La traducción como agente de desarrollo
Hormann Villagran, Patricia I.
Departamento de Traducción
Instituto de Letras
Pontificia Universidad Católica de Chile
Santiago-Chile
"Descendamos y confundamos
allí mismo su lengua, de manera
que el uno no entienda el habla
del otro"
(Génesis, M, 7)
Desde la antigüedad, la labor traductora ha sido un medio óptimo para transmitir y compartir el conocimiento necesario para la supervivencia y el desarrollo físico y espiritual de los pueblos. Y esto es así porque los hombres hablamos lenguas diferentes. En muchas partes del mundo, el mapa lingüístico ofrece un verdadero mosaico: casi 5.500 lenguas para los habitantes de la tierra, es decir una para cada 890.000 personas. Este simple dato se basa, de hecho, en una situación enigmática y conflictiva desde el histórico acontecimiento de Babel. ¿Por qué tenemos los seres humanos que hablar miles de lenguas incomprensibles entre sí? ¿Por qué este homo sapiens que ha evolucionado en todos los aspectos desde el biólogo, ético, social, ambiental, no usa un sistema único para comunicarse? ¿Hasta qué punto depende el desarrollo de conceptos filosóficos, científicos, religiosos o psicólogos de una cuidadosa selección de traducciones, y en qué medida han contribuido las traducciones a la evolución del cristianismo, del platonismo occidental, a la imagen del "contrato social", de la dialéctica de Hegel en los movimientos marxistas?
La traducción refleja los cambios inherentes a cada hombre, sociedad y cultura. Vivimos en un mundo donde reina la pluralidad de lenguas y sociedades, donde cada civilización es un mundo y cada lengua una visión del mundo. Para unos el negro es símbolo de duelo, para otros no lo es, pero el color sigue siendo el mismo. Estas diferentes visiones de mundo se multiplican cuando hablamos de la mujer, el matrimonio, la propiedad, la naturaleza, la muerte. Las castas diferentes, el nivel social, la ideología, nuestra profesión, edad y sexo hacen que las personas hablemos e incluso pensemos en forma diferente. La Mongolia del siglo XVIII es un ejemplo elocuente: el idioma religioso era el tibetano, la actividad del gobierno se expresaba en lengua manchú, los comerciantes hablaban chino, la literatura se escribía en mongolés clásico y la lengua vernácula era un dialecto. ¿Acaso la diferencias entre los hombres se hacen irremediables y como tal se manifiestan a través del lenguaje? Quizás esta sea una de las razones por la que el esperanto no ha prosperado. Según Octavio Paz, en la edad moderna el mundo deja de ser un mundo, una totalidad indivisible y se escinde en naturaleza y cultura [1]. Por una parte la traducción suprime las diferencias entre una lengua y otra, por otra las revela más plenamente permitiendo que lectores de idiomas diversos penetren en una sensibilidad distinta.
La necesidad de compartir, de legar y de difundir a otros pueblos y generaciones futuras las creaciones de humanistas y hombres de ciencia, ha sido la causa de que la traducción sea concebida como una forma de ampliar el conocimiento. La traducción ha recorrido un largo camino en la historia de la humanidad. Antes de la invención y difusión de la escritura, ya se practicaba en forma instantánea -y oral. Babel, que originó una situación confusa y en apariencia irremediable, tuvo solución gracias a que el Dios todopoderoso permitiría al hombre castigado sortear, no obstante, con éxito las dificultades impuestas por él mismo.
Es posible afirmar que la traducción es una revolución que precede a otras revoluciones que han modificado substancialmente las formas de vida espiritual y física de los pueblos. Podemos decir que ha sido una revolución silenciosa y permanente, fruto del esfuerzo del noble oficio de los traductores, quienes han eliminado las barreras lingüísticas y permitiendo el conocimiento y desarrollo de lenguas desconocidas.
