Terminología, bancos terminológicos y estratégias de planificación terminológica, en la región latinoamericana
Cabrera P., Ileana
Lazo R., Rosa María
Pontificia Universidad Católica de Chile (P.U.C. de Chile)
Santiago - Chile
El objetivo de esta ponencia es presentar el Informe Final de una investigación realizada en la Pontificia Universidad Católica de Chile y hacer una proposición concreta en términos de una planificación terminológica de la región latinoamericana.
En el año 1986, la Dirección de Investigación de la Pontificia Universidad Católica (DIUC) aprobó el financiamiento de una investigación que presentáramos cinco docentes del Departamento de Traducción de esa Casa de Estudios, tres de los cuales hemos tenido la valiosa oportunidad de participar en este simposio. Dicho estudio, que constituye una muy primera aproximación a la creación de bancos terminológicos, culminó en la publicación del Informe Final, en el año 1987, con el nombre Factibilidad de un Banco Terrminológico de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Diversas razones nos impulsaron a emprender el estudio de este tema.
En primer lugar, no podemos desconocer que, desde el comienzo de su labor profesional, el traductor debe enfrentar textos en idiomas extranjeros, complejos desde el punto de vista de su contenido temático y de su ternilnología. Aún más, comprobamos que esta terminología. específica no siempre aparece en diccionarios o glosarios, herramientas lexicográficas que por el hecho de estar impresas no pueden ser actualizadas en forma periódica. Además, es un hecho a todas luces evidente el gran desarrollo y grado de especialización alcanzado por las ciencias puras y aplicadas en las últimas décadas, el que se manifiesta en múltiples publicaciones cuyo contenido se caracteriza por estructuras nocionales cada vez más especializadas y por un rápido aumento del número de los conceptos en todos los campos de la actividad humana. Esta realidad nos llevó a considerar que la terminología era una disciplina que debía integrarse cuanto antes a las líneas de investigación de nuestro Departamento, por cuanto es en las Universidades donde este fenómeno adquiere mayor relevancia, ya que tanto alumnos como docentes de las distintas carreras universitarias se ven abocados diariamente al manejo de numerosos y variados textos en idioma extranjeros.
En segundo lugar, en diversos paises industrializados ya se han desarrollado bancos termínológicos para apoyar la actividad de traducción, aplicando el desarrollo de la informática al tratamiento de grandes cantidades de datos terminológicos.
Finalmente, un banco terminológico de nuestra universidad podía ser considerado como un aporte para el problema de la comprensión lectora de las distintas especialidades que en ella se imparten por el alto porcentaje de textos en idiomas extranjeros que incluyen las bibliografías de los cursos.
A partir de estas realidades que motivaron nuestro estudio, nos propusimos dos objetivos generales:
1. Hacer un diagnóstico de las necesidades terminológicas que tienen los alumnos y docentes de las diferentes carreras de nuestra universidad al utilizar textos en idiomas extranjeros en las diversas materias de su especialidad.
2. Decidir la factibilidad de la creación de un banco termínológico de nuestra universidad cuya implementación estaría sujeta a los resultados de esta investigación.
Uno de los primeros pasos que dimos para llevar a cabo este tipo de investigación descriptiva fue la recopilación de antecedentes bibliográficos. Con ese objetivo procedimos a una exploración de la manera más exhaustiva dentro de las posibilidades de nuestra realidad, en revistas especializadas de traducción (Babel, Meta y otras) a la vez que también recurrimos a publicaciones afines que si bien no trataban el tema directamente, su contenido aludía en forma general al objeto de nuestra investigación. Esta exploración dio como resultado una variada gama de estudios que reunimos en tres grupos de acuerdo con los temas centrales que ellos trataban:
terminología y lexicografía
bancos terminológicos
lengua para propósitos específicos.
Un segundo paso que consideramos necesario para llevar a cabo este estudio fue precisar algunas de las definiciones que se han vertido acerca de una serie de conceptos claves relacionados con esta investigación. Si bien en nuestro estudio nos referimos a la existencia de las escuelas más importantes abocadas al estudio de la terminología, debido a la mayor facilidad de acceso para obtener información, optamos por la postura de la escuela canadiense para definer aquellos conceptos que consideramos pertinentes para nuestro trabajo: terminología, banco terminológico y necesidades terminológicas.
