UU. A., así como también acrónimos e inicialismos rusos, franceses, alemanes, italianos y españoles, con especial énfasis en este particular en los acrónimos de las asociaciones internacionales; en estos últimos muchos son de origen francés, por el prevaleciente carácter diplomático de este idioma. En español, la palabra "acrónimo" no aparece en la décimo novena edición del Diccionario de la Real Academia Española, de 1970, pero sí en su vigésima edición [3]. Su uso, sin embargo, es de vieja data: el letrero INRI que también clavaron en la cruz los soldados romanos corresponde a las iniciales de la expresión en latín Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum.

La definición dada sobre los acrónimos no señala cuantas letras después de la inicial puede extenderse cada componente del acrónimo. Como regla general se ha fijado la sílaba como Iímite, pero existen acrónimos construídos en base a criterios más amplios. En este particular se puede citar el término Radome, acrónimo proveniente de Radar Dome y que se refiere a la cubierta que protege del viento y de la intemperie al sistema radiador de algunos equipos de radar [4]. Aquí se usan las tres primeras letras (no la primera sílaba) de la palabra radar -originalmente un acrónimo- y la palabra dome (cúpula) completa. En este mismo orden de ideas la palabra bit, como contracción ya sea de binary digit o de binary unit (sugerida esta última por J. W. Tukey para la medida de la información), no es un acrónimo. Tampoco se consideran acrónimos las contracciones de palabras aisladas mediante supresión de letras, salvo cuando el término resultante se pronuncia fácilmente, por ejemplo EEG por electroencephalogram. En todo caso, lo importante no es la definición, sino si el usuario percibe o no la expresión como un acrónimo. Thomas et al [5] señalan que los acrónimos construídos en base a las iniciales, como por ejemplo UNESCO (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization) son en realidad inicialismos o abecedismos.

En cuanto a la pronunciación, esta depende del gusto del usuario; muchas veces se pronuncian los acrónimos por sus iniciales cuando es dificil la pronunciación como una palabra; tal es el caso de FSK (Frecuency-Shift Keying) que se pronuncia "efe ese ka", normalmente ligando la pronunciación de la última "e" de efe con la primera "e" de ese (efese...). Otras, como NASA (National Aeronautics and Space Administratlon), se pronuncian como una palabra. Valga la pena mencionar en este momento que la expresión NASA ya no evoca en los hispanohablantes distintos utensilios en forma de cono truncado (artes de pesca, cestas) sino la carrera espacial. Ocasionalmente, en la pronunciación de algunos acrónimos aparece una letra o sonido que nunca se escribe, pero que hace que el término sea pronunciable. Tal es el caso de SNCC (Student Nonviolent Coordinating Commitee), que se pronuncia snik.

La escritura normal de los acrónimos es en mayúsculas sin puntos, salvo cuando el acrónimo se desliga de su origen primogénito y pasa a ser una nueva palabra. Aquí se puede citar la palabra radar que originalmente fue un acrónimo de RadioDetection and Ranging, o de laser (Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation). En la prisa de nuestros días puede encontrarse la explicación del uso de las mayúsculas sin puntos: los teletipos sólo imprimen letras mayúsculas y símbolos especiales y las computadoras, a pesar de imprimir tanto mayúsculas como minúsculas, cuando cambian de tipo para buscar los puntos u otros símbolos, requieren de un tiempo de operación mayor.

 

Las traducciones

Cada vez es más popular entre los estudiantes adquirir las traducciones de los libros de texto, por dos razones primordiales: 1) éstas resultan menos costosas que el libro original por venir impresas en forma rústica sobre papel de calidad inferior al de la edición original y pobremente encuadernadas y 2) el estudiante espera no tener que enfrentar también la barrera de¡ idioma. Este último objetivo sólo lo cumplen parcialmente las traducciones, no tanto por la carencia de una terminología técnica hispanoamericana, sino por desconocimiento de los traductores del fondo de la materia. Los traductores ni siquiera usan los términos ya aceptados internacionalmente, como los contenidos en las publicaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.l.T.), quizás por la difusión limitada que tienen este tipo de publicaciones.

En cuanto al desconocimiento del fondo de la materia, para muestra, un botón: la traducción de un libro ampliamente usado en la enseñanza de las comunicaciones eléctricas, vierte en el aparte correspondiente a la redundancia lo siguiente:

"...La redundancia de un texto en inglés se estima que es, en general, del 50%. Esto implica que, al fin y al cabo, la mitad de los símbolos son innecesarios: yu shld babl t read ths evntho sevrl ltrs r msng (completo y en español: debe balbucear para leer esto, ya que se han perdido varias letras)...." [6].