En el pasado, filósofos y teólogos, escritores, comerciantes, misioneros y hasta guerreros contrataban u oficiaban de traductores, actividad muy bien conceptuada. Las traducciones les permitían satisfacer sus intereses de comunicación ya fuera para propósitos de difusión o adquisición de conocimientos, con otros seres humanos que hablaban lenguas que ellos no comprendían. Con todo, las varas para medir a los traductores eran estrictas. Etienne Dolet, poeta, traductor y editor del siglo XVI, fue acusado de hereje y ateo y por ello condenado a morir en la hoguera de París; había cometido dos errores de sentido en una de sus tantas traducciones. Incluso San Jerónimo y otros traductores famosos tuvieron que defenderse en reiteradas oportunidades de las criticas que recibían sus traducciones.
Mac Luhan, Paz y otros eruditos señalan, con acierto, cómo las épocas de mayor esplendor y lucidez de la humanidad han sido precedidas o acompañadas por episodios de gran actividad en el área de las traducciones.
Para Nietzsche, la traducción significaba conquista. Pushkin, al referirse al aislamiento ruso en cierto momento histórico, definía a los traductores como los mensajeros del espíritu humano.
Baudelaire y Mallarmé hicieron famosas sus traducciones de Edgar Allan Poe; sólo que no nos traspasaron el pensamiento exacto de Poe porque tenían una personalidad demasiado afirmada, un mundo interior muy fuerte. El producto es totalmente "baudelairiano" con el mismo satanismo de Baudelaire.
El mundo árabe tuvo acceso, por la vía. de las traducciones, a las riquezas de la antigüedad greco-latina, las que fueron retransmitidas a Occidente, a través de la influencia islámica, enriquecidas con aportes de la cultura y ciencia árabes.
El desarrollo literario de todo un continente, el "boom latinoamericano", fenómeno que se puede comparar con la irrupción de la novela rusa de finales del siglo XIX y principios del XX, se deben en gran medida a los editores y traductores que han servido unos de promotores y otros de puente.
Después de la segunda guerra mundial, las religiones hindú, budista e islámica deseaban recuperar su posición de liderazgo en la vida intelectual y espiritual de sus paises. La influencia de estas religiones alcanzó a Europa y América no bajo la forma de las tradicionales misiones sino a través de un flujo organizado de traducción de ideas y pensamientos.
En el caso de Iberoamérica, las flamantes repúblicas se organizaron tomando como base modelos cívicos, sociales y económicos importados de Europa. Por ejemplo, en Chile y Venezuela, la influencia de Rousseau y Maritain fue decisiva para la formación de partidos políticos de filosofía democrática.
La influencia de las traducciones en el mundo literario, filosófico, Político, religioso, comercial es un ir y venir. Estas constituyen un puente entre culturas, son un instrumento de entendimiento y conciliación y otorgan una mayor perdurabilidad a la creación del hombre en el tiempo.
Hoy más que nunca, entonces, resulta especialmente urgente comprender a cabalidad el papel fundamental que la actividad traductora desempeña en el desarrollo y destino de un pueblo, o de toda una civilización, particularmente en lo relativo a dos aspectos:
a. la traducción y el proceso de toma de decisiones y,
b. la traducción y la importancia y vigencia del español como lengua de influencia dentro de la sociedad occidental.
En primer lugar, si entendemos el lenguaje como la capacidad de comunicación, como el instrumento y sistema típicamente humano, el impedimento de comunicarse a través de él se presenta como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de la persona y del grupo social. Esta barrera se acentúa en la medida en que se multiplican las relaciones entre sociedades y culturas que hablan diferentes lenguas.
El avance de la sociedad ha permitido y exigido mejorar notablemente la red de comunicación a nivel mundial, lo que ha agravado el problema que desencadenara Babel. Los contactos internacionales a nivel institucional e individual en el ámbito político, económico, científico, tecnológico, social, educacional; el aumento exponencial de publicaciones y el perfeccionamiento de la distribución y circulación de las mismas, han aumentado fuertemente la demanda por la traducción. Ya no es posible pensar en empresas u organizaciones multinacionales carentes de equipos de traductores. A modo de anécdota, mi suegro, un gran diplomático chileno, contaba que antes de entrar a las sesiones de las Naciones Unidas, lo primero que hacía era recurrir a los traductores para que le explicaran con lujo de detalle todo lo ocurrido. Así pues el traductor figura cumpliendo un papel fundamental y activo dentro del proceso de comunicación social.