Para los fines de nuestra investigación, y de acuerdo con la realidad y situación de nuestra universidad en el contexto chileno, nuestro estudio tuvo "como punto de partida la existencia concreta de necesidades terminológicas que surgen cuando el usuario (estudiante y docente de cualquier carrera de nuestra universidad y, en especial, estudiante y docente de la carrera de Traducción) enfrenta la lectura de textos técnicos y científicos escritos en idiomas extranjeros, es decir, cuando él percibe conscientemente las dificultades terminológicas provocadas por el vocabulario especializado de dichos textos y requiere satisfacer tal necesidad para realizar de manera óptima su respectiva actividad." [1] De este modo, el universo de nuestra investigación quedó integrado por los alumnos y docentes de todas las carreras impartidas en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Para lograr los objetivos generales de nuestro estudio utilizamos un diseño de tipo descriptivo que permitiera una visión lo más general posible de las necesidades terminológicas multilingües que tienen los alumnos y docentes de nuestra universidad al enfrentar la lectura de textos especializados en idiomas extranjeros en las actividades propias de cada uno de ellos.
Desde estas dos perspectivas, la de alumno y docentes, se definieron tres grandes puntos de interés:
1. Necesidad de lectura de textos en idiomas extranjeros.
2. Determinación de dificultades.
3. Creación de glosarios y evaluación de su utilización.
Luego se estableció que la muestra quedaría constituida por dos grandes grupos:
alumnos de pregrado y postgrado y
docentes de pregrado y postgrado
a quienes se les aplicó en el primer semestre académico de 1986, dos encuestas tipo con el objeto de recoger información en las áreas de interés ya señaladas. El tamaño de la muestra de alumnos fue de 1500 alumnos y el de la muestra de docentes, de 171 profesores.
La exposición de los resultados se hizo de acuerdo con los tres puntos de interés ya mencionados.
1. Necesidad de lectura de textos en idiomas extranjeros
Para la mayoría de los estudiantes, la exigencia de lectura en idioma extranjero es de aproximadamente de un 44% del total de lecturas semestrales. Además, se pudo comprobar que prácticamente la mitad de los alumnos encuestados no leen más del 30% de las lecturas exigidas en idioma extranjero.
Al realizar un análisis más detallado, considerando los alumnos por áreas, se apreció que el mayor porcentaje de lectura correspondía a los alumnos del área de Lenguas. El 91,47% de ellos lee más del 70% de lo que se pide, a diferencia de las otras áreas en que la mayoría lee menos del 50% de lo que se le exige leer en idiomas extranjeros.
Como dato importante hay que destacar que el 90% de los alumnos lee prioritariamente en inglés, en tanto que sólo un 8% lo hace en francés, un 1% en alemán y el 1% restante lo hace en otros idiomas como latín e italiano.
2. Determinación de dificultades
En la determinación de dificultades de lectura es importante destacar que los docentes informaron que un 67% de sus alumnos tenia problemas terminológicos con las lecturas exigidas. Esto contrasta con la información proporcionada por los estudiantes; en efecto, un 84% de ellos declaró tener dificultades terminológicas. En este punto, se percibe una clara diferencia al tomar los alumnos de Traducción como grupo aparte en el análisis. Un 96% de ellos declaró tener dificultades terminológicas, en tanto que los docentes de Traducción opinaron que un 100% de sus alumnos tenia proble mas de tipo terminológico.
Respecto de las dificultades terminológicas de los profesores, un 62% de los docentes señaló no tener problemas con los términos que incluyen las publicaciones de alto grado de especialización, lo que demuestra que son los alumnos los que poseen más dificultades en ese aspecto.
En cuanto a las causas de la dificultad que tienen los alumnos para leer los textos en idioma extranjero exigidos, tanto los docentes como los alumnos concordaron en que la razón más importante sería la carencia de definiciones más precisas para su especialidad. Las alternativas de respuestas a los alumnos fueron si los términos contenidos en los textos extranjeros les presentaban dificultades por alguna de las siguientes razones: no figuraban en glosarios; figurando en glosarios y/o en diccionarios generales requerían una definición más precisa y complementarla en el área de su especialidad; presentaban significados múltiples; no tenían equivalentes en castellano porque eran términos nuevos.