Más apropiado, sin olvidar que un traductor es necesariamente un crea hubiera sido poner un ejemplo en español, o por lo menos interpretar correctamente que completo y en español es: usted debe ser capaz de leer esto, aun cuando faltan algunas letras. Sin la ayuda del profesor, o sin un mínimo de conocimientos en inglés, quién lea la traducción antes citada quedará mucho más confundido que si simplemente hubiera optado por no complementar sus conocimientos con la lectura de esa obra. No es suficiente, sin embargo, encontrar una obra como ésta, plagada de errores de traducción (a pesar de lo cual en noviembre de 1985 se reimprimieron 1100 ejemplares), para rechazar las traducciones. Estas han mejorado y también ha disminuido el tiempo que separa la aparición de la obra original y de su traducción.

 

Comprensión de los acrónimos

Algunos estudios que se han llevado a cabo sobre los acrónimos a que se enfrentan los lectores a diario, tales como el realizado en 1965 por la Universidad de Florida [7], revelan que el lector promedio no identifica ni comprende inmediatamente los cientos de acrónimos normalmente presentes en los periódicos. Si esto sucede con materias no especializadas, hay que señalar que se debe ser sumamente cuidadoso cuando se trata de traducciones. En dos obras de reciente aparición [8,9], realizadas por el mismo equipo técnico, los traductores han caído en la tentación sajona! De esta manera, para acrónimos con variedad de traducciones, tales corno FSK llamado "manipulación por corrimiento de frecuencia" [10], "conmutador de desplazamiento de frecuencia" [11] y "variación por corrimiento de frecuencia" [12] proponen las siglas VCFR, poco universales ya que también podrían tan ser MCFR o CDFR, aceptando de paso el uso de FR por "frecuencia", para distinguirlas de fa Afortunadamente, la mayor parte de las traducciones conservan los acrónimos en su forma original. Tal práctica será además útil cuando los estudiantes se enfrenten ala tarea de redactar sus proyectos degrado. En ciencia y tecnología, áreas donde se centra la enseñanza de pregrado en la Universidad Simón Bolívar, el alumno debe realizar un proyecto de investigación amplio, ya en el seno de la universidad o a través de una pasantía en la industria, corno requisito indispensable para obtener su grado profesional. En tales labores es necesario incorporar conocimientos de frontera y tecnologías de punta, cuya información sólo se consigue en revistas y publicaciones extranjeras que nunca se traducen. As', el uso previo de los acrónimos en su idioma original hará que el estudiante se sienta algo más cómodo en el ambiente no siempre amigable de las revistas especializadas. Esta recomendación debe extenderse a los libros de texto que se produzcan dentro de las comunidades hispanohablantes, que aún cuando en el presente no son muchos, es de esperarse que aumenten sensiblemente en el futuro cercano, como parte de los esfuerzos por disminuir el foso tecnológico que separa al norte del sur.

 

[1] COROMINAS, J.: Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. 3ra. Ed. Editorial Gredos, Madrid, 1973. p. 26.

[2] THOMAS, R. C.; ETHRIDGE, J. M. y RUFFNER, F. G. Jr. (Editores): Acronyms and initialisms Dictionary, Segunda Edición. Gale Research Company, Detroit, Michigan, 1965. p. 7.

[3] REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española, vigésima edición, Madrid, 1984, p. 22.

[4] MATAIX, M.: Diccionario de Electrónica y Energía Nuclear Inglés-Español Ediciones Técnicas DANAE, Barcelona, 1969. p. 494.

[5] loc. cit. P. 11

[6] CARLSON, A. B.: Sistemas de Comunicaciones, McGraw-Hill, México, 1980, p. 355. Traducción de la segunda edición en inglés de Communication systems, 1975.

[7] THOMAS, op. cit. p. 10.

[8] HAYKIN, S.: Sistemas de Comunicación. 2a. ed. Interamericana, México, 1985

[9] LATHI, B. P.: Sistemas de Comunicación. Interamericana, México, 1986.

[10] CARLSON, op. cit. p. 398

[11] F. K. Stremler: Sistemas de Comúnicación. Fondo Educativo Interamericano, México, 1985.

[12] Lathi, loc. cit., p. 513.

 

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