La realidad histórica aparece hoy como una red compleja de relaciones y vínculos entre los paises que reflejan una creciente interdependencia. En estas circunstancias, es imprescindible que quienes deseen participar activamente en el "teatro de operaciones" dispongan siempre de información oportuna y adecuada. En todos los niveles y en todos los ámbitos de la actividad social, el hombre se enfrenta a decisiones que suponen una información previa que permita eficacia en la acción. No obstante, informarse exige una inversión sustancial de recursos, cuyo monto variará significativamente si se trata de un individuo o de una institución, en razón del volumen y la especialización de la información. Ninguno de nosotros está ajeno a la llamada "explosión de la información", fenómeno que se ve seriamente magnificado debido a los problemas que ocasiona la diversidad de lenguas en que se vierte la información. Más aún, la información, sabemos, no se distribuye en forma homogénea.
En otras palabras, la información se produce y se difunde aceleradamente en los paises desarrollados mientras que en aquellos en vías de desarrollo, o no se produce o su difusión es tan costosa y retardada que sus efectos pueden llegar a ser imperceptibles.
Dos factores agravan la situación para los hispanohablantes: el poco tiempo del que disponen para cubrir la brecha que los separa de los pueblos generadores de información y la escasez de medios que los obliga imperativamente a evitar cualquier duplicación de esfuerzos y recursos.
En la era post-industrial, el liderazgo que ejercen los paises ya no depende del tamaño y ubicación de sus territorios, ni de los recursos naturales a su disposición, factores que fueron decisivos en otras épocas. Hoy, el crecimiento, el liderazgo político, la capacidad de supervivencia y el bienestar material y espiritual de las naciones se sostienen sobre la base de su capacidad para generar y utilizar eficiente y oportunamente el bien más codiciado y rentable de nuestros tiempos: la información. Bajo nuestro prisma, traducción es sinónimo de información.
Los países más desarrollados elaboran decisiones mejor informadas y más adecuadas que aquellos receptores. Estos últimos devienen grupos indefensos y, a la larga, indiferentes sometidos a las inexorables consecuencias de decisiones ajenas. Nuestros pueblos, identificados en mayor o menor grado por la noción de subdesarrollo, han comprendido que la información es parte fundamental para su crecimiento. Estamos presenciando el surgimiento de una nueva sociedad en donde la materia prima vital para el progreso es un recurso infinito constituido por los conocimientos, las ideas, los avances científicos. Los traductores y las traducciones son parte importante de las condiciones que permiten a un pueblo jugar en este escenario mundial un papel activo, puesto que representan una alternativa válida y económica para transferir cultura, ciencia y tecnología en tiempos mínimos. Una sociedad alerta debe advertirlo así; quienes no lo hagan serán las sociedades desinformadas del siglo XXI
En segundo lugar, debemos destacar y recalcar el papel de la actividad traductora y su relación con la vigencia y esfera de influencia que tiene o pudiese tener el mundo hispanohablante y el papel que le cabria desempeñar dentro de la comunidad de naciones.