En el caso de los alumnos, se hizo una relación entre la nota que ellos creían merecer en competencia lectora en idioma extranjero y las causas de dificultad terminológica de las bibliografías de sus cursos. En ésto se pudo apreciar que, cualquiera fuera la nota que los alumnos se asignaban en competencia lectora, la mayoría de ellos siempre eligió como la dificultad más relevante la carencia de definiciones precisas dentro del ámbito de su especialidad.
Como causa principal del bajo nivel de lectura en los alumnos que leen menos del 60% de lo exigido, se señaló el hecho de que el nivel de competencia lectora del alumno no le permitía una lectura eficaz de los textos en idioma extranjero.
Para los alumnos que leen más del 60% de las lecturas exigidas, la causa principal fue que la lectura de dichos textos era indispensable para las materias de su especialidad.
Cuando se preguntó a los alumnos y a los profesores cuáles serían las posibilidades que mejorarían el porcentaje de lectura de los alumnos, los profesores se inclinaron prioritariamente por la alternativa que proponía el aumento de traducciones, En cambio, los alumnos optaron, en primer lugar, por el aumento de cursos en idioma extranjero para su especialidad y luego por la creación de un sistema computarizado de vocabulario especializado.
Al analizar las alternativas que escogieron los alumnos, según la nota que se asignaron en competencia lectora, los alumnos con una nota más baja en ella prefirieron, como alternativa de mejoramiento de su actual porcentaje de lectura, la implementación de cursos en idioma extranjero para su especialidad, a diferencia de aquellos alumnos con nota superior a 4 (en una escala de 1 a 7) que prefirieron, en mayor medida, la implementación de un sistema computarizado de vocabulario especializado. Al considerar a los alumnos de Traducción por separado, se comprobó en este punto que un 85% de ellos se inclinó por la existencia de un sistema computarizado de vocabulario específico.
3. Confección de glosarios
Es importante destacar, antes de abordar la posibilidad de crear glosarios, que esta investigación permitió determinar que aproximadamente el 50% de los docentes y el 83% de los alumnos encuestados desconocían la existencia de glosarios en sus áreas de estudio. Sin embargo, todos los profesores de Traducción encuestados conocían glosarios y consideraron que ellos facilitan la lectura de sus alumnos.
Al investigar si se estimaría necesaria la creación de glosarios bilingües se pudo apreciar que tanto los alumnos como los profesores consideraban necesario crear glosarios ya que en el caso de los alumnos, un 91,6% estimaba, a lo menos, necesario los glosarios. En el caso de los profesores ocurrió lo mismo para un 71,5%.
La necesidad de crear glosarios se confirmó al analizar la evaluación de los alumnos por área, en donde se observó que no existían diferencias según las áreas y que prácticamente en todas ellas se comprobó que alrededor del 90% de los alumnos consideraba a lo menos necesaria su creación.
En relación con el formato de los glosarios, las preferencias se inclinaron por el tipo libro por sobre la informatización. Al analizar las preferencias de formato por áreas, se pudo ver que, fuera cual fuera el área, todos los alumnos preferían el formato libro, aunque en el área de Bellas Artes, el porcentaje que prefería el glosario informatizado, fue superior al de las otras áreas. La preferencia por el formato libro se notó en el hecho de que la nota asignada a esta idea fue claramente superior a la de informatizar los glosarios. En cambio, en el caso de los alumnos de Traducción, un 67,5% prefirió el glosario informatizado frente a un 32,5% que se inclinó por el formato libro.
Al preguntar sobre la frecuencia de utilización de un glosario recién creado para el área de la especialidad del alumno, un 99% contestó que lo ocuparía, a lo menos ocasionalmente, es decir, frente a grandes dudas. Al consultar la frecuencia de uso de un glosario específico por parte de los alumnos según nota de competencia lectora, se pudo ver, que los alumnos con nota inferior a 5 consideraron mayoritariamente que ocuparían el glosario siempre; en tanto que la mayoría. de los alumnos con nota superior a 5 lo ocuparían en forma ocasional. Al analizar los alumnos de Traducción por separado, se apreció que un muy alto porcentaje de ellos lo ocuparía siempre (94,4%). Esto se complementó con la información proporcionada por estos mismos alumnos, que consideraron en un 98% que la existencia de glosarios específicos por área facilitaría su comprensión lectora en idioma extranjero.
La información que acabamos de presentar nos llevó a concluir lo siguiente, entre los puntos más importantes:
1. Respecto de la necesidad de lectura en idiomas extranjero, comprobamos que cerca de dos tercios de la población de alumnos de nuestra universidad requiere leer dichos textos, los que, en promedio, representan alrededor del 44% del total de títulos contemplados en las bibliografías mínimas. Sin embargo, según la información entregada por los docentes, este porcentaje aumentará en los próximos años.
2. El idioma extranjero más frecuente en dicha bibliografía es el inglés.
3. En relación con el porcentaje de lectura en idiomas extranjeros, verificamos que los alumnos leen menos de lo que se les exige, lo que obedece, principalmente, a su baja competencia lectora en idiomas extranjeros.
4. La existencia de dificultades terminológicas es un hecho reconocido, en mayor o menor medida, tanto por docentes como por alumnos.
5. Las soluciones que proponen los dos estamentos consultados para aumentar el porcentaje de lectura difieren entre si. La mayoría de los docentes prefiere una solución inmediata y concreta que consiste en la traducción de los textos que ellos utilizan en sus cátedras. "En el caso de los alumnos, las soluciones propuestas son a más largo plazo y se plantea una diferencia entre las soluciones elegidas por los alumnos de Traducción y las escogidas por los de las otras carreras. Los primeros optan claramente por la creación de un sistema computarizado de vocabulario especializado en idiomas extranjeros, con la correspondiente traducción y explicación en castellano. Los alumnos de las demás carreras se inclinan por el aumento de cursos de Lengua para Propósitos Específicos (LPE), lo que permitiría inferir que no sólo les interesa solucionar sus problemas inmediatos, sino que también estar preparados para satisfacer las necesidades de lectura en idiomas extranjeros, situación que deberán enfrentar a futuro durante el ejercicio de su profesión." [2]
6. Con respecto al empleo de glosarios como una herramienta para solucionar las dificultades terminológicas, comprobamos que no sólo existe una falta de información acerca de los glosarios ya existentes, sino que también éstos no son utilizados adecuadamente en las diferentes especialidades. La proposición de crear glosarios informatizados por áreas que contengan términos específicos de cada una de ellas como una solución al problema estudiado fue muy bien acogida entre los alumnos. Estos glosarios contendrían, además del equivalente en castellano, definiciones de los términos, válidas para cada especialidad. La marcada preferencia de las áreas por el formato libro de los glosarios, en contraste con la inclinación por la informatización de éstos por parte de los alumnos de Traducción permitió inferir que los glosarios se informatizarían para el área de Traducción y se imprimirían computacionalmente por área y por especialidad para el resto de las carreras, aunque se previó que una vez implementado el Banco Terminológico en nuestra universidad sus usuarios serían no sólo los alumnos y docentes de la carrera de Traducción sino también, toda la comunidad universitaria.
Por todo lo anterior, concluimos en el estudio que la creación de un banco terminológico reviste gran importancia, para las diversas carreras de la universidad, en especial para el quehacer del traductor, en razón de la diversidad de campos especializados que se pueden abarcar y de la cantidad de términos y de información susceptible de ser almacenada en ellos. Si a ello sumamos el hecho de que los bancos terminológicos pueden actualizarse constantemente y que proveen la información en forma rápida y confiable, es evidente que su implementación constituye un valioso aporte para la comunidad.
Nuestra reflexión acerca de los bancos terminológicos no podía estar disociada de la disciplina científica en la cual ellos están insertos. Nos referimos a la Terminología, principal objeto de este Primer Simposio Latinoamericano.