Las lenguas son siempre funcionales a la supervivencia y el desarrollo de los pueblos que las hablan; es por eso que determinadas lenguas adquieren mayor influencia cuando aseguran a los pueblos los bienes y las relaciones necesarios para su desarrollo. ¿Porqué hay lenguas que producen un efecto duradero en la realidad, que se perfilan como lenguas de influencia? ¿Acaso el hebreo, el arameo, el griego, el latín y hoy el inglés tienen características peculiares? El poder de influencia de una lengua es incontestable. Así lo han entendido gobernantes de distintas épocas y culturas: Francisco 1 quien impuso el francés en el siglo XVI, Lutero al optar por traducir la Biblia al alemán, aquellos que fomentaron la hegemonía M latín, francés, español en determinadas épocas. El latín, por ejemplo, ejerció un efecto tremendamente unificador para la Iglesia Católica desde el siglo III. Esta unión era sinónimo de influencia masiva que permitía llevar el evangelio a pueblos separados geográfica y culturalmente. Desde las primeras épocas, la Iglesia se ha preocupado de traducir la Biblia y la liturgia a lenguas vernáculas, gracias a lo cual muchas de éstas han podido convertirse en lenguas "literarias", vale decir lenguas con registros impresos. Este logro creativo, desde el punto de vista lingüístico, de la misión cristiana mundial representa uno de los mayores aporte a la educación e intelectualidad del hombre. No todas las empresas en este sentido han sido exitosas; nuestra generación ha sido testigo de que no ha sido posible doblegar, en términos lingüísticos, a los hablantes vascos, a los franceses de Canadá, a los irlandeses, ni tampoco a los indios de Norte y Sudamérica o a los hispanohablantes de Puerto Rico.
Las lenguas dominantes en la actualidad, encabezadas por el inglés, son los vehículos que diseminan el conocimiento científico y tecnológico. Otras lenguas como el japonés, el ruso, el chino, el italiano y el portugués, si bien pertenecen a países desarrollados, se mantienen en un segundo plano en relación con otras de mayor universalidad. Tanto es así que una porción importante de las publicaciones japonesas, rusas y de otros idiomas son comunicadas en inglés o bien traducidas de inmediato al inglés o al alemán y así difundidas al resto del mundo.
Según los datos publicados por el Instituto Nacional del Libro Español, de las traducciones que se realizan al español, un 50% proviene del inglés, un 18% del francés y un 12% del alemán [2]. Investigaciones realizadas en universidades chilenas, y pienso que la situación puede ser similar en varios de nuestros países, señalan, por un lado, que más del 50% de los libros que éstas adquieren anualmente para las diferentes carreras que imparten está escrito en idioma extranjero y, por el otro, que los alumnos y académicos optan sistemáticamente por la traducción de dichos textos para lograr una comprensión cabal de su contenido [3].
Si para las lenguas de pueblos como el japonés y el ruso que sí producen ciencia y tecnología su situación lingüística es frágil, cuánto más precaria puede ser la supervivencia de las lenguas de aquellos, pueblos, como los casi trescientos millones de hispanohablantes, que son en alto grado dependientes en los ámbitos de la creación científica y tecnológica.
Además, los países industriales, junto con la transferencia tecnológica, exportan terminología en su propios idiomas; podríamos, literalmente, estar ante una verdadera invasión de términos extranjeros que ponen en peligro la integridad, en nuestro caso, del español. En un futuro cercano y de no mediar políticas aunadas a nivel de los hispanohablantes, esto podría significar la desaparición del castellano como lengua científica y por lo tanto el fin de la representación científica del mundo hispanohablante en el foro internacional por medio de un vehículo propio [4].
Frente a la necesidad de superar las barreras lingüísticas y ampliar su esfera de influencia cultural y política, prácticamente todos los estados modernos han diseñado dos estrategias con el propósito de neutralizar dichas dificultades y no aislarse más de lo que la geografía o el subdesarrollo imponen.
La primera de estas estrategias consiste en la enseñanza masiva de aquellas lenguas extranjeras que permitan entrar en contacto directo con todas las grandes experiencias del pasado y con todo el avance de las ciencias y técnicas en el presente; en definitiva, aquellas lenguas que resulten más rentables para acceder a la información. La segunda estrategia consiste en la formación de traductores calificados en un nivel de estudios superior.
Suecia y los Países Bajos, entre otros, ilustran la aplicación de la primera de estas estrategias. El éxito alcanzado en ambos países, que se manifiesta en poblaciones prácticamente bilingües ha puesto, no obstante, en peligro el desarrollo del sueco y del holandés como lengua de influencia internacional. Sin ir tan lejos, algo semejante, aunque en otra escala y por variados motivos, ocurre con el mapudungo del pueblo mapuche. Para este pueblo el aprendizaje del español es un factor de progreso y puente de comunicación con la comunidad mayoritariamente de habla española en la que se haya inserto.