El hecho de que la terminología posea "los instrumentos idóneos para recopilar, clasificar, sistematizar y normalizar el enorme acervo de términos técnicos, producto de nuestra era tecnológica" [3], la convierte insoslayablemente en un elemento de estudio, de investigación y de utilización en el ámbito académico y empresarial de nuestra región. En primer lugar, porque los especialistas latinoamericanos en algún campo del saber están siempre enfrentando la producción y la asimilación de la literatura especializada, proveniente de los paises industrializados. En segundo lugar, porque esta documentación abunda en términos técnicos que varían constantemente por los imperativos de la investigación y de la producción, haciendo que ella se vuelva cada vez más compleja y, por tanto más dificil de comprender para los diferentes tipos de usuarios de ellas que existen en nuestros países y creando el fenómeno llamado barreras lingüísticas. En tercer lugar, porque en todos los paises de nuestra región se está luchando por una menor dependencia de los países industrializados en el ámbito económico, Industrial y cultural, hecho que se ve menoscabado debido a que en ellos se hablan tantas normas del español como Paises existen en América Latina, salvo el caso de Brasil; normas que difieren no sólo en la lengua general sino también en las lenguas especializada o tecnolectos. Todas estas situaciones existentes en nuestra región nos han llevado a un estado de subdesarrollo terminológico.
Nos surgen las siguientes interrogantes: ¿Estamos cuidando la calidad de nuestra lengua española técnica y científica? ¿Qué acciones concretas para solucionar nuestro estado de subdesarrollo terminológico a nivel macro, o sea, a nivel regional, estamos realizando en América Latina?, sabiendo que para lograr nuestra independencia industrial necesitamos desarrollar y enriquecer, en primer lugar -y unidos-, nuestro patrimonio lingüístico.
El subdesarrollo teminológico de nuestra región está claramente descrito por Alicia Fedor en el Seminario sobre Traductología, organizado por la Escuela de Idiomas Modernos de la Universidad Central de Venezuela, en 1985. En su intervención, titulada "La disciplina de la Terminología orientada hacia la Traductología, describe crudamente nuestra realidad de países hispanohablantes, receptores de tecnologías en términos de un menoscabo de la calidad de nuestro español científico y técnico. Los datos numéricos entregados en este trabajo hablan por sí solos y nos mueven a acoger su llamado, a hacerlo nuestro y a insistir, junto con ella, en la necesidad de abocamos a la planificación terminológica de nuestra región. Pues, en la medida en que resolvamos nuestros problemas lingüísticos, en la medida en que superemos las barreras lingüísticas a las que estamos sometidos, podremos aspirar a que nuestros países eleven su actual nivel de desarrollo.
El concepto de barreras lingüísticas ya anunciado, ha sido ampliamente tratado por Ernesto Zierer, en su libro El problema de la barrera lingüística en el desarrollo científico y tecnológico. Se entiende por barrera lingüística "la imposibilidad o la dificultad de los integrantes de una comunidad lingüística de comunicarse con los hablantes de otro idioma [...]" [4]. En nuestro caso latinoamericano se da lo que Zierer llama barreras interlingüísticas ya que la documentación que recibimos, proveniente de los paises altamente industrializados, provoca problemas de comunicación entre estos últimos y nuestras comunidades lusohispanohablantes. Dichas barreras dificultan la recepción de información científica lo que repercute negativamente en las investigaciones y en todas las actividades de nuestros países que, de una u otra forma, necesitan de esa documentación científica para estar al día.
De lo anteriormente dicho, se podría desprender que, entre otras, existen dos variables que inciden negativamente en las posibilidades de desarrollo económico, social y cultura¡ de los países lusohispanohablantes de la región. Una de ellas es la existencia de barreras interlingüísticas que Impiden una óptima asimilación de la información científica que recibimos de los paises industrializados. La otra, es el subdesarrollo terminológico de nuestra lengua materna; puesto que aún no hemos dado todos los pasos necesarios para enfrentar de manera eficiente el actual proceso de transferencia tecnológica.
No obstante, no podemos desconocer que existen algunas actividades y proyectos realizados tanto por instituciones como por especialistas lusohispanohablantes en el campo de la terminología, de la traducción, de la enseñanza de lenguajes específicos, o tecnolectos, de la lingüística informática y de la terminografía. Estas actividades han comenzado a proliferar en el último decenio y hasta el momento obedecen a iniciativas puntuales que por no estar enmarcadas en una política de planificación regional con miras a obtener un fruto beneficioso para todos nuestros paises, se conocen en forma dispersa y, a veces, quedan en el anonimato.