A nivel mundial, la segunda de las estrategias ha cobrado creciente importancia, prueba de ello es el número cada vez mayor de escuelas universitarias dedicadas a la enseñanza e investigación de la teoría y práctica de la traducción.
La formación de traductores profesionales idóneos nos parece claramente como una responsabilidad de las universidades, pues sólo en ellas se genera el ambiente propicio para que los traductores adquieran la formación y los conocimientos que garantizarán la calidad de su desempeño. Al desarrollarse en los claustros, la traducción compartirá el conocimiento, los métodos y las pautas de rigor que en ellos rigen, vale decir, esa común exigencia de análisis profundo y sistemático y una actitud compartida de critica rigurosa y reflexión. Tal convivencia contribuirá necesariamente, y de hecho así ha ocurrido, a que la Traductología consolide y acreciente su carácter de disciplina científica, a nivel de pre y posgrado. Más aún, los datos aportados por el análisis y estudio sistemáticos de los textos traducidos y la mayor comprensión lograda acerca del proceso lingüístico de la traducción contribuyen, por un lado, al enriquecimiento de líneas de investigación como la lingüística contrastiva, la literatura comparada, el análisis del discurso, la lingüística del texto, la metodología de la enseñanza de la traducción, y por otro lado, al desarrollo de nuevas teorías y disciplinas como son la teoría del sentido, la terminología, el análisis del error, etc.
Como hispanohablante, estimo que la actividad traductora debe ser promovida para asegurar la supervivencia y el desarrollo de nuestra lengua; al hacerlo, protegemos nuestra identidad y conservamos nuestro potencial de influencia para contribuir al enriquecimiento de la comunidad. Su estudio y perfeccionamiento a nivel académico harán que la traductología desarrolle y afiance su carácter de disciplina que debe ser abordada científicamente. Entonces, ¿fue Babel un castigo o una situación inevitable? Para Steiner, la diversidad de lenguas es inherente al ser humano, a su individualidad [5]. El Kabbalah habla de un día de redención en el cual las traducciones ya no serán necesarias. Cualquiera que sea el poseedor de la razón, los traductores habremos realizado, durante generaciones, nuestro aporte al caudal de ciencia y tecnología, por medio de una rigurosa práctica, reflexión y estudio en torno a la traducción.

[1] Actas Primer Seminario Nacional de Terminología, junio 1984, Caracas, Venezuela.

[2] PAZ, Octavio, Traducción: Literatura y literalidad, Tusquets Editores, Barcelona, 1980.

[3] Humboldt Año 28/1987, Número 91, Alemania.

[4] VALDIVIESO, C., FUENZALIDA, C., Uso real y necesidad de Traducción, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1987.

[5] STEINER, George, After Babel, Oxford University Press, New York, 1975.

Bibliografía
Actas Primer Seminario Nacional de Terminología, junio 1984, Caracas, Venezuela.
Chile en el ámbito de la cultura occidental, Colección Economía y Finanzas, IX Volumen, Editorial Andrés Bello, 1987.
Documento de Estudio NI 10, Traductor, Traducción y Tecnología de la comunicación por el habla, Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Letras, 1975.
HORGUELIN, Paul A., Anthologie de la maniere de traduire, Linguatech, Montreal, 1981.
Humboldt, Año 28/1987, Número 91, Alemania.
MC LUHAN, Marshall, Pour comprendre les média, Editions du Seuil, Paris, 1967.
PAZ, Octavio, Traducción: Literatura y literalidad, Tusquets Editores, Barcelona, 1980.
PUCCIARELLI, Elsa, ¿Qué es la traducción?, Colección Esquemas No 16, Editorial Columbia, Buenos Aires, 1970.
Revista Babel, Vol XXXIII, No 2, 1987.
Revista Meta, Vol 32, No 2, junio 1987.
SAVORY, Theodore, The art of translation, London, 1968.
STEINER, George, After Babel, Oxford University Press, New York, 1975.
VALDIVIESO, C, FUENZALIDA, C., Uso real y necesidad de Traducción, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1987.