Afortunadamente, Unión Latina ha lanzado la publicación de "Terminómetro", boletín informativo bilingüe, en español y en francés, cuyo primer número trae una abundante información sobre actividades en el ámbito de la terminología y de la edición de diccionarios, entre otras, que se están llevando a cabo en países latinos.
En la obra de Zierer ya citada, se proponen varias estrategias para reducir las barreras lingüísticas. Para nuestro propósito podríamos inspirarnos en lo que este autor denomina "Co-operación entre los países latinoamericanos". Esta acción concertada se podría canalizar a través de la creación de un organismo técnico, que se ocupara de actividades tales como la creación de un centro de documentación e información, la mantención de una comisión permanente de terminología científica y técnica que preste asesoría a equipos de trabajo en la confección de glosarlos bilingües especializados con el fin de lograr una estandarización de la terminología científica en castellano, por sólo nombrar algunas de ellas. Consideramos estas actividades propuestas por Zierer como una excelente fuente de inspiración de estrategias dentro de una futura planificación terminológica de nuestros países.
Estimamos que este Primer Simposio Latinoamericano de Terminología constituye un excelente momento para proponer la idea de la creación de un Organismo Técnico cuyo principal objetivo sea establecer los lineamientos de una política de planificación terminológica latinoamericana, tendente a disminuir las barreras lingüísticas que impiden el aprovechamiento de la información técnica y científica, a lograr la representatividad del español científico en actuaciones internacionales y a consolidar su actuación como idioma terminológicamente desarrollado para el siglo XXI.
En una primera instancia, puede parecer una proposición inalcanzable pero a través de la información entregada por Terminómetro vemos que existen especialistas e instituciones latinoamericanas trabajando en el área de la terminología. ¿Por qué no aunar esfuerzos? ¿Por qué no planificar acciones en conjunto conducentes a un objetivo que sólo redundará en un beneficio común?
Este Organismo Técnico podría encargarse de elaborar un proyecto de planificación terminológica de la región que contemplara en forma prioritaria el diseño de una estructura flexible que facilitara el trabajo del conjunto de países que lo integraría, el establecimiento de convenios entre universidades y otras instituciones, la normalización de las terminologías técnicas y científicas en castellano, la planificación de redes de comunicación, cooperación y consultas entre bancos terminológicos de la región y la creación de programas computacionales especiales para traductores. Con respecto a la cooperación entre bancos terminológicos, creemos pertinente considerar lo propuesto por Rondeau en su libro Introduction ala Terminologie en el que señala que es imposible pensar que un solo banco terminológico pueda aspirar a recoger todas las nociones y denominaciones de todas las ciencias del saber, por lo cual aconseja la distribución del trabajo entre diferentes bancos terminológicos, lo que podemos, con buena voluntad, aplicar a nuestra realidad.
Cuanto antes emprendamos esta labor, más pronto conseguiremos los frutos del trabajo en equipo e interdisciplinario.
Quisiéramos concluir, diciendo, inspiradas en Todorov [5], que la conquista de América nos entrega una lección de que el lenguaje no es un instrumento de mediación de carácter neutro. La situación actual de América Latina en el ámbito terminológico es pasiva. Aunemos nuestros esfuerzos para revertir esta situación mediante estrategias que nos permitan dominar alas tecnologías en vez de someternos pasivamente al idioma extranjero que impide nuestro desarrollo.

[1] CABRERA, I. et al, (1987), Factibilidad de un banco terminológico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Letras, P.U.C. de Chile, Santiago, pág. 21.

[2] Ibid., pág. 44

[3] FEDOR DE DIEGO, A. (1985), La disciplina de la Teminología orientada hacia la traducción, ponencia presentada en el Seminario sobre Traductología, Escuela de Idiomas Modernos, Universidad Central de Venezuela, Caracas, pág. 3.

[4] ZlERER, E. (1974), El problema de la barrera Lingüística en el desarrollo científico y tecnológico, Universidad Nacional de Trujillo, Trujillo, pág. 1.

[5] TODOROV, T. (1985), The Conquest of America, Harper & Row, Publishers, New York